Jueves, 05 de mayo de 2011

Llamar?, con palabras de Garc?a-Noblejas17, a estos dos efectos el s?ndrome de Jabberwocky y el s?ndrome de Humpty-Dumpty.

1. El s?ndrome de Jabberwocky: El nombre de este efecto est? tomado de Alicia a trav?s del espejo, la c?lebre ni?a de Lewis Carroll, tal como lo aplica Garc?a-Noblejas para ejemplificar el efecto de desarraigo cultural que produce la televisi?n en particular, aunque se puede atribuir a la generalidad de los medios. Alicia est? contemplando un raro poema que suena muy bien y exclama: "no entiendo casi nada de todo esto pero me parece bastante bonito".

Me refiero con este s?ndrome al hecho de que los medios de comunicaci?n nos ofrecen una visi?n fragmentaria, parcial, a menudo contradictoria y siempre caleidosc?pica del mundo y del hombre. Esta imagen no contribuye a que el hombre se comprenda mejor a s? mismo, desde luego. Esto sucede, por ejemplo, por la abierta contradicci?n entre los mensajes de programas que aparecen en el mismo medio en espacios diferentes. As?, junto a mensajes publicitarios contra la droga o el alcohol, de buena factura dram?tica y persuasiva, se difunden otros en programas de entretenimiento o en otros anuncios publicitarios que exaltan la fascinaci?n y el lujo unidos a la bebida o al consumo de droga.

En el estudio de Davis y Mares18 sobre los efectos de los talk shows, los autores han encontrado una percepci?n muy distorsionada sobre la violencia en la sociedad. La investigaci?n se llev? a cabo con una muestra de adolescentes de tres colegios de segunda ense?anza en Carolina del Norte. Quienes siguen este tipo de programas se imaginan una sociedad mucho m?s violenta de lo que realmente es. As?, por ejemplo, quienes ven a diario este tipo de programas creen que un 48% de sus coet?neos se escapan de casa, mientras que en la vida real lo hacen el 8%. La cifra de adolescentes que quedan embarazadas antes de los 19 a?os es de un 4%. Los tele adictos a estos programas creen que esto sucede a un 55% de sus coet?neos. Lo mismo sucede respecto a otros indicadores de comportamiento inmoral, como la infidelidad conyugal, las relaciones sexuales prematrimoniales o el uso de armas en la escuela. Esta distorsi?n se da tambi?n entre los que no siguen los programas, en grado menor naturalmente. Lo cual hace pensar que la televisi?n incide sobre la percepci?n social en su conjunto, creando una especie de refracci?n perceptiva. Es verdad que los dos investigadores no han logrado probar estad?sticamente la hip?tesis de que la atenci?n habitual a este tipo de programas con contenidos violentos o degradantes insensibiliza a los espectadores sobre ese tipo de comportamientos. Tampoco eso significa que el encallecimiento no sea real. Es dif?cil pensar que una distorsi?n cognoscitiva tan grande no tenga consecuencias sobre las actitudes.

Otros estudios posteriores llegan m?s lejos y encuentran efectos en el razonar moral y en el comportamiento: "La violencia en la televisi?n tiene un efecto negativo en el razonar moral de los ni?os", afirman Krcmar, Veeira e Edward19. Otro estudio encuentra que "los j?venes forman sus juicios sobre la familia y las relaciones personales de los programas populares de televisi?n. Muchos de ellos reciben la educaci?n sobre la sexualidad de las soap operas y telenovelas m?s que de los padres y de la escuela"20.

Un estudio recient?simo ha analizado el comportamiento de 700 j?venes entre 12 y 17 a?os, activos sexualmente, y ha demostrado que quienes ven mas contenidos sexuales en la televisi?n doblan a sus coet?neos en la frecuencia con que dejan embarazadas a sus amigas21. Ciertamente, ver esos contenidos no es la ?nica causa del aumento de embarazos entre los adolescentes, pero la directora del estudio puntualiza: "aun removiendo los dem?s factores, se observa un fuerte nexo entre exposici?n a contenidos sexuales y embarazos de adolescentes".

Estos datos sociol?gico-estad?sticos no hacen sino confirmar el sentido com?n y las advertencias de otros expertos acad?micos procedentes de una tradici?n human?stica: "lo percibido en las pel?culas y programas de televisi?n -dice Garc?a-Noblejas- puede ser vitalmente comprendido como representaci?n de acciones y h?bitos humanos, con su cortejo de sentimientos. O lo que viene a ser igual, tiene sentido para la vida de los espectadores, al apreciarlos -en t?rminos generales- como muestra de valores conscientes o inconscientes, de virtudes y vicios"22.

Podr?a replicarse a esta argumentaci?n que, a fin de cuentas, cuando la televisi?n, el cine, la publicidad, los videojuegos difunden objetivaciones del habitar del hombre en el mundo, patterns, formas o modelos de comprensi?n de s? mismo, no hace mejores o peores a los hombres de suyo. Es tan verdad como que la lectura de vidas de santos o de haza?as heroicas de grandes hombres de la historia no nos hace ni mejores ni m?s valientes. Cierto, pero por eso el arte debe respetar la l?gica interna de ?ste, que es presentar lo sublime como sublime, lo miserable como miserable, lo trivial como trivial; en suma, lo bueno como bueno y lo malo como malo, de modo que lo bueno nos "sepa" bien y lo malo nos "sepa" mal. As? lo hicieron los cl?sicos de todos los tiempos, que no representaron una condici?n humana inmaculada -pensemos por un momento en Shakespeare y el c?mulo de miserias humanas representadas en los personajes inmortales de sus dramas-. No se trata de ocultar la realidad de la condici?n humana ca?da, sus posibles abismos de vileza, pero tampoco sus cumbres morales; se trata de mostrar su grandeza, su dignidad, que puede perderse, s?, en la abyecci?n de esos abismos insondables de maldad, y que puede brillar en la belleza moral de conductas virtuosas, que no ?o?as, o en la misericordia ante el mal ajeno, f?sico y sobre todo moral. No hay que olvidar, con Montagu, que "los hombres y las sociedades se han hecho de acuerdo con la imagen que ten?an de s? mismos, y han cambiado conforme a la imagen por ellos mismos desarrollada"23.

?Y qu? imagen, qu? identidad cultural proporcionan los medios? Voy a referir dos botones de muestra, dos aspectos de nuestra identidad cultural.

El primero es la imagen de la muerte en nuestra cultura. ?Hemos reparado en lo parad?jico que resulta la trivializaci?n de la muerte que produce ese mercado televisivo de la violencia en contraste con el hecho de que la muerte real, no la de ficci?n, se oculta cada vez m?s en nuestra sociedad? La gente muere en los hospitales, apartados de la vista de los ni?os y de nosotros incluso. A los ancianos, recordatorio pr?ximo de la fugacidad de nuestra vida, se les confina en residencias con todas las comodidades pero lejos de nuestra vista. La muerte ha dejado de ser una realidad humana natural, inscrita en el tejido de la vida y valorada; en cambio, tal como lo expresa Lolo Rico, "en las pantallas de televisi?n aparece desprovista, al mismo tiempo, de todo sentido individual y de toda trascendencia psicol?gica: la muerte simult?neamente ajena y neutra"24.

En este sentido es muy elocuente, la espont?nea reacci?n popular ante la muerte de Juan Pablo II, ayudada cierto por la enorme atenci?n informativa del inolvidable acontecimiento: "En la sociedad post-moderna, donde los nuevos pobres son los moribundos y los ancianos inv?lidos, invisibles en la esfera publica, los medios de comunicaci?n trasmitieron el ultimo mensaje de Juan Pablo II: el valor de la vida humana hasta su t?rmino natural junto al significado del dolor y de la muerte"25

El segundo bot?n de muestra es la trivializaci?n de la sexualidad. Dec?a Thibon, parafraseando a Pascal, que la sexualidad humana en nuestros d?as "tiene su circunferencia por todas partes y su centro en ninguna". El desnudo er?tico de la publicidad y la exposici?n p?blica de la relaci?n amorosa m?s ?ntima han desvirtuado el valor humano de esa realidad; son ya como la flor de pl?stico, el vino qu?mico, y todos los dem?s "pseudos" de nuestra sociedad artificial. Dice Thibon que "la sexualidad humana normal gravita alrededor de dos polos: el apetito carnal y el amor espiritual. El erotismo actual es extra?o tanto al uno como al otro"26. Los consumidores de erotismo comercializado est?n doblemente frustrados: ni gozan de la dimensi?n espiritual del amor, porque "la belleza es un fruto que se mira sin alargar la mano" (Simone Weil), ni se satisfacen siquiera en el ejercicio completo de la sexualidad, pues una nebulosa de im?genes inaccesibles se interponen entre su deseo y el objeto pose?do"27.

Betettini y Fumagalli han examinado atentamente el problema de la "disoluci?n y manipulaci?n del cuerpo"28operada por los medios de comunicaci?n social y los efectos psicosexuales inducidos en los adolescentes sobre todo.

Desde el campo feminista se han empezado a alzar voces que denuncian la sexualizacion de la infancia en y a trav?s de la cultura popular: "El problema -dicen Levin y Kilbourne, dos conocidas pedagogas norteamericanas,- no es tanto que el sexo representado en los medios es pecaminoso, sino que es sint?tico y c?nico. La explotaci?n sexual de nuestros hijos est? orientada a promover su consumo, no solo en la infancia sino durante toda la vida"29. Las autoras del libro So Sexy so Soon, aun con las limitaciones conceptuales de la ideolog?a de g?nero, presentan abundancia de pruebas de los efectos de desorientaci?n y corrupci?n no ya solo de los j?venes, sino de los ninos. Se lamentan asimismo estas autoras que la denuncia del problema haya sido monopolizada hasta ahora "por la derecha cristiana" y saludan con aprobaci?n el reciente Report on the Sexualization of Girlspublicado por la Asociaci?n Americana de Psicolog?a en el 2007.

El retraso y el silencio ominoso de la investigaci?n acad?mica en este campo tiene muchas razones, que no es el caso tratar ahora. Las autoras del libro apuntan algunas de ellas. La industria del entretenimiento no esta interesada en financiar investigaciones cuyos resultados minar?an sus ganancias. Si pensamos en las cr?ticas recibidas Juan Pablo II y Benedicto XVI cuando, con voz prof?tica, han denunciado estos problemas, quiz?s podemos entender mejor como los pastores de la Iglesia, que es experta en humanidad, deben cumplir su papel con independencia de los vaivenes de la opini?n publica.

Concluyo este punto sobre la imagen de la sexualidad en los medios de comunicaci?n con el resumen que Levin y Kilbourne proporcionan sobre los hallazgos de la investigaci?n: "Films, televisi?n, m?sica y revistas tienen al menos tanta influencia en el comportamiento sexual de los adolescentes cuanta la religi?n, los padres y los compa?eros. La exposici?n frecuente a los medios altera la percepci?n de la realidad social en un modo que se ajusta a la de los medios. De modo que, si bien la mayor?a de los mensajes sobre el sexo y la sexualidad son equivocados, enga?osos y distorsionados, la gente joven los acepta como hechos"30.

2. El segundo de los s?ntomas de que me ocupo es el de Humpty-Dumpty, o de c?mo los medios pueden generar analfabetos funcionales. Humpty-Dumpty es el t?tulo de una vieja canci?n infantil brit?nica con cierta intenci?n pol?tica de s?tira hacia algunos monarcas ingleses del siglo XVIII. El personaje es un huevo incre?blemente fatuo e ignorante de su fragilidad. Alicia lo encuentra y discute con ?l acerca del significado de las palabras: "Cuando yo uso una palabra -insiste Humpty-Dumpty con un tono m?s bien desde?oso- quiere decir lo que yo quiero que diga...ni m?s ni menos. -La cuesti?n -responde Alicia- es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes. -La cuesti?n -zanja corto Humpty-Dumpty- es saber qui?n es el que manda..., eso es todo"31.

Entre los acad?micos que han estudiado los efectos de los medios est? bastante demostrado el resultado empobrecedor del proceso de conocimiento de la realidad a trav?s de estos32. Es claro, por ejemplo, que el "bombardeo" informativo recurrente de sucesos, normalmente conflictivos, produce en las audiencias un efecto de falta de contextualizaci?n y de desconexi?n con la vida cotidiana. Y m?s en general, refiri?ndose a la influencia en los procesos de comprensi?n de la realidad a trav?s de los medios, Pablo del R?o afirma que "en los ?ltimos treinta a?os se ha dado en todo el mundo un deterioro adicional de los procesos de conocimiento, al pasarse desde un pensamiento construido instrumentalmente sobre el poder abstractivo del lenguaje escrito (que obliga a descontextualizar para comprender) a otro fundado sobre c?digos orales y sobre la imagen, a la vez que los referentes reales de esa construcci?n instrumental se deterioraba o, dicho de otra manera, perd?an su estabilidad (...) El resultado es un nuevo analfabetismo con barniz de "conocimiento". Se piensa por asociaci?n, como es posible hacerlo por la imagen, pero se formula el pensamiento asociativo en etiquetas verbales aparentemente precisas y jer?rquicas"33 .

Aun prescindiendo de la parte de nostalgia que ese juicio arrastra por la p?rdida de una cultura letrada en beneficio de otra visual, bien distinta, no se le puede negar una parte de verdad. Una neurocient?fica del a Universidad de Oxford se?alaba recientemente que "ya es bien claro que el mundo bidimensional, configurado a modo de pantalla, en el que muchos adolescentes - y un numero creciente de adultos- han escogido para vivir esta? produciendo cambios en el comportamiento. Los tiempos de atenci?n se acortan, las competencias comunicativas personales se estrechan y se reduce la capacidad de abstracci?n"34

Se ha subrayado frecuentemente el efecto parad?jicamente desinformativo que provoca la sobredosis de noticias, caracter?stica de la sociedad de la opulencia informativa. Hay tanta informaci?n que tenemos la ilusi?n de estar informados35, cuando en realidad faltan criterios-gu?a que permitan construir senderos de sentido en el bosque de la acumulaci?n de datos, noticias e incluso pseudo-informaciones. As?, por dar una idea de la sobredosis informativa, Murray afirma que "cada d?a se registran unos 20 millones de palabras de informaci?n t?cnica. Un lector capaz de leer mil palabras por minuto necesitar?a un mes y medio, leyendo 8 horas diarias, para ponerse al d?a solamente de la producci?n cotidiana, y al final del periodo de lecturas ir?a con 5 a?os y medio de retraso"36. Un d?a laborable el New York Times contiene m?s informaci?n de cuanta hubiera podido llegar a conocer un ciudadano medio de la Inglaterra del siglo XVII.

Pues bien, mientras la disponibilidad de la informaci?n aumenta en progresi?n geom?trica, la disponibilidad receptiva de la persona humana se mantiene constante, cuando no disminuye, porque esta capacidad depende de la calidad de su educaci?n human?stica. En esta situaci?n, la masa adormecida por sobresaturaci?n de noticias se hace completamente dependiente de los creadores de opini?n, precisamente porque necesita interpretaciones globales, comentarios que le ahorren el esfuerzo de documentarse y le orienten en la tupida selva informativa. As?, unos pocos, siempre los mismos por otra parte, llenan ese vac?o opinando de casi todo con la misma y universal competencia, desde la pol?tica nacional, pasando por los problemas de ?tica biol?gica, los conflictos mundiales, hasta las cuestiones morales y teol?gicas de la Iglesia Cat?lica Son los llamados opinion makers, que imparten desde los p?lpitos de sus columnas period?sticas o de sus tertulias radiotelevisivas el nuevo credo que la opini?n p?blica absorbe mansamente con aparente conciencia cr?tica. La pluralidad de voces y la libertad de expresi?n con que se presentan consienten la ilusi?n de una formaci?n plural e ilustrada de una opini?n "cr?tica", homog?nea y de serie pero, eso s?, "cr?tica".

En una reciente entrevista, Umberto Eco recordaba c?mo la "semi?tica" de la televisi?n no es una semi?tica natural, como la de los gestos, comportamientos, miradas que los humildes de las novelas de Manzoni, por citar un caso de la literatura cl?sica italiana, aprend?an en la realidad circundante. Las im?genes de la televisi?n no proponen la realidad sino una mise en scene, como es bien conocido. El entrevistador observaba c?mo los Cagliostro y los don Rodrigo de hoy aprovechan la potencia de los medios para ganar consensos, no obstante que la difusi?n de informaci?n y el aumento de la escolarizaci?n hicieran esperar unas defensas inmunitarias m?s robustas de los ciudadanos frente a los embrollones y los poderosos. A tal observaci?n, Eco a?ad?a que "en todos los tiempos la moneda falsa ha suplantado a la moneda buena y los charlatanes han embaucado a los tontos. Dada la potencia del medio, simplemente sucede m?s. El crecimiento de la informaci?n y de la cultura aumenta la credulidad (...). Ten?a raz?n Chesterton, cuando la gente no cree ya en Dios no es que no crea ya en nada, cree en todo. Los ateos son m?s supersticiosos que los creyentes. La New Age, una religi?n para no creyentes tiene m?s dioses que cualquier religi?n revelada"37.

En definitiva, no se puede olvidar la dimensi?n pragm?tica de la comunicaci?n, es decir de cualquier texto. Decires siempre simult?neamente un hacer, y por ello toda comunicaci?n establece siempre un modelo de relaci?n entre emisor y destinatario:

"por ello, una comunicaci?n aut?ntica, es decir verdadera y correcta a la vez, estar? atenta al tipo de relaci?n que instaura en las figuras simb?licas que, en el texto, representan al emisor y al destinatario. Lo que vicia tal autenticidad no es s?lo la mentira, sino tambi?n un obrar comunicativo que instrumentaliza al otro, que impone un dominio sobre el otro, es decir, que asume las formas de una violencia difusa (...) En esta perspectiva la comunicaci?n de masas puede asumir un car?cter violento independientemente de sus contenidos e, incluso, de sus modalidades ling??sticas. Se trata de una forma de violencia m?s sutil, menos evidente, pero igualmente capaz de golpear al espectador, todav?a m?s indefenso porque no est? prevenido cr?ticamente"38.

4. ?Un mundo feliz?

A pesar de la aparente dureza de mi alegato no me cabe duda que el problema no son los medios en cuanto tales. Como advert?a sagazmente Einstein, "el problema no es la bomba at?mica, el problema es el coraz?n de los hombres". Me parece obvio que los medios est?n tan enfermos cuanto el coraz?n de los hombres.

En realidad, el problema es viejo y las soluciones, por lo que a los padres respecta, existen.

No hab?an pasado 50 a?os desde la maravillosa invenci?n de la imprenta que los libros de caballer?a pululaban e infestaban la sociedad del tiempo con efectos preocupantes. Ciertamente no hab?a soci?logos ni investigadores de comunicaci?n social que certificasen el problema. Nos han llegado solo noticias indirectas del fen?meno social -porque fen?meno de masas fue- y de sus consecuencias. Por ejemplo, una joven lectora de una ciudad provinciana de Castilla, deja constancia incidentalmente de su adici?n a estas "teleseries" de la ?poca, contagiada por su misma madre, quien le?a muchos sin abandonar por ello sus trabajos, que no deb?an ser pocos, siendo como era madre de tres hijos y de nueve hijas: "Yo comenc? a quedarme en costumbre de leerlos -dice el testimonio autobiogr?fico del 1562-, y aquella peque?a falta que en ella vi, me comenz? a enfriar los deseos y comenzar a faltar en lo dem?s; ya parec?ame no era malo, con gastar muchas horas del d?a y de la noche en tan vano ejercicio, aunque ascondida de mi padre".

El testimonio, por fortuna, nos ha llegado porque su autora es Teresa de Jes?s (cap. 2 del Libro de la Vida).

De las novelas de caballer?a a duras penas sabr?amos de su existencia si no fuera por el inmortal Quijote de Cervantes, novela de caballer?a escrita precisamente como parodia magistral del g?nero. La inolvidable escena del Quijote en que la sobrina, el ama, el barbero y el cura hacen una hoguera con los libros culpables del da?o tras la primera salida del Caballero de la Mancha, es una buena respuesta del sentido com?n y de la sabidur?a de los parientes y amigos del hidalgo Alonso Quijano, en aventuras don Quijote de la Mancha. Ni que decir tiene que el cura y el barbero, con eruditas razones de quien conoce el pa?o, salvan de la quema algunos libros, m?s de los que la simplicidad del ama desear?a. Ser?n precisamente los familiares del caballero andante quienes, sin saber de libros de caballer?a, mas con la ayuda de "expertos", amigos del Quijote, lo curar?n de su mal. Ni unos ni otros piensan ni por un momento en quemar la biblioteca, tan solo eliminar con buen juicio el origen del mal, los libros da?inos. En clave moderna, dir?amos, no hace falta arrojar la televisi?n de los hogares ni siquiera los videojuegos, sino discriminarlos.

Qu? pobre lectura del discurso de Benedicto XVI sobre los medios de comunicaci?n social han dado algunos periodistas cuando, aplicando un perezoso y poco original estereotipo, han presentado el discurso como una nueva condena papal de los medios de comunicaci?n, abanderados del progreso imparable de la t?cnica y, con ella, de la humanidad. El discurso del Santo Padre tambi?n dec?a: "La educaci?n a los medios debe ser positiva. Poniendo los ni?os frente a lo que es excelente est?tica y moralmente, se les ayuda a desarrollar la propia opini?n, la prudencia y la capacidad de discernimiento (...) La belleza, espejo de lo divino, inspira y vivifica los corazones y las mentes de los j?venes, mientras la fealdad y la vulgaridad tienen un impacto deprimente en las actitudes y comportamientos"39

Deliberadamente no me he detenido a exponer recetas o medidas pr?cticas para los padres. Hay excelentes libros y prontuarios que orientan en este sentido. Entre ellos, se?alo aqu?, por su sencillez divulgativa y buen sentido, Raising Kids in the Media Age de Jay Dunlap. Algunas conferencias episcopales han proporcionado orientaciones pastorales a los fieles sobre un uso de los medios inspirado por criterios cristianos40

Pero no bastan las recetas porque el desaf?o es muy grande. George Gebner uno de los investigadores sobre la influencia de los medios de comunicaci?n social mas respetados mundialmente afirmaba: "Por primera vez en la vida del hombre las historias acerca de la gente, de la vida y los valores no son contadas por los padres, la escuela, la religi?n, u otros en la comunidad que tienen algo que decir, sino por un grupo de distantes conglomerados que tienen algo que vender".

Las recetas sirven cuando hay un plan integral de salud, no cuando se busca s?lo eliminar los s?ntomas. Es necesario un replanteamiento de la tarea de educar a las nuevas generaciones. Hace falta un plan de choque. Es preciso convencerse a fondo de que la educaci?n, no la instrucci?n, es la tarea m?s importante de los padres, de la escuela y de la sociedad en su conjunto. Nos encontramos ante una verdadera "emergencia educativa", como dec?a Benedicto XVI en su sencilla, magn?fica y esperanzadora carta "Sobre la tarea urgente de la educaci?n"41.

Hay que reinventar la cultura ante el desaf?o de cada nueva hornada de ni?os y j?venes que se presentan a las puertas de nuestro mundo esperando descubrirlo y comprenderlo, esperando ser introducidos en ?l. Estoy seguro de que coincidir?n con la siguiente idea de Chesterton, v?lida para cualquier edad:

"Las dos cosas que hacen a los ni?os tan atractivos para casi todas las personas normales son: en primer lugar, que son muy serios, y en segundo que, en consecuencia, son muy felices. Son alegres con la perfecci?n que s?lo es posible en la ausencia de humor. Las escuelas y los sabios no han alcanzado nunca la gravedad que mora en un ni?o de tres meses de edad. Es la gravedad de su asombro ante el universo y asombro ante el universo no es misticismo, sino un sentido com?n trascendente. La fascinaci?n de los ni?os consiste en que con cada uno de ellos todas las cosas son hechas de nuevo, y el universo se pone de nuevo a prueba. Cuando paseamos por las calles y vemos debajo de nosotros esas deliciosas cabezas bulbosas -tres veces m?s grandes que su cuerpo- que definen a estos hongos humanos, deber?amos siempre y en primer lugar recordar que dentro de cada una de esas cabezas hay un universo nuevo, tan nuevo como lo fue el s?ptimo d?a de la creaci?n"42.

Notas
1 G. K. Chesterton. El amor o la fuerza del sino, Rialp, Madrid, 1993. Traducci?n de ?lvaro de Silva, pp. 191 y ss.

2 Idem.

3 Aunque los datos var?an seg?n los pa?ses, y el consumo de televisi?n ha disminuido en beneficio de Internet, basta pensar que un ni?o en Europa ve 25 horas de televisi?n por semana. Claude Okondjo. La famille a l??preuve de la culture t?l?visuelle. Rep?res pour une guide pastoral. Tesis doctoral. Pontificia Universidad de la Santa Cruz, Roma, 2008, pp. Un estudio de la Kayser Family Foundation del 2005 encontr? que los ni?os norteamericanos entre (8-17 a?os) absorben una exposici?n media de 8 horas diarias. Para dar una idea somera del crecimiento exponencial del uso de Internet, el 95% de los ni?os italianos entre 12 y 14 a?os dispone de conexi?n a Internet en su casa y un 30% lo usa a diario, frente aun 37% que dispon?a de ?l en 2000, generalmente sin acceso a la red. Ver Rapporto 2008 sugli stili di vita degli adolescenti, della Societ? italiana di Pediatria: www.sip.it/documenti/osservatoriobam/Risultati_Indagine_2008_definitivi.pdf

4 Marshall McLuhan. Understanding media: the extensions of man, Cambridge, Mass, MIT Press, 1994

5 Walter Ong. Orality and literacy: the technologizing of the word. Methuen, London 1982

6 Jay Dunlap. Raising Kids in the Media Age, Circle Press, Handem, CT, 2007, p. 37. Dunlap, buen conocedor de las t?cnicas de montaje y edici?n de televisi?n, sostiene que el sorprendente incremento de estas disfunciones coincide hist?ricamente con la introducci?n del video registrador. El video registrador ha permitido acelerar el ritmo narrativo visual. Esas t?cnicas narrativas audiovisuales son llevadas al extremo en los videos musicales.

7 El ejemplo est? tomado de Jay Dunlap. Raising Kids in the Media Age, ob. cit. p. 18.

8 Norberto Gonz?lez Gaitano. El s?ndrome de Scherezade y otros efectos deseducativos de la televisi?n, inCultura y medios de comunicaci?n social, Publicaciones Universidad Pontificia de Salamanca, 2000 (traducido al italiano: Cristianit?, Anno XXVII, n. 290-291, pp. 11-20).

9 D. Kunkel, E. Biely, K. Kyal at al. Sex on TV 3 (Menlo Park, CA: Henry J. Kayser Family Foundation, 2003), cit. en Diane E. Levin y Jean Kilbourne. So Sexy So Soon. The New Sexualized Childhood and What Parents Can Do to Protect Their Kids. Random House, New York, 2008 p. 35 y p. 200.

10 Dario Antiseri. "La televisione e i bambini". Comunicaci?n presentada en el Congreso La rappresentazione della violenza e la violenza della rappresentazione, Roma, 26 de diciembre de 1996.

11 Paolo Braga. Dal personaggio allo spettatore. Il coinvolgimento nel cinema e nella serialit? televisiva americana, Franco Angeli, Milano, 2003. Del mismo autor: ER. Sceneggiatura e personaggi. Analisi della serie che ha cambiato la Tv, Franco Angeli, Milano 2008

12 Sobre los presupuestos de la ideolog?a de g?nero y sus implicaciones, puede verse: Tony Anatrella. Le r?gne de Narcisse. Le d?ni de la diff?rence sexuelle, Presses de la Renaissance, Paris 2005.

13 Rapporto 2008 sugli stili di vita degli adolescenti, della Societ? italiana di Pediatria.

14 Jay Dunlap, ob. cit., del "love day"e promover el "la contempla conb la indiferencia de un duro p. 59.

15 "La pedofilia e la sua apologia: proposta per l?introduzione di un reato specifico nel Codice Penale", en Sos Ragazzi, septiembre 2008

16 So Sexy So Soon, ob. cit., p. 145

17 J.J. Garc?a-Noblejas. "Alicia a trav?s del espejo televisivo: entre Scherezade y Leviath?n", en La responsabilidad p?blica del periodista, E. L?pez Escobar y J. L. Orihuela, (eds) Pamplona, 1988, p. 373.

18 Stacy Davis y Marie-Louise Mares. "Effects of Talk Shows Viewing on Adolescents", en Journal of Communication, vol. 48, n. 3, 1998, pp. 69-86.

19 M. Krcmar, Jr. Veeira y T. Edward. Imitating Life, Imitating Television: The Effects of Family and Television Models on Children?s Moral Reasoning, en "Communication Research", junio 2005

20 Irene Meijer y Marjolein van Vossen. The Ethos of Television Relationships. Why Popular Drama Persistently Worry Television Scholars (comunicaci?n presentada en la reuni?n anual de la International Communication Association, Nueva York, 2005).

21 Teens imitating televisi?n, en "National Catholic Register", 7 diciembre 2008. El estudio puede verse en Anita Chandra, Steven C. Martino, Rebecca L. Collins, Marc N. Elliott, Sandra H. Berry, David E. Kanouse and Angela Miu. Does Watching Sex on Television Predict Teen Pregnancy? Findings From a National Longitudinal Survey of Youth, en "Pediatrics", Vol. 122 No. 5 Noviembre 2008, pp. 1047-1054.

22 J. J. Garc?a-Noblejas, Fundamentos para una iconolog?a.., ob. J. Garc?a-Noblejas, "licaciocit. p. 25

23 Ashley Montagu, cit. en Garc?a-Noblejas, "Fundamentos...", cit. p. 41.

24 Dolores Rico. Tv, f?brica de mentiras. La manipulaci?n de nuestros hijos, Espasa, Madrid, 1992, p. 117.

25 Norberto Gonz?lez Gaitano. Rassegna critica della stampa, Ufficio delle celebrazioni liturgiche del Sommo Pontefice. Sede Apostolica Vacante. Eventi e celebrazioni, aprile 2005. Libreria Editrice Vaticana, Roma 2007, pp. 237-259 e Giovanni Tridente. La morte di Giovanni Paolo II nella stampa italiana: Corriere della Sera e La Repubblica, Juan Manuel Mora, Diego Contreras e Marc Carroggio ( a cura di). Direzione strategica della comunicazione nella Chiesa. Nuove sfide, nuove proposte, Roma, Edusc, 2007, pp. 360-374.

26 Gustave Thibon. El erotismo contra el amor. Conferencia publicada por la iglesia de la Exaltaci?n de la Santa Cruz (Zaragoza).

27 Idem.

28 G. Bettetini y A. Fumagalli. (1998). Quel che resta dei media. Idee per un?etica della comunicazione. Franco Angeli , p. 111.

29 Diane E. Levin y Jean Kilbourne. So Sexy So Soon. The New Sexualized Childhood and What Parents Can Do to Protect Their Kids. Random House, New York, 2008

30 Idem, p. 148. Como bot?n de muestra, cito el trabajo de Jane D. Brown, Carolyn Tucker Halpern, and Kelly Ladin L?Engle. Mass Media as a Sexual Super Peer for Early Maturing Girls, in "Journal of Adolescent Health", n.36 (2005) 420-427: "las chicas que maduran antes que sus coet?neas se dirigen a los medios para buscar la informaci?n y los modelos acerca de la sexualidad que no encuentran en su grupo de edad. De modo que los medios act?an como ?substitute sexual peer?"

31 Lewis Carroll. Alicia a trav?s del espejo, Alianza, Madrid, 1987, p. 116.

32 El elenco de autores y obras ser?a inacabable. Menciono dos libros particularmente representativas: Gabriel Gald?n L?pez. Desinformaci?n. M?todo, aspectos y soluciones. Eunsa, Pamplona, 1994, pp.28-33, 35-55, 61-69; y Mauro Wolf. Teorie delle comunicazioni di massa, Bompiani, Mil?n, 1984.

33 Pablo del R?o. "La informaci?n sobre problemas sociales en Espa?a", en Comunidad y Drogas, 14, Madrid, 1991, pp. 59-64.

34 "Modern technology is changing the way our brains work" en http://jaydunlap.com. Susan Greenfiled. ID: The Quest for Meaning in the 21st Century, 2009

35 Richard Wurman. Information anxiety. Doubleday, New York, 1989. Jean-Francois Revel. La connaisance inutile. Grasset, Par?s, 1988.

36 Methods for Satisfying the Needs of the Scientist and the Engineer for Scientific and Technical Communication, Hubert Murray Jr., cit. en Time, 9 de diciembre 1996, 38.

37 Il Corriere della Sera, 24 de octubre de 1998, p. 39.

38 Gianfranco Bettetini y Armando Fumagalli. Quel che resta..., ob. cit, p.237

39 Benedicto XVI. Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI en la 41 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.

40 Para el caso franc?s, ver Jean-Charles Descubes y Jean-Michel di Falco L?andri (ed), Quand des m?dias d?voilent l?intime. Quelques rep?res, Bayard/Cerf/Fleurus-Mame, Paris, 2006. En Italia la Conferencia episcopal ha publicado una util y completa guia pastoral: Comunicazione e missione. Direttorio sulle comunicazioni sociali nella missione della Chiesa, Libreria Editrice Vaticana, Roma, 2000. La Conferencia episcopal de los Estados Unidos public? un documento pastoral m?s restringido a la explotaci?n del sexo y la violencia en los medios con ?tiles indicaciones para los fieles, para los propietarios de los medios, los comunicadores y las autoridades:Renewing the Mind of the Media. Statement on Overcoming the Exploitation of Sex and Violence in Communications from the U.S. Catholic Bishops, Washington, 1998.

41 Mensaje del Santo Padre a la di?cesis de Roma sobre la tarea urgente de la educaci?n. Ciudad del Vaticano, 21 de enero 2008.

42 G. K. Chesterton, ob. cit. p. 168.


Publicado por mario.web @ 23:10
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