Jueves, 05 de mayo de 2011

Fuente: Catholic.net
Autor: P. Fernando Pascual

Hay quienes disecan a las personas como los coleccionistas de insectos. Un alfiler bien puesto, y el pr?jimo queda ?fijo? y expuesto en una caja de cristal, para la vista de todos.

?Fulano es un superficial. Mengano es un pobre tonto. Perengano es un falso. Aquella se?ora miente continuamente. Esa joven va siempre detr?s de se?ores con dinero. Aquel trabajador roba apenas puede. Ese oficinista no sabe nunca organizarse?.

Las etiquetas llegan como clavos y penetran hasta destruir la fama de familiares, amigos, compa?eros de trabajo, conocidos.

Tambi?n los de lejos reciben sus calificativos. ?El alcalde es un sinverg?enza. El gobernador lo arregla todo con sobornos. El ministro de obras p?blicas no tiene ni idea de lo que lleva entre manos. El presidente promete mentiras siempre que habla...?

Incluso a veces los alfileres caen sobre uno mismo. Nos miramos en el espejo y reconocemos nuestra bajeza, nuestra cobard?a, nuestra superficialidad, nuestra avaricia, nuestra gula... Nos ?autodisecamos? con un alfiler propio o asumimos como verdadero el que otros han dejado clavado en nuestra espalda.

Pero ning?n disecador, por m?s agudo y mordaz que sea, puede aniquilar la riqueza profunda que se esconde en cada coraz?n humano.

?Los l?mites del alma no los hallar?s andando, cualquiera sea el camino que recorras; tan profundo es su fundamento?, dec?a Her?clito.

Todos tenemos en nuestras manos la posibilidad del cambio, de la sorpresa, de las decisiones radicales. Porque una persona hasta ahora tibia puede ser encendida por el amor. Porque otro, siempre visto como un cobarde, puede mostrarnos su valent?a ante una propuesta noble. Porque un criminal (verdadero, no s?lo supuesto) es capaz de pedir perd?n y cambiar de vida. Porque un estafador tiene en su interior energ?as suficientes para romper con su pasado y empezar a ayudar a sus v?ctimas. Porque un pol?tico puede dejar su vida de mentiras para empezar a servir a todos los habitantes de su estado (tambi?n a los no nacidos, tambi?n a los que vienen de lejos).

Ning?n ser humano conoce a fondo el misterio de los corazones. S?lo Dios penetra lo que hay en mi interior. Con su ayuda, puedo reconocer mis faltas, mis ego?smos, mi soberbia, mis rencores siempre encendidos. Con su gracia puedo denunciar mis males, romper con mi pecado, decir no a las tentaciones de cada d?a, darle un s? completo a Dios y a quien me pide una mano.

?El Esp?ritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios. En efecto, ?qu? hombre conoce lo ?ntimo del hombre sino el esp?ritu del hombre que est? en ?l? Del mismo modo, nadie conoce lo ?ntimo de Dios, sino el Esp?ritu de Dios? (1Co 2,10-11).

Desde ese Esp?ritu de Dios puedo conocer mi propio esp?ritu, puedo descubrir lo que hay en mi alma. Tambi?n puedo llegar a ver a los dem?s de un modo distinto. No como un disecador de almas, sino como quien se siente amado por Dios y descubre que ese amor llega a todos, a todos invita, a todos llama a una vida distinta, m?s hermosa, m?s grande, m?s buena, m?s feliz.


Publicado por mario.web @ 21:10
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