Jueves, 05 de mayo de 2011
Debemos procurar erradicar los c?rculos viciosos de nuestro sistema democr?tico, y a cambio encontrar la forma de que tenga c?rculos virtuosos.
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Paradigmas democr?ticos que debemos cuestionar
Paradigmas democr?ticos que debemos cuestionar


Dr. cat?lico, fil?sofo, laico y casado.

Democracia... ?de las personas o de los partidos? (3)


Hola, amigos:


Debemos procurar erradicar los c?rculos viciosos de nuestro sistema democr?tico, y a cambio encontrar la forma de que tenga c?rculos virtuosos.

Lo que hoy entendemos por democracia es la democracia de los partidos, que es la democracia que pretenden vivir, con mayor o menor veracidad o transparencia, los llamados pa?ses democr?ticos. Y al entender la democracia de esta forma, se da por supuesto que a la vez se favorece lo que hemos llamado democracia de las personas, que busca el respeto de su dignidad y derechos.

Sin embargo, tal suposici?n est? muy lejos de corresponder a la realidad. La verdad es que hemos creado el paradigma de que la democracia de los partidos favorece a la democracia de las personas, pero cada vez se hace m?s imperioso que cuestionemos tal paradigma, que lo sometamos a cr?tica y veamos si es verdadero o falso. Sorprendentemente, descubriremos que es falso.

Aunque los art?culos de esta serie pueden leerse independientemente, hay entre ellos una relaci?n; debido a lo cual se aprovechar? mejor la lectura de cada uno si previamente se han le?do los anteriores, que pueden encontrarse activando el v?nculo que se ofrece en seguida:

Democracia... ?de las personas o de los partidos? Surgimiento del falso paradigma


Antes de seguir adelante ser? conveniente ver c?mo surgi? la suposici?n de que la democracia de los partidos favorece a la democracia de las personas. Hist?ricamente, ante la experiencia de muchos sistemas de gobierno que lastimaban a las personas y que las exclu?an de las funciones de gobierno, fue surgiendo la convicci?n de que se trataba de una injusticia que lastimaba la dignidad y los derechos de los s?bditos, en su calidad de personas, quienes ten?an que someterse a los caprichos de un tirano, de un monarca, de un se?or feudal, etc?tera.

Resultaba pr?cticamente imposible defenderse de tales despotismos sin poder participar en las funciones de gobierno. M?s aun, el hecho mismo de ser excluidos de las funciones de gobierno era ya un atropello a la dignidad y los derechos de las personas.

Era necesario, pues, que a todos les fuera reconocido el derecho de poder participar en el gobierno: ?s?lo as? se lograr?a que todos fueran respetados! Y la ley pendular de la historia ?que suele llevar las cosas de un extremo a otro? dio lugar a que pr?cticamente todos quisieran participar o tuvieran la ilusi?n de participar en las funciones gubernamentales, casi por el solo hecho de que nunca hab?an participado en ellas. ?Pero c?mo lograr la participaci?n de todos?

No era posible que todos fueran gobernantes, ni siquiera funcionarios de bajo nivel. Pese a ello, parec?a muy claro que la norma de gobierno deber?a ser la voluntad del pueblo. ?Pero c?mo pod?a manifestarse o conocerse la voluntad del pueblo? La dificultad se agravaba por el hecho de que el pueblo casi nunca est? de acuerdo un?nimemente en cosa alguna. Y la realidad es que el pueblo no tiene voluntad, porque el pueblo no es persona.

La soluci?n f?cil ?y falsa? fue considerar que la voluntad del pueblo era la de la mayor?a, y que esa voluntad mayoritaria se pod?a conocer votando, y contando luego el n?mero de los votos. Pero aun as? la dificultad persist?a, porque el pueblo no pod?a estar votando cada una de las decisiones de gobierno; adem?s era muy dif?cil, sin buenos medios de comunicaci?n y c?mputo, realizar las votaciones populares y el conteo de las mismas.

Entonces se pens? que la voluntad del pueblo podr?a expresarse eligiendo a sus gobernantes por mayor?a de votos. En adelante ya no se pensar?a que la autoridad viene de Dios, sino del pueblo, o, en el mejor de los casos, que viene de Dios a trav?s del pueblo. Obviamente, lo que sucedi? fue que los gobernantes, una vez elegidos, empezaron a gobernar como ellos quer?an, al margen de lo que quisiera el pueblo.

El resultado fue que las personas ?el pueblo? segu?an siendo atropelladas en su dignidad y sus derechos. Se hac?a imperioso lograr elegir a gobernantes que verdaderamente representaran y respetaran la voluntad del pueblo. Resultaba indispensable que quien llegara al poder se comprometiera con el pueblo respecto a lo que har?a en sus funciones de gobernante. Entonces, quienes pretend?an llegar al poder empezaron a elaborar planes o proyectos de gobierno, a hacerle promesas al pueblo y a buscar el apoyo de los poderosos, los ricos y todos los que de un modo o de otro fueran influyentes. Y as?, poco a poco, fueron surgiendo los partidos pol?ticos y las campa?as electorales.

Los partidos pol?ticos y su "democracia"


?Ah? tenemos la democracia de los partidos! Y ah? la tenemos junto con la ingenua suposici?n de que favorece a la democracia de las personas. Pronto se vio que los gobernantes as? elegidos tienen m?s af?n de poder que deseos de servir al pueblo, al bien com?n. Pronto se vio que las campa?as electorales habr?an de manipular los medios de comunicaci?n para presentar los candidatos al pueblo como ellos quieren ser presentados, y no como realmente son.

Pronto se vio que los proyectos de gobierno habr?an de estar destinados a prometerle al pueblo lo que ?ste quisiera o?r ?para conseguir su voto? aunque no se tuviera el prop?sito de cumplir tales proyectos y promesas. Y nuevamente las personas ?el pueblo? siguieron siendo atropelladas en su dignidad y sus derechos. ?No es as?? ?No es eso lo que hemos venido viviendo y padeciendo? En mayor o menor medida, en todos los pa?ses democr?ticos ha sucedido lo mismo.

El resultado es que la democracia de los partidos no ha favorecido a la democracia de las personas, sino todo lo contrario. Por eso es necesario que comencemos a cuestionar nuestro sistema democr?tico, que lo sometamos a cr?tica y que lo pensemos y repensemos en profundidad. Lo que no funciona es nuestro sistema, y no tanto nuestras personas. Es el sistema el que deteriora a las personas, m?s que las personas al sistema. Y lo que nosotros hemos venido haciendo ha sido criticar y atacar a las personas, en vez de cuestionar y revisar nuestros sistemas.

Lo f?cil es sacar nuestras ?tijeras? y hacer pedazos a las personas, sin dejar t?tere con cabeza; pero se trata de algo muy destructivo. Lo constructivo es mejorar nuestros sistemas y educar a nuestra gente, incluidos los funcionarios y pol?ticos; mas para lograrlo es indispensable atreverse a pensar, incluso contra corriente y contra lo establecido, reconocer errores y omisiones, corregir, afinar, quitar lo que sobra y a?adir lo que falta.

Los candidatos de los diversos partidos no suelen ser malas personas. Si alguno de ellos nos invitara a comer a su casa, con seguridad nos tratar?a de maravilla, se comportar?a con gran educaci?n y descubrir?amos que es una fina persona. En cambio, cuando aparecen en la televisi?n se muestran como unos verdaderos patanes, que se insultan unos a otros, se atacan en lo personal, sacando a la luz p?blica incluso defectos y faltas de sus vidas privadas; les importa m?s desacreditar y desprestigiar al otro que convencer al pueblo de las bondades de su programa pol?tico.

Y lo hacen as? porque el sistema los empuja a obrar as?, porque as? es como pueden lograr mayores probabilidades de triunfar dentro de un sistema democr?tico de partidos pol?ticos en pugna mediante campa?as electorales que se deciden por votaci?n. Y cuando los triunfadores llegan al poder, es tambi?n el sistema el que los empuja hacia la corrupci?n. ?Lo que falla es nuestro sistema democr?tico!

Equilibrio y desequilibrio de los sistemas


Es muy importante que los sistemas nos empujen a mejorar; y el sistema que hoy tenemos nos est? empujando a empeorar. Sucede como con nuestro sistema escolar, que empuja a copiar en los ex?menes, ?no es verdad? De poco sirve que se les repita a los alumnos ?hasta la saciedad? que no deben copiar, si el sistema los empuja a copiar. Si repruebas el examen se te viene el mundo encima, y lo puedes evitar copiando... ?pues acabas copiando! El sistema te empuja a copiar. De manera semejante, nuestro sistema democr?tico ?la democracia de los partidos? empuja hacia la corrupci?n.

Los sistemas deben estar dise?ados y construidos de manera que ante las desviaciones tiendan a corregirse por s? mismos, casi autom?ticamente. Este principio se puede apreciar con claridad en todas las embarcaciones, donde lo correcto es que el centro de gravedad est? por debajo de la l?nea de flotaci?n.

Cuando un barco construido as? se ladea, el empuje de su propio peso hacia abajo y el empuje del agua hacia arriba tienden a enderezarlo y nivelarlo; se trata de un c?rculo virtuoso. En cambio, si el centro de gravedad estuviera por encima de la l?nea de flotaci?n, al ladearse el barco ambas fuerzas colaborar?an para volcarlo por completo; se tratar?a de un c?rculo vicioso.

Pues, bien, algo semejante sucede con todos los sistemas: deben estar dise?ados y construidos para autocorregirse ante las desviaciones. Los sistemas pol?ticos no son una excepci?n a esta regla, por muy democr?ticos que sean; pero la democracia de los partidos es un sistema construido al rev?s, y que por tanto da lugar a c?rculos viciosos. Veamos al menos algunos ejemplos.

Los pa?ses m?s pobres son los que tienen menos equipo electr?nico y dem?s elementos necesarios para llevar a cabo elecciones r?pidas, claras y limpias; por el contrario, son los m?s vulnerables a las duplicidades de votos, robos de urnas y todo tipo de trampas; lo cual lleva a que no se acepten las elecciones y a que se exija una segunda vuelta electoral. De tal manera, la multiplicidad de costosas rondas electorales empobrece m?s y m?s a un pa?s que ya era pobre, en un c?rculo vicioso de empobrecimiento democr?tico, que, por supuesto, tiene lugar en una democracia de los partidos.

Tambi?n sucede que cada partido pol?tico, para lograr mantenerse en el poder, apoya en todo a sus miembros activos en funciones gubernamentales a fin de que aumenten su poder y la fuerza de su partido; con lo cual tales miembros, al verse m?s poderosos e impunes, se hacen cada vez m?s corruptos; lo que lleva a que el partido tambi?n se corrompa y apoye a sus miembros activos por todos los medios posibles, sin importar lo ileg?timos o inmorales que puedan ser. Y en tal c?rculo vicioso los gobernantes terminan gobernando con la finalidad de mantenerse en el poder, o de mantener en el poder a su partido, en vez de gobernar con el fin de lograr el bien com?n o beneficio del pueblo.

En los art?culos siguientes trataremos de profundizar en las causas de las fallas de la democracia de los partidos, que acaban casi siempre en c?rculos viciosos.

Y tambi?n buscaremos la forma de romper con tales c?rculos, y en su lugar favorecer el surgimiento de c?rculos virtuosos, a fin de que verdaderamente se logren los fines de la democracia de las personas, y esa dignidad y esos derechos sean respetados en la medida de todo lo humanamente posible.


Publicado por mario.web @ 2:19
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