Jueves, 05 de mayo de 2011
Comenz? con las sufragistas inglesas del siglo XIX, continu? defendiendo una educaci?n equiparable a la que recib?an los muchachos, un trabajo, un sueldo... En s? mismas, estas primeras aspiraciones no eran directamente contrarias a la fe ni a la moral ca
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"Feminismo" cat?lico



La autora, profesora universitaria, establece la diferencia entre las justas revindicaciones de los derechos de la mujer, que son derechos no en virtud del sexo, sino en funci?n de la dignidad por ser persona, y la manipulaci?n, que aprovechando injusticias reales sufridas por el sexo femenino, hacen grupos de presi?n que lo que buscan es romper el orden natural.


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El gran fraude del "Feminismo".
Por "Feminismo" se entiende un movimiento social y pol?tico que postula la igualdad de los derechos de las mujeres y los hombres.


Comenz? con las sufragistas inglesas del siglo XIX, continu? defendiendo una educaci?n equiparable a la que recib?an los muchachos, un trabajo, un sueldo... En s? mismas, estas primeras aspiraciones no eran directamente contrarias a la fe ni a la moral cat?lica. ?C?mo es posible que hayan acabado pidiendo aberraciones tales como el derecho al aborto o a la esterilizaci?n?.

Desde el principio, todas las reivindicaciones tomaban como bar?metro o punto de referencia los derechos del hombre: ?Pedimos el derecho al voto como los hombres!, ?un trabajo remunerado como el de los hombres!, etc. Seg?n se iban logrando objetivos, se ped?a m?s y m?s, hasta que se ha llegado a un punto en el que se entra en conflicto con la diferenciaci?n sexual m?s obvia. La mujer rechaza la carga de la maternidad porque los hombres no la tienen. Reivindica su derecho a un embarazo optativo, a "ser due?a de su cuerpo" , a desarrollar su personalidad y sus aspiraciones sociales y econ?micas, "a realizarse" como dicen, antes de ser madre. El movimiento feminista ha terminado por rechazar lo m?s caracter?sticamente femenino y por frustrar la vocaci?n natural de la mujer.

De esta manera el "Feminismo" ha terminado por defender una doctrina mucho m?s machista que cualquiera de las culturas y sistemas ideados por los hombres. As? es, pues no existe mayor elogio que la imitaci?n. Si una persona admira tanto a otra que trabaja y se esfuerza para llegar a parecerse a ella, y se hace violencia a s? misma para conseguir ponerse a la altura de su modelo, ?no est? dando la mayor prueba de admiraci?n que existe?.



La mujer es diferente del hombre.
En esta discusi?n se ha llegado a una confusi?n tal que es necesario empezar por establecer la definici?n de los t?rminos.

El ser humano, en sentido general, se define como animal racional. Animal porque posee un cuerpo con necesidades materiales; racional porque posee un principio vital de numerosas facultades, que est?n o debieran estar subordinadas al m?s perfecto modo de conocimiento que tienen los seres materiales, el conocimiento racional.

Ahora bien, el ser humano como tal no existe, no es m?s que el nombre de la especie, que se singulariza o materializa de m?ltiples maneras, ninguna de las cuales constituye en su esencia al hombre. Una de esas concreciones accidentales es el sexo. Ya Arist?teles se preguntaba cu?l es la importancia de esta caracter?stica para el ser humano. La respuesta que da en su Metaf?sica no puede ser m?s clara:

Las contrariedades que est?n en el concepto producen diferencia espec?fica, pero las que est?n en el compuesto con la materia no la producen. Por eso del hombre no la produce la blancura y la negrura, y no hay diferencia espec?fica entre hombre blanco y hombre negro... El ser macho y el ser hembra son ciertamente afecciones propias del animal, pero no en cuanto a su substancia, sino en la materia y en el cuerpo.

En otras palabras los sexos, como el color de la piel, son para ?l algo de la materia, no de la forma o de la esencia del hombre. Hombre y mujer cuentan con los dos elementos, cuerpo y raz?n, que los definen como seres humanos.

Sin embargo, al estar alma y cuerpo substancialmente unidos, nada tiene de extra?o que el ser mujer u hombre conlleve diferencias accidentales en ambos elementos: la anatom?a -y la simple evidencia- ense?a que el cuerpo del hombre no es igual al de la mujer y que cada uno est? capacitado para funciones muy distintas. Por su parte, de manera mucho menos probatoria y clara, bas?ndose s?lo en la estad?stica, la psiquiatr?a explica que los procesos mentales de la mujer y del hombre difieren, pero que ambos pueden llegar a las mismas conclusiones y desarrollo, pues aunque sean distintos sus m?todos, poseen la misma capacidad.

El ?ltimo t?rmino de esta controversia es la palabra "diferente". Quiere decir desigualdad, disparidad entre dos o m?s elementos. Pero no implica que uno sea mejor que otro. Es un adjetivo relativo, no cualitativo; s?lo designa la no identidad de algunos aspectos accidentales entre hombre y mujer, pero no conlleva un juicio de valor sobre el sustantivo al que acompa?a. Adem?s, expresa una relaci?n rec?proca entre los dos t?rminos: si uno es diferente de otro, ?ste ser? tambi?n diferente de aqu?l. En cambio, si uno fuera inferior a otro, ?ste no ser?a inferior a aqu?l.

Entender que la proposici?n "la mujer es diferente del hombre" es lo mismo que "la mujer es inferior al hombre" constituye un salto sof?stico sin fundamento l?gico. Este error que comete el "Feminismo" moderno, debiera llevarnos a dudar de la bondad de su fundamento.

Admitida, pues, la esencial identidad de hombre y mujer se entiende tambi?n la identidad de su fin o destino, que no es otro que la salvaci?n. Este punto es fundamental para entender la postura de la Iglesia Cat?lica en esta cuesti?n que, por su virulencia, ha dado en llamarse "la guerra de los sexos". Los Mandamientos de la Ley de Dios son comunes para todos los seres humanos, no existen los Diez Mandamientos del Hombre ni los Diez Mandamientos de la Mujer; son los mismos y han de obedecerse cada uno en su estado y condici?n. Las Bienaventuranzas, las Virtudes y los Vicios, el Cielo y el Infierno son los mismos para ambos sexos. Ante el Juicio de Dios, los hombres y las mujeres son iguales.


Deber de estado.
Sin embargo, cada uno debe perseguir el mismo fin ?timo seg?n su vocaci?n y seg?n las condiciones que Dios le ha dado. En otras palabras, cada cual tiene que atender a su deber de estado. ?Qu? tiene que ver con esto la diferencia sexual? Si no me equivoco, tal disparidad, desde el punto de vista de la doctrina cat?lica estricta, s?lo tiene que ver con la vocaci?n religiosa y con el matrimonio. En lo dem?s la Iglesia no parece meterse: que una mujer quiere ser general de carabineros, alba?il de primera o levantadora de pesos en una feria, all? ella. Con tal de que se guarde la decencia necesaria no pone m?s inconvenientes la doctrina cristiana m?s inconvenientes que los que ofrecer? la propia naturaleza.

El aut?ntico problema reside en el matrimonio y en la familia que es donde se plantea con toda su crudeza la llamada "guerra de los sexos". Ah? es donde se confluyen todos los factores arriba enumerados, hasta que por remota influencia marxista se ha acabado por concebir la complementariedad matrimonial como enfrentamiento similar a la lucha de clases.

Y para concebir adecuadamente el problema que a diario viven los matrimonios, entre el trabajo de los c?nyuges, o de uno de los dos, fuera de casa y las tareas dom?sticas, creo que basta con enunciar el principio fundamental al respecto: nadie est? obligado al matrimonio, pero una vez casados su obligaci?n de estado ya no es la de la profesi?n, sino la que se sigue de su condici?n de casados (a no ser que un bien mayor exija otra cosa).

Esto se complementa con otra idea muy contraria al esp?ritu moderno: el ?xito personal entendido como reconocimiento p?blico de la labor individual es il?cito perseguirlo por s? mismo, y m?s a?n en el caso de que ello perturbe el fin de los casados.

Para entender esta doctrina, que podr?a servir de fundamento a un "Feminismo" cristiano, no es malo recordar por qu?, con independencia de las corrientes hoy jaleadas por los medios de comunicaci?n, la familia y dentro de ella las tareas de procreaci?n y educaci?n de la prole deben prevalecer sobre los intereses individuales de los c?nyuges.



La familia, c?lula de la sociedad.
Uno de los principios fundamentales de la doctrina tradicional es el de defender la supremac?a de la sociedad sobre el Estado que suele resumirse en el conocido lema "M?s Sociedad y menos Estado". El Estado no es m?s que la organizaci?n de la sociedad y debe servirla, no al rev?s. Queda as? reconocida la primac?a natural del hombre sobre el Estado.

A su vez, el hombre, que es un ser sociable, ordena sus relaciones en varios ?rganos o cuerpos intermedios a partir de la familia. Es en la familia donde se forman los individuos que integran la sociedad y el Estado. Es decir, la familia es la base de la sociedad y de toda su organizaci?n, incluyendo, en ?ltimo t?rmino, al Estado.

Si la familia juega ese papel fundamental en la sociedad, entonces, siguiendo el orden natural establecido por Dios, la doctrina tradicional reconoce la importancia de la mujer. Por obvias necesidades primarias es la madre la que est? m?s cerca del hijo en los primeros a?os de vida. Y todos los psiquiatras, psic?logos y pedagogos coinciden en afirmar que estos primeros a?os son decisivos en la vida de cada persona. Es el per?odo en que se adquieren las nociones generales del mundo en el que han de vivir, cuando se aprenden unos principios morales b?sicos seg?n los cuales se ordenar? la educaci?n y se adquieren unos primeros h?bitos con los que se conformar? la personalidad del hijo.

Durante estos primeros a?os que se pasan en el hogar se ponen los fundamentos de toda educaci?n de cada individuo que el d?a de ma?ana integrar? la sociedad y el Estado. Los ni?os de hoy son el futuro de cada naci?n. Es decir, la educaci?n es una cuesti?n fundamental para la sociedad y el estado. As? lo afirma cualquiera al que se le pregunte, y de hecho, ?sta es la raz?n de que los programas educativos sean uno de los puntos de debate constantes en los programas pol?ticos.



Falta de valoraci?n social.
Sin embargo, el educador, el responsable de esa importante tarea, no recibe esa consideraci?n. Los mismos que reconocen la importancia de la educaci?n afirman poco despu?s que la mujer debe ser rescatada de la esclavitud que supone ocuparse de la formaci?n de sus hijos. No se dan cuenta de que caen en una flagrante contradicci?n: la educaci?n y formaci?n es una labor necesaria y excelsa pero la mujeres que se dedican a ello son despreciadas por la sociedad. Algo tan absurdo como si pretendi?ramos llegar justo a tiempo de salvar a un pr?ncipe de ser rey o a un obispo de ser Papa.

?Por qu? es valorada una profesora que ense?a un ?rea especializada de conocimiento a muchos alumnos unas horas a la semana y en cambio, esa misma mujer cuando dedica muchas m?s horas a la formaci?n integral de su hijo sobre todos los aspectos de la vida s?lo recibe desprecio, m?s o menos velado? Y no digamos en el caso de las madres que no trabajan fuera de casa.

El criterio nace en parte de razones econ?micas, pero sobre todo en la b?squeda del ?xito: la mujer que tiene una profesi?n fuera de casa recibe un salario y c?mo tal, es tomada en consideraci?n por la sociedad. En cambio, las horas que dedica a su familia no las remunera nadie y no cotizan en la Seguridad Social, por tanto la sociedad no las valora. Y lo grave es que no s?lo la sociedad, sino ella misma s?lo se "siente realizada" cuando desempe?a su profesi?n y todo el tiempo que emplea en sus obligaciones como madre y esposa y ama de casa le parecen horas robadas a su verdadera funci?n.

Las causas de esta alteraci?n de valores son m?ltiples: entre ellas, la ?o?a conciencia rom?ntica que en el siglo XIX (del que nada bueno ha salido) hizo de la mujer un objeto d?bil, decorativo y algo tonto. A ello se uni? en esa misma ?poca la transformaci?n social que produjo la concepci?n pol?tica que centraliz? todo el poder en manos de un todopoderoso Estado. La educaci?n estatalizada llevada a cabo contra la Iglesia y las prerrogativas de los padres, el trabajo asalariado propio del capitalismo, la valoraci?n suprema del ?xito individual nacida de la sociedad protestante; todo ello contribuy? a despreciar las tareas propias del hogar y a la vocaci?n familiar.

De todas estas obligaciones el hombre se liber? creyendo que con traer el salario a casa y mantener econ?micamente a la familia ya cumpl?a con sus deberes de estado. Adem?s, todo el tiempo que no dedicaba a su profesi?n, procuraba emplearlo en cultivar una vida social completamente ajena al entorno familiar.

Quiz? el ejemplo m?s expresivo sean los Clubes ingleses del XIX... No es simple casualidad que precisamente en la Inglaterra del XIX donde triunf? el movimiento Feminista, que utiliz? como pretexto el derecho al voto de las mujeres.

Si el hombre hab?a podido liberarse de todas esas tareas que ?l mismo hab?a conceptuado de denigrantes, la mujer reclamaba el mismo derecho: los hijos quedaban a cargo de institutrices o de internados, la casa la atend?a el servicio ?naturalmente, esta "liberaci?n" s?lo pod?an conseguirla los que ten?an recursos econ?micos suficientes- y los c?nyuges quedaban libres para "realizarse" y cultivar sus intereses, cada uno por su lado.

La sociedad se horroriz? de los resultados de su propia actitud: el desprecio de las obligaciones que conlleva el matrimonio conduc?a irremediablemente a la destrucci?n de la familia. De ah? la reacci?n airada de los pol?ticos y de los prohombres de la Inglaterra del XIX.



"Feminismo" cat?lico.
Contra estos valores y usos sociales err?neos, el "Feminismo" se propuso como la soluci?n.

Desgraciadamente el t?rmino feminista est? tan corrompido que todo el mundo lo asocia con esas reivindicaciones antinaturales y contrarias a la moral que terminan necesariamente en el rebajamiento de todo aquello que es caracter?stico de la mujer. Es decir, la soluci?n es peor que el problema.

Todos los que no est?n de acuerdo con exigencias tales como el aborto, rechazan esa postura extrema, pero se contentan con un "Feminismo" aguado, sin base doctrinal definida. Es ese "Feminismo" vergonzante, pues ni siquiera admiten la etiqueta de "Feminismo", que se limita a celebrar el "D?a de la Mujer trabajadora" -el 8 de Marzo- o exigir un porcentaje de candidatas femeninas en las listas de los partidos -lo cual en realidad es denigrante, pues ocupan esos puestos por ser mujeres, no porque sean capaces de desempe?arlo: un recurso propagand?stico m?s - y que contabiliza como ?xito importante el lanzar una campa?a de carteles con el lema "A partes iguales".

Estas dos versiones del "Feminismo" son incorrectas, aunque en distinto grado, pues la extrema es activa, la intermedia es pasiva.

Pero debe existir una respuesta correcta a este problema. Y es una tercera postura, que a?n no est? articulada como tal, incluso ni siquiera tiene nombre y que, provisionalmente, podr?a llamarse "Feminismo" cat?lico o tradicional.

Este "Feminismo" Cat?lico consiste en aplicar el principio cristiano de igualdad entre ambos sexos a la sociedad, poner en pr?ctica la doctrina de la Iglesia Cat?lica. Debe centrarse en defender a la familia, pues ha sido el objeto principal de los ataques, tanto por parte del desprecio de una sociedad individualista y economicista, como por parte del "Feminismo" extremo que rechaza la maternidad y las obligaciones que conlleva, porque precisamente ?sa es la caracter?stica que diferencia a la mujer del hombre.

Por tanto, es necesario desterrar todo ese desprecio social, comenzando por los complejos inconfesados de las propias mujeres. Dos caminos deben seguirse: el primero consiste en reivindicar y difundir la valoraci?n positiva de la maternidad, la dedicaci?n a la formaci?n los hijos y las tareas del ama de casa en la sociedad actual; y el segundo, en transmitir estos mismos valores cat?licos a los ni?os y j?venes de hoy, que ser?n la sociedad del ma?ana .

La relevancia de esta defensa s?lo se calibra adecuadamente si se tiene en cuenta que la consecuencia inmediata de la denigraci?n de la instituci?n familiar es la desaparici?n del orden social cat?lico.


Publicado por mario.web @ 23:49
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