Jueves, 05 de mayo de 2011
Publicamos la conferencia que pronunci? este jueves ante el Congreso Teol?gico Pastoral del VI Encuentro Mundial de la Familia el profesor Norberto Gonz?lez Gaitano, doctor en Periodismo, antiguo decano de la Facultad de Comunicaci?n Institucional de la U
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Norberto Gonz?lez Gaitano:
Norberto Gonz?lez Gaitano: "Familia y medios de comunicaci?n social"
CIUDAD DE M?XICO, jueves, 15 enero 2009 (ZENIT.org).- .

Chesterton, maestro de la paradoja, del humor y del sentido com?n se sorprend?a de lo absurdo de un mundo, como el nuestro, que valora socialmente m?s la actividad de un educador que ense?a la regla de tres a cincuenta alumnos que la de una madre que ense?a a su hija o a su hijo todo sobre la vida1.

Todo el ?nfasis sobre la importancia de la educaci?n para el progreso de un pueblo, los acalorados discursos de nuestros pol?ticos sobre la necesidad de reformar permanentemente la educaci?n para hacerla m?s efectiva, los aumentos de la partida de Educaci?n en los Presupuestos Generales del Estado, son palabrer?a hueca o argumentaci?n inconsistente, cuando casi nada ayuda a fomentar la dedicaci?n de tiempo y de calidad a la forma m?s universal de educaci?n, la educaci?n privada en el hogar, pues comparada con ella, la educaci?n p?blica en la escuela puede resultar estrecha y limitada. En efecto, el educador trata con una sola secci?n de la mente del estudiante, mientras que los padres se ocupan de ?l ?ntegramente y por toda la vida. As?, dice con iron?a el c?lebre escritor ingl?s:

"Todo el mundo sabe que los maestros tienen una tarea fatigosa y a menudo heroica, pero no es injusto recordar que en este sentido tienen una tarea excepcionalmente feliz. El c?nico dir?a que el maestro tiene su felicidad en no ver nunca los resultados de su propia ense?anza. Prefiero limitarme a decir que no tiene la preocupaci?n sobrea?adida de tener que estimarla desde el otro extremo. El maestro raramente est? presente cuando el estudiante se muere. O, para decirlo con una met?fora teatral m?s suave, rara vez se encuentra ah? cuando cae el tel?n"2

Este largo proemio sobre el diverso papel de la escuela y el hogar en el complejo proceso educativo del ni?o viene al caso para introducir la reflexi?n sobre los medios de comunicaci?n y la familia.

La media de horas que un ni?o o un adolescente dedica semanalmente al consumo de la dieta suministrada por los medios de comunicaci?n (televisi?n, Internet, videojuegos, radio, revistas, etc) supera ya ampliamente el horario escolar3. Sin embargo, la atenci?n de los padres y de los poderes p?blicos a los efectos sociales de la dieta medi?tica de los ciudadanos y, especialmente de los ni?os y los j?venes, es mucho menor de la preocupaci?n por la escuela y por los problemas de salud relativos a la alimentaci?n.

En esta conferencia me ocupar? de se?alar algunos efectos en la familia y en la sociedad, efectos ya comprobados por la investigaci?n. No pretendo ni alarmar ni caer en una denuncia est?ril. Pretendo simplemente recordar a los padres la responsabilidad que tienen de gobernar el consumo familiar de los medios, de modo que estos no solo no arruinen la familia, sino que se conviertan en un agente educativo para ellos y sus hijos.

1. La "enchilada" medi?tica: tecnolog?a, contenidos y cultura

Circula en Internet uno de esos simp?ticos mensajes con moraleja en referencia al r?pido desarrollo del ambiente tecnol?gico-medi?tico en que vivimos. "?Es a m??", se titula la p?ldora para internautas, cuyo texto reproduzco: "Estaba descargando de iTunes un cap?tulo de Desperate Housewives para verlo en mi iPod videomientras hablaba con un primo m?o de Escocia con Skype. Entretanto trasmit?a por bluetooth un documentoWord desde mi m?vil a la impresora y me preguntaba por qu? rayos todav?a no tengo el navegador satelital TomTom en mi Treo, fundamental para moverme por la ciudad en mi moto Vespa. Despu?s he controlado en elZagat del Treo los editoriales del Washington Post y me he informado r?pidamente que en los cines de mi barrio no hab?a ninguna pel?cula que me interesase para esa tarde. De repente, siempre en el Treo, me llega undespacho de agencia que dice: "Primer mensaje navide?o del Papa: hombre tecnol?gico-sufre riesgo-atrofia espiritual"

El ir?nico mensaje se refiere s?lo a la dimensi?n tecnol?gica de la influencia pervasiva de los medios, cuyos efectos cerebrales, bromas aparte, todav?a desconocemos.

No es mi prop?sito aqu? centrarme en los aspectos tecnol?gicos y sus posibles consecuencias en las personas y en la cultura, que son innegables y ambivalentes. Cada nuevo medio de comunicaci?n introduce una ganancia cultural y conlleva simult?neamente una p?rdida, como mostr? McLuhan4. As?, por ejemplo, la imprenta extendi? la lectura a todos los estratos sociales y posibilit? la ense?anza universal obligatoria; a su vez, oscureci? toda una cultura oral con su enorme riqueza5. La televisi?n ha cambiado el modo de imaginar, de aprender y de razonar de la generaci?n audiovisual; as? como Internet est? cambiando los h?bitos de consumo de medios y los circuitos mentales de la generaci?n digital.

Estas transformaciones forman parte del desarrollo humano. La humanidad tarda generaciones en incorporarlas, asimilarlas y dominarlas. En ese proceso de asimilaci?n, que es simult?neamente social y personal, se producen disfunciones y, a menudo, se paga un precio alto. Por ejemplo, el n?mero de ni?os con desorden de d?ficit de atenci?n (ADD) o con desorden de hiperactividad (AHDD) se ha multiplicado exponencialmente. En Estados Unidos, los ni?os diagnosticados con ADD (desorden de d?ficit de atenci?n) eran 150.000 en 1970; en 1985 la cifra se hab?a triplicado y en 2000 eran 6 millones6. Si bien la televisi?n no es la ?nica responsable del incremento, pues tambi?n influyen otros factores, como la desestructuraci?n de la familia (aumento de divorcios, trabajo fuera del hogar de los dos c?nyuges, etc.), lo cierto es que los pediatras y expertos que aconsejan poca o ninguna televisi?n obtienen mejoras notables en la conducta de los ni?os aquejados de esas disfunciones.

En las Navidades de hace algunos a?os una compa??a de aparatos electr?nicos present? una anuncio singular. El spot muestra una familia completa, abuelos, padres e hijos, "reunidos" en la misma habitaci?n, y cada uno enchufado a un aparato. Uno escucha m?sica con los aud?fonos, quien ve la televisi?n, otro se entretiene con un videojuego, quien con la computadora. Un titular sobre la imagen recita el sedante mensaje navide?o de la compa??a para las familias: "Paz en la tierra". Esta es la triste paz familiar de nuestra cultura medi?tica: cada uno inmerso en su mundo virtual y ajeno a los dem?s7.

Pero si, con independencia de la tecnolog?a, pensamos en los contenidos que estos medios difunden, el panorama es a?n m?s inquietante. Y de esto ?ltimo, de los efectos de los contenidos, en cambio, se sabe ya bastante. En efecto, los estilos de vida, las actitudes y los criterios de valoraci?n que los medios de comunicaci?n difunden, mientras informan o entretienen, ejercen una influencia, para bien y para mal, no inferior a la de la escuela o a la de la misma familia. Este desaf?o educativo para la familia no se puede ignorar ni dejar de acometer, eso s? con sereno realismo.

En la segunda parte de mi conferencia, me ocupo de los contenidos de los medios y sus efectos sociales en la familia, resumiendo someramente una parte de la bibliograf?a cient?fica que se ocupa de ello.

2. Datos inquietantes

En una hermosa tarde de primavera, Matt, de 15 a?os, se lanza a la calle con una escopeta de ca?ones recortados, justo en el momento en el que el amigable polic?a vecinal patrulla la calle en su bicicleta. Matt dispara a bocajarro al polic?a, se apropia de su bicicleta. Montado en la bici comienza a disparar indiscriminadamente a los viandantes. En el caos un coche se incendia y explota. Matt pincha la bici y se apropia de un coche tras asesinar al conductor y despellejarlo en la acera. En su camino descubre una joven con falda corta. Detiene el coche y la fuerza a entrar. La lleva a un descampado y, tras violarla, la golpea a muerte. Mientras la chica agoniza, Matt la contempla con la indiferencia de un duro asesino.

No, no es el gui?n de un film de extrema violencia ni la cr?nica de un suceso real. Es s?lo uno de los videojuegos m?s populares, Grand Theft Auto (Gran ladr?n de coches), videojuego tan conocido y aceptado socialmente que incluso Coca Cola hizo un anuncio imit?ndolo.

Podr?amos arg?ir que, al fin y al cabo, se trata s?lo de im?genes irreales, de un juego. Cierto, pero no es f?cil olvidar los estremecedores acontecimientos de delincuencia infantil provocados por imitaci?n de comportamientos violentos vistos en los medios, como el de los tres ni?os que mataron a su amiguita "jugando" como hab?an visto en la tele; o el de los ni?os que asesinaron a un vagabundo en Francia; y as? otros. El filmNatural Born Killer de Oliver Stone causo 14 homicidios en 1993 y 3 en marzo del 94. En una investigaci?n realizada en las cr?nicas de sucesos de dos diarios romanos, "Il Messaggero" y "La Reppublica" durante dos a?os, Morgani y Spina encontraron que, en 57 episodios de cr?nica violenta, los protagonistas hab?an imitado "h?roes" de pel?culas de cine8

Pues bien, la industria de los videojuegos ha superado ya al conjunto la industria cinematogr?fica y del juguete, generando 18.000 millones de d?lares en el 2007.

Asom?monos ahora a la televisi?n, el medio de comunicaci?n mas influyente en las sociedades desarrolladas econ?micamente.

Seg?n datos de un estudio de la Henry J. Kayser Family Foundation del 2003, m?s del 80 por ciento de los shows televisivos dirigidos a adolescentes tienen un contenido sexual9. Dos a?os m?s tarde, otro estudio de la misma fundaci?n sobre el conjunto de la programaci?n televisiva demuestra que el n?mero de programas con contenido sexual entre 1998 y 2004 ha pasado del 54% al 70%.

Cuando un ni?o italiano se encamina por vez primera a la escuela elemental lleva ya en su mochila, junto con el plumier y los l?pices de colores, 1800 escenas de violencia. La dieta preescolar de violencia del ni?o americano -siempre m?s precoz- es muy superior, incluye 8.000 homicidios y 100.000 actos violentos10.

La mayor parte de los estudios emp?ricos se limitan a constatar datos cuantitativos sobre los contenidos, lo que por s? es ya significativo. Pero si prestamos atenci?n no solo a lo que se muestra, sino a c?mo se presenta, la inquietud crece.

Paolo Braga11 ha estudiado a fondo los aspectos narrativos, industriales e ideol?gicos de los telefilmes americanos de las tres ?ltimas d?cadas, que son los m?s vistos por los j?venes en todo el mundo. Este autor concluye: 1. El mercado al que se orientan estas teleseries -y, por tanto, refuerzan, se podr?a apostillar- es un p?blico de singles. 2. Sus protagonistas habituales son h?roes en el escenario profesional, por tanto modelos positivos, y antih?roes en el escenario familiar, por ellos modelos negativos en esa dimensi?n de la vida. Como h?roes, mueven al espectador a la imitaci?n, como antih?roes lo consuelan de sus propios fracasos en la vida privada y familiar. Estos personajes suelen ser desarraigados, cuya verdadera "familia" es un suced?neo de la familia natural, la que se constituye en el entramado de relaciones laborales de la historia principal de la teleserie. Los ejemplos pueden ser f?cilmente reconocidos por los espectadores habituales de esas series: ER,OC, Friends, Dr. House, etc. 3. Estas series, que luego son imitadas en barato por las productoras nacionales, est?n hechas con gran maestr?a narrativa, por lo que enganchan al p?blico. 4. La mentalidad de los productores ejecutivos de las series, los verdaderos autores de ?stas, est? impregnada de constructivismo e ideolog?a de g?nero12.

Podr?amos tranquilizarnos pensando que los j?venes son ahora menos dependientes de la televisi?n gracias a Internet. Es cierto que el uso predominante de Internet por parte de los j?venes y menos j?venes es chatear, Messenger, descargar m?sica y consultar You-Tube13, pero no es menos cierto que el 12% de los sitios Web son pornogr?ficos y que el 25% de las consultas en los motores de b?squeda son para ver pornograf?a. Tampoco es menos cierto que todav?a la pornograf?a es la parte del le?n de los ingresos generados en Internet, con un volumen de negocio de 2.500 millones de d?lares14. Con esas premisas, no es de extra?ar si, de acuerdo con los datos de una reciente encuesta entre chicos de 10 y 17 anos, 40% de ellos han visto pornograf?a alguna vez en el ano 2007, aun cuando el 66% de ellos no la buscasen. No se puede ignorar, adem?s que, amparado en ese submundo de la pornograf?a, se ocultan intereses inconfesables como la lobby ped?fila, que cuenta con 522 organizaciones y 500 agencias que se ocupan de defender en los tribunales a personas acusadas del delito de pedofilia y de promover el man-boy love day, a imitaci?n del gay pride15

No me detengo en el cine, las revistas, el mundo de la moda y otros productos de la cultura popular. Se ha prestado poca atenci?n a la m?sica, a veces con la excusa de que no cuenta tanto el verso como el poema. Observar a una ni?a de 10 anos imitando las sinuosas contorsiones de sus cantantes preferidos (Madonna, Britney Spears, Cristina Aguilera, etc.), en provocativas poses cuyo significado la ni?a apenas intuye, puede convencer a cualquiera de su contrario. Un repaso a las letras de las canciones m?s populares hace enrojecer a quien conserve todav?a un moderado sentido del pudor. Un estudio sobre los efectos de la m?sica pop en la conducta sexual ha mostrado que el 40% de las letras conten?an referencias sexuales expl?citas y un 15% del total eran degradantes16.

Estas son solo algunas muestras del entorno cultural que los medios de comunicaci?n reproducen y multiplican a gran escala. Hay estudios que pintan el problema con tintas m?s negras.

A continuaci?n, expondr? dos efectos sociales cognoscitivos y psicol?gicos de los medios de comunicaci?n, avalados por estudios socio-estad?sticos.

Publicado por mario.web @ 23:08
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