Mi?rcoles, 04 de mayo de 2011
Los medios de comunicaci?n pueden destruir la fama de las personas. La calumnia, la deshonestidad y la falta de justicia, son las caracter?sticas de algunos comunicadores.
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Los nuevos inquisidores
Los nuevos inquisidores
Un profesor de filosof?a del derecho explicaba que el sistema judicial de Occidente se hab?a desarrollado hacia una direcci?n muy clara: proteger al m?s d?bil.

Desde luego, esto no significa que la meta haya sido alcanzada con el nacimiento de las constituciones griegas, del derecho romano o de las legislaciones medievales o modernas. Han pasado muchos siglos desde que se iniciase a perfeccionar el sistema. Gracias a tantos esfuerzos, hoy se busca que los presuntos culpables puedan tener derecho a un abogado, a juicios de apelo, a recursos a sentencias, de forma que se garantice cada vez, de un modo m?s eficaz, la posibilidad de su defensa, y que todos crean en su presunta inocencia ?hasta que no se demuestre lo contrario?.

Creemos, por lo mismo, estar lejos de esos pueblos que, en forma tumultuosa, lapidaban o ahorcaban a los presuntos culpables de un crimen, una violaci?n o un robo. Creemos poder garantizar, cada vez m?s, la justicia para todos. Sin embargo, todav?a hay mucho que realizar. Hay condenas que tienen un sabor a proceso pol?tico o a juegos sucios de intereses comerciales. Hay denuncias que carecen de todo fundamento, pero que tienen ?congelada? la fama de personas inocentes, algunas de las cuales no pueden pagar una defensa eficaz, un abogado honesto, o simplemente no encuentran qui?n pueda salir a defenderles. Son situaciones enormemente graves, que apelan a toda la sociedad y nos piden que mejoremos nuestros tribunales, que no permitamos que el dinero, la pereza, la burocratizaci?n excesiva u otras maniobras misteriosas, puedan acabar con la paciencia de ciudadanos e, incluso, puedan condenar a inocentes cuando los culpables campean libremente en el mundo de los ?honestos?.

Pero si es urgente mejorar el sistema judicial, es tambi?n necesario notar que existen otros tipos de condena, que pueden tener efectos m?s graves que los martillazos en una mesa de un juez de mirada amenazadora. A veces bastan unas l?neas de calumnia en un peri?dico, una insinuaci?n en la televisi?n, una sospecha lanzada por la radio, una acusaci?n en internet, para quitar completamente la fama a una persona o una instituci?n, sin que se deje muchas veces espacio a una defensa justa.

Si nos horroriza la imagen de un ?gran inquisidor? que amedrenta y arrastra a la condena, a los hierros o al fuego, a un pobre hombre que piensa de un modo distinto, tambi?n nos llena de preocupaci?n el que se pueda lanzar con gran libertad, sin espacio a la r?plica, una acusaci?n traidora, muchas veces ba?ada de intereses turbios, contra quien no ha sido antes escuchado, interpelado, respetado en su presunta inocencia.

En el mundo de la informaci?n, puede ser m?s da?ino para un hombre o una mujer el ver su nombre calumniado en un medio masivo de comunicaci?n que no el recibir una condena m?s o menos seria en un tribunal de justicia entre el silencio o la indiferencia de los profesionales de la prensa o de la radio. En el primer caso, quiz? sin juicio, el ?reo? nota c?mo los dedos y los pensamientos de muchos le se?alan como culpable de delitos que quiz? nunca ha cometido. En el segundo, quien ha sido declarado culpable, en la serenidad y la calma de un cierto anonimato, recibe un castigo proporcionado a su falta, pero sin que su caso transcienda m?s all? de quienes deben ser informados de la sentencia.

Desde luego, hay juicios que merecen la atenci?n de la opini?n p?blica. Pero una cosa es informar de un proceso en el que (esperamos) se trabaja con honradez y equidad, y otra es lanzar a los teletipos de los peri?dicos un imaginado, supuesto delito, de un ciudadano que, de la noche a la ma?ana, recibe una condena p?blica que puede llevarle a perder su trabajo, o el desprecio ciudadano, o la confianza de algunos amigos... Aunque, como dec?a Arist?teles, el verdadero amigo no se pierde por una calumnia, pues quien s? conoce al ?condenado? puede intuir cu?nto hay de mentira en una difamaci?n multimedial.

Siempre nos aterran los m?todos inquisitoriales. El mundo de la democracia debe garantizar que no se repitan hechos parecidos. Y la gran prensa, la televisi?n local o internacional, los dise?adores de p?ginas informativas en internet, deben tener en cuenta que cualquier dato que se lanza a la movediza y fr?gil ?opini?n p?blica? puede tener consecuencias condenatorias de proporciones incontrolables.

Queda abierta, desde luego, la posibilidad de que los calumniados se defiendan. Pero una cosa es apelar contra una sentencia de un tribunal bien definido, con miembros concretos y acusaciones reales, que pueden ser respondidas una a una, y otra intentarlo contra un juicio ?inform?tico? social. ?C?mo defenderse de una duda, de una insinuaci?n, de un ?se dice? que corre an?nimamente de boca en boca, de p?gina a p?gina? ?A qui?n acusar? Y, en el caso de encontrar un culpable y vencer el juicio, ?de qu? sirve si la sentencia queda olvidada ante la indiferencia de los mismos medios de comunicaci?n, que apenas s? le dedican, si uno es afortunado, algunas l?neas en las p?ginas menos le?das del peri?dico?

Adem?s, no faltar? quien diga que, al perseguir a los calumniadores en los medios de comunicaci?n se atenta contra la ?libertad de prensa?... Por eso algunos creen que es mejor callar, y se resignan a recibir el Sambenito, como en los tiempos peores de la Inquisici?n, y caminan por las calles como condenados virtuales, como enemigos p?blicos que deben pedir perd?n y recibir el desprecio social por culpas que nunca han cometido...

As? funciona el mundo. S?lo que, si seguimos creyendo en la justicia, tambi?n esto alg?n d?a acabar?. Hemos terminado con los ?juicios sumarios? y con las ejecuciones apresuradas de inocentes que no tuvieron tiempo de decir ni p?o. Tambi?n alg?n d?a los mismos defensores de la libertad de prensa reconocer?n que el derecho a la informaci?n no coincide con la difusi?n de la calumnia, y sopesar?n, antes de publicar una noticia picosa y corrosiva, si se respeta el inter?s del ?presunto malhechor? de defenderse con todas las de la ley.

Algunos buenos reporteros han ayudado a terminar con graves injusticias del pasado. Tambi?n habr? quienes ayuden, en el mismo mundo de la informaci?n, a terminar con aquellos esc?ndalos period?sticos que s?lo sirven para quemar a inocentes en hogueras de papel o de chips electr?nicos... Y entonces, lo mejor que hay en el periodista honesto saldr? a la luz, y el mundo de la informaci?n ser? lo que quiso ser en sus mejores momentos: una defensa decidida de la verdad en favor de la justicia y de la dignidad de todos.


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Publicado por mario.web @ 12:04
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