Viernes, 06 de mayo de 2011

Fuente: www.iesvs.org
Autor: Daniel Arasa

Hacemos proselitismo de todo lo que nos gusta, nuestro m?dico, nuestro equipo de f?tbol... pero no de nuestra fe.

Los partidos pol?ticos se mueven sin descanso para incrementar su militancia y captar votos. Los directivos de un club de f?tbol cantan las excelencias de su afici?n y buscan m?s socios y jugadores. Todas las ONGs tratan de arrastrar voluntarios o colaboradores.

El vendedor de televisores o de coches expone las maravillas de su marca frente al producto de la competencia. La cocinera que ha creado un plato lo postula en las conversaciones al igual que el ciudadano ilusionado por su tierra explica sus bellezas.

El profesional de la ingenier?a vibra con los descubrimientos t?cnicos o el cin?filo con los films.

El enamorado cuenta extasiado las virtudes de su novia o esposa. Y quien ha conseguido una ganga en unas rebajas lo comunica a familiares y amigos para que puedan aprovecharla al igual que la se?ora cuyos pies la torturaban da a conocer a sus amigas que encontr? un excelente m?dico que acab? de forma indolora con sus juanetes.

Caben mil ejemplos similares. Y es que todos hacen, absolutamente todos hacemos, nuestro ?apostolado?. Que no es otra cosa que comunicar a otros aquello de lo que estamos convencidos, que nos entusiasma, que nos satisface, que nos alegra, o que consideramos bueno.

No s?lo lo difundimos sino que incluso hacemos proselitismo de ello, que tampoco es distinto a querer que los dem?s aprovechen lo que consideramos muy bueno para nosotros y estamos convencidos que lo ser? tambi?n para ellos.

Nos parece perfectamente normal dar a otros el tel?fono del m?dico que nos ha curado, aconsejar la novela con la que disfrutamos, el restaurante con buena relaci?n calidad-precio, proponer que voten a determinado partido porque resolver? mejor determinado asunto o incitar a otros a defender con vehemencia la camiseta de nuestro equipo.

Aceptamos con absoluta normalidad el ?apostolado?, el ?proselitismo?, en todos los asuntos de la vida pero resulta que, a menudo, lo que no comunicamos, lo que no estamos dispuestos a defender, aquello por lo que no movemos un dedo para atraer a otros es nuestra fe, lo que es la base de nuestra vida, la fuente b?sica de nuestra felicidad. Aunque, al menos en teor?a, lo consideramos infinitamente m?s importante que lo dem?s.

Todos los cristianos tenemos vocaci?n apost?lica, que no es exclusiva de sacerdotes y religiosos. Sin embargo, nos falta a menudo vibraci?n, como si no estuvi?ramos convencidos de que si atraemos a otros a Cristo van a ser m?s felices aqu?, y luego en el Cielo.

En algunos ?mbitos eclesi?sticos o de seglares pr?ximos a ambientes clericales se ha difundido, adem?s, un elemento adicional: la renuncia expl?cita a atraer a otros hacia el Catolicismo.

Se argumenta que hay que respetar la religi?n de los dem?s, que si nosotros hubi?semos nacido en tal o cual pa?s tendr?amos tal otra religi?n, que si uno es buena persona tanto da, que nadie tiene la verdad, que no hay que ser intransigentes sino abiertos, y tantas cosas m?s.

Es incuestionable que hay que respetar la religi?n de los dem?s, tratarles con cari?o, colaborar con ellos en muchas cosas, dialogar, que no cabe emplear violencia ni enga?o, que si el otro act?a de buena fe con su religi?n podr? salvarse, ..., pero esto no significa que todas las religiones sean iguales.

Es una trampa f?cil en nuestra sociedad relativista, de pensamiento d?bil, en la que muchos creen que no hay Verdad, sino como mucho ?verdades?, cada uno la suya, sin que sea mejor una que otra.

Tal concepci?n no es un matiz sino algo de m?s enjundia de lo que a primera vista parece. Aceptar que todas las religiones son iguales y que tanto da una como otra significa, en primer lugar, no creer que Jesucristo vino para salvar a los hombres. Sus contempor?neos ya ten?an sus religiones. Si todas son iguales era innecesaria la Encarnaci?n, la muerte en cruz.

Y afirmar que no hay que hacer apostolado, proselitismo, es, por ejemplo, echar en cara a los misioneros de hoy y de todos los tiempos que su vida y su entrega es absolutamente in?til porque el Cristianismo que ellos llevan no es ni mejor ni peor que la religi?n que tienen los pueblos a los que van.

Que haya que adaptar las formas de apostolado y proselitismo a las situaciones y momentos espec?ficos es cosa distinta. Habr? lugares en que pueda hacerse abiertamente, aqu? ser? necesario atender antes las necesidades materiales, all? ense?ar la doctrina, en otros puntos limitarse a dar testimonio. Pero teniendo claro siempre que el objetivo final es atraer a aquella o aquellas personas a Cristo.

En todos los planos de la vida los ?nicos que no son proselitistas son los acomplejados, los ab?licos, los depresivos. Unas enfermedades que parece han hecho mella en bastantes cristianos supuestamente convencidos. Un cristiano, un cat?lico, que no es apost?lico, que no es proselitista, muestra que no vibra por su fe. El proselitismo, respetuoso ciertamente, es lo m?s natural, perfectamente ecol?gico.


Publicado por mario.web @ 0:53
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios