Jueves, 05 de mayo de 2011
Art?culo de Juan Jos? Hoyos en el que reflexiona sobre qu? ser?a de la vida de los hombres si el televisor se apagara por un instante y dejara de tener el control sobre nuestras vidas.
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El precio del silencio
El precio del silencio
Hab?a tenido una semana dura. Era viernes y estaba muy fatigado. Estaba harto del ruido de mi ciudad, de la velocidad de la vida, del calor, de tantos carros y tanta gente. Esa tarde, tuve que ir a un consultorio m?dico. Cuando entr? y me sent? en la sala de espera, hab?a tres televisores encendidos. Los m?dicos ten?an que salir a los pasillos y gritar el nombre de los pacientes para que la gente los pudiera escuchar. Le ped? a la secretaria que me cambiara la cita.

Sal? apabullado. Camin? un rato por las calles buscando la sombra de los ?rboles y el silencio. Cuando cay? la tarde, entr? a un bar y ped? una cerveza. El ruido de los motores de los buses no dejaba escuchar la m?sica de la rockola. De pronto encendieron un televisor. Me sent? tan aturdido que pagu? la cuenta y me fui para mi casa. Apenas abr? la puerta, o? que los perros ladraban. En la sala no hab?a nadie, pero la voz agitada de un locutor le?a los titulares de la emisi?n de la noche en un noticiero de televisi?n. Como las luces estaban apagadas, me demor? un rato para encontrar el control. S?lo tuve un poco de alivio cuando logr? hundir el bot?n que buscaba, desesperado: ?OFF!

Fui a la biblioteca y cerr? la puerta. Me quit? los zapatos y me sent? a descansar en medio del silencio. Sent? sobre mis hombros el peso del ruido que hab?a tenido que o?r por obligaci?n durante toda la semana. Y pens?: ?por qu? los hombres de hoy tenemos tanto miedo al silencio? ?Ser? por la falsa compa??a del mar de ruidos en que vivimos sumergidos y que comienza con el sonido del despertador, en las madrugadas, y acaban en las noches con el llanto de los actores de las telenovelas?

No sabemos ya convivir con el silencio. El silencio ya no es el sonido m?s dulce y m?s sencillo de la naturaleza. Porque el silencio nos obliga a convivir con nosotros mismos, a escuchar nuestros miedos. El silencio, adem?s, invita a la lectura, al pensamiento, a la reflexi?n, y ?stas son ya, casi todas, cosas en desuso.

A cambio del silencio, hoy tenemos la televisi?n en casi todos los lugares adonde vamos. Ya no son s?lo las pantallas de los grandes almacenes, donde se multiplican por cientos. Los hay en las salas de espera de los aeropuertos, de los consultorios m?dicos, en los bares, en las oficinas p?blicas, y hasta en las cl?nicas.

Estaba en estas y otras reflexiones cuando en el primer piso alguien volvi? a encender el televisor. Entonces record? la noticia. Sab?a que el aparato ya lo hab?an inventado y no sab?a su nombre. La hab?a le?do hac?a unos meses en el peri?dico El Pa?s, de Espa?a.

Busqu? la noticia en Internet. Cuando la encontr?, me puse feliz: el aparato ?s?lo val?a 15 d?lares! Pens?: ?de modo que ese es precio del silencio?

El peri?dico dec?a que Mitch Altman, un ingeniero de San Francisco, hab?a inventado un nuevo aparato que permite apagar los televisores desde casi cualquier lugar. Su compa??a, Cornfield Electronics, Inc., comercializa el aparato llamado TV-B-Gone. Cabe en un llavero y viene en dos modelos: uno dise?ado para apagar los televisores americanos y asi?ticas y otro para los europeos. Seg?n Altman, los usuarios pueden apuntar el dispositivo a la t.v. y presionar el bot?n hasta que ella se apague.

Con TV-B-Gone, seg?n la compa??a el 90 por ciento de las marcas de televisores generalmente se apagan en 17 segundos. En octubre del 2004, en solo dos d?as, fueron vendidos todos los controles disponibles. Para diciembre, la compa??a ten?a 20,000 controles adicionales que tambi?n se esfumaron de sus bodegas.

Cuando algunos abogados se quejaron ante los tribunales de que Altman estaba violando un derecho de las empresas de Televisi?n, ?l aleg? que hab?a invitado el dispositivo para que los ciudadanos no fueran convertidos en audiencia contra su voluntad y pudieran hacer respetar su derecho a no ver televisi?n y a su tranquilidad en los sitios p?blicos.

No se si Altman alguna vez ley? a Mahatma Gandhi, quien dice: "No corras. Ve despacio.

Adonde tienes que ir es a ti mismo". Tampoco se si ley? al poeta Thomas Merton, quien asegura que aquellos que aman su ruido son impacientes de todo. Constantemente mancillan el silencio de los bosques, de las monta?as y del mar. Taladran la naturaleza silenciosa en todas las direcciones con sus m?quinas, de miedo de que el mundo tranquilo les acuse de que est?n vac?os.

Ese fin de semana fui a un centro comercial del barrio Laureles tratando de encontrar un sitio donde se pudiera almorzar con tranquilidad. Me gustaba ese lugar. No era una caja de vidrio y concreto donde uno se siente como en una prisi?n. Era abierto, tranquilo, se ve?a el cielo, y estaba lleno de luz. Ten?a techos altos y la brisa soplaba por los pasillos.

En uno de sus costados hab?a un jard?n con palmeras. El ?nico sonido que se o?a era el de una fuente de agua. Se pod?a comer un plato ligero o tomar una cerveza en paz. Se pod?a conversar. Pero ahora, cuando me sent?, descubr? con tristeza que sobre las columnas de concreto que separan el restaurante del jard?n hab?an puesto tres televisores. Nadie los miraba. La gente com?a en silencio, acobardada por el ruido.

Las noticias, sin pedir permiso, salpicaban los platos: miles de muertos en desastres causados por huracanes, accidentes a?reos, atentados, explosiones, incendios. Para hablar, hab?a que gritar.

Mientras almorzaba a marchas forzadas en medio del bullicio, pens? en el manual de instrucciones del interruptor TV-B-Gone de Mitch que dice: "Este aparato tiene la ?nica funci?n importante de un control remoto y la m?s ben?fica: poner su televisor en OFF.

La vida es ir?nica: ?para poner fin a ese suplicio s?lo me faltaban 15 d?lares!.

Creo que el interruptor de Mitch Altamn es uno de los m?s grandes inventos del siglo XXI.

Su difusi?n puede tener consecuencias insospechadas: si de pronto todas las pantallas dejan de funcionar muchos pap?s tendr?n que empezar a educar a sus hijos y hablar con ellos. Si el televisor que se apaga es el de la alcoba, puede suceder algo peor: las parejas tendr?n que enfrentar un silencio que puede resultar embarazoso. Tendr?n que mirarse a los ojos, de vez en cuando, y hasta hablar. Todo un peligro, al alcance de muchos bolsillos, por tan s?lo 15 d?lares.

Publicado por mario.web @ 23:19
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