Mi?rcoles, 04 de mayo de 2011

Los laicos deben asumir plenamente su vocaci?n en la Iglesia y en la sociedad

?

CIUDAD DE M?XICO, viernes 16 de enero de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que pronunci? este viernes el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado y legado especial de Benedicto XVI al VI Encuentro Internacional de las Familias, durante el encuentro que mantuvo con la Conferencia del Episcopado Mexicano.

* * *

?

Se?or Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano,

Se?ores Cardenales,

Queridos Hermanos Obispos:

Me siento muy feliz de encontrarme con todos ustedes en este d?a, y les manifiesto adem?s mi gratitud por la calurosa acogida que me han dispensado como legado de Su Santidad Benedicto XVI para el VI Encuentro Mundial de las Familias. Agradezco a Mons. Carlos Aguiar Retes, Obispo de Texcoco y Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, las amables y deferentes palabras de bienvenida que, en nombre de todos, ha tenido a bien dirigirme.

Perm?tanme que, ante todo, les transmita el saludo afectuoso del Sucesor de Pedro, as? como su cercan?a espiritual. Mi presencia aqu? obedece al expreso deseo del Papa que, ante la imposibilidad de realizar este a?orado viaje, ha decidido hacerse presente entre ustedes a trav?s de su m?s estrecho y cercano colaborador, como es el Secretario de Estado. Su Santidad conoce bien la vitalidad y pujanza de la Iglesia en M?xico, la dedicaci?n y entrega de todos sus miembros, Pastores y Fieles, a la causa del Evangelio, as? como la fidelidad y fervor de su amor a la Virgen y de su uni?n con el Romano Pont?fice. Asimismo, el Obispo de Roma desea animarles para que, en medio de las dificultades del momento presente, no desfallezcan en su empe?o por anunciar a todos los hombres la Buena Nueva de la Salvaci?n, Jesucristo nuestro Se?or. Por eso les acompa?a en todo momento con su oraci?n y su constante aliento, porque lleva muy hondo en su coraz?n a los hijos de esta bendita tierra mexicana, tierra de Cristo y de Mar?a.

Queridos hermanos, en la ?ltima reuni?n de la Asamblea Plenaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano, en noviembre pasado, han reflexionado ampliamente, junto con ciento dieciocho laicos provenientes de muchas di?cesis mexicanas, sobre la necesidad de impulsar un nuevo y valiente protagonismo laical (cf. Mensajes de los Obispos de M?xico al pueblo de Dios, 13 de noviembre de 2008, n.3 ). Efectivamente, el Concilio Vaticano II ha puesto de relieve el papel espec?fico y absolutamente necesario de los bautizados en la misi?n salvadora de la Iglesia. Ellos, en cuanto a miembros vivos del ?nico Cuerpo de Cristo, ? est?n llamados a contribuir al crecimiento y santificaci?n incesante del Iglesia con todas sus fuerzas? (Lumen gentium, 33). Sin duda, los tiempos ya est?n maduros para que los laicos asuman plenamente su propia vocaci?n en la Iglesia y en la sociedad. Adem?s, las circunstancias actuales, y la marcha del mundo en general, est?n reclamando un apostolado seglar m?s intenso y amplio, lleno de celo y amor a Dios. Pero, ?en qu? consiste el apostolado espec?fico de los laicos? ?D?nde se desarrolla y con qu? medios se lleva a cabo? En la ?ltima Carta Pastoral de Episcopado Mexicano, ustedes afirmaban con claridad que ?los fieles laicos cumplen su vocaci?n cristiana principalmente en las tareas seculares? (Carta Pastoral "Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos", 270). En este punto siguen fielmente a la doctrina establecida en el Concilio Vaticano II, cuando afirmaba que los bautizados ?ejercen verdaderamente el apostolado con su empe?o por evangelizar y santificar a los hombres y por empapar y perfeccionar con esp?ritu evang?lico en orden de las cosas temporales, de modo que su actividad de este orden d? claro testimonio de Cristo y sirva para la salvaci?n de los hombres (Apostolicam actuositatem, 2)

Especialmente relevante y decisivo, por su trascendencia a la hora de plasmar la sociedad seg?n Cristo, se demuestra el testimonio de los laicos en el ?mbito de la pol?tica y de la cultura. Hay que animarles y ofrecerles toda la ayuda necesaria para que se impliquen, con coherencia de vida y con verdadero esp?ritu de servicio a sus hermanos, en los avatares p?blicos de su Pa?s. Un cristiano, consciente de su vocaci?n de hijo de Dios, no puede desentenderse del esfuerzo, lleno de caridad y de respeto hacia los dem?s, para intentar que los valores fecundos del Evangelio iluminen todos los ?rdenes de la sociedad. Haci?ndolo as?, el fiel laico cumple, con renovado empe?o y amplitud de miras, su responsabilidad como ciudadano, puesto que su vocaci?n cristiana no le aparta del mundo, antes bien, le impulsa a tomar parte en la construcci?n de la sociedad civil contribuyendo as? al bien com?n de toda la naci?n, a la que pertenece por derecho propio.

Quisiera mencionar tambi?n, por su importancia, un campo prioritario de apostolado de la Iglesia en la actualidad y, de modo muy especial, del apostolado de los laicos: el matrimonio y la familia. Los esposos cristianos est?n llamados a dar un especial testimonio de la santidad del matrimonio, as? como de su importancia para la sociedad. Ellos son los que mejor pueden mostrar ante los dem?s la hermosura del designio de Dios sobre el amor humano, el matrimonio y la familia. ?sta, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, es la base y c?lula fundamental de la sociedad humana. En esa comuni?n de vida y amor, que es el matrimonio, encuentra su raz?n de ser tanto la diferencia sexual entre el hombre y la mujer como el llamado al amor que Dios ha puesto en sus corazones. Efectivamente, Dios ha creado al hombre por amor y para el amor. (cf. JUAN PABLO II, Ex. ap. Familiaris consortio,11). El v?nculo de donaci?n esponsal, hecho de ternura, respeto y entrega responsable, es el lugar natural en que la vida humana es concebida y encuentra la protecci?n y la acogida que requiere su dignidad. Por eso, trabajar por el bien del matrimonio y de la familia es luchar por el bien del ser humano y dela sociedad. Es primordial entonces esforzarse para que el ordenamiento jur?dico de un Pa?s se respete la identidad propia de esta instituci?n natural, que est? en la base de su misma estructura social. Sin embargo, no basta contar con las buenas leyes, es necesario tambi?n empe?arse en una vasta labor de educaci?n y formaci?n que ayude a todos, especialmente a los m?s j?venes, a descubrir y valorar la belleza y la importancia del matrimonio y la familia.

Estoy plenamente convencido, queridos hermanos, que la celebraci?n del VI encuentro Mundial de la Familias constituir? una ocasi?n ?nica y providencial para impulsar a?n m?s la pastoral familiar en vuestras comunidades diocesanas, potenciando y multiplicando las numerosas iniciativas pastorales que ya est?n dando frutos abundantes.

Para poder cumplir con esta exigente misi?n, los fieles necesitan contar con una intensa vida espiritual y una s?lida formaci?n, basada sobre todo en la escuela atenta y meditada de la Palabra de Dios. Todos en la Iglesia tenemos necesidad de ese contacto ?ntimo con el Se?or en la Escritura. Con este motivo, el Papa, en la misa conclusiva del ?ltimo S?nodo de los Obispos, dec?a que ?la tarea prioritaria de la Iglesia, al inicio de este nuevo milenio, consiste ante todo en alimentarse de la Palabra de Dios, para hacer eficaz el compromiso de la nueva evangelizaci?n, del anuncio en nuestro tiempo? ( BENEDICTO XVI Homil?a, 26 octubre 2008). En efecto, evangelizar no consiste s?lo en comunicar unos contenidos doctrinales, sino en ofrecer una propuesta de un encuentro con Cristo. Un encuentro con Jes?s, el Salvador, que, tocando el coraz?n y la mente con la luz de su verdad y la fuerza de su amor, pueda colmar la honda sed de Dios que tienen tantos hermanos nuestros, y llevarlos a se vez a vivir el evangelio con todas las consecuencias.

En definitiva, se trata de ofrecer a todos esperanza, la gran esperanza que es dios mismo y que supera a todas las dem?s esperanzas humanas, d?ndoles un fundamento definitivo (cf. BENEDICTO XVI, Spe salvi, 31 ). El Santo Padre les anima para que, en una situaci?n dif?cil, no dejen de presentar a Cristo como el verdadero motivo de esperanza. Acudiendo al Se?or y poniendo en pr?ctica sus ense?anzas, como indic? la Virgen Mar?a en las bodas de Can? (cf. Jn 2,5), M?xico ser? capaz de superar todos los obst?culos y de construir un ma?ana m?s justo y libre para todos, donde se ponga fin a las lacras sociales que atenazan su desarrollo y de modo especial donde sea respetada la dignidad de la persona desde su concepci?n hasta su ocaso natural.

Queridos Hermanos Obispos, siguiendo las l?neas trazadas en el documento final de la V Conferencia general del Episcopado latinoamericano y del Caribe , celebrada en Aparecida, desean custodiare y alimentar la fe de los miembros de las comunidades eclesiales mexicanas, avivando en ellos el deseo de conocer, seguir y entregarse a Cristo, para as? poder darlo a conocer a los dem?s como intr?pidos misioneros. En este vasto esfuerzo de evangelizaci?n los sacerdotes desempe?an y un papel muy importante. Ellos son nuestros primeros y m?s cercanos colaboradores y, llevando sobre sus espaldas el peso del d?a y el calor (cf. Mt 20, 12), merecen todo es desvelo y la atenci?n de sus Obispos. Deseo recordar aqu? las palabras que el Papa dirigi? a la Conferencia Episcopal Italiana: ? En realidad, para nosotros, los Obispos, es una tarea esencial estar constantemente cerca de nuestros sacerdotes que, por el sacramento del Orden, participan en el ministerios apost?lico que el Se?or nos ha encomendado [...]. Cuanto m?s cerca estemos de nuestros sacerdotes, tanto m?s tendr?n afecto y confianza en nosotros, disculpar?n nuestros l?mites personales, acoger?n nuestra palabra y se sentir?n solidarios con nosotros en las alegr?as y en las dificultades del ministerio? (Discurso a los miembros de la Conferencia Episcopal Italiana, 18 mayo 2006). El sumo Pont?fice lleva en su coraz?n a todos los sacerdotes mexicanos y les pide a ustedes que les hagan llegar su reconocimiento y gratitud por su generosa dedicaci?n, anim?ndolos a continuar ejerciendo su labor con infatigable y constante fidelidad, no obstante se encuentren a menudo en medio de pruebas y dificultades.

Queridos hermanos, deseo agradecerles de nuevo todas sus atenciones y la acogida que me han brindado, as? como reiterarles la especial cercan?a espiritual y la incesante solicitud del Santo Padre por todos ustedes, queridos Pastores de la Iglesia en M?xico, por los Obispos em?ritos, por los sacerdotes, seminaristas, religiosos y laicos, y por todo el querido pueblo mexicano. Que la Sant?sima Virgen Mar?a, Nuestra Se?ora de Guadalupe, Patrona de Am?rica, les sostenga y gu?e en su hermoso y exigente ministerio pastoral. Muchas gracias y que Dios les bendiga.


Publicado por mario.web @ 13:44
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios