Martes, 03 de mayo de 2011
La Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los cat?licos en la vida pol?tica est? dirigida a los obispos, pol?ticos cat?licos y fieles laicos llamados a participar en la vida p?blica y pol?tica en las sociedades de
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La persona
La persona


La persona, eje de la Nota doctrinal sobre cat?licos y pol?tica

(Facultad de Teolog?a San D?maso de Madrid) 16/04/2003



La Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los cat?licos en la vida pol?tica est? dirigida a los obispos, pol?ticos cat?licos y fieles laicos llamados a participar en la vida p?blica y pol?tica en las sociedades democr?ticas (Incipit).




I.- La participaci?n de los cat?licos en la actividad pol?tica
La participaci?n en la actividad pol?tica es uno de los modos en que se expresa el compromiso de los cristianos con el mundo. Muchos de ellos, algunos de ellos santos (Tom?s Moro), han prestado (y prestan) con ella un servicio a los hombres, a las sociedades y a la humanidad. La Nota intenta repensar esta doctrina constante en el horizonte de las sociedades democr?ticas en las que se han extendido a todos las posibilidades de participaci?n pol?tica y se han ampliado los ?mbitos de su ejercicio.

El motivo o la ocasi?n es la difusi?n de algunas orientaciones y posiciones ambiguas relativas al tema de la libertad y el pluralismo de los cat?licos en la vida pol?tica (n. 1 in fine). Por ello su objetivo es ??recordar algunos principios propios de la conciencia cristiana, que inspiran el compromiso social y pol?tico de los cat?licos en las sociedades democr?ticas?? (n. 1 in fine) e ??iluminar (as?) uno de los aspectos m?s importantes de la unidad de vida del cristiano: la coherencia entre fe y vida, entre evangelio y cultura?? (Nota 9).

La Nota est? articulada en torno a tres ense?anzas nucleares:


La unidad de la raz?n pr?ctica (=ley moral universal), es decir, de lo que constituye el bien o bienes fundamentales de la persona y la sociedad frente al pluralismo ?tico dominante (II: Algunos puntos cr?ticos del actual debate cultural y pol?tico).

La coherencia, unidad de vida y conciencia de los cat?licos frente a algunas posiciones que separan p?blico y privado, o malentienden la autonom?a de los cat?licos en pol?tica, y frente al laicismo intolerante que, en nombre de la tolerancia, pretende negar a los cristianos legitimidad para actuar en pol?tica de acuerdo a sus convicciones acerca del bien com?n (III: Principios de la doctrina cat?lica acerca del laicismo y el pluralismo).

Que el compromiso sociopol?tico de los cristianos no puede reducirse a transformar las estructuras, sino que conlleva crear una propuesta cultural (IV: Consideraciones sobre aspectos particulares).




II.- La unidad de la raz?n pr?ctica en las sociedades democr?ticas


1. El relativismo cultural y ?tico dominante y su influjo en las sociedades democr?ticas
La Nota constata que hoy domina un relativismo cultural (= no se sabe ni se puede saber qui?n ni qu? es el hombre, ni en qu? estriba su dignidad), que se manifiesta en la defensa de un pluralismo ?tico considerado insuperable (el bien del hombre no es objeto de conocimiento por la raz?n, sino de opci?n o preferencia individual) y condici?n de posibilidad de la democracia.

En este horizonte cultural, muchos ciudadanos defienden la completa autonom?a para sus preferencias morales. Por su parte, los legisladores creen respetar esa libertad prescindiendo de los principios de la moral natural y condescendiendo con ciertas corrientes culturales y morales transitorias, y se pide a muchos (entre ellos, a los cat?licos) que renuncien a contribuir a la vida social y pol?tica de sus pa?ses desde la concepci?n de la persona y del bien com?n que consideran humanamente verdadera y justa, y a trav?s de los medios l?citos que el orden jur?dico democr?tico pone a disposici?n de todos (n. 2).


2. La libertad y el pluralismo pol?tico de los cat?licos no consisten ni se basan en el pluralismo ?tico, sino en el car?cter concret?simo del contexto sociopol?tico
La Nota reconoce la libertad y el leg?timo pluralismo de los cat?licos a la hora de elegir, entre las diversas orientaciones o soluciones pol?ticas compatibles con la fe y la ley moral natural, aquellas que seg?n su propio criterio se adecuan mejor alas exigencias del bien com?n, y de militar en partidos pol?ticos diversos. Pero sostiene que esa libertad y ese pluralismo no se fundamentan en un pluralismo ?tico seg?n el cual todas las concepciones sobre el bien del hombre son igualmente verdaderas, tienen el mismo valor y son igualmente elegibles.

La leg?tima pluralidad mantiene ?ntegra la matriz de la que proviene el compromiso cristiano y que se expresa en la doctrina moral y social cristiana. Ciertamente, no es competencia de la Iglesia formular soluciones concretas -y menos todav?a ?nicas- a cuestiones temporales que Dios ha dejado al juicio libre y responsable de cada uno. Pero s? tiene el derecho y el deber de pronunciar juicios morales sobre realidades temporales cuando lo exija la fe o la ley moral (GS 77: Nota 3).

El conjunto de esos juicios est? contenido en la doctrina moral y social cristiana. Dentro de ese marco, el pluralismo se explica y justifica de varias maneras:

* Por el hecho de que las actividades pol?ticas apuntan caso por caso hacia la realizaci?n extremadamente concreta del verdadero bien humano y social en un contexto hist?rico, geogr?fico, econ?mico, tecnol?gico y cultural.

* Por el car?cter contingente de algunas opciones en materia social.

* Por el hecho de que moralmente son posibles diversas estrategias para realizar un mismo valor substancial de fondo.

* Por la posibilidad de interpretar de modo diferente algunos principios b?sicos de la teor?a pol?tica.

* Por la complejidad t?cnica de buena parte de los problemas pol?ticos (Nota 3).




3. La centralidad de la persona, el Estado moderno y la posibilidad de la v?a verdaderamente democr?tica
La Iglesia aprecia el sistema de la democracia por varias razones, sobre todo porque asegura la participaci?n directa de los ciudadanos en las opciones pol?ticas.

Ahora bien, la Nota vuelve a recordar que es el respeto a la persona lo que hace posible la participaci?n democr?tica, que la tutela de ??los derechos de la persona es condici?n necesaria para que los ciudadanos, como individuos o como miembros de asociaciones, puedan participar activamente en la vida y en el gobierno de la cosa p?blica?? (GS 73: Nota 3 in fine), y que la democracia s?lo se hace posible en la medida en que se funda en una recta comprensi?n de la persona (OS 25: Nota 3).



4. La intangibilidad de la persona y la conciencia moral de los cat?licos
Las conquistas cient?ficas permiten hoy alcanzar objetivos que sacuden a la conciencia e imponen la necesidad de encontrar soluciones que respeten, de manera coherente y s?lida, los principios ?ticos. En cambio, hoy se hacen propuestas legislativas que se proponen destruir el principio de la intangibilidad de la vida humana. Ante este hecho, la Nota recuerda algunas ense?anzas eclesiales, y concretamente de Juan Pablo II, relativas a la actuaci?n de los cat?licos:

* ??El derecho y el deber de intervenir para recordar el sentido profundo de la vida y la responsabilidad que todos tienen ante ella?? (Nota 4, a).

* ??La precisa obligaci?n (de los legisladores) de oponerse a toda ley que atente contra la vida humana?? y la prohibici?n a todos (los cat?licos) de participar en campa?as a su favor o apoyarla con su voto. Esto no impide... que un parlamentario, cuya absoluta oposici?n personal al aborto sea clara y notoria a todos, pueda l?citamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los da?os de esa ley y disminuir as? los efectos negativos en el ?mbito de la cultura y de la moralidad p?blica?? (EV 73: Nota
4, a).

* Debido a la unidad inseparable de las verdades de fe, ??la conciencia cristiana bien formada no permite favorecer con el propio voto la realizaci?n de un programa pol?tico o a la aprobaci?n de una ley particular que contenga propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y la moral? El cat?lico no puede delegar en otros el compromiso cristiano que proviene del Evangelio de Jesucristo, para que la verdad sobre el hombre y el mundo pueda ser anunciada y realizada?? (Nota 4, b).

* El compromiso de los cat?licos se hace m?s evidente y cargado de responsabilidad cuando la acci?n pol?tica tiene que ver con principios morales que no admiten derogaci?n y en los que est? en juego la esencia del orden moral que concierne al bien integral de la persona: aborto, eutanasia (distinta del ensa?amiento terap?utico), la defensa de los derechos del embri?n, la defensa y tutela de la familia fundada en el matrimonio mon?gamo entre personas de diverso sexo y protegida en su unidad y estabilidad, tutela social de los menores, la liberaci?n de las v?ctimas en las modernas formas de esclavitud (droga, prostituci?n), defensa de la libertad religiosa y la paz que exige el rechazo de la violencia y el terrorismo (Nota 4, c).





III.- Laicidad, unidad de vida y conciencia de los cat?licos, y laicismo


1. Reconocimiento de la laicidad como autonom?a de la esfera civil y pol?tica respecto de la religiosa-eclesial
La Nota afirma que la laicidad entendida como autonom?a de la esfera civil y pol?tica respecto de la religiosa-eclesi?stica (no de la esfera moral) es un valor adquirido y reconocido por la Iglesia y pertenece al patrimonio de la civilizaci?n ya alcanzado.

En este sentido, considera que identificar la ley religiosa con la civil puede llevar a sofocar la libertad religiosa y a limitar o negar los derechos inalienables; que los actos espec?ficamente religiosos quedan fuera de la competencia del Estado, que no debe entrometerse ni para exigirlos ni para impedirlos, salvo por razones de orden p?blico; y que el reconocimiento de los derechos civiles y pol?ticos o la administraci?n de servicios p?blicos no pueden estar condicionados por convicciones o prestaciones religiosas (Nota 6, a).



2. El derecho-deber de todos los ciudadanos de buscar y defender las verdades morales sobre la vida social no se opone a la laicidad
Los cat?licos -como todos los ciudadanos- tienen el ??derecho-deber de buscar sinceramente la verdad y promover y defender, con medios l?citos, las verdades morales sobre la vida social?? (Nota 6, b). El hecho de que algunas de estas verdades sean ense?adas por la Iglesia no disminuye el car?cter civil y la laicidad de quienes se identifican con ellas, con independencia del papel que la b?squeda racional o la confirmaci?n procedente de la fe hayan desenvuelto en su reconocimiento por parte de cada ciudadano particular.

??La laicidad indica en primer lugar la actitud de quien respeta las verdades que emanan del conocimiento natural sobre el hombre que vive en sociedad, aunque tales verdades sean ense?adas al mismo tiempo por una religi?n espec?fica?? (Nota 6, b).



3. El magisterio de la Iglesia interviene en el ?mbito sociopol?tico para iluminar la conciencia de los fieles
La laicidad o autonom?a de lo civil con respecto a la esfera religiosa-eclesi?stica no puede entenderse como autonom?a sobre la esfera moral (Nota 6, a), ni como la reivindicaci?n de un principio que prescinda de la ense?anza moral y social de la Iglesia (Nota 6, b), ni como reducci?n de la vida cristiana a lo espiritual y privado (Nota 6, c).

Al proclamar su doctrina moral y social, la Iglesia no busca el poder pol?tico, ni intrometerse en el Gobierno de los diversos pa?ses, ni eliminar la libertad de opini?n de los cat?licos en cuestiones contingentes, sino instruir e iluminar la conciencia de los fieles, sobre todo de los pol?ticos, para que su acci?n est? siempre al servicio de la promoci?n integral de la persona y del bien com?n (Nota 6, c).

Tampoco pretende encuadrar en un esquema r?gido o ideol?gico la cambiante realidad sociopol?tica. Se limita a ratificar constantemente la dignidad trascendente de la persona humana y utiliza como m?todo el respeto a la libertad (CA 46). Reconoce que la vida del hombre se desarrolla en la historia en condiciones diversas, imperfectas y a menudo r?pidamente cambiantes (Nota 7 c).

Su doctrina parte de una atenta observaci?n de las realidades sociales a la luz de la fe y la tradici?n eclesial (SRS 41). Y los cat?licos que act?an en la vida sociopol?tica tienen el derecho-deber de promoverla utilizando el m?todo de la libertad y la convicci?n (CA 46).



4. La unidad de la existencia y la conciencia cristiana enraizada en Cristo y su aportaci?n a una sociedad m?s justa y conforme a la dignidad de la persona humana
En la existencia del cristiano no puede haber dos vidas paralelas (la espiritual y la secular). Cada uno de los cristianos es como un sarmiento enraizado en la vida, que es Cristo, y da frutos en todos los ?mbitos de su existencia: familia, trabajo, relaciones sociales, pol?tica, cultura...

Todos estos ?mbitos de la vida laical son queridos por Dios como lugar hist?rico de la manifestaci?n de la caridad de Jesucristo para la gloria del Padre y servicio de los hombres, como ocasiones providenciales para el ejercicio de la fe, la esperanza y la caridad.

Ahora bien, ??vivir y actuar pol?ticamente en conformidad con la propia conciencia no es un ciego acomodarse en posiciones extra?as al compromiso pol?tico o en una forma de confesionalismo, sino la expresi?n con que los cristianos ofrecen su aportaci?n coherente para que, a trav?s de la pol?tica, se instaure un ordenamiento social m?s justo y coherente con la dignidad de la persona humana?? (Nota 6, c in fine).

En la democracia, todas las propuestas son discutidas y examinadas libremente. Incurrir?an en una forma de laicismo intolerante quienes negaran a los cristianos la legitimidad de actuar de acuerdo con las propias convicciones acerca del bien com?n. Desde esta perspectiva, se quiere negar incluso la posibilidad de una ?tica natural. Pero ello abre el camino a una anarqu?a moral. La marginaci?n del cristianismo implicar?a poner en peligro los fundamentos espirituales y culturales de la civilizaci?n (Nota 6, d).




IV.- Necesidad de un renovado proyecto cultural cristiano
En este apartado analiza diversas cuestiones concretas. La dos principales son la necesidad de un proyecto cultural renovado y la mutua relaci?n de libertad y verdad en la vida social y pol?tica:


1. El compromiso social de los cat?licos exige presentar en t?rminos culturales modernos su herencia espiritual, intelectual y moral


Jesucristo se nos presenta -y la fe cristiana le reconoce- como el camino, la verdad y la vida. De esto deduce la Nota que los cat?licos tienen la exigencia de entregarse con mayor diligencia a la construcci?n de una cultura que, inspirada en el Evangelio, reproponga en t?rminos modernos el patrimonio de valores y contenidos de la Tradici?n cat?lica.

Un punto de partida de esa tarea se encuentra en la obra hecha por muchos cat?licos en los decenios posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Esa tarea cultural, por una parte, ayudar?a a evitar la di?spora cultural de los cat?licos y, por otra, complementar?a y proporcionar?a una base m?s s?lida al compromiso para transformar las estructuras, que en caso contrario ser?a insuficiente y reductivo (Nota 7, b).


2. Implicaci?n mutua de libertad y verdad
La democracia y la cultura moderna valoran grandemente la libertad. A veces la pretenden separar de la verdad del hombre y de Dios. Pero la experiencia demuestra que el ejercicio de la libertad al margen de la verdad abre el camino al libertinaje e individualismo y se vuelve contra el bien de la persona y de la entera sociedad. ??Verdad y libertad, o bien van juntas o juntas perecen miserablemente?? (FR 90: Nota 7, d).


Publicado por mario.web @ 23:39
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