Jueves, 05 de mayo de 2011
Conferencia que pronunci? en el d?a de la inauguraci?n del del Congreso Teol?gico Pastoral del VI Encuentro Mundial de la Familia, sobre los valores que hay que descubrir y redescubrir en el matrimonio y la familia
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La familia como educadora en los valores humanos y cristianos
La familia como educadora en los valores humanos y cristianos
Introducci?n: un trastorno de los valores a las proporciones vastas

El matrimonio y la familia se han convertido en nuestra ?poca en un campo de batalla cultural dentro de las sociedades secularizadas donde una visi?n del mundo sin Dios intenta suplantar la herencia judeocristiana. Desde algunas d?cadas, los valores del matrimonio y de la familia sufrieron asaltos repetidos que causaron da?os graves en el plano humano, social y religioso. A la fragilidad creciente de las parejas se a?adieron los problemas graves y educativos ligados a la p?rdida de los modelos paternos y a la influencia de corrientes de pensamiento que rechazan los mismos fundamentos de la instituci?n familiar. El trastorno de los valores alcanza la identidad misma del ser humano, m?s all? de su fidelidad a un orden moral. Reina en lo sucesivo una confusi?n antropol?gica sutilmente mantenida por un lenguaje ambiguo que impone al pensamiento cristiano un trabajo de desciframiento y de discernimiento [1]. La crisis que atraviesa la humanidad actual se revela siendo de orden antropol?gica y no solamente de orden moral o espiritual.

En Occidente, por ejemplo, las filosof?as del constructivismo y del g?nero [2] (gender theory) desnaturalizan la realidad del matrimonio y de la familia refundiendo la noci?n de la pareja humana a partir de los deseos subjetivos del individuo, haciendo pr?cticamente insignificante la diferencia sexual, hasta el punto de tratar de forma equivalente la uni?n heterosexual y las relaciones homosexuales. Seg?n esta teor?a, la diferencia sexual inscrita en la realidad biol?gica del hombre y de la mujer no influye de modo significante en la identidad sexual de los individuos porque ?sta es el resultado de una orientaci?n subjetiva y de una construcci?n social [3]. La identidad sexual de los individuos no ser?a un dato objetivo inscrito en el hecho de nacer hombre o mujer sino m?s bien un dato psico-social construido sobre las influencias culturales sufridas o escogidas por los individuos.

Bajo la presi?n de estas ideolog?as a veces abiertamente anticristianas, ciertos Estados proceden a legislaciones que vuelven a definir el sentido del matrimonio, de la procreaci?n, de la filiaci?n y de la familia, sin consideraci?n para las realidades antropol?gicas fundamentales que estructuran las relaciones humanas [4]. Varias organizaciones internacionales participan en este movimiento de destrucci?n del matrimonio y de la familia en provecho de ciertos grupos de presi?n bien organizados que persiguen sus propios intereses en detrimento del bien com?n. Total, un trastorno de los valores de vastas proporciones toca el amor humano, la vida, la familia y el puesto de la religi?n en la sociedad.

La Iglesia cat?lica critica fuertemente estas corrientes culturales que obtienen demasiado f?cilmente el apoyo de los medios modernos de comunicaci?n. Gracias a la clarividencia de los papas contempor?neos, la Iglesia reafirma los valores tradicionales del matrimonio y de la familia en la l?nea novadora del Concilio Vaticano II. Siguiendo el s?nodo romano de 1980 sobre la familia, la Exhortaci?n apost?lica Familiaris Consortio propone una gran carta de la familia fundada sobre la creaci?n del hombre a la imagen de Dios y sobre el sacramento del matrimonio. Esta gran carta pastoral culmina por un llamamiento del papa Juan Pablo II: "?Familia, s? lo que eres! ": una comunidad de vida y de amor, una escuela de comuni?n, una Iglesia dom?stica.

Este llamamiento queda m?s que nunca actual 29 a?os m?s tarde, y nos pone de nuevo frente a la misi?n esencial de la familia: "la esencia de la familia y sus deberes son definidos por el amor, escribe el papa. Es por eso que la familia recibe la misi?n de guardar, de revelar y de comunicar el amor, reflejo vivo y participaci?n real del amor de Dios hacia la humanidad y del amor de Cristo Se?or hacia la Iglesia su Esposa " (FC 17). Esta declaraci?n solemne de Juan Pablo II introduce la tercera parte de este documento que prolonga la l?nea renovadora de la Constituci?n pastoral Gaudium y Spes. ?sta define el matrimonio como una uni?n personal en la cual los esposos se dan y se reciben rec?procamente (GS 48). Definiendo la esencia de la familia y su misi?n por el amor y no primero por la procreaci?n, el papa no hace una concesi?n dudosa a la mentalidad contempor?nea. Pretende alcanzar "las ra?ces mismas de la realidad" (FC 17), afirma la continuidad interna entre el amor personal de los esposos y la transmisi?n de la vida. Su postura marca una etapa importante hacia una refundici?n personalista de la doctrina cristiana del matrimonio y de la familia. Coloca los tres valores tradicionales del matrimonio, la procreaci?n, el amor fiel y el significado sacramental, en el eje del amor conyugal fecundo y ya no en el de la procreaci?n como finalidad distinta [5]. Me parece importante prolongar este desarrollo doctrinal ahondando m?s en la dimensi?n cristol?gica y sacramental del matrimonio con el fin de volver a lanzar la misi?n educativa de la familia cristiana a partir de los valores del sacramento todav?a por descubrir y de los valores del amor conyugal establecidos desde el origen de la creaci?n pero que est?n por redescubrir a la luz del Cristo y frente al gran desaf?o contempor?neo [6].

Valores que hay que descubrir

Digamos en primer lugar, de modo general que las circunstancias actuales evocadas m?s alto incitan a la familia cristiana a una toma de conciencia fundamental: s?lo el encuentro personal y aut?ntico de Cristo Redentor puede permitirle aceptar el desaf?o de la educaci?n a la vida cristiana y a los valores humanos que se relacionan con ella. Al principio del tercer milenio, el Papa Juan Pablo II exhort? la Iglesia a partir de nuevo de Cristo, La cabeza y El esposo de la Iglesia [7]. Partir de nuevo de Cristo como el fundamento de un arranque renovado hacia la santidad para todos, en cada estado de vida. Este llamamiento concierne en primer lugar a los esposos que procuran responder a su vocaci?n de bautizados casados [8] en el seno de una familia. Necesitan para alcanzarlo, una espiritualidad personal y eclesial apropiada que va m?s all? de la presentaci?n tradicional de los valores del matrimonio y de la familia, con predominio moral y jur?dico.

Partir de nuevo de Cristo significa concretamente profundizar en el sacramento que es el bien supremo del matrimonio seg?n santo Agust?n. El obispo de Hipona resumi? la doctrina del matrimonio definiendo tres bienes esenciales del matrimonio, la fidelidad (fides), la procreaci?n (proles) y la indisolubilidad (sacramentum). Mientras que la fidelidad y la procreaci?n echan ra?ces en la dimensi?n natural del matrimonio, el sacramento pertenece m?s expl?citamente a su dimensi?n sobrenatural. ?sta ofrece un buen punto de partida para una espiritualidad del matrimonio y de la familia que sea significante para sus miembros y al mismo tiempo fecunda para la Iglesia y la sociedad. Veamos sus fundamentos a partir 1) del horizonte cristoc?ntrico global, 2) del acto de consagraci?n matrimonial y 3) de la gracia que emana de ella para los esposos y para la Iglesia. 4) los valores educativos ser?n identificados a partir de estos fundamentos.

El sacramento del matrimonio como encuentro con Cristo
Un primer valor que hay que descubrir es el lugar de la fe en el pacto de alianza de los esposos y el impacto que tiene o deber?a tener en su vida. Cuando la fe de los esposos es vivida como un encuentro personal con Cristo, confiere a su amor una dimensi?n teologal que bonifica toda su vida matrimonial. Porque el matrimonio no es una realidad puramente natural, completa y suficiente en ?l misma, a la cual Cristo s?lo aportar?a una ayuda extr?nseca para que alcance mejor su propia finalidad. El matrimonio existe desde los or?genes de la creaci?n con vistas a Cristo y con vistas a su gracia redentora que instaura una plenitud de sentido para el amor conyugal y familiar.

La Constituci?n pastoral Gaudium y Spes del Concilio Vaticano II opt? por una refundici?n de la doctrina del matrimonio en esta perspectiva cristoc?ntrica. Mientras que la teolog?a moderna, tributaria de una visi?n extr?nseca de la relaci?n entre la naturaleza y la gracia, presentaba el sacramento del matrimonio como una elevaci?n de la naturaleza, el Concilio lo presenta como un encuentro con Cristo y una amistad con ?l. "As? como Dios antiguamente se adelant? a unirse a su pueblo por una alianza de amor y de fidelidad, as? ahora el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia sale al encuentro de los esposos cristianos por medio del sacramento del matrimonio. Adem?s, permanece con ellos para que los esposos, con su mutua entrega, se amen con perpetua fidelidad, como El mismo am? a la Iglesia y se entreg? por ella"(GS 48).

De donde la importancia de la celebraci?n sacramental del matrimonio que simboliza este encuentro de los esposos con Cristo y que inaugura toda una vida de amistad con ?l en el coraz?n mismo de la vida conyugal y familiar. Esta celebraci?n inaugura al mismo tiempo la misi?n eclesial de la pareja y de la familia, la misi?n de servicio con respecto a la sociedad por la procreaci?n y la educaci?n, pero primero y ante todo una misi?n de servicio con respecto al amor de Cristo para la Iglesia que asume la realidad humana del matrimonio entre los sacramentos de su Reino.

Esta perspectiva cristoc?ntrica y eclesial se inscribe en el giro iniciado por Henri de Lubac en nuestra ?poca para restaurar una comprensi?n a la vez m?s tradicional y m?s unificada de la relaci?n entre la naturaleza y la gracia. Seg?n ?l, el hombre tiene s?lo una sola finalidad, sobrenatural, que es incapaz de alcanzar por el mismo. All? est? su paradoja y su nobleza que hace decir a santo Tom?s de Aquino que el hombre es un ser que, por su naturaleza racional, aspira a la visi?n de Dios (Desiderium naturale visionis) [9]. Abierto al infinito a causa de su dimensi?n espiritual, el hombre aspira naturalmente a la visi?n de Dios. Es, como imagen de Dios, una libertad finita en busca de la Libertad infinita. Vaticano II expres? esta verdad parad?jica diciendo que "En realidad, el misterio del hombre s?lo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado" (GS 22). El hombre y la mujer casados, como "comunidad de vida y de amor", aspiran a esta plenitud de sentido que le es prometida y que el sacramento ya les hace entrever y experimentar en la Iglesia.

El matrimonio como consagraci?n y misi?n eclesial

Avancemos un paso m?s para descubrir la din?mica profunda del sacramento a partir del acto de fe que lo funda. Cuando dos bautizados se casan en la Iglesia, el don del sacramento est? hecho simult?neamente a la pareja y a la Iglesia, porque en todos sus dones sacramentales, Cristo ama la Iglesia y hace de sus hijos, con ella y por ella, testigos de la salvaci?n. Por el don del sacramento del matrimonio, Cristo confiere a los esposos una gracia que los une, que los cura y los santifica en su vida de amor. Pero hay m?s. Por el don del sacramento, Cristo los consagra como testigos de su propio amor para la Iglesia. Tal vocaci?n sacramental supone evidentemente la fe, el acto de fe que funda el sacramento. "El matrimonio cristiano debe ser interpretado desde el principio a partir de lo alto, escribe Hans Urs von Balthasar, es decir a partir del acto cristiano que le funda. Este acto es el de la fe cristiana, que cuando est? vivo incluye siempre el amor y la esperanza, y es el fundamento sobre el cual reposa el don mutuo de los conyugues. Es un acto que va directamente e inmediatamente a Dios, un voto de fidelidad a Dios porque Dios se manifest? primero por sus promesas y sus revelaciones como el eterno Fiel, en quien se debe creer, en el que se debe confiar y a quien se debe amar. El voto de fidelidad al esposo es pronunciado dentro de este voto de fidelidad a Dios" [10].

Seg?n el gran te?logo de Basilea, el intercambio de los consentimientos entre los esposos cristianos tiene pues una dimensi?n intr?nsecamente teologal que resuena en todas las dimensiones de su uni?n. Balthasar persigue: "Es el acto de fe de ambos conyugues del matrimonio que se encuentra en Dios y que a partir de Dios, fundamento de su unidad, testigo de su lazo y garant?a de su fecundidad, se vuelve conformado, asumido y restituido. Es Dios quien, en el acto de fe, da los esposos uno a otro dentro del acto cristiano fundamental de ofrenda de s?. Es a ?l a quien ambos se ofrecen juntos, es de ?l que se reciben de nuevo en un don de gracia, de confianza y de exigencia cristiana" [11].

Este texto de extrema densidad propone un giro teol?gico radical en la comprensi?n del sacramento del matrimonio, que puede fundar una espiritualidad renovada para este estado de vida. A la perspectiva acostumbrada antropoc?ntrica donde los esposos aparecen como los primeros protagonistas de su consentimiento mutuo, vemos m?s profundamente aqu? que el acto subyacente de fe de su don incluye su intercambio en el acto fundamental de entrega de s? a Dios. Porque se casan como bautizados, en Cristo, depositan su amor en las manos de Cristo, que los devuelve el uno al otro, los bendice y los gratifica con una efusi?n especial de su Esp?ritu (FC 21). Desde ahora en adelante se querr?n con toda la fuerza de sus sentimientos personales, pero tambi?n en la fuerza del Esp?ritu que los inviste de una misi?n de amor de naturaleza eclesial.
La dimensi?n teologal de este sacramento, vista a partir de su acto constitutivo, es llamada a desarrollarse y a penetrar todos los aspectos de la vida conyugal y familiar. Da valor al socio divino que est? comprometido en la uni?n de los esposos y que quiere fecundar de todas las maneras su comunidad de vida y de amor. ?C?mo ayudar a las parejas a prepararse para un tal acto de consagraci?n de su uni?n y a vivir sin interrupci?n el acto de fe que se los da a Dios d?ndose el uno al otro? ?C?mo educar a los esposos y los futuros esposos para que su encuentro del Cristo los lleve a vivir su uni?n como una misi?n recibida de ?l en la Iglesia y no s?lo como una b?squeda personal de felicidad? Estas cuestiones invitan a desarrollar m?s precisamente los efectos eclesiales del sacramento y a explorar las potencialidades educativas.

El significado doble, eclesi?stico y antropol?gico, del don sacramental

El sacramento del matrimonio a?ade una participaci?n a dos, como pareja, a la vida divina que es dada en todo sacramento, "hasta tal punto que el efecto primero e inmediato del matrimonio (res y sacramentum) no es la gracia sobrenatural misma, sino el lazo conyugal cristiano, una comuni?n t?picamente cristiana porque representa el misterio de encarnaci?n de Cristo y su misterio de alianza " (FC 13).
Seg?n este pasaje de Familiaris Consortio que recoge la doctrina com?n de la Iglesia, el primer efecto del sacramento sella de modo indisoluble la pertenencia de los esposos uno a otro, por un don mutuo que trasciende sus fluctuaciones emocionales. Este sello sacramental une a ambas personas indisolublemente en virtud del amor de Cristo que se compromete con ellos y los requiere para representar su propio misterio de alianza. El lazo conyugal constituye la base de la dimensi?n eclesial del sacramento. Por este lazo los esposos forman una nueva unidad, una pareja sacramental, que constituye la c?lula de base de la sociedad y de la Iglesia.

Este lazo sacramental significa que el amor divino se desposa con el amor conyugal y lo compromete al servicio de su misterio de Alianza con la humanidad. Esto significa, antropol?gicamente, que en el momento en el que los esposos se consagran su amor, simult?neamente son bendecidos y como desapropiados. Su vida com?n, habitada por el Esp?ritu Santo, ser? un signo de la fidelidad de Dios hacia su pueblo, una fuente de la fecundidad espiritual y humana de la Iglesia, Esposa del Cristo. "Por el sacramento, toda pareja se casa con el Cristo " escrito Paul Evdokimov. El compromiso de los esposos, uno con el otro, siendo primero y ante todo un compromiso con respecto a Cristo, ?ste sale fiador, a cambio, con los socorros necesarios para superar sus debilidades, para curar sus heridas y perfeccionar su amor en todas sus manifestaciones humanas y espirituales. "Desempe?ando su misi?n conyugal y familiar con la fuerza de este sacramento, penetrados por el esp?ritu de Cristo que impregna toda su vida de fe, de esperanza y de caridad, alcanzan cada vez m?s su perfecci?n personal y su santificaci?n mutua: as? es como juntos contribuyen a la glorificaci?n de Dios " (GS 48).

En el coraz?n del sacramento del matrimonio, Cristo ejerce pues una verdadera mediaci?n nupcial, simbolizada por su presencia en Can? [12] que despliega el horizonte trinitario de la espiritualidad conyugal y familiar. Como lo expresa audazmente el Concilio, "el amor aut?ntico y conyugal es asumido en el amor divino" (GS 48) y es integrado por la gracia redentora de Cristo en las relaciones de Alianza de la Trinidad Santa con mundo. Porque, en virtud de la uni?n hipost?tica de Cristo que funda la alianza sacramental de los esposos, su amor mutuo es asumido en el intercambio entre las Personas divinas y se hace funci?n de este intercambio. El Padre y el Hijo se glorifican mutuamente en al amor de los esposos y de la familia a la que bendicen y santifican por el don de su Esp?ritu. De donde un ensanchamiento infinito de su horizonte espiritual y de su resplendor sacramental. El amor fecundo de los esposos cristianos y las relaciones familiares que proceden de all? se hacen el santuario del Amor trinitario, el signo sagrado de un Amor divino encarnado que se ofrece al mundo humildemente por su comunidad de vida y de amor vivida segun la imagen de la Sagrada Familia de Nazareth.

La Iglesia domestica, escuela de evangelio y de valores humanos
En esta perspectiva trinitaria y cristoc?ntrica, la dimensi?n eclesial del matrimonio pasa al primer plano y se vuelve englobante mientras que permanec?a antes limitada y marginal. De hecho, por la gracia del sacramento del matrimonio, los esposos cristianos est?n constituidos miembros de la primera c?lula de la Iglesia, llamada con raz?n en el Concilio "iglesia dom?stica" [13]. Desarrollada abundantemente por la Exhortaci?n apost?licaFamiliaris Consortio esta perspectiva adquiere entonces oficialmente derecho de ciudad sin no obstante que este documento establezca plenamente la eclesialidad de la familia. Porque, seg?n los t?rminos del FC, la familia, comunidad "salvada" se hace una comunidad "que salva" (FC 49) pero su "participaci?n a la vida y a la misi?n de la Iglesia" (FC 49-64) es todav?a pensada de modo un poco extr?nseco en referencia a las actividades espec?ficas de evangelizaci?n y de culto. Mientras que es todo el ser de la pareja en todas sus dimensiones quien es eclesial, ya que Cristo asume el amor humano en su amor divino para hacer de ?l un sacramento de su relaci?n nupcial con la Iglesia (GS 48).
Por el matrimonio sacramental, los esposos son solamente una imagen de la Iglesia, son verdaderamente constituidos "una iglesia en miniatura" dotada de propiedades de la Iglesia una, santa, cat?lica y apost?lica. Encontramos all? en efecto la comunidad de vida, el sacerdocio bautismal, la caridad, la evangelizaci?n y el culto. Estas dimensiones constitutivas confieren a la pareja una realidad eclesial aut?ntica y esencialmente misionera, a ejemplo de la gran Iglesia cuya c?lula de base es.

En esta luz, percibimos mejor la belleza y la importancia de la misi?n educativa de los esposos. Por la gracia de Cristo, son una fuente de vida, de crecimiento, de educaci?n y de servicio; su uni?n se hace en un sentido amplio un sacramento de la paternidad divina y de la filiaci?n divina en la fecundidad del Esp?ritu Santo. Santo Tom?s pudo comparar la sublimidad del ministerio educativo de los padres cristianos al ministerio de los sacerdotes: "Algunos propagan y mantienen la vida espiritual por un ministerio ?nicamente espiritual, y esto le toca al sacramento del orden; otros lo hacen para la vida a la vez corporal y espiritual, y esto se realiza por el sacramento del matrimonio, en el cual el hombre y la mujer se unen para engendrar a los ni?os y ense?arles el culto de Dios" [14].
"? Familia s? lo que t? eres! " repet?a con fuerza Juan Pablo II, el Papa de la familia. s? lo que t? eres: una c?lula de la Iglesia, un santuario del Amor, una escuela de evangelio y de valores humanos, la esposa de Cristo. Es solamente en la conciencia de esta luz que viene del encuentro con Cristo que la familia puede hoy cumplir su misi?n de educadora de los valores humanos y cristianos. S? lo que t? eres: "haz de tu casa una Iglesia" repet?a a sus fieles san Juan Cris?stomo.

En corolario de estas consideraciones teol?gicas, ciertos valores educativos que hay que promover vuelven a salir al primer plano. En primer lugar, una educaci?n a la vida teologal de fe, esperanza y caridad, que debe preparar a los esposos a su matrimonio para que su uni?n conyugal y familiar sea fundada sobre la roca de la palabra de Dios y no s?lo sobre la arena movediza de sus sentimientos, tan sinceros sean. Una vida profunda y teologal implica la conciencia viva esposos de lo que significa el bautismo como la pertenencia a Cristo y a la Iglesia; implica tambi?n una vida intensa de oraci?n, alimentada de la Eucarist?a y peri?dicamente renovada por el sacramento de penitencia. La vitalidad de la familia, Iglesia domestica, depende de su coherencia sacramental que le asegura su apertura a Dios y su apertura apost?lica. Esta vitalidad crece o decae seg?n la fidelidad de la pareja y de la familia a su pertenencia eclesi?stica.

De donde la importancia de ciertos encuentros familiares y eclesiales que alimentan la espiritualidad de la Iglesia dom?stica. A los grandes encuentros familiares de Navidad y de Pascua, se a?ade muy naturalmente la misa dominical en familia, preparada posiblemente por una catequesis y seguida por la comida semanal festiva. Ciertos grupos religiosos contempor?neos restauran estas bellas tradiciones como un signo prof?tico que una nueva primavera de la Iglesia comienza en las familias. Estos tiempos fuertes de vida com?n refuerzan la unidad de la familia y el sentido de pertenencia a la comunidad, contra las tendencias culturales dominantes al individualismo y a la dispersi?n. Cualesquiera que sean las limitaciones de la vida moderna, una familia cristiana debe escoger conscientemente y fuertemente no abandonar el valor inestimable del domingo como d?a de descanso, de oraci?n y de vida familiar. Una familia que respeta y honra el d?a del Se?or por la escucha de la Palabra de Dios en el seno de la Asamblea dominical lleva un mensaje prof?tico al mundo de hoy.

Agradeci?ndole a Dios por su pertenencia a la familia de Dios, testimonia en Iglesia de su Alianza con Cristo para la edificaci?n de una civilizaci?n del amor.

La familia cristiana cumple tambi?n su misi?n de educadora por su apertura a la sociedad y al apostolado. La acogida, la hospitalidad, el reparto y la ayuda mutua son rasgos caracter?sticos de la espiritualidad familiar que manifiestan el Esp?ritu de amor que lo anima. La apertura a Dios que demuestran los esposos por la santidad de su vida se prolonga por la apertura misionera a la sociedad. Aunque la misi?n de la Iglesia dom?stica comienza en primer lugar con el ser de la familia, con la comuni?n de las personas, el don de la vida y la educaci?n de los ni?os, se prolonga sin embargo muy naturalmente por el apostolado cerca de otras familias o en otro brillo(influencia) sobre la sociedad que es compatible con su primera misi?n. Su apertura apost?lica testimonia el Amor trinitaire que le habita y le arrastra(se le lleva) en compartir la buena noticia del Amor que se hace carne.

1 Cf. Conseil Pontifical pour la Famille, Lexique des termes ambigus et controvers?s sur la famille, la vie et les questions ?thiques, Pierre T?qui ?diteur, 2005.
2 Cf. Th?ry I., La distinction de sexe une nouvelle approche de l??galit?, Paris, Odile Jacob, 2007; Delorme W.Quatri?me g?n?ration, Paris, Grasset, 2007; Godelier, M., Au fondement des soci?t?s humaines, Paris, Albin Michel, 2007; Judith Butler, Trouble dans le genre pour un f?minisme de subversion, La d?couverte , Paris, 2005;
3 Cf. La tentation de Capoue. Anthropologie du mariage et de la filiation, Sous la direction de Tony Anatrella, Ed. Cujas, 2008. Pour la critique de ces th?ories, voir en particulier ?Hors conjugal et parental : des enjeux psychologiques et sociaux, p. 25-97, et autres ?uvres de Tony Anatrella, dont Le r?gne de Narcisse. Les enjeux du d?ni de la diff?rence sexuelle, La Renaissance, Paris, 2005.
4 Cf. Iacub M. et Maniglier P., L?anti-manuel d??ducation sexuelle, Br?al, Paris, 2005.
5 Cf. W. Kasper, Teologia del matrimonio cristiano, Queriniana, 1985, 2e ?d., 18. Je renvoie ? mes deux volumes qui d?veloppent amplement ces perspectives : Divina somiglianza. Antropologia trinitaria della famiglia, Lateran University Press, Rome, 2004 ; Mistero e Sacramento dell?amore. Teologia del matrimonio et della famiglia per la nuova evangelizzazione, Cantagalli, 2007.
6 Cf. Alfonso Lopez Trujillo, La grande sfida. Famiglia, dignit? della persona e umanizzazione, Citt? Nuova, 2004 ; voir aussi Jorge Alberto Serrano, ,Valores familiares y modernidad, In : Familia et Vita, Anno IX, No. 1-2, 2004, 138-151.
7 Jean Paul II, Exhortation apostolique Novo Millenio Inneunte, 6 janvier 2001, ? l?aube du nouveau mill?naire.
8 Cf. M. Ouellet, La vocazione cristiana al matrimonio e alla famiglia nella missione della chiesa, L.U.P. Roma 2005.
9 Saint Thomas d?Aquin, Contra Gentes, 3, 25; 3, 50; S. Th. I IIae q 5 a 5 ad 2. Voir Henri de Lubac,Surnaturel, 1946, 483-494; Hans Urs von Balthasar, La Dramatique divine. II. Les personnes du drame 1. L?homme en Dieu, 177ss.
10 Balthasar, H.U. von, Christlicher Stand , Johannes, Einsiedeln, 1977, 198.
11 Id.
12Cf. De la Potterie, I. Le Nozze messianiche e il matrimonio cristiano, in: Lo Sposo, la Sposa (Parola Spirito e Vita n. 13), Bologna 1986, 87-104; Tettamanzi, D. La famiglia, via della Chiesa, chap. II, Come a Cana di Galilea: Cristo incontra gli sposi, 31-51.
13 Lumen Gentium 11; Apostolicam actuositatem 11.
14 S. Thomas d?Aquin, Summa contra Gentiles, IV, 58 (FC 38).

[Traducci?n del original franc?s distribuida por el VI Encuentro Mundial de las Familias 2009]

Publicado por mario.web @ 2:39
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