Mi?rcoles, 04 de mayo de 2011

Fuente: www.clerus.org
Autor: Congregaci?n para el Clero

Si la Resurrecci?n es la prueba suprema y oficial de la divinidad de Cristo, existen otras de no menor valor; entre ?stas ocupan el primer lugar las profec?as del Antiguo Testamento. Para la Iglesia primitiva ?stas tuvieron un enorme valor, pues era la mejor manera de probar a los jud?os que Jes?s era el Mes?as. El mismo Jes?s us? este m?todo en sus discusiones con los fariseos: "Escudri?ad las Escrituras ya que en ellas esper?is tener la vida eterna; ellas testifican de m?" (Jn. 5, 39).

El pueblo hebreo ten?a, y a?n conserva, la Biblia, colecci?n de libros escritos en tiempos y lugares diversos, completa ya en el siglo tercero antes de Jesucristo, cuando fue traducida al griego por un grupo de sabios alejandrinos. Aunque cada libro estaba escrito por un autor determinado, los hebreos atribu?an su origen a Dios y los citaban sin distinci?n con la expresi?n general: "dice la Escritura". Para ellos la Escritura era un libro inspirado, es decir, escrito por autores humanos bajo el influjo inmediato de Dios que se serv?a de ellos para comunicar a los hombres su palabra. Junto a este valor sagrado, la Biblia era la fuente principal de la historia hebrea, donde estaban registrados los privilegios excepcionales concedidos por Dios al pueblo elegido; la historia de los patriarcas, de los reyes, de los profetas que en el curso de los siglos hab?an guiado a Israel al cumplimiento de la misi?n confiada por Dios. La Biblia destaca claramente entre otros textos religiosos de la antig?edad por la pureza de su monote?smo y la exquisitez de su moral.

Otro aspecto ?nico del Antiguo Testamento es el mesianismo, la expectativa de un enviado del cielo que vendr?a a iniciar una nueva ?poca en las relaciones de Dios con la humanidad. A trav?s de la Escritura la personalidad del Mes?as se va delineando cada vez m?s claramente para permitir que el pueblo elegido lo pueda reconocer en el momento en que aparezca en el mundo.


Los profetas describen al Mes?as as?:


Familia

Ser? un hijo de Ad?n y vendr? a reparar el pecado de desobediencia que ellos cometieron en el para?so terrenal (Gen. 3, 15); ser? descendiente tambi?n de Abraham (22,16), de Isaac (26, 4), de Jacob (28,14), de Jud? (49, 8-10), de David (II Sam. 7, 11-13).


Tiempo en que nacer?

Vendr? antes que el cetro de Jud? pase a otros pueblos (Gen. 49, 8-10), antes de la destrucci?n del templo (Ag. 2, 7-8). El profeta Daniel lo determina con precisi?n, ya que su profec?a coincidi? con la ?poca de Jes?s cuando la expectativa del Mes?as era general (Dan. 9, 24-27). Esto tambi?n lo afirman Flavio Josefo (Guerra Jud?a, V,13), Suetonio (Vespasiano 4), T?cito (Historia, V, 13).


La Madre

Nacer? de una virgen (Is. 7,14), pero, aunque nazca de una virgen, fue engendrado en el seno mismo de Dios antes que existiese la luz (Sal. 109, 3).


Lugar de nacimiento

En Bel?n de Jud? (Miq. 5, 2).


El Precursor

Juan el Bautista. El Mes?as tendr? un precursor (Mal. 3,1); que predicar? a lo largo de la ribera del Jord?n, en la regi?n de Galilea (Is. 9, 12).


Su vida

Maestro y profeta (Deut. 18, 15).

Legislador y portador de una nueva alianza entre Dios y los hombres (Is. 55, 3-4).

Sacerdote v?ctima (Is. 52, 15; 53). Manso y humilde (Is. 11, 1-5).

Salvador de la humanidad y piedra de esc?ndalo (Is. 8, 14).

Sobre ?l reposar? el esp?ritu del Se?or (Is. 11, 2).

Poderoso en milagros (Is. 35, 4-6).

Entrar? triunfante en Jerusal?n (Zac. 9,9).


Pasi?n y muerte

Vendido por treinta monedas (Zac. 11, 12); flagelado y escupido en el rostro (Is. 50, 6); taladradas las manos y el costado (Sal. 21, 17-18); le dar?n hiel como bebida (Sal. 68, 22); burlado (Sal. 21, 8-9); sortear?n sus vestidos (Sal. 21, 19); lo crucificar?n (Zac. 12, 10); su cuerpo no estar? sujeto a la corrupci?n (Sal. 15, 9-11); tendr? un sepulcro glorioso (Is. 53, 9); se sentar? a la derecha de Dios (Sal. 109, 1).


Profec?as del Reino

Preanuncian el principio de una nueva alianza entre Dios y el hombre, suplantando la antigua entre Dios e Israel (Dan. 9, 24-27); comenzar? en Jerusal?n (Miq. 4, 2); representar? la victoria del monote?smo (Zac. 13,2; Is. 2, 2-4; Miq. 4, 1-5); no se limitar? s?lo al pueblo hebreo, sino que ser? universal (Is. 11,10; 49,6; Mal.1, 11); ser? un reino espiritual (Sal. 71,7; Is. 4, 2-6; Dan. 7, 27); con sacerdotes y maestros por todo el mundo (Is. 66, 21; Jer. 3, 15); con un sacrificio universal (Mal. 1 11); y, por ?ltimo, aniquilar? las potencias adversas (Sal. 2, 1-4; Is. 54, 17; Dan. 2, 44).

Todas estas profec?as se encuentran en los libros escritos tres siglos antes de Cristo.

Basta con abrir los evangelios para saber que todas las profec?as se cumplieron en Cristo. Jes?s es de la familia de David (Mt. 1,18-23), naci? de una virgen (Lc. 1, 27), en Bel?n de Jud? (2, 4-7), tuvo un precursor que fue Juan Bautista (Jn. 1, 15), realiz? milagros de todo g?nero (Mt. 11, 5 ss.). Todas las profec?as de su pasi?n se cumplieron a la letra, y lo mismo sucedi? con las profec?as de su Reino.

Durante su vida Jes?s es perfectamente consciente de ser el objeto y realizar las profec?as del Antiguo Testamento. Al leer algunos vers?culos de Isa?as en la sinagoga de Nazaret, afirma: "Hoy se est? cumpliendo ante vosotros esta escritura" (Lc. 4, 21). A los fariseos que rehusan creer en El, les dice: "Escudri?ad las Escrituras ya que en ellas esper?is tener la vida eterna; ellas testifican de m?" (Jn. 5, 39). El evangelista Mateo se propone en su evangelio demostrar la mesianidad de Jes?s bas?ndose en las profec?as del Antiguo Testamento. Algunos racionalistas tratan de probar que Jes?s se trat? de acomodar a las profec?as, pero esto es imposible en cuanto que el cumplimiento de muchas de ellas no pod?a depender de ning?n modo de su voluntad, como la concepci?n virginal, el nacimiento en Bel?n, la traici?n por treinta monedas, la crucifixi?n, la resurrecci?n, la incredulidad de los jud?os y la conversi?n de los paganos. Sobre todo, ?c?mo podr?a un simple hombre obrar milagros para adaptarse a las profec?as?

Las profec?as no pueden ser ?nicamente simples aspiraciones del hombre, son demasiado determinadas y concretas. S?lo Dios pudo dar a conocer a los profetas lo que predijeron de Cristo, porque solamente Dios conoce el futuro libre.

Jes?s no solamente fue objeto de profec?as, sino tambi?n sujeto, El mismo es un profeta. Predijo su propia pasi?n y muerte (Mt.16,21-23), la traici?n de Judas (Mt. 26, 21-25), la triple negaci?n de Pedro (26, 30-35) y su martirio (Jn. 21, 18-19), la gloria de la Magdalena (Mt. 26, 13), la huida de los disc?pulos durante la Pasi?n (26, 31), las persecuciones que padecer?an despu?s de su muerte (10, 17-23; Mc. 13, 9-13), los milagros que har?an en su nombre (16, 17). Predijo adem?s la conversi?n de los paganos (Mt.8, 11), la predicaci?n del evangelio en todo el mundo (24, 14), la permanencia de la Iglesia hasta el fin de los siglos (28, 20), la aparici?n en su seno de herej?as y separaciones (7, 15-22), la destrucci?n de Jerusal?n (24, 1 ss.). Todas estas profec?as se realizaron con exactitud.

Jes?s no domina solamente el futuro, tambi?n el presente. Adivina lo que est? en la mente y en el coraz?n de los que le rodean. Conoce toda la vida de la samaritana en los detalles m?s ?ntimos (Jn. 4, 18 ss.); sin conocer a Natanael sabe que es un israelita sincero (Jn. 1,47-51); penetra el pensamiento de escribas y fariseos (Mt. 9, 4-7; 12, 25-27; Lc. 6, 7-8); intuye los pensamientos de Sim?n el fariseo que murmura en su coraz?n contra la pecadora (Lc. 7, 39 ss.).

As?, llegamos de nuevo a la misma conclusi?n: Jes?s es el Hijo de Dios. A los milagros f?sicos obrados en la naturaleza, y a la resurrecci?n de su cuerpo, viene a unirse el milagro intelectual de las profec?as. Jes?s domina el pasado, el presente y el futuro.

Solamente el Hijo de Dios puede tener estos poderes divinos. Si el cristianismo no tiene parang?n en la evoluci?n religiosa humana, si la figura de Cristo no se le puede comparar ni remotamente con la de cualquier otro personaje hist?rico, se debe a su naturaleza divina.


Publicado por mario.web @ 11:50
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