Viernes, 06 de mayo de 2011


Fuente: Catholic.net
Autor: German S?nchez Griese

El objetivo de la vida consagrada y la din?mica de los Ejercicios espirituales.
Con placer observamos como la mayor?a de las congregaciones religiosas femeninas han hecho parte de su modus vivendi el acudir cada a?o a los Ejercicios espirituales. Como un medio de renovaci?n se han hecho eco de las propuestas del Magisterio de la Iglesia cuando dice: ?La formaci?n continua es un proceso global de renovaci?n que abarca todos los aspectos de la persona del religioso y el conjunto del instituto mismo. Se debe realizar teniendo en cuenta el hecho de que sus diversos aspectos son inseparables y se influencian mutuamente en la vida de cada religioso y de cada comunidad. Son dignos de considerar los siguientes aspectos: la vida seg?n el Esp?ritu o espiritualidad: ?sta debe tener la primac?a porque incluye la profundizaci?n en la fe y en el sentido de la profesi?n religiosa. Se deben privilegiar los ejercicios espirituales anuales y los tiempos de reanimaci?n espiritual bajo diversas formas.? 1

Siendo tambi?n la vida del Esp?ritu una de las prioridades buscada y aconsejada por el Concilio Vaticano II ,2 nos damos cuenta que esta vida del esp?ritu viene a concretizarse para las personas consagradas en un seguimiento m?s cercano a Jesucristo. La vida del esp?ritu no es otra cosa que la vida de Dios en el alma de la persona y esta vida de Dios es la vida de Jesucristo. Vivir seg?n el esp?ritu, en contrapartida a vivir seg?n la carne de acuerdo al lenguaje paulino, no viene a ser sino vivir el esp?ritu de Jesucristo. Para la persona consagrada este esfuerzo por hacer propia la vida de Cristo tiene su culmen en lo que dice Juan Pablo II: ?Desde el momento que el fin de la vida consagrada consiste en la conformaci?n con el Se?or Jes?s y con su total oblaci?n, a esto se debe orientar ante todo la formaci?n. Se trata de un itinerario de progresiva asimilaci?n de los sentimientos de Cristo hacia el Padre.? 3 Es por tanto necesario que la persona consagrada sea consciente del itinerario que debe recorrer a lo largo de su vida. No son por tanto los trabajos, las funciones que desarrolla lo que dar? fundamento a su vida de mujer consagrada. No son las satisfacciones personales, los logros individuales o comunitarios, ni siquiera las obras de evangelizaci?n que pondr? en pie las que dar?n un sentido a su vivir como mujer consagrada. Es m?s bien su identificaci?n con Cristo, la que la har? feliz y la que la permitir? realizarse como mujer y sobretodo como mujer consagrada. En contra de las infiltraciones que se han dado en la vida religiosa femenina de un mal entendido feminismo en d?nde s?lo cuenta el trabajo humano y la relaci?n con Dios queda escondida en un segundo plano o dejado al libre albedr?o de cada mujer consagrada, la esencia de la consagraci?n debe llevar a la religiosa a buscar en cada momento el vivir de cara a Cristo, buscando identificar su actuar, su sentir y su pensar con el actuar, el sentir y el pensar de Cristo.

Para ello debe privilegiar en todo momento las circunstancias que m?s puedan ayudarle a conocer, amar e identificarse con Cristo. La vida le ofrece una maravillosa oportunidad para lograr esta identificaci?n, ya que ?la formaci?n permanente, tanto para los Institutos de vida apost?lica como para los de vida contemplativa, es una exigencia intr?nseca de la consagraci?n religiosa. El proceso formativo, como se ha dicho, no se reduce a la fase inicial, puesto que, por la limitaci?n humana, la persona consagrada no podr? jam?s suponer que ha completado la gestaci?n de aquel hombre nuevo que experimenta dentro de s?, ni de poseer en cada circunstancia de la vida los mismos sentimientos de Cristo. La formaci?n inicial, por tanto, debe engarzarse con la formaci?n permanente, creando en el sujeto la disponibilidad para dejarse formar cada uno de los d?as de su vida.? 4

Para que la mujer consagrada pueda tener la disponibilidad de dejarse formar por Cristo en cada una de las circunstancias que la vida le propone, es necesario que exista un conocimiento y una identificaci?n con Cristo, previa a dicha formaci?n permanente. Nadie puede lanzarse a la aventura de su propia formaci?n, si antes no conoce la meta a la cual debe llegar. La meta en este caso, lo hemos dicho, es configurarse, con Cristo, vivir la misma vida de Cristo.

Este vivir la vida de Cristo requiere de un doble movimiento que debe darse a lo largo de la vida: el conocer a Cristo y el hacer la experiencia de Cristo todos los d?as de la vida. Este vivir la vida de Cristo no se reduce por tanto a un momento en la formaci?n inicial, ni a un momento a lo largo de la vida. Es la suma de todos los momentos en los que la persona consagrada se esfuerza por configurarse con Cristo, tratando de asemejarse a ?l, esto es, tratando de vivir su misma vida y de tener sus mismos sentimientos. Para ello bien podemos subrayar dos momentos en los que se dar? esta identificaci?n con Cristo, el del conocimiento y el de la experiencia. Hablaremos por tanto de la importancia que tienen los Ejercicios espirituales para lograr este conocimiento y esta experiencia de Cristo.

Conocer el Cristo del evangelio y conocer el Cristo del carisma.

Conocer
Sin el conocimiento de Cristo no es posible que la persona consagrada pueda seguirlo m?s de cerca, ya que nadie sigue a quien no conoce. No en vano Jes?s, frente a la pregunta del San Juan, ?Se?or, ?en d?nde habitas??, le responde ?Venid y ver?is?. No es por tanto un seguimiento a ciegas, sino un seguimiento de quien ha conocido y se ha enamorado de Cristo. Benedicto XVI nos dice al respecto que ?no se comienza a ser cristiano por una decisi?n ?tica o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientaci?n decisiva.? 5La consecuencia l?gica es que la persona consagrada deba conocer a Cristo.

Pero conocer a Cristo no es tan s?lo saber qui?n es, qu? hizo o que hace por nosotros. Esto ser?a un conocimiento sapiencial. El mismo tipo de conocimiento que puede tener una persona que abre un libro y se entera de algunos datos cient?ficos sobre la persona de Cristo, pero este conocimiento no transforma su vida. Nos referimos m?s bien a un conocimiento cordial, del coraz?n que logra revolucionar y transformar toda la vida de la persona que conoce a Cristo. Es un conocimiento que se acerca m?s a un saber sapiencial que a unconocimiento te?rico. Este saber sapiencial no es un sentimiento, ni una experiencia m?stica, sino un saber que engloba a toda la persona. Es necesario, s? comprender, conocer con la mente y con la inteligencia la persona de Cristo. Es un primer paso para adquirir el saber sapiencial, pero no basta. Del comprender, del conocimiento te?rico, es decir, del comprender con la sola facultad de la inteligencia el misterio de Cristo, se debe pasar a comprender el misterio de Cristo con todas las facultades del hombre, es decir con su libertad y con su afectividad. No hablamos por tanto de un conocimiento subjetivo del individuo, sino un conocimiento objetivo que el individuo hace suyo.

Es un conocimiento objetivo en la medida que el objeto que se quiere conocer, esto es, el misterio de Cristo, adem?s de que puede ser entendido por la mente, la inteligencia, puede penetrar objetivamente las otras facultades del hombre, su afectividad y su libertad. Es necesario el primer paso, esto es, comprender con la mente el misterio de Cristo. Si ?l se ha revelado a nosotros es porque sabe que encontrar? en nosotros unos interlocutores adecuados, que podr?n comprender desde el intelecto su mensaje, lo que ?l quiere decirnos. Esta es una primera etapa del conocimiento que la mujer consagrada est? llamada a realizar. Captar con su mente lo que Cristo quiere decirle. Hoy en la vida consagrada, desgraciadamente, queremos resolver muchas cosas desde el intelecto racional, es decir, desde nuestra capacidad de pensar racionalmente, pero con datos humanos. Hemos dejado abandonado a Cristo en la capilla, en la sacrist?a de nuestros conventos y ?l ya no es la medida, el punto de referencia. Nos fijamos m?s en la eficacia de las obras, en la gesti?n de nuestros quehaceres, en la administraci?n de la comunidad, pero por esta falta de conocimiento racional de Cristo, vivimos y actuamos como si ?l no existiera 6. Lo arrinconamos en la que creemos que es la parte espiritual de nuestra vida, cuando en realidad lo ?nico que hacemos es reducirlo a un dato, a un objeto de admirar y adorar, pero que no penetra, que no logra informar nuestras vidas.

El verdadero conocimiento te?rico debe ser capaz de informar el pensamiento de las religiosas en forma tal que logren tener siempre como punto de referencia a Jesucristo en todas sus decisiones. De nada sirve conocer acad?micamente quien es Cristo, si la religiosa no utiliza este conocimiento para hacer que su vida se conforme cada vez m?s a la persona de Cristo, haciendo que las decisiones en su apostolado, los criterios con los que vive la vida fraterna en comunidad, en pocas palabras, los principios rectores de su vida, sean siempre aquellos que le vienen dictados por Jesucristo.

De este conocimiento te?rico se debe pasar a un conocimiento sapiencial en donde la persona de Cristo pasa de ser solamente el objeto que se quiere conocer, al objeto que se quiere vivir. ?L?uomo non ? solo implicato con la propria intelligenza, ma anche con la propria libert?, la propria coscienza, il proprio amore, il proprio desiderio, il senso globale della propria vita, la propria sensibilit?.? 7 Si ya hab?amos dicho que el conocimiento te?rico debe penetrar el intelecto de la mujer consagrada para que Cristo se haga punto de referencia de su saber humano, ahora al pasar al conocimiento sapiencial permite que Cristo penetre la facultad de la libertad y de la afectividad de a mujer consagrada.

Se pasa de un comprender a un enamoramiento. De un entender a un obedecer. Todas las facultades de la mujer consagrada se dirigen hacia Cristo. Se da por tanto una unificaci?n. Lo que primero es aceptar con el intelecto, se cambia en una transformaci?n del coraz?n y de la afectividad. El conocimiento ya no es meramente una aprehensi?n del objeto llamado Jesucristo, por parte del sujeto llamado mujer consagrada. Ahora es el objeto que comienza a transformarse en el objeto, es decir en Cristo, gracias a una puesta en marcha de todas las facultades de la mujer consagrada. Comprende para amar y ama para donarse. Tal podr?a ser el silogismo que resume perfectamente lo que queremos expresar con el pasaje del conocimiento te?rico al conocimiento sapiencial.


Conocer el Cristo del Evangelio
El misterio de Cristo es el objeto que la mujer consagrada debe conocer. Este conocimiento de Cristo puede llevarse a cabo de distintas maneras. Pero si quiere llegar al conocimiento sapiencial deber? partir del presupuesto que este conocimiento se debe llevar en forma personal. Como hemos dicho que no se trata de un mero conocimiento acad?mico en el que la mente aprehende el dato de Cristo, sino un conocimiento sapiencial en el que participan todas las facultades de la mujer consagrada, es necesario, s? un estudio acad?mico, el conocer objetivamente a Cristo, pero ser? luego necesario pasarlo al coraz?n (voluntad) y a los afectos (sentimientos). Conviene por tanto que el conocimiento de Cristo se centre en datos certeros y objetivos. Si Dios ha querido revelar al hombre el misterio de Cristo, es porque sabe que el hombre tiene la capacidad de acercarse con su intelecto a este misterio. Este misterio se ha revelado gracias a la Biblia, la tradici?n y el Magisterio de la Iglesia. Por lo tanto, la mujer consagrada har? muy bien en aferrar su estudio de Cristo en estas tres columnas.

El Cristo de los evangelios se nos presenta como la forma m?s segura y cierta para conocer a Cristo. Ah? los evangelistas, inspirados por el Esp?ritu nos han dejado la persona y las obras de Cristo. Como testigos privilegiados, personalmente o por fuentes seguras, nos permiten acercarnos con la ciencia y con la fe a la persona de Cristo.

El evangelio nos presenta la figura de Cristo en toda su realidad desde el punto de vista hist?rico. Toda la vida de Cristo y sus acciones, adem?s de estar bien documentada, puede ser contrastada perfectamente por fuentes hist?ricas ajenas al Evangelio. Hablamos por tanto de una persona cierta, que existi? y vivi? en un tiempo muy bien definido.

El evangelio nos da tambi?n un trazado perfecto desde el momento de su concepci?n hasta la resurrecci?n y ascensi?n a los Cielos. Y nos lo presentan obrando milagros, viviendo entre su gente y los disc?pulos y ense?ando, a trav?s de sus predicaciones y sus admirables par?bolas.

Siendo por tanto el evangelio un punto de referencia seguro para conocer la persona de Cristo en toda su integridad, los ejercicios espirituales deben aprovecharse para ahondar este conocimiento de Cristo. San Ignacio de Loyola suele repetir incesantemente en la semana de los ejercicios espirituales dedicada al conocimiento de Cristo, la importancia de pedir insistentemente a Dios la gracia de conocer m?s ?ntimamente a Cristo, para que conoci?ndole le amemos y am?ndole le podamos seguir. La forma para conocer al Cristo de los evangelios en los ejercicios espirituales, tal y como nos la presenta San Ignacio es a trav?s de la meditaci?n, especialmente a trav?s de la contemplaci?n. Toda esa semana de los ejercicios espirituales est? dedicada a la contemplaci?n de los misterios de la vida de Jesucristo, desde el misterio de la Encarnaci?n, hasta la subida a Jerusal?n. Las escenas de la pasi?n, muerte y resurrecci?n corresponden a otro bloque con otra din?mica. Retomando el discurso del conocimiento de Cristo, es muy conveniente que la mujer consagrada antes de entrar a los ejercicios, conozca la forma de hacer oraci?n a trav?s de la contemplaci?n, y en la medida de lo posible, que se haya ejercitado previamente en ella, con el fin de aprovechar al m?ximo estas meditaciones de los misterios de la vida de Cristo.

Partamos de las distintas definiciones que existen de contemplaci?n. Existe aquella contemplaci?n que es producto del intelecto humano, en donde el hombre alcanza el objeto de la contemplaci?n mediante el uso de sus facultades. Se puede contemplar un paisaje y quedamos admirados de su belleza. As?, hemos alcanzado el objeto contemplado, la belleza, a trav?s de nuestras facultades, el sentido de la vista, el o?do y la reflexi?n que sobre esas im?genes y sonidos hayamos hecho en nuestra mente. Puede darse tambi?n una contemplaci?n intelectual en donde la mente contempla y llega a su objetivo, el estudio de una materia, un problema matem?tico y se alcance la contemplaci?n mediante la aplicaci?n de las facultades mentales. Podemos hablar tambi?n de una contemplaci?n desde el punto de vista espiritual en donde el objeto puede ser una escena del evangelio, los ejemplos de la vida de Cristo. La mente contempla y se apodera de dichos objetos, pero siempre a trav?s de sus facultades.

Si hici?ramos un resumen dir?amos que la contemplaci?n natural es ver un objeto con admiraci?n. Esta contemplaci?n natural puede ser sensitiva, imaginativa o intelectual, dependiendo del objeto que contemplemos.

La contemplaci?n m?stica es otra cosa. Se trata de un don de Dios en donde el hombre participa poco o nada. Lo explicaremos mejor, al describir los distintos tipos de contemplaci?n m?stica que pueden darse: adquirida o infusa. Para dar una definici?n, nos ayudaremos de Tanquerey, en la inteligencia que los diferentes t?rminos que ?l utiliza pueden ser comparables a los de diferentes autores m?sticos8 . ?La palabra contemplaci?n indica, en sentido propio, un acto simple de vista intelectual, abstrayendo los diversos elementos afectivos o imaginativos que la acompa?an; pero cuando el objeto contemplado es bello y amable, el acto se asocia a la admiraci?n y al amor. Por extensi?n se llama contemplaci?n a la oraci?n que tiene como cualidad especial el predominio de esta mirada simple. En donde no es necesario que este acto dure todo el tiempo de la oraci?n. Basta que sea frecuente y acompa?ado de afectos. La oraci?n contemplativa se distingue de la oraci?n discursiva porque excluye la multiplicidad de los largos razonamientos. Y a diferencia de la oraci?n afectiva, la contemplaci?n excluye la multiplicidad de actos que cualifican la oraci?n afectiva. Se puede definir la contemplaci?n (m?stica) como una mirada simple y afectuosa a Dios y a las cosas divinas.? 9

Todav?a Tanquerey hace una divisi?n entre oraci?n contemplativa adquirida, infusa y mixta. Adquirida ser? aquella oraci?n en la que predomina un solo afecto, un solo acto de la voluntad. Podemos decir por tanto que es una oraci?n afectiva simplificada, en d?nde las facultades del hombre siguen trabajando pero vienen ayudadas por la gracia para mantener la simplicidad de los afectos y la unidad de los mismos.

La contemplaci?n m?stica infusa es aquella en la que la visi?n que se tiene del objeto contemplado no depende de las facultades del hombre, sino que es una gracia de Dios y m?s concretamente del Esp?ritu Santo. Es el Esp?ritu Santo el que permite tener esta ?nica visi?n de unidad. Es por tanto fruto de una acci?n especial del Esp?ritu Santo sobre el alma.

Existe tambi?n lo que Tanquerey llama contemplaci?n m?stica mixta y lo que Charles Andr? Bernard llama ?pedazos de la contemplaci?n?. Son momentos que Dios concede al alma de contemplaci?n infusa. No se prolongan por mucho tiempo y se alternan con la contemplaci?n adquirida.

Considerados estos conceptos que tratan de explicar lo que es la contemplaci?n m?stica, conviene se?alar su diferencia con la contemplaci?n de car?cter oriental, especialmente en un momento en que la sociedad occidental, ?que quiere el m?ximo, lo quiere r?pido y lo quiere sin esfuerzo? 10 busca una satisfacci?n a sus ansias de infinito. La contemplaci?n de corte oriental, cualquiera que ella sea, pretende vaciar al hombre de s? mismo para ponerse en sinton?a con el universo. Es el no sentir, el no querer, el no gustar, para estar en sinton?a con la creaci?n. Crear el vac?o, un estado de nirvana que reporta paz y tranquilidad. ?Algunos m?todos orientales (?) no dudan en colocar el absoluto sin im?genes ni conceptos, propios de la teor?a budista, sobre el mismo nivel de la majestad de Dios, revelada en Cristo, que se eleva m?s all? de toda realidad finita y, para tal fin, utilizan una <> que trasciende toda afirmaci?n sobre Dios (?) Para ello proponen abandonar no s?lo la meditaci?n de las obras salv?ficas que el Dios de la antigua y de la nueva alianza ha llevado a cabo en la historia, sino incluso la misma idea de Dios uno y trino, que es amor, a favor de una inmersi?n <>. ?11

Lejos de ser un aniquilamiento del ser, la contemplaci?n m?stica cristiana busca vaciarse de s? misma, para alcanzar un mayor amor de Dios. Podemos decir con Furioli que el hombre de oraci?n se ha venido preparando a trav?s de un largo camino. Mediante la mortificaci?n controla los instintos desordenados de las pasiones, las inclinaciones de la sensibilidad, con la lectura, la meditaci?n y la oraci?n rectifica su camino en la voluntad de Dios, sus deseos y sus aspiraciones se van haciendo cada vez m?s perfectas para buscar s?lo a Dios. Este es un movimiento que muchos lo han identificado como un momento en que el alma quiere desasirse de todo lo creado para buscar s?lo a Dios. ?Buscar a Dios consiste en el tender con todas las fuerzas para tener a Dios, la vida de Dios en nosotros y a dar siempre un mayor impulso, un mayor desarrollo a esta vida.? 12

Sin embargo, el alma comienza a ser consciente que Dios es mayor que ella. Aunque parad?jicamente busca amar a Dios, se da cuenta que no puede hacerlo por s? sola. Se da cuenta que Dios es mayor que sus solas fuerzas, que su amor es m?s grande que el Amor y que sola no puede lograr nada, m?s que pecado y miseria. Es en estos momentos cuando Dios concede a esta alma la gracia especial de poderlo contemplar. ?Dios env?a su Esp?ritu a fin que cumpla en el hombre una nueva acci?n de amor, y el Esp?ritu Santo, m?s all? de las virtudes teologales infusas, infunde una gracia <>, -es un gesto del Esp?ritu, no del esfuerzo del hombre- que suscita en el hombre un acto de amor infuso y de fe viva, penetrante. Y el hombre bajo esta nueva inspiraci?n, contempla, ama y goza en una nueva luz los misterios de la fe y penetra, con una nueva fuerza e intuici?n superior, en el coraz?n del Padre.? 13

?La diferencia parece ser muy sutil, pero es muy profunda. Ese estado de conciencia en el que quien medita trata de llegar a la divinizaci?n de s? mismo, es muy distinto al abandono de s? que hace el cristiano en la oraci?n contemplativa, en la cual el alma se abre y se entrega a Dios que habita en el interior del hombre -somos "templos vivos del Esp?ritu Santo" (1a.Cor.3, 16) -si nos encontramos en estado de gracia. (?) Las experiencias m?sticas provocadas a trav?s de la meditaci?n pagana oriental o de la ?metaf?sica? nada tienen que ver con el estado de uni?n con el Dios Uno y Trino: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Esp?ritu Santo de la Contemplaci?n Cristiana, en la cual el Dios Vivo y Verdadero va haciendo en el alma del orante su trabajo de alfarero para ir molde?ndola seg?n Su Voluntad (cfr. Jer.18, 1-6). Realmente ?a qu? nos llevan los m?todos de ?meditaci?n? pagana? A centrarlo todo en el ?yo?. ?Qu? nos dice la mal llamada ?metaf?sica?? Tu mente es ?dios?, t? puedes lograr todo lo que quieras, basta que lo desees, con tu mente lo puedes todo. Esta es la contemplaci?n que el hombre tiene, fruto no de su esfuerzo, de su vida de gracia, de su oraci?n, sino que es una gracia que recibe de Dios, a trav?s del Esp?ritu Santo. Una contemplaci?n que no busca la quietud del ser, como la contemplaci?n oriental, sino que es producida por Dios para colmar las ansias de amor del hombre. Podemos por tanto decir que mientras la contemplaci?n oriental es fruto de la acci?n del hombre para llegar a una pasividad total, la contemplaci?n m?stica cristiana es dada por Dios a quien quiere amarlo con todo el alma, con todo el coraz?n, con todo el ser. ? 14

Contrariamente a lo que podemos pensar, la contemplaci?n m?stica no es el ver apariciones de ?ngeles o tener el privilegio de ver a Jesucristo en esta tierra. Hemos dicho que es el poder contemplar, amar y gozar con una nueva luz los misterios de la fe. Si quisi?ramos se?alar sus caracter?sticas principales podr?amos decir que la contemplaci?n m?stica no es de orden natural, por lo que depende enteramente de la gracia que Dios quiera dar al hombre. ?Es un conocimiento simple y afectuoso de Dios y de sus obras, fruto no de la actividad humana ayudada de la gracia, sino de una especial inspiraci?n del Esp?ritu Santo.? 15Es luz y fuerza divina que ilumina y mueve en el hombre los dones del Esp?ritu, particularmente aquellos del intelecto y de la sabidur?a para que el alma pueda conocer en forma experimental a Dios y sus obras. Una imagen muy utilizada para expresar el concepto de la contemplaci?n es la utilizada por Santa Teresa de Lisieux 16en el que dec?a que la tensi?n a la perfecci?n puede asemejarse a loos esfuerzos, vanos, que hace un ni?o para subir el primer escal?n de una larga escalera. La mam? se enternece de esos esfuerzos y en un abrir y cerrar de ojos carga al ni?o en sus brazos y lo lleva al final de la escalera. De esta manera podemos representar la contemplaci?n m?stica como la acci?n de Dios de llevar al alma hasta el final de la escalera.

Podemos a?adir lo mencionado por el Catecismo de la Iglesia cat?lica: ?La contemplaci?n es tambi?n tiempo fuerte por excelencia de la oraci?n. En ella, el Padre concede que seamos vigorosamente fortalecidos por la acci?n de su Esp?ritu en el hombre interior, que Cristo habite por la fe en nuestros corazones y que quedemos arraigados y comentados en el amor.? 17 De esta forma, la mujer consagrada que quiera aprovechar adecuadamente los Ejercicios espirituales ignacianos en la semana dedicada a la contemplaci?n de los misterios de Cristo, har? muy bien en prepararse las semanas anteriores en esta forma de hacer oraci?n mediante la aplicaci?n de sus sentidos a un solo afecto de frente a un misterio de la vida de Crsito.


Conocer el Cristo del carisma
La mujer consagrada, la religiosa de una congregaci?n posee un coraz?n de mujer sumamente delicado, capaz de expresar no solo ternura y amor, sino una grande capacidad de entrega y donaci?n. Por el propio carisma y por el mismo coraz?n femenino, esta donaci?n no se hace a un Cristo en forma general sino que se hace a un Cristo muy espec?fico, con unas cualidades muy personales.

Si hemos dicho que nadie puede amar lo que no conoce, es l?gico que el amor requiera de un conocimiento profundo del amado, para ser capaz de la m?s grande entrega. Y si este conocimiento no debe ser del todo acad?mico, sino eminentemente vivencial para poder llevar a cabo la experiencia espiritual de Cristo, sacamos como conclusi?n l?gica la necesidad que la religiosa tiene de conocer este Cristo en forma espec?fica.

Por un lado ella puede aplicar sus sentidos y su esp?ritu para conocer e identificarse con los aspectos del Cristo que m?s le puedan atraer. Hay personalidades que se ven atra?das por la ternura de Cristo en la curaci?n de los enfermos, o por su audacia ante la predicaci?n de las par?bolas. Hay quienes quedan prendadas del sacrificio y sufrimiento en la Cruz y en la Pasi?n, de tal forma que van acerc?ndose a Cristo en base a esas cualidades de las cuales se sienten m?s atra?das.

Sin quitar nada a esta preferencia personal que sin lugar a dudas puede venir claramente inspirada por Dios en base a las dotes naturales de cada persona y a lo que ?l mismo puede suscitar en la mujer consagrada para el mismo beneficio de ella, no debemos olvidar que las personas consagradas lo son en base a un carisma espec?fico, es decir, en base a una ?experiencia del Esp?ritu (Evang. test. 11), transmitida a los propios disc?pulos para ser por ellos vivida, custodiada, profundizada y desarrollada constantemente en sinton?a con el Cuerpo de Cristo en crecimiento perenne.? 18Esta experiencia del Esp?ritu, no es otra cosa sino ?vivir la vida de Cristo al estilo del Fundador.? 19

El vivir la vida de Cristo al estilo del Fundador comporta ya una experiencia espiritual. No se trata simplemente de una elucubraci?n o de un camino descubierto por una persona, sino de una experiencia del esp?ritu, vivida por el Fundador y con la capacidad de transmitirla a unos disc?pulos para que ?stos a su vez pudieran profundizarla, custodiarla, desarrollarla y transmitirla a las nuevas generaciones. Por lo tanto la mujer consagrada debe estudiar en primer lugar esta experiencia del esp?ritu para descubrir cu?l es el Cristo que debe seguir. Conviene por tanto que antes de los Ejercicios espirituales haya ya identificado esta experiencia del esp?ritu con el fin de que la pueda tener presente en el momento de los Ejercicios, y m?s espec?ficamente en el momento de la contemplaci?n de los misterios de Cristo.

Si bien es cierto que los evangelios encierran el Cristo del Fundador, tambi?n es cierto que Dios ha querido donar al Fundador una visi?n muy especial de Cristo. Hay hombres y mujeres que se han sentido atra?dos por inspiraci?n divina por el Cristo maestro, el Cristo que cura, el Cristo que va de un pueblo a otro, el Cristo que contempla a su Padre, el Cristo que ora. Cada faceta de este Cristo representar? por tanto una forma muy especial de seguir a Cristo. No es lo mismo el seguimiento de Cristo de quien ha contemplado y se ha embelesado por el Cristo que cura al sordomudo y gime desde su interior ?Effat?!, o el que lo ha visto curando y vendando las heridas del que cay? en manos de ladrones, o el Cristo que pasa la noche en oraci?n, intercediendo por la humanidad ante su Padre. Es el mismo Cristo, pero bajo distintos ?ngulos.

Debemos comenzar por entender que el carisma comporta una experiencia del esp?ritu en la que Dios permite al Fundador contemplar desde un nuevo alguno la figura de Cristo. Aqu? se encuentra la novedad de cada carisma. Esta nueva figura de Cristo tiene su gestaci?n en el interior del Fundador, cuando despu?s de innumerables vicisitudes, que podemos llamar experiencia del esp?ritu 20, descubre una faceta de Cristo que resuelve todas las aspiraciones de su esp?ritu. ?Lo Spirito Santo, in un particolare momento della storia della Chiesa e per rispondere a particolari necessit? dei fedeli, getta, per cos? dire, una luce nuova sul mistero di Cristo: da tale luce viene illuminato tutto il mistero cristiano (dato che esso non pu? mai essere frammentato), ma secondo una particolare prospettiva unificante.? 21 Y m?s adelante, refiri?ndose a esta misma dimesni?n cristol?gica del carisma el P. Fabio Ciardi dir?: ?Lo Spirito introduce il fondatore in una particolare penetrazione del mistero di Cristo e della sua parola. Penetrazione di tipo sapienziale, che ? adesione di tutto l?essere all?insondabile mistero di Cristo colto in un suo determinato aspetto, in una angolatura propria, secondo una percezione particolare. Di qui l?origine e il nucleo fondamentale della spiritualit? dell?istituto.? 22

Si la consagraci?n, como hemos venido repitiendo en forma insistente, es el seguimiento m?s cercano de Cristo, 23este Cristo se presenta para cada familia religiosa con tintes diversos y espec?ficos. Cada persona consagrada, cada instituto religioso debe hacer la hermen?utica de este Cristo, es decir, debe identificar con precisi?n cu?les son los elementos m?s caracter?sticos de este Cristo, si quiere en verdad fundamentar su propia espiritualidad. No es lo mismo seguir el Cristo orante de las ?rdenes contemplativas, que el Cristo que cura enfermos, ense?a a los ignorantes o conforta a los viajeros, de las ?rdenes de vida activa.

Uno de los primeros pasos que debe hacer la persona consagrada antes de iniciar los ejercicios espirituales es saber exactamente cu?l es el Cristo que experiment? el Fundador. Puede ayudarse para ello de los escritos del Fundador, pero sobre todo, conociendo las actitudes de vida del Fundador que le permitieron hacer dicha experiencia del esp?ritu. No se trata de hacer un estudio acad?mico para detectar el Cristo que vivi? el Fundador, sino un estudio vivencial para saber cu?l es el Cristo que movi? al Fundador a poner en pie la obra por ?l iniciada. La investigaci?n no consiste en saber cu?ntas veces hablaba del Cristo crucificado, del Cristo que se inclinaba a vendar las heridas de los enfermos, sino en descubrir el Cristo que el Fundador ve?a en el mundo, en las necesidades. El misterio de Cristo experimentado por el Fundador no se reduce a una experiencia personal que se encierra en una contemplaci?n de un aspecto de la vida de Cristo o de una o varias de sus cualidades. El misterio de Cristo para el Fundador baja a la realidad, a tocar con mano las necesidades de los hombres. Y es ah?, en las necesidades de los hombres, en donde los Fundadores han visto con mayor claridad y han experimentado con m?s fuerza el Cristo que Dios les ha permitido ver en una forma muy especial.

No es el Cristo que se contempla simplemente en un pasaje evang?lico, sino que el Cristo de dicho pasaje evang?lico se encarna en alguna necesidad espec?fica que Dios le ha presentado al Fundador, bajo una humanidad muy concreta. No es por tanto el Cristo sencillamente de la Eucarist?a, sino que es el Cristo de la Eucarist?a que se hace presente en una humanidad doliente y fracturada por el pecado. No es tan s?lo el Cristo en el misterio de la encarnaci?n, sino que es el Cristo de la encarnaci?n que se hace presente en los hombres y mujeres que mueren espiritualmente por falta de Cristo.


Seguir el Cristo del evangelio y del carisma en los Ejercicios espirituales
Una vez que la mujer consagrada ha identificado esta experiencia del esp?ritu en el Fundador, debe disponerse a hacer la experiencia espiritual personal sobre la huella de la experiencia espiritual del Fundador. Recordemos que en esta etapa de los ejercicios espirituales la mujer consagrada tiene el tiempo a disposici?n para contemplar a este Cristo, pero que la contemplaci?n no debe terminar en un afecto improductivo. La petici?n que sugiere San Ignacio en esta etapa es la de pedir al Se?or una contemplaci?n profunda de su vida, de su misterio, en forma tal que el alma quede tan fuertemente enamorada que se lance a seguirlo en cualquier circunstancia de la vida. Pasar de la contemplaci?n al seguimiento de Cristo debe ser desenlace l?gico de esta etapa de los Ejercicios espirituales.

La contemplaci?n de la visi?n espec?fica de Cristo que Dios ha concedido a cada Fundador, presentada a cada una de sus disc?pulos espirituales comporta no s?lo el seguimiento sino tambi?n un tipo de seguimiento muy espec?fico, podr?amos decir que se genera una escuela completa de c?mo seguir a Cristo. La contemplaci?n de Cristo genera grandes deseos de seguirlo. El Fundador es aquel que ha sido capaz de ver a Cristo en todas las cosas y dicha visi?n lo lleva a seguirlo. El alma, despu?s de haber hecho la experiencia espiritual de Cristo, es decir, despu?s de haber experimentado el Cristo del evangelio presentado por el Fundador, se siente impelida a seguirlo. Pero es la visi?n espec?fica de Cristo que Dios ha concedido a cada Fundador quien impone el dinamismo de la secuela. No es lo mismo seguir a Cristo en las grandes ciudades, entre los centros financieros y los hombres que toman las decisiones pol?ticas, que seguirlo entre los ni?os de kinder. Ser?n las virtudes m?s caracter?sticas de la visi?n espec?fica de Cristo que Dios ha concedido a cada Fundador las que vayan indicando el camino para seguirlo. Es algo que el mismo Magisterio de la Iglesia ha venido insistiendo y que recoge formidablemente Juan Pablo II en la Exhortaci?n apost?lica postsinodal Vita consecrata: ?El fundamento evang?lico de la vida consagrada se debe buscar en la especial relaci?n que Jes?s, en su vida terrena, estableci? con algunos de sus disc?pulos, invit?ndoles no s?lo a acoger el Reino de Dios en la propia vida, sino a poner la propia existencia al servicio de esta causa, dejando todo e imitando de cerca su forma de vida. Tal existencia ? cristiforme ?, propuesta a tantos bautizados a lo largo de la historia, es posible s?lo desde una especial vocaci?n y gracias a un don peculiar del Esp?ritu. (?)Este especial ? seguimiento de Cristo ?, en cuyo origen est? siempre la iniciativa del Padre, tiene pues una connotaci?n esencialmente cristol?gica y pneumatol?gica, manifestando as? de modo particularmente vivo el car?cter trinitario de la vida cristiana, de la que anticipa de alguna manera la realizaci?n escatol?gica a la que tiende toda la Iglesia.? 24

Al hablar de una forma de vida cristiforme estamos hablando de un seguimiento de la persona de Cristo que ir? configurando a la mujer consagrada de una forma muy especial. No todas las religiosas quedan configuradas de la misma manera a lo largo de toda su vida. Respetando su propia personalidad, el carisma confiere a cada familia religiosa una manera muy especial de relacionarse con el mundo y con las realidades espirituales. Es con la vida como se sigue a Cristo y su seguimiento va configurando la persona en forma espec?fica. La mujer consagrada tendr? que descubrir en primer lugar cu?l es el tipo espec?fico del Cristo que la llama. Estudiarlo con la mente y con el coraz?n, comenzar a amarlo, para pasar despu?s de esta contemplaci?n a la acci?n, es decir a un seguimiento muy espec?fico. Las coordenadas de este seguimiento se encontrar?n inscritas en las huellas dejadas por el Fundador sobre la forma en que la religiosa har? vida en su propia vida, la vida de Cristo. Estamos hablando ya de un elemento esencial de la espiritualidad propia de cada familia religiosa.

Esta forma de seguir a Cristo puede darle a la mujer consagrada una gran seguridad frente al dulce veneno de la mentalidad secularizada que de alguna manera se insidia en este aspecto al proponer formas alternativas del seguimiento de Cristo, m?s de acuerdo con una mentalidad mundana que con una mentalidad espiritual. No se trata de caer en los extremos. Ni caer en el error de seguir a Cristo en una forma tan impersonal que no tenga ninguna incidencia en la vida de hombres y mujeres, ni tampoco el seguir a Cristo en una forma que pudiera asemejarse a la de un activista social o a la de un defensor de los derechos humanos. Por mucho tiempo, y a ra?z de ciertas interpretaciones err?neas del Concilio Vaticano II, se ha querido ver la labor de la Iglesia empe?ada ?nicamente en el campo social, cuando se ha dejado quiz?s una de las prioridades m?s importantes de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, que es el hambre y sed que tienen de espiritualidad.

La mujer consagrada al contemplar 25 el Cristo del evangelio que le propone su carisma y al encontrar tambi?n un estilo perfectamente definido de c?mo seguirlo, estar? dando los pasos seguros para fundamentar una espiritualidad propia, fuerte, s?lida y asegurada a las ra?ces. Es ?ste quiz?s el deseo de los padres conciliares cuando instaban hace m?s de 40 a?os a las religiosas: ?Redunda en bien mismo de la Iglesia el que todos los Institutos tengan su car?cter y fin propios. Por tanto, han de conocerse y conservarse con fidelidad el esp?ritu y los prop?sitos de los Fundadores, lo mismo que las sanas tradiciones, pues, todo ello constituye el patrimonio de cada uno de los Institutos.? 26


Publicado por mario.web @ 2:13
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