Viernes, 06 de mayo de 2011
Palabras de introducci?n dirigidas por el cardenal Antonio Mar?a Rouco Varela, presidente de la Conferencia Episcopal Espa?ola y arzobispo de Madrid, a la conferencia que pronunci? este jueves el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, sobre "Los
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Cardenal Rouco: El compromiso de la Iglesia con los Derechos Humanos
Cardenal Rouco: El compromiso de la Iglesia con los Derechos Humanos
Introducci?n a la conferencia del cardenal Bertone en Madrid

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Eminencia,
Se?ores Cardenales y Obispos,
Se?oras y Se?ores:

Sean mis primeras palabras en nombre de los Obispos de la Conferencia Episcopal Espa?ola de bienvenida cordial y fraterna al Se?or Cardenal Secretario de Estado a esta sede de la Conferencia Episcopal Espa?ola, inaugurada por el Siervo de Dios, el inolvidable Juan Pablo II, despu?s de su llegada a Madrid el 31 de octubre del a?o 1982, como el primer acto oficial de aquella primera, larga e inolvidable visita a Espa?a del 31 de octubre al 9 de noviembre de 1982. Ven?a como "Testigo de Esperanza" y guardamos su memoria, no sin emoci?n viva y agradecida, en nuestros corazones. De nuevo visitar?a esta casa para hablar a los Obispos espa?oles el 15 de junio de 1993 con motivo de su cuarta y pen?ltima visita apost?lica a Espa?a con ocasi?n de las conmemoraciones del V Centenario de la Evangelizaci?n de Am?rica.

Palabras tambi?n de sentida gratitud, querido Sr. Cardenal, por haber aceptado nuestra invitaci?n a presidir el acto con el que la Conferencia Episcopal Espa?ola quer?a unirse a las iniciativas de la Santa Sede con motivo de la conmemoraci?n del LX Aniversario de la aprobaci?n de la "Declaraci?n Universal de los Derechos Humanos" el 10 de diciembre de 1948 en las Naciones Unidas.

Nuestro saludo y nuestra gratitud se dirige tambi?n a todos ustedes, personalidades de los distintos ?mbitos de nuestra vida social, que han tenido la deferencia de responder a nuestra invitaci?n para este solemne acto en n?mero y cualificaci?n tan notables.

La "Declaraci?n Universal de los Derechos Humanos" hab?a sido aprobada cuando la humanidad estaba saliendo de la hora quiz? m?s oscura y tr?gica de su historia. Se trataba de abrir un camino jur?dico universal para labrar y garantizar el futuro de la paz mundial, asegurando por la v?a jur?dica del derecho internacional el reconocimiento y cumplimiento universal de los derechos de la persona humana por parte de la comunidad internacional y de cada uno de sus Estados miembros.

La "Declaraci?n Universal de los Derechos Humanos", hito excepcional en la historia de la conciencia ?tica y jur?dica de la humanidad, inauguraba, sin duda, un nuevo cap?tulo de la misma. La propia organizaci?n de las Naciones Unidas promover?a desde el primer momento su desarrollo y puesta en pr?ctica. El primer y m?s importante resultado de este esfuerzo pol?tico y jur?dico cuajar?a en la aprobaci?n por la Asamblea General el 16 de diciembre de 1966 del "Pacto Internacional de Derechos Econ?micos, Sociales y Culturales" y del "Pacto Internacional de Derechos Civiles y Pol?ticos". El ?xito de la Declaraci?n en el terreno formal jur?dico del nuevo derecho constitucional que se va imponiendo a lo largo y a lo ancho del mundo despu?s de la II Guerra Mundial es muy grande, al menos en la letra de los textos de las leyes constitucionales aprobadas. En realidad, desde esa fecha del 10 de diciembre de 1948 hasta hoy mismo, se fue haciendo impensable un ordenamiento legal de la constituci?n pol?tica del Estado, de cualquier Estado, que no incluyese como elemento esencial el reconocimiento de los derechos humanos. No fue tan claro y exhaustivo su ?xito en el campo de su aplicaci?n pr?ctica. De las previsiones y prescripciones normativas, fuese cual fuese su rango formal-jur?dico, a su aceptaci?n y observancia en el campo de la vida social y personal diaria, se daba -y se continuar? dando- no sin frecuencia lamentable un largo trecho. En la pr?ctica constitucional de ?reas geopol?ticas completas, hasta la ca?da del Muro de Berl?n el 9 de noviembre de 1989, no se logr? por parte de los Estados alcanzar el m?nimo de aquellas garant?as substantivas y procesales que permitiesen hablar de una recepci?n elemental de los Derechos Humanos proclamados por las Naciones Unidas. Hoy es el d?a en el que no se ha conseguido a?n establecer un sistema de garant?as eficaces del cumplimiento de los derechos fundamentales del hombre ni por la v?a del derecho interno de todos los Estados que forman el mapa geopol?tico mundial, ni tampoco por la propia v?a del derecho internacional. El trecho cultural, ?tico y espiritual que tienen que recorrer actualmente las sociedades y las personas en la asimilaci?n existencial y viva del respeto a la dignidad inviolable de la persona humana y de sus derechos es todav?a muy grande. El fen?meno del hambre y de la pobreza en el mundo, agravada por la crisis econ?mica, sigue ensombreciendo el presente y el inmediato futuro de la familia humana. El derecho a la vida, los derechos relativos al matrimonio y a la familia y el derecho a la libertad religiosa atraviesan momentos de incertidumbre no s?lo pr?ctica, sino tambi?n te?rica. El problema de una fundamentaci?n intelectual de los derechos de la persona humana capaz de poner al abrigo de oscilaciones y veleidades hist?ricas su legitimidad y vigencia ?tica y prepol?tica, anteriores a su formalizaci?n positiva en el ordenamiento jur?dico del Estado, sigue abierto y acuciante. El jusnaturalismo filos?fico y teol?gico, que influy? tanto en su explicaci?n doctrinal en los a?os cincuenta y comienzos de los sesenta del pasado siglo, ha ido cediendo el paso a variados juspositivismos de nuevo cu?o.

La Iglesia acogi? y apoy? desde el primer memento, doctrinal y pastoralmente, la Declaraci?n Universal de los Derechos Humanos, en cuya ra?z hist?rica era f?cil descubrir el influjo del pensamiento de sus m?s preclaros te?logos y juristas de la Escuela de Salamanca. La actuaci?n del Magisterio Pontificio fue decisiva al respecto. Desde la acogida inmediata y calurosa que P?o XII le prest? a la Declaraci?n, explicitada y desarrollada por extenso en las dos famosas Enc?clicas "Mater et Magistra" y "Pacem in Terris" del Beato Juan XXIII, hasta el Pontificado de nuestro Santo Padre Benedicto XVI, se despliega toda una l?nea doctrinal de ense?anza social que tiene como momento culminante el Concilio Vaticano II y que se expresa con una creciente y luminosa claridad doctrinal y con una no menos creciente fuerza moral y espiritual por Pablo VI y por el prolongado y vigoroso Magisterio Social de Juan Pablo II. Los principios doctrinales ense?ados por el Concilio Vaticano II en la Constituci?n Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual "Gaudium et Spes" acerca de la dignidad de la persona humana, sobre el matrimonio y la familia, el mundo de la cultura y del trabajo, de la comunidad pol?tica y del orden internacional, concretados de forma incisivamente renovadora en la Declaraci?n sobre la libertad religiosa "Dignitatis Humanae" y sobre la educaci?n "Gravissimum educationis", constituir?n la base teol?gica y el eje sistem?tico de la doctrina pontificia ulterior sobre los derechos fundamentales de la persona humana y sobre la verdad y el valor de la noci?n de bien com?n. El proceso hist?rico contempor?neo de la formaci?n de esta doctrina social de la Iglesia, girando en torno al imperativo antropol?gico y moral de los derechos humanos, fue acompa?ado por un compromiso de vida y misi?n con el respeto, la defensa, promoci?n activa de la persona humana y de sus derechos fundamentales en cualquier tiempo y lugar en los que se encontrasen violados y menospreciados. La entrega generosa y sacrificada de tantos sacerdotes, consagrados y consagradas y de fieles laicos a la causa de los m?s desfavorecidos en cualquier parte del mundo est?n bien a la vista de las personas de buena voluntad.

Este compromiso contempor?neo de la Iglesia Cat?lica con el reconocimiento cultural y moral, prepol?tico, de los derechos humanos, te?rico y pr?ctico, y de su respuesta filos?fico-teol?gica a la grande y actual cuesti?n de sus fundamentos doctrinales ha encontrado en el Magisterio y en las orientaciones pastorales de nuestro Santo Padre Benedicto XVI un nuevo y extraordinario momento de iluminaci?n intelectual y de su comprensi?n y puesta en pr?ctica en las actuales y cr?ticas circunstancias del momento presente de la Humanidad. Nadie mejor ni m?s autorizadamente podr?a hablarnos y exponernos las l?neas maestras de su pensamiento y de su acci?n apost?lica en esta materia tan sensible, urgente y decisiva para el presente y el futuro de la humanidad en justicia, solidaridad y la paz que su m?s estrecho colaborador en el gobierno pastoral de la Iglesia Universal, su Secretario de Estado, Su Eminencia el Cardenal Tarcisio Bertone. Su biograf?a acad?mica y pastoral, por otra parte, vinculada en los primeros y fecundos a?os de su juventud y madurez sacerdotal y de religioso salesiano a la ense?anza universitaria del derecho p?blico eclesi?stico y del derecho Internacional en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma, del que fue su Rector Magn?fico, y en el ejercicio de su ministerio episcopal como Arzobispo de Vercelli, primero; luego, como Secretario de la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe y, finalmente, como Cardenal de la Santa Iglesia Romana y Arzobispo de G?nova, le han capacitado cualificadamente para esa tarea de servicio tan excepcional, vinculado al Papa y a la difusi?n privilegiada de su Magisterio.

Por todo ello, Eminencia Reverend?sima, perm?tame concluir estas palabras de saludo, reiter?ndole nuestra calurosa y fraternal bienvenida a la sede de esta Conferencia Episcopal y de agradecimiento sentido y cordial. ?Muchas gracias, Eminencia!

Madrid, 5 de febrero de 2009

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Publicado por mario.web @ 1:30
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