Martes, 03 de mayo de 2011

Fuente: Congregaci?n para la Doctrina de la Fe
Autor: Congregaci?n para la Doctrina de la Fe

Introducci?n

1. A cada ser humano, desde la concepci?n hasta la muerte natural, se le debe reconocer la dignidad de persona. Este principio fundamental, que expresa un gran "s?" a la vida humana, debe ocupar un lugar central en la reflexi?n ?tica sobre la investigaci?n biom?dica, que reviste una importancia siempre mayor en el mundo de hoy. El Magisterio de la Iglesia ya ha intervenido varias veces, para aclarar y solucionar problemas morales relativos a este campo. De particular relevancia en esta materia ha sido la Instrucci?n Donum vit?.[1] La celebraci?n de los veinte a?os de su publicaci?n ofrece una buena oportunidad para poner al d?a tal documento.

La ense?anza de dicha Instrucci?n conserva intacto su valor tanto por los principios que all? se recuerdan como por los juicios morales expresados. Sin embargo, las nuevas tecnolog?as biom?dicas, introducidas en este ?mbito delicado de la vida del ser humano y de la familia, provocan ulteriores interrogantes, en particular, dentro del sector de la investigaci?n sobre los embriones humanos, del uso para fines terap?uticos de las c?lulas troncales (o c?lulas madre), y en otros campos de la medicina experimental. Esto ha planteado nuevas preguntas que requieren una respuesta. La rapidez de los progresos cient?ficos y la difusi?n que se les da en los medios de comunicaci?n social provocan esperanza y perplejidad en sectores cada vez m?s vastos de la opini?n p?blica. Para reglamentar jur?dicamente los problemas que van surgiendo a menudo se apela a los cuerpos legislativos e incluso a la consulta popular.

Estas razones han llevado a la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe a publicar una nueva Instrucci?n de naturaleza doctrinal, que afronta algunos problemas recientes a la luz de los criterios enunciados en la Instrucci?n Donum vit? y reexamina otros temas ya tratados que necesitan m?s aclaraciones.

2. En la realizaci?n de esta tarea se han tenido siempre presentes los aspectos cient?ficos correspondientes, aprovechando los estudios llevados a cabo por la Pontificia Academia para la Vida y las aportaciones de un gran n?mero de expertos, para con frontarlos con los principios de la antropolog?a cristiana. Las Enc?clicas Veritatis splendor [2] y Evangelium vit? [3] de Juan Pablo II, y otras intervenciones del Magisterio, ofre cen indicaciones claras acerca del m?todo y del contenido para el examen de los problemas considerados.

En el variado panorama filos?fico y cient?fico actual es posible constatar de hecho una amplia y calificada presencia de cient?ficos y fil?sofos que, en el esp?ritu del juramento de Hip?crates, ven en la ciencia m?dica un servicio a la fragilidad del hombre, para curar las enfermedades, aliviar el sufrimiento y extender los cuidados necesarios de modo equitativo a toda la humanidad. Pero no faltan representantes de los campos de la filosof?a y de la ciencia que consideran el creciente desarrollo de las tecnolog?as biom?dicas desde un punto de vista sustancialmente eugen?sico.

3. Al proponer principios y juicios morales para la investigaci?n biom?dica sobre la vida humana, la Iglesia Cat?lica se vale de la raz?n y de la fe, contribuyendo as? a elaborar una visi?n integral del hombre y de su vocaci?n, capaz de acoger todo lo bueno que surge de las obras humanas y de las tradiciones culturales y religiosas, que frecuentemente muestran una gran reverencia por la vida.

El Magisterio quiere ofrecer una palabra de est?mulo y confianza a la perspectiva cultural que ve la ciencia como un precioso servicio al bien integral de la vida y dignidad de cada ser humano. La Iglesia, por tanto, mira con esperanza la investigaci?n cient?fica, deseando que sean muchos los cristianos que contribuyan al progreso de la biomedicina y testimonien su fe en ese ?mbito. Adem?s desea que los resultados de esta investigaci?n se pongan tambi?n a disposici?n de quienes trabajan en las ?reas m?s pobres y azotadas por las enfermedades, para afrontar las necesidades m?s urgentes y dram?ticas desde el punto de vista humanitario.

En fin, quiere estar presente junto a cada persona que sufre en el cuerpo y en el esp?ritu, para ofrecerle no solamente consuelo, sino tambi?n luz y esperanza. Luz y esperanza que dan sentido tambi?n a los momentos de enfermedad y a la experiencia de la muerte, que pertenecen de hecho a la vida humana y caracterizan su historia, abri?ndola al misterio de la Resurrecci?n. La mirada de la Iglesia, en efecto, est? llena de confianza, porque ?la vida vencer?: ?sta es para nosotros una esperanza segura. S?, la vida vencer?, puesto que la verdad, el bien, la alegr?a y el verdadero progreso est?n de parte de la vida. Y de parte de la vida est? tambi?n Dios, que ama la vida y la da con generosidad? [4].

La presente Instrucci?n se dirige a los fieles cristianos y a todos los que buscan la verdad [5]. Comprende tres partes: la primera recuerda algunos aspectos antropol?gicos, teol?gicos y ?ticos de importancia fundamental; la segunda afronta nuevos problemas relativos a la procreaci?n; la tercera parte examina algunas nuevas propuestas terap?uticas que implican la manipulaci?n del embri?n o del patrimonio gen?tico humano.

Si deseas consultar el documento completo:

Primera parte: Aspectos antropol?gicos, teol?gicos y ?ticos de la vida y la procreaci?n humana

Segunda parte: Nuevos problemas relativos a la procreaci?n

Tercera parte: Nuevas propuestas terap?uticas que comportan la manipulaci?n del embri?n o del patrimonio gen?tico


[1] Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, Instrucci?n Donum vit? sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreaci?n (22 de febrero de 1987): AAS 80 (1988), 70-102.
[2] Juan Pablo II, Carta Enc?clica Veritatis splendor sobre algunas cuestiones fundamentales de la ense?anza moral de la Iglesia (6 de agosto de 1993): AAS 85 (1993), 1133-1228.
[3] Juan Pablo II, Carta Enc?clica Evangelium vit? sobre el valor y el car?cter inviolable de la vida humana (25 de marzo de 1995): AAS 87 (1995), 401-522.
[4] Juan Pablo II, Discurso a los participantes en la VII Asamblea de la Pontificia Academia para la Vida (3 de marzo de 2001), n. 3: AAS 93 (2001), 446.
[5] Cf. Juan Pablo II, Carta Enc?clica Fides et ratio sobre las relaciones entre fe y raz?n (14 de septiembre de 1998), n. 1: AAS 91 (1999), 5.


Publicado por mario.web @ 23:15
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