Mi?rcoles, 04 de mayo de 2011

Fuente: Catholic.net
Autor: P. Fernando Pascual

Estamos acostumbrados a hablar de los hijos como si se tratase de algo propio, de una ?posesi?n?. Tenemos un coche, tenemos una casa, tenemos un libro, tenemos un perro y... ?tenemos cuatro hijos?.

Gracias a Dios, el coche no va a exigir sus derechos, ni va a gritar que no nos quiere. Si no arranca, lo llevamos al taller. Si despu?s de dos semanas de arreglos no funciona, lo vendemos al chatarrero. En cambio, si el ni?o ?no arranca? en la escuela...

Es cierto que los ni?os nacen dentro de una familia, por lo que resulta natural que la familia asuma la responsabilidad de esa vida que empieza. Pero el ni?o tiene un coraz?n, un alma, y eso no es propiedad de nadie. La filosof?a nos ense?a que el alma, lo m?s profundo de cada uno, no puede venir de los padres, sino que viene de Dios. Los padres dan a su hijo el permiso para la vida y asumen la hermosa tarea de ayudarle, pero no pueden dominarlo como al coche o al perro.

Entonces, ?cu?l es la actitud m?s correcta ante el hijo que hoy ?camina? a gatas por el pasillo y que pronto empezar? a darse coscorrones en la cabeza? ?Le dejamos hacer lo que quiera? Este era el sue?o de Rousseau con su ?creatura?, Emilio. No hace falta ser un gran psic?logo para comprender que el ni?o ideal de Rousseau llegar?a a la juventud s?lo por obra de un milagro... La realidad es que los padres est?n llamados a dar una formaci?n profunda, correcta, clara, a sus hijos.

Primero ense?amos al ni?o normas de ?seguridad?: no asomarse por la ventana, no meterse en la boca objetos peligrosos, no tocar animales extra?os. Despu?s, la b?squeda de la salud nos hace pedirle que tenga las manos limpias, que no se llene el est?mago con caprichos, que no se rasque las heridas...

Simult?neamente ense?amos al hijo a hablar. Sus ojos cada d?a brillan de un modo distinto, y pronto su mundo interior, su coraz?n, se nos abre no s?lo con las miradas, las manos y la sonrisa, sino con esas primeras y temblorosas palabras que empieza a decir con la confianza de ser acogido. Los padres que escuchan por vez primera ?mam?, ?pap?, sienten muchas veces un vuelco en el coraz?n. El ni?o crece, y habla, y habla, y habla... Cuando ya ha aprendido un vocabulario b?sico, impresiona por su hambre de saber, de comunicar, de decir que nos quiere, o que ha dibujado un avi?n, o que ha visto una lagartija, o que acaba de encontrar un amigo de su edad...

Alguno podr?a pensar que la misi?n de los padres termina aqu?, y que el resto le toca a la escuela. Sin embargo, el hijo todav?a tiene que aprender detalles de educaci?n que van mucho m?s all? de las normas de supervivencia o del usar bien las palabras del propio idioma. Dar las gracias, pedir permiso, saludar a un maestro, prestarle un juguete al amigo, hacer los deberes en vez de contemplar lo que pasan por la tele...

La educaci?n moral es uno de los grandes retos de toda la vida familiar. La mayor alegr?a que pueden sentir unos padres es ver que sus hijos son, realmente, buenos ciudadanos. El dolor de cualquier padre es darse cuenta de que su hijo hace lo que quiere y que empieza a enga?ar a los maestros, a robar del monedero de mam?, a golpear a los compa?eros o hermanos m?s peque?os, e, incluso, a levantar la voz en casa contra sus mismos padres...

San Agust?n se quejaba de que sus educadores le rega?aban m?s por un error de ortograf?a que por una falta de comportamiento. La queja tiene una triste actualidad en quienes se preocupan m?s por el 10 de sus hijos en ingl?s que por la pornograf?a que vean en internet o por las primeras drogas que puedan tomar con los amigos. Si somos sinceros, es mucho mejor tener un hijo agradecido y bueno, aunque no sepa alta matem?tica, en vez de tener un hijo ingeniero que ni siquiera es capaz de interesarse por lo que les ocurra a sus padres ancianos...

Los hijos no son propiedad de nadie, ni de la familia, ni de la escuela, ni del Estado. Pero todos, especialmente en casa, estamos llamados a ayudar a los ni?os y adolescentes a crecer en su vida como buenos ciudadanos y como hombres de bien. Esa es la misi?n que reciben los padres cuando inicia el embarazo de cada ni?o. Quienes hemos tenido la dicha de tener unos padres que nos han ayudado a respetar a los dem?s, a amar a Dios y a vivir de un modo honesto y justo, nunca seremos capaces de darles las gracias como se merecen. Quienes no han tenido esta dicha... pueden, al menos, preguntar c?mo se puede ense?ar a los hijos a ser, de verdad, buenos, no s?lo en la formaci?n cient?fica, sino en los principios ?ticos m?s elevados.

Esa es la misi?n que reciben los esposos cuando su amor culmina en la llegada de un hijo. Cumplirla puede ser dif?cil, pero la alegr?a de un hijo bueno no se puede comprar ni con todo el dinero del Banco Mundial...


Publicado por mario.web @ 12:47
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