Jueves, 05 de mayo de 2011

Fuente: Catholic.net
Autor: P. Fernando Pascual

Cada una de nuestras decisiones introduce algo nuevo en el mundo.

A veces pensamos que ciertas elecciones son insignificantes, sin valor, sin transcendencia. En realidad, quedarme a estudiar o ir de excursi?n, ver este o aquel programa televisivo, leer un libro de aventuras o uno de filosof?a, tomar m?s o menos copas de cerveza... son decisiones que ?entran? en mi vida, que llegan a ser parte de m? mismo, que me modifican.

No s?lo yo quedo ?tocado? en cada decisi?n. Tambi?n los dem?s, los m?s ?ntimos, los m?s cercanos, sienten los efectos de mis decisiones. Si obedezco con alegr?a a mis padres, si doy largas a las peticiones de un amigo, si olvido a aquella persona a la que promet? una llamada por tel?fono, si descuido mi atenci?n a la hora de apretar bien un tornillo... otros ser?n afectados, para bien o para mal, de lo que inicia en el mundo a partir de lo que yo hago o de lo que yo deje de hacer.

Los cercanos... y los lejanos, el mundo entero, quedan afectado por mis actos. No es indiferente si me comprometo en serio por guardar con atenci?n la basura o si arrojo materiales peligrosos en el primer lugar que se me ocurre. Mi barrio, mi ciudad, el planeta tierra, van mejor o peor seg?n mis costumbres, seg?n mi preocupaci?n por el ambiente, seg?n mi deseo de evitar gastos in?tiles o comportamientos que aumentan la contaminaci?n en un mundo sumamente fr?gil.

Mis decisiones afectan, por lo tanto, a millones y millones de personas que necesitan una mano amiga. Personas que sufren por el hambre o la injusticia, por la enfermedad o el desprecio, por la soledad o por abusos en contratos de trabajo inhumanos.

Cada una de mis decisiones introduce algo distinto, nuevo, bueno o malo, justo o injusto, en este mundo de contradicciones y de esperanzas.

Hay que reflexionar profundamente antes de tomar una decisi?n, de empezar un nuevo acto. Hay que pensar en serio si quiero ser un peque?o art?fice de bien o un simple estorbo. Hay que escuchar la voz humilde y sencilla de Dios que me repite, con un tono suave e ?ntimo, que hasta un vaso de agua dado a un peque?uelo no quedar? sin recompensa. Porque ese gesto de cari?o habr? introducido algo bueno, algo bello, en el mundo de los corazones sedientos de amor sincero.


Publicado por mario.web @ 2:31
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