Jueves, 05 de mayo de 2011

Fuente: Catholic.net
Autor: P. Fernando Pascual

Un conferencista que participaba en un congreso dedicado al tema del pecado original quiso explicar la diferencia entre ?pecados grandes? y ?pecados peque?os?.

Los ?pecados grandes? son esos pecados visibles, claros, con una malicia indiscutible: asustan nada m?s verlos. Un adulterio, un crimen, un robo, un aborto, una traici?n a un amigo, insultar y humillar a los propios padres... Cuando alguna vez sentimos el deseo de cometer un ?pecado grande?, notamos su gravedad, sentimos el deseo de evitarlo, nos da verg?enza pensar s?lo en la posibilidad de cometerlo. La conciencia, si tuvimos la desgracia de ceder a la tentaci?n de un ?pecado grande?, en seguida empieza a recriminarnos por haber sido tan miserables.

Los ?pecados peque?os?, en cambio, son ?faltas? sin importancia, de ?administraci?n ordinaria?, cosas que no incomodan ni averg?enzan. Permitirme llegar un poco tarde al trabajo simplemente por pereza; usar el tel?fono de la oficina para conocer el resultado de un partido de f?tbol; tomar un poco de dinero del monedero de un familiar para comprar una revista del coraz?n o de deportes; llegar a misa lo justo para que ?valga?, porque en la televisi?n estaban dando un ?reality show? apasionante...

Los ?pecados peque?os? se caracterizan por eso: no inquietan, no desatan un drama en la conciencia. Sabemos que no est? muy bien eso de decir medias verdades (o mentiras sin importancia), o el dejar para despu?s (un despu?s que llega a veces muy tarde) escribir a un amigo que necesita una palabra de aliento. Pero conviene no ?exagerar? y, total, no hacemos da?o a nadie, ni cometemos un pecado mortal.

Aqu? se esconde el gran peligro del pecado peque?o: verlo como algo que depende completamente de m?, de lo cual respondo s?lo ante m? mismo. Yo lo escojo o yo lo rechazo, sin que me parezca que debo rendir cuentas a nadie, sin que se enfade mucho Dios ni quede muy da?ada mi fidelidad cristiana. Como se dice por ah?, ?yo me lo guiso y yo me lo como?; adem?s, parece que no provoca indigesti?n alguna...

De este modo, insensiblemente, empezamos a organizar nuestra vida no seg?n el amor a Dios y al pr?jimo, ni seg?n el hero?smo y la integridad que deber?a caracterizar a todo cristiano. Desde luego, seguimos en guardia para evitar los ?pecados grandes?, incluso tal vez tenemos la costumbre de confesarnos lo m?s pronto posible si tenemos la desgracia de cometer un pecado mortal. Pero esos pecados peque?os corroen poco a poco la conciencia y nos acostumbran a aceptar un modo de vivir que no es evang?lico, que nos aparta del amor pleno, que nos lleva a caminar seg?n el aire de nuestros gustos o caprichos.

Necesitamos pedir ayuda a Dios para reaccionar ante este peligro. No s?lo porque quien se acostumbra a la mediocridad de los pecados peque?os est? cada vez m?s cerca de cometer un ?pecado grande?. Sino, sobre todo, porque no hay cristianismo aut?ntico all? donde no hay una opci?n profunda y amorosa por vivir los mandamientos en todas sus exigencias (hasta las m?s ?peque?as?, cf. Mt 5,18-19).

No se trata s?lo de no hacer el mal (y ya es mucho), sino, sobre todo, de aceptar la invitaci?n a amar, a servir, a olvidarse de uno mismo, a dar la vida (en las peque?as fidelidades de cada hora, en lo ordinario, en lo ?sin importancia?) por nuestros hermanos...


Publicado por mario.web @ 2:24
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