Viernes, 06 de mayo de 2011
La incongruencia entre fe cristiana y vida social es uno de los signos de la fragilidad humana
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Cat?licos en la pol?tica: la importancia de la congruencia
Cat?licos en la pol?tica: la importancia de la congruencia
Todos somos limitados y cometemos continuamente faltas que traicionan nuestra identidad como creyentes en Cristo. San Pablo, con gran realismo, confiesa que frecuentemente no hace el bien que quiere y, por el contrario, hace el mal que aborrece. Esta expresi?n muestra que la condici?n humana no ha cambiado mucho en veinte siglos. Ayer y hoy los cristianos fallamos y, por lo tanto, estamos necesitados de una ayuda gratuita m?s grande que nuestras fuerzas, que nos permita corregir y continuar.

La incongruencia no s?lo afecta nuestra relaci?n de amistad con Dios. Existe tambi?n una dimensi?n de la incongruencia que, si bien es secundaria, resulta sumamente relevante desde un punto de vista cristiano-misional y pol?tico: lo que hace cre?ble a la fe y a las propuestas sociales inspiradas en ella es precisamente el testimonio que los actores brindan de que es posible vivir de acuerdo con Cristo y con los valores que se desprenden de su encuentro.

La mercadotecnia, por eficaz que sea, no puede lograr lo que realiza la coherencia entre fe y vida. La coherencia fe-vida muestra precisamente que la vida puede configurarse de modo diverso a la l?gica del poder. Adem?s, la coherencia genera confianza y la confianza es una realidad cualitativa sin la cual la vida social naufraga. Vale la pena insistir: un apasionado y emotivo discurso, un magn?fico ?plan estrat?gico?, un rostro resuelto en un cartel de propaganda no pueden sustituir el mensaje que transmite la vida entera transformada por Cristo.

De nosotros depende la credibilidad del Evangelio

Los cat?licos involucrados en actividades pol?ticas no podemos olvidar este aspecto fundamental. La credibilidad de la dimensi?n social del Evangelio se juega en cierto grado en nuestra coherencia personal, en nuestro testimonio privado y p?blico.
Por esto puede ser muy grave que quienes hemos encontrado a Cristo poco a poco lo coloquemos en un papel secundario ?meramente ?motivacional?? al momento de actuar en la vida p?blica. M?s grave a?n es el caso de quienes, al momento de decidir, subordinan las exigencias ?ticas de la fe al pragmatismo de la racionalidad puramente instrumental.

Un triste ejemplo

Un ejemplo puede ilustrar un poco esta situaci?n:

Hace no mucho, el cat?lico dirigente municipal del Partido y su equipo promovieron la realizaci?n de un espect?culo con desnudistas profesionales para recaudar fondos. Esto, que de suyo implicaba una contradicci?n con el humanismo pol?tico de inspiraci?n cristiana que habita en su declaraci?n de principios, se complic? a?n m?s cuando el gobernador, cat?lico confeso, prest? una instalaci?n p?blica para 5000 personas con el fin de realizar dicho evento. El lleno fue total.

El argumento partidista no pod?a haber sido m?s d?bil: ?no pod?amos retractarnos porque tendr?amos que haber pagado una multa?. El argumento del gobernador fue: ?todos los ciudadanos tienen derecho de organizar eventos y, en su caso, de utilizar instalaciones p?blicas... Adem?s: no hay que ser tan mochos, ser?a m?s da?ino el oponerse?.

En efecto, los espect?culos con desnudistas pueden no gustar a algunas sensibilidades que por motivos ?ticos o religiosos afirman el valor de la dignidad de la persona, del matrimonio y de la familia. Es razonable pensar que un gobierno humanista ha de tolerar muchas cosas que suceden en la sociedad y que afectan al bien com?n (incluidos muchos tipos de espect?culos con desnudos).

No se pueden combatir todos los males sociales de una vez. El m?s elemental realismo pol?tico debe de acompa?ar siempre a un gobernante o a un dirigente partidista cat?lico en estos temas.
Sin embargo, lo que rebasa las fronteras de la tolerancia y se vuelve complicidad es precisamente la colaboraci?n activa con algo que, en conciencia, se sabe un mal: no est? bien promover activamente un evento que lastima la dignidad de las personas, del amor, del matrimonio, de la familia, con tal de obtener (o de no perder) dinero. No est? bien autorizar el uso de instalaciones p?blicas para algo que afecta el bien com?n.

En pol?tica es importante tener claro cu?les son los m?nimos ?ticos que es preciso respetar. Si el pol?tico es, adem?s, cat?lico, los m?nimos ?ticos son sumamente expl?citos a menos que c?nicamente se subordinen los contenidos b?sicos de la antropolog?a cristiana a los intereses del poder. Los m?nimos ?ticos no se pueden violar ni siquiera m?nimamente. Ellos coinciden con los absolutos morales, es decir, con esas pocas normas que no admiten excepci?n en ninguna circunstancia. Una aplicaci?n elemental de esta doctrina es: ?si eres cat?lico y haces pol?tica, tendr?s que tolerar muchas cosas malas que no puedas corregir, sin embargo, nunca has de colaborar activamente a su realizaci?n a menos que te encuentres en una situaci?n de estricto mal menor, es decir, si es totalmente imposible obrar el bien?.


La incongruencia entre la fe y la vida en los pol?ticos cat?licos lastima a la vida y lastima a la fe. El da?o es importante por motivos estrictamente religiosos y tambi?n por motivos estrictamente pol?ticos, ya que el anhelo de congruencia en nuestras sociedades, hoy m?s que nunca, es muy grande.

Tom?s Moro sab?a de las infidelidades de Enrique VIII con su amante Ana. Sab?a que un problema de vida privada pod?a tener consecuencias graves en el orden p?blico. Tom?s oraba por el Rey, por su conversi?n, y le ayudaba como canciller para que su ejercicio del poder fuera lo mejor posible. Sin embargo, m?s pronto que tarde, la vida privada desordenada de Enrique trascendi? al ?mbito p?blico. Cuando una fragilidad personal se transforma en acto de gobierno, en legislaci?n o en pol?tica p?blica el cat?lico no puede sino mostrar con claridad su propia convicci?n y actuar con coherencia.

Un cat?lico no puede secundar una acci?n intr?nsecamente mala y menos si ?sta afecta gravemente el bien com?n. La coherencia de vida de Tom?s tuvo consecuencias. El rey termin? conden?ndolo a muerte por no firmar un acta que implicaba la traici?n a su fe. Sin embargo, a trav?s de su muerte logr? mostrarnos que la vida puede ser de otro modo, puede responder a valores elevados, puede responder en el fondo a Cristo que antes ya hab?a dado su vida por todos.

El ?triunfo pol?tico? de Enrique al darle muerte a Tom?s fue tambi?n su derrota. Enrique VIII fracas? en su humanidad al darle muerte a su fiel colaborador. Por otro lado, Tom?s triunf? en un sentido real aunque no-pol?tico: afirm? con su vida que el poder no se basta a s? mismo sino que s?lo adquiere sentido cuando se pone al servicio de la verdad y de la bondad.

La congruencia entre fe y vida no es f?cil. A veces es dram?tica. Sin embargo, la gracia existe en nuestra historia precisamente para hacerla posible.

Publicado por mario.web @ 2:10
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