Mi?rcoles, 04 de mayo de 2011
Luis Losada presenta la urgencia de la presencia de periodistas y de medios de comunicaci?n cat?licos en nuestra sociedad espa?ola y al servicio del orden natural y el bien com?n.
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 Los cat?licos en los medios de comunicaci?n
Los cat?licos en los medios de comunicaci?n
Comenzamos por destacar el significado papel que desempe?an los medios de comunicaci?n en las sociedades modernas. En nuestra breve historia democr?tica podemos recordar como no lejano el papel de debate pol?tico que desempe?aron los medios -fundamentalmente la prensa- durante la denominada transici?n pol?tica. Aquel "parlamento de papel" fue el "?gora" donde pol?ticos, intelectuales y dem?s ciudadanos preocupados por el devenir de Espa?a "pudieron" expresar sus pensamientos y opiniones. Aquella primera experiencia de "libertad de expresi?n" ha marcado del desarrollo del modo en que los periodistas espa?oles hacemos periodismo.

Pero sin necesidad de retrotraernos a tiempos ya pasados, constataremos que los medios de comunicaci?n en nuestros d?as desempe?an un papel fundamental en una sociedad denominada de la "imagen".

De esta forma, la batalla pol?tica (lamentablemente reducida a los discursos demag?gicos pronunciados en campa?a y precampa?a electoral) se libra b?sicamente ante la pantalla, el micr?fono y la linotipia, y por este orden. As?, nuestro inmaduro sistema pol?tico ha conseguido prostituir el concepto "m?tin" otrora entendido como reuni?n de los seguidores de una causa y que en la actualidad se ha convertido en un espect?culo cuyo objetivo ?nico y casi principal es la aparici?n en el telediario de m?xima audiencia. "?Para qu? queremos que nos aclamen estos cinco mil fieles si lo que queremos es que nos voten los 20 millones de personas que est?n viendo ahora mismo la TV?"

El argumento es v?lido si aceptamos que la eficacia debe de ser el criterio que ti?a nuestro quehacer. Pero en tal caso, desterrar?amos de nuestra axiolog?a valores como veracidad, honradez, solidaridad, justicia, caridad, etc.

Pero volviendo a nuestro discurso, esta sociedad de la "imagen" produce comentarios como la de aquel pol?tico que afirm? aquello tan gr?fico y ahora tan conocido de "que hablen, que hablen de mi aunque sea mal". El pol?tico en cuesti?n sab?a que el peor desprecio es el silencio que destierra al ciudadano de la arena pol?tica para siempre.

Pero si para los pol?ticos y sus partidos la imagen que proyectan sobre la ciudadan?a resulta uno de sus activos m?s importantes, lo mismo puede afirmarse de las grandes compa??as que destinan elevad?simos presupuestos a salvaguardar su imagen externa ante la opini?n p?blica o publicada.

Porque al igual que las personas necesitamos de la aprobaci?n de nuestra persona y nuestras acciones por parte de nuestro entorno para sentirnos satisfechos y ser felices, las personas jur?dicas operan de forma similar.

As? ninguna empresa puede permitirse el lujo de que se le critique p?blicamente por actuaciones contra el medio ambiente o contra la justicia social. Si una empresa despide injustamente a un n?mero elevado de sus trabajadores, y no ofrece explicaciones a su entorno, su actitud le pasar? una factura muy abultada en un plazo m?s cercano del previsible, porque su entorno le va a dar la espalda.

Recientemente hemos vivido el caso de una conocida compa??a multinacional de refrescos sobre la que se cern?a la sombra de la sospecha de que algunos de sus productos puestos a disposici?n del mercado estuvieran contaminados. La compa??a se preocup? muy mucho de tratar de tranquilizar a los operadores y clientes finales de que el problema estaba controlado y de que no exist?a riesgo para la salud. Y como remate, una vez pasado el temporal, dicha compa??a emiti? un "spot" con el sencillo, pero profundo mensaje: "Gracias". Si la compa??a no hubiera realizado acci?n alguna frente a su crisis, las consecuencias negativas con seguridad habr?an sido multiplicadas.

En conclusi?n: nuestra sociedad adem?s de ser de la imagen es una sociedad de la informaci?n donde cualquier cosa que ocurre nos afecta directamente y de forma inmediata. Seguimos con precisi?n contienda electoral en Argentina que el verano pasado provoc? una peque?a crisis burs?til que ha desencadenado una gripe financiera mundial. La reciente decisi?n de Alan Greespan de elevar los tipos de inter?s americano provoc? una inmediata toma de beneficios por parte de los inversores espa?oles.

Adem?s, somos bombardeados diariamente por miles de anuncios que luchan desesperadamente por captar nuestra atenci?n desde soportes cada vez m?s sofisticados.

Y finalmente, la revoluci?n tecnol?gica de internet nos permite acceso directo, inmediato y a bajo coste de las noticias que nos interesen de cualquier parte del planeta.

Este es el contexto de la sociedad que vive, crea, produce, consume, ama y sue?a de finales de siglo XX. Y es en este contexto en el que la Iglesia debe plantear su mensaje.

En la Edad Media, la Iglesia demostr? una gran pedagog?a para ense?ar a nuestros antepasados en la fe la doctrina b?sica impartida por Nuestro Se?or Jesucristo. De esta forma, los capiteles de las columnas de las catedrales resultaban un elemento educativo de primer orden ya que los ciudadanos de entonces pasaban largas horas en el interior de nuestras abandonadas joyas dedicados a la tranquila contemplaci?n de cuadros, estatuas, frisos, capiteles, etc. que representaban escenas b?blicas o vidas de santos.

En aquella ?poca, la Iglesia gozaba tambi?n de un pr?ctico monopolio ya que adem?s de que la sociedad era naturalmente creyente, la alternativa a la visita a la catedral era ninguna.

Hoy la oferta se multiplica y la tentaci?n del mundo es claramente superior. Hoy, el mundo se ha puesto sus mejores galas para tratar -muchas veces con ?xito- de engatusar a incautos y d?biles que ante la belleza de la provocaci?n caen en ella.

Por eso es tan importante que desde la Iglesia como Instituci?n y desde los hombres de Iglesia -organizadamente o a t?tulo individual- asuman el reto fundamental de llevar el mensaje de Cristo Jes?s Vivo y Resucitado a nuestros coet?neos.

Nuestro mundo est? cada vez m?s sediento de un Camino firme y seguro, de una Verdad que no se tambalee con un debate superfluo, y de una Vida plena, feliz y eterna. Todos tenemos experiencia de amigos o conocidos nuestros que en momentos de intimidad te revelan que est?n sedientos, que les gustar?a agarrarse a algo firme, que "dar?an los dos brazos" por poder creer, que necesitan una explicaci?n contundente al problema del mal en el mundo, que necesitan saber que el hombre es inmortal y la vida es para siempre, que necesitan tener criterios de actuaci?n v?lidos y firmes.

Todo esto lo hemos escuchado, y sin embargo a todos probablemente nos de la sensaci?n de que el mensaje de esperanza del Evangelio no est? presente en nuestros entornos. No parece ser lo que se respira en los talleres, ni en las escuelas, ni en los parlamentos, ni en las familias ni tampoco en las redacciones.

La Iglesia, madre y experta en humanidad, tiene la grave responsabilidad de ofrecer un mensaje n?tido y verdadero a una humanidad doliente como nunca por la horfandad de Dios en la que se encuentra.

La Buena Nueva del Evangelio exige un esfuerzo de todos por buscar m?todos y formas alternativas para predicar el Evangelio a todas las gentes. El fuego de La Buena Nueva de la Salvaci?n y del perd?n y Misericordia de Dios debe hacer quemar nuestras instituciones e impregnar nuestros sensibles y delicados corazones.

Y necesariamente esta tarea pasa por crear e impulsar medios propios y en formar profesionales firmes, conscientes y comprometidos.

En los ?ltimos a?os, hemos visto como la Iglesia jer?rquica ha despreciado la ostentaci?n de la titularidad de medios de comunicaci?n bajo el criterio de la Iglesia no debe entrar en terrenos mundanos. De esta forma hemos ido viendo como han ido cerrando medios cat?licos dejando espacios en blanco que jam?s nadie ha osado cubrir.

En otras ocasiones, hemos visto como la Iglesia viendo los dividendos que generaba determinadas empresas ha decidido "no arriesgar" en sus contenidos para evitar el riesgo de la p?rdida econ?mica.

En resumen, la Iglesia espa?ola como instituci?n est? perdiendo gravemente el tren que le permitir?a tener un meg?fono con el que dirigirse a millones de personas.

Su lugar lo ocupa la TV que es consumida por m?s de tres horas en media por ciudadano, y por los otros medios donde la presencia de la Iglesia o del mensaje evang?lico de forma directa o indirecta no deja de ser una an?cdota.

Nos han quitado los meg?fonos y han conseguido crear una cultura alejada del cristianismo. Nos han arrancado como pueblo lo m?s ?ntimo de nuestra esencia y ahora "no nos reconoce ni la madre que nos pari?". Han convertido a Espa?a en un pa?s de misi?n y han conseguido que ya nadie entienda por qu? somos una Naci?n y una Patria.

La reconquista de plataformas de cultura y evangelizaci?n es quiz?s la tarea m?s urgente a la que nos enfrentamos los cat?licos espa?oles de finales de siglo.

Y en esta tarea, los medios de comunicaci?n se presentan como el camino a seguir si queremos que nuestro pueblo recupere la ilusi?n que s?lo es capaz de regalar la fe.

A mi modo de ver, esta tarea deber?a enfocarse desde la promoci?n de las instituciones, actividades y pensamientos propios, el impulso de medios cat?licos y la formaci?n de profesionales competentes y comprometidos.

Promoci?n de instituciones, actividades y pensamientos

Primeramente, la labor m?s inmediata y urgente es la promoci?n de las instituciones, actividades y pensamientos propios.

Muchas instituciones de Iglesia est?n haciendo labores muy importantes que pasan absolutamente desapercibidas para la mayor?a de la sociedad. Bajo el mandato evang?lico "que no sepa tu mano derecha lo que hace la izquierda" muchas buenas acciones se quedan en silencio.

Seguramente Dios pagar? con creces estas acciones, pero ese silencio es cubierto de forma inmediata por una solidaridad laica de compromiso m?s limitado y de altruismo en ocasiones dudoso. Llama la atenci?n que en los telemaratones puestos de moda ?ltimamente jam?s se donen las cantidades recaudadas para los misioneros de determinada orden que entierran sus vidas entre los nativos de los cinco continentes proporcion?ndoles primeramente la luz del Evangelio y posteriormente cultura, organizaci?n social, infraestructuras, etc.

Creo que resulta fundamental dar a conocer con las mejores t?cnicas de comunicaci?n disponibles, la maravilla de las misiones cat?licas, la labor de los miles de hombres y mujeres que generosamente ofrecen su vida Dios en sus hermanos de miles de kil?metros de casa.

Igualmente es fundamental que la sociedad conozca y reconozca la labor de las vocaciones consagradas dentro de nuestras fronteras: Atenci?n de ni?os abandonados, comedores populares, f?bricas de reinserci?n, acompa?amiento de drogodependientes, acogimiento de ancianos, y un larg?simo etc., es la labor que desempe?an miles de hombres y de mujeres -h?roes an?nimos- y de los que jam?s se escucha absolutamente nada.

Por no hablar de la educaci?n donde millares de quijotes se parten diariamente la lanza contra los enormes molinos de viento que pueblan nuestras aulas. Esos chicos y chicas que cada vez desprecian con mayor solemnidad la autoridad y que cada d?a saben menos, llevan dentro de su alma la impronta de la educaci?n recibida. Y eso es un regalo que finalmente termina apareciendo de una forma u otra. Pero esta es otra de las ingratas tareas que pasan inadvertidas, cuyos protagonistas deber?an tener al menos el derecho de recibir un "gracias" en recompensa por los esfuerzos realizados.

Finalmente quedan los p?rrocos, que de forma abnegada se empe?an en formar una comunidad cohesionada donde los vecinos se quieran y se respeten, y donde la parroquia pueda ser un elemento de uni?n adem?s de reuni?n. Se encuentran repartidos por toda la geograf?a nacional, pero ning?n medio hablar? de ellos si el esc?ndalo no llamara a su puerta.

Este breve recorrido nos permite visualizar c?mo las instituciones de la Iglesia gozan del m?s absoluto de los anonimatos. Y esto nos lleva a proponer a los responsables de la misma que asuman la necesidad de dar luz y taqu?grafos a sus actuaciones como una obligaci?n m?s de su quehacer diario. ?Ser?amos capaces de imaginarnos el bien que har?a a nuestra sociedad ver ejemplos vivos de seguimiento evang?lico? La palabra convence, pero el ejemplo arrastra.

Pero si las instituciones est?n abandonadas de la opini?n p?blica (o m?s bien publicada), no se escapa del castigo del silencio las acciones realizadas. La convocatoria del "D?a por la Vida", el encuentro multitudinario de j?venes con el obispo, la masiva reuni?n de antiguos alumnos de determinada orden, etc. son s?lo ejemplos de actos que pasan desapercibidos por los medios.

Es verdad que muchos medios son poco afines a dar publicidad a una manifestaci?n religiosa, y prefieren rese?ar reuniones marginales pero pol?ticamente correctas ("contra el racismo y la xenofobia", "por la igualdad entre homosexuales y heterosexuales", "por la tolerancia", etc.). Pero tambi?n es verdad que los responsables de la organizaci?n de determinados eventos no realizan los esfuerzos suficientes para hacer presente al resto de la sociedad el acontecimiento socio-religioso. Y de esta forma, vamos dejando que la iniciativa cultural y medi?tica la tomen otros y parezca que la sociedad es tal y como nos la cuentan.

Porque en la sociedad en la que vivimos parece que todos tiene derecho a la libertad de expresi?n, menos la Iglesia Cat?lica que debe de permanecer en la sacrist?a. Es un curioso ejercicio de contradicci?n que no por b?rbaro deja de ser com?n. En el debate social y pol?tico, intervienen no s?lo los pol?ticos sino los "intelectuales", "los creadores de opini?n", asociaciones civiles, sindicatos, etc. Todos,... menos la Iglesia.

Y cuando la Iglesia dice algo sobre alg?n tema que nos afecta m?s directamente como en septiembre del a?o pasado con la pol?mica de la ampliaci?n de la ley del aborto, entonces, todos los progres librepensadores y abogados de la libertad de expresi?n se?alan a la Iglesia como "culpable" de la esclavitud de las mujeres, y deseosa de volver a ostentar el poder que tuvo en otros tiempos... Eso es progresismo y esp?ritu tolerante.

La Iglesia que es Madre y es experta en humanidad deber?a ofrecer con mayor frecuencia sus criterios sobre los diversos temas sociales de forma que ni los cat?licos ni la sociedad en su conjunto se vea hu?rfana de criterios s?lidos y profundos a la luz de la fe. El aborto es un tema de debate social donde la Iglesia debe de intervenir, pero no deber?a de ser el ?nico. Existe un serio debate sobre el modelo de familia y la ayuda a la instituci?n familiar. Se plantea una gran pol?mica en torno al tratamiento de los inmigrantes, su legalizaci?n y una posible apertura m?s generosa de las fronteras. La cultura del pelotazo, y la escasa ?tica en el mundo de los negocios exigir?a una declaraci?n p?blica.

En fin, podr?amos hacer una lista de temas infinita. Hemos citado algunos tan s?lo a t?tulo de ejemplo. La riqueza de la doctrina social cat?lica permite tener criterio sobre multitud de temas de moralidad social en los que los cat?licos miran a su pastor y la sociedad mira a la Iglesia como referente de criterio moral sin intereses.

Ojal? nuestros ojos puedan ver como normal y habitual que la Iglesia se decante por temas de inter?s social. En nuestra opini?n, el encierro de la Iglesia espa?ola se debe a un complejo que empieza a superar, pero donde todav?a deben hacerse muchos m?s esfuerzos.

En Estados Unidos la Iglesia Cat?lica emite su opini?n cuando le parece y todo el mundo la respeta, aunque no la comparta. En este pa?s -laico por excelencia- cuando el presidente jura el cargo, un sacerdote protestante ruega a Dios para que las acciones del nuevo presidente ayuden al pueblo a acercarse m?s a Dios. ?Alguien se imagina una bendici?n del presidente de la Conferencia Episcopal al elegido presidente de Gobierno?

Impulso de los medios cat?licos

La Iglesia que durante tanto tiempo ha mantenido la propiedad de una parte importante del ?nico medio de producci?n -la tierra- y que actualmente conserva un patrimonio m?s que significativo, tiene sin embargo un d?ficit en su presencia en los medios de comunicaci?n muy importante.

Este d?ficit se debe en nuestra opini?n al abandono de los medios existentes, a un deficiente planteamiento empresarial y a una velocidad de cambios que han impedido adaptarse a quienes manten?an responsabilidades en estas materias.

Esta carrera por el control de los medios que influyen en la opini?n y valores de los ciudadanos y ciudadanas de Espa?a ha sido tomado por todos aquellos que en su d?a decidieron bajar al ruedo de la formaci?n de opini?n.

As? lo han entendido diversos responsables eclesi?sticos que en los ?ltimos a?os han impulsado diversas iniciativas medi?ticas de gran ?xito social. Esto, es s?lo un ejemplo de que la entrada es posible y de que lo m?s importante es tener algo trascendente que decir. Y la Iglesia tiene lo m?s importante que se puede decir: Que Jesucristo ha resucitado por cada uno de nosotros y nos ha regalado la Vida eterna. O sea, casi nada...

Sin embargo, existiendo iniciativas muy positivas, de gran ?xito social, y de contenido claro y eficaz, la Iglesia mantiene otros medios con gran ?xito de "share", pero con escaso impacto "opin?tico-axiol?gico". Urge que la Iglesia ponga todos sus medios disponibles para la evangelizaci?n porque cada d?a m?s j?venes caen desesperadamente en la drogadicci?n porque nadie les ofrece nada, cada d?a m?s parejas deciden romper su v?nculo porque no han recibido otros mensajes como el del valor del sacrificio para alcanzar bienes superiores, cada d?a m?s trabajadores y empresarios piensan que lo ?nico importante es ganar cuanto m?s dinero mejor y por encima de casi todo porque nadie les ha hablado de la concordia social y colaboraci?n empresarial.

Con esta realidad que avanza diariamente, la Iglesia no puede permitirse "lujos" de tener medios inactivos por muy buenos resultados econ?micos que produzca.

Asimismo, los responsables eclesi?sticos deber?an asumir todos aquellos retos a los que tenga acceso y que sean viables. La televisi?n digital permitir?a a la Iglesia ofrecer en un canal durante 24 horas seguidas vidas de santos, practicas de piedad, criterios sociales, debates sobre temas debatibles, etc. De esta forma, todo el que quiera conocer la opini?n de la Iglesia sabr?a claramente donde acudir y de paso los cat?licos tendr?an un punto de referencia b?sico.

Por ?ltimo, Internet permite a la Iglesia espa?ola ofrecer r?pidos accesos y muy baratos a cualquiera conectado a la red. Desde consejos en la preparaci?n al matrimonio hasta criterios sobre la moralidad p?blica. Muchos grupos de Iglesia han volcado su imaginaci?n y voluntad en la red, y tambi?n algunos periodistas cat?licos han aprovechado las posibilidades de Internet y del correo electr?nico para emitir a todo el mundo de forma libre y a bajo coste los mensajes del Evangelio.

Algunos sacerdotes incluso, utilizan el correo electr?nico para dirigir espiritualmente o atender consultas espirituales, lo que multiplica las posibilidades de la atenci?n religiosa, y facilita el acceso a la Iglesia de alguien que jam?s se acercar?a por ella.

La promoci?n de los medios propios es algo en lo que la Iglesia deber?a hacer un esfuerzo importante. La prensa cat?lica en pa?ses como Francia o Italia tienen una importancia muy significativa, mientras que en Espa?a siempre ha sido prensa "casi marginal". Sin embargo, es evidente que el mercado espa?ol no es significativamente diferente al franc?s y que por tanto la prensa cat?lica en Espa?a es un mercado todav?a sin explotar por nadie. Las cabeceras vivas en la actualidad son muy dignas en contenido, pero mantienen cuotas de presencia "testimoniales" en comparaci?n con pa?ses de nuestro entorno. Los due?os de dichas publicaciones deber?an asumir la responsabilidad de la labor educadora que realizan sus revistas y lanzarse a captar mercados m?s amplios.

Formaci?n de profesionales competentes y comprometidos

El actual ejercicio profesional supone un dif?cil equilibrio entre la sensatez, el rigor, el estilo y la calidad de las fuentes. Todo ello requiere de un profesional que adem?s de tener estas cualidades posea tambi?n s?lidos conocimientos de historia, literatura, econom?a y derecho. Esta cultura general, modelada por el principio de la inquietud intelectual permitir? formar un profesional cuya mente sea capaz de ubicar cada realidad en su entorno con inteligencia, sentido com?n, astucia, etc.

Desgraciadamente este tipo de profesional escasea. Existe, sin embargo, con m?s frecuencia de la debida el profesional "indocumentado" el que escribe sin tener s?lidas referencias sobre los temas sobre los que trata y por tanto desconoce el alcance e importancia de los datos. Tambi?n tenemos los profesionales "serviles" que a la sombra del poder o de un poder tratan de ganar su apoyo y atenci?n a cambio de actuar de escribano del poder.

Los profesionales que necesita la Iglesia son profesionales de verdad, que no se dejen deslumbrar por el poder, pero sean suficientemente inteligentes para convivir con ?l sin luchar por ?l.

Pero la Iglesia necesita tambi?n profesionales comprometidos. Hombres y mujeres que no se arredren ante las dificultades y que est?n dispuestos a defender sus sentimientos religiosos ante quien sea necesario. Finalmente, queda que estas personas sean capaces de impregnar el mensaje del Evangelio en todas aquellas realidades que como consecuencia de su trabajo les toque analizar. De esta forma conseguiremos que nuestra sociedad vaya acogiendo los criterios de la vida, del respeto al diferente, del amor al desvalido, del valor de la persona, etc.

Ojal? las universidades de las diversas instituciones de la Iglesia sean capaces de formar profesionales con el perfil antes expuesto. Una tarea educativa llevada a cabo con ilusi?n y dedicaci?n, producir? sin duda los frutos que todos deseamos.

Publicado por mario.web @ 12:06
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