Viernes, 06 de mayo de 2011

Un medio mediante el cual la mujer consagrada puede ayudarse para identificar esta visi?n espec?fica de Cristo que Dios ha concedido a cada Fundador, ser? el estudio de la vida de aquellas hermanas en religi?n que la Iglesia ha declarado siervas de Dios, beatas, santas o m?rtires. Todas estas mujeres han alcanzado un grado de perfecci?n en la secuela de Cristo, y sin duda alguna que se han ayudado del conocimiento de esta visi?n espec?fica de Cristo que Dios ha sugerido a cada Fundador. Por ello, como fuente de inspiraci?n para delinear el Cristo que dej? el Fundador, la mujer consagrada har? muy bien en estudiar la vida de estas mujeres, viendo la forma en que vivieron su relaci?n personal con Cristo. No ser?n indiferentes por tanto, las expresiones con las que se refiere a Cristo, pues todas ellas reflejan de alguna manera el conocimiento experiencial, esto es la experiencia del esp?ritu de un Cristo muy espec?fico, delineado y trazado, y a su vez vivido por el Fundador.

Otro medio en esta misma direcci?n lo podr? encontrar en el estudio de las primeras mujeres que se reunieron en torno al Fundador para dar origen a la obra que Dios suscit? en la mente del Fundador y que tom? forma como una experiencia del esp?ritu. Las primeras mujeres que se pusieron en marcha con generosidad son plasmadas, por utilizar una imagen fuerte pero v?lida, por el mismo hombre o mujer que las fund?. Estamos por tanto hablando de una paternidad o maternidad espiritual y por una docilidad de mente y voluntad que hacen propios los valores que quiere transmitir el Fundador a partir de la experiencia del esp?ritu. Es por tanto esta primera comunidad, el ejemplo primero de la vivencia y transmisi?n del carisma, en donde la figura del Cristo que ellas han percibido a partir de las ense?anzas del Fundador es materia de no poca trascendencia para captar lo espec?fico de este Cristo.

Conocemos muy bien el valor que tiene, ya sea el carisma, porque es inspirado por el Esp?ritu como regalo de la Iglesia, ya sea el Fundador por ser el medio a trav?s del cual Dios se sirve para hacer llegar esta nueva visi?n y misi?n del Evangelio, para un momento muy particular de la Historia. Sin embargo se ha olvidado, o no se ha tenido tiempo de estudiar a fondo en este tiempo, la labor que para la historia de un Instituto han tenido las mujeres que formaron parte de la primera comunidad formada por el Fundador.

Podemos decir que el carisma del fundador 27 no llega a convertirse en carisma de fundaci?n mientras no nazca la primera comunidad de mujeres consagradas 28. De ah? que pueda hablarse perfectamente de una maternidad o paternidad espiritual que une al Fundador con las primeras mujeres consagradas y de ah? se seguir? una serie de eslabones que no se interrumpen hasta llegar a nuestros d?as. La forma de esta maternidad o paternidad espiritual estar? enmarcada por las cualidades del Fundador, pero tambi?n por las cualidades de las cofundadoras, ya que el proceso pedag?gico de inculcar un carisma no es un proceso unilateral, sino que viene condicionado, hasta cierto punto, por la receptividad de las mujeres que hacen de primer recept?culo al carisma. Y una de estas formas de percibir el carisma es el Cristo que ha querido transmitir el Fundador.

Conviene establecer las l?neas de estudio de esta primera comunidad de cofundadoras, ya que su ejemplo puede servir para quienes, investidos de autoridad en el gobierno o en la formaci?n, deben llevar a cabo la ardua tarea de la fidelidad din?mica al carisma originario. Estas mujeres fueron capaces de conocer, asimilar y transmitir un carisma novedoso para su tiempo. Las mujeres que son sus herederas espirituales pueden recurrir a ellas para reproducir en s? mismas los mismos rasgos caracter?sticos del Cristo que les fue transmitido por el Fundador.

Este buscar y seguir en una forma muy caracter?stica el Cristo del Fundador, es uno de los fundamentos de la espiritualidad del Instituto o de la Congregaci?n y que servir? de fundamento para la vida espiritual de todas las religiosas, ya que la vida consagrada empieza y tiene su raz?n de ser desde el momento en que se escucha y se sigue la llamada de Cristo. El drama de algunas personas consagradas comienza cuando no saben con exactitud cu?l es el Cristo que est?n siguiendo. El car?cter cristol?gico del carisma dar? unas connotaciones muy espec?ficas a la espiritualidad del Instituto.

Una de las consecuencias m?s clara del seguimiento de las cualidades m?s espec?ficas de Cristo que present? el Fundador se reflejar? en el car?cter apost?lico del Instituto o congregaci?n religiosa. La contemplaci?n de la visi?n espec?fica de Cristo que Dios ha concedido a cada Fundador no puede dejar inertes a las personas consagradas, ya que entonces dicha contemplaci?n ser?a meramente un acto de ego?smo o una mala contemplaci?n. Ver a Cristo y querer hacer algo por ?l en los hombres es un mismo movimiento, el mismo que permiti? al Fundador volcarse en cuerpo y alma para dar forma al Instituto o Congregaci?n religiosa, conformando de esta manera un tipo muy espec?fico de apostolado y de mujeres que se dedicaran a dichas obras. No se trata de las obras en cuanto que pueden cambiar con el tiempo de acuerdo a las necesidades emergentes, sino del la experiencia del esp?ritu que debe animar dichas obras, a lo largo del espacio y del tiempo. Por ello, este seguimiento espec?fico Cristo, dar? origen a una espiritualidad del apostolado muy caracter?stica en cada Instituto. 29

Y por ?ltimo, el seguimiento de Cristo permitir? a la mujer consagrada vivir una ascesis en forma muy espec?fica. El t?rmino ascesis causa miedo y resquemor en la mentalidad secularizada de nuestros d?as. 30 Tal parecer?a que se opone a aquella libertad de esp?ritu que el Concilio hab?a venido a traer. Libertad entendida, nuevamente bajo la visi?n de la mentalidad secularizada como una capacidad de hacer cualquier cosa para seguir a Cristo. Sin embargo se olvida que Cristo mismo ha dejado establecidas unas formas muy espec?ficas para quien quiera seguirlo y que la verdadera libertad est? precisamente en aceptar plenamente estas condiciones impuestas por ?l. De esta forma la ascesis 31ser? la libertad de los hijos de Dios que escogen unos medios adecuados para seguir a Cristo. Pero como hemos venido diciendo, este seguimiento de Cristo se realiza en cada Instituto bajo una propia especificidad, existir?n medios de ascesis apropiados para cada carisma.


NOTAS

1 Congregaci?n para los Institutos de vida consagrada y sociedades de vida apost?lica, Orientaciones sobre la formaci?n en los Institutos religiosos, 2.2.1990, n. 68.
2 ?Orden?ndose ante todo la vida religiosa a que sus miembros sigan a Cristo y se unan a Dios por la profesi?n de los consejos evang?licos, habr? que tener muy en cuenta que aun las mejores adaptaciones a las necesidades de nuestros tiempos no surtir?an efecto alguno si no estuvieren animadas por una renovaci?n espiritual, a la que, incluso al promover las obras externas, se ha de dar siempre el primer lugar.?Concilio Vaticano II, Decreto Pefectae caritatis, n. 2e, 28.10.1965.
3 Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica postsinodal Vita consacrata, 25.3.1996, n. 65.
4 Ib?dem., n. 69.
5 Benedicto XVI, Carta enc?clica Deus caritas est, 25.12.2005, n.1.
6 Lo h dicho ya Juan Pablo II a Europa, pero bien pudiera extenderse a las religiosas que han dejado que Cristo informe y penetre toda su existencia: ?La cultura europea da la impresi?n de ser una apostas?a silenciosa por parte del hombre autosuficiente que vive como si Dios no existiera.? Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica postsinodal Ecclesia in Europa, 28.6.2003, n. 9.
7 Giovanni Moioli, L?esperienza spirituale, lezioni introduttive, Edizioni Glossa, Milano 1994, p. 52.
8 La diferencia de los t?rminos entre los santos y los estudiosos puede prestarse a grandes dificultades en la comprensi?n de estos conceptos. Conviene siempre hacer un estudio cuidadoso de lo que cada autor entiende por contemplaci?n y por contemplaci?n m?stica.
9 Adolfo Tanquerey, Compendio di Teologia Ascetica e Mistica, Lib. III, Observaciones.
10 Susanna Tamara, Non vedo l?ora che l?uomo cammini, Edizioni San Paolo, Milano, 1997, p. 52.
11 Joseph Ratzinger, Lettera su alcuni aspetti della meditazione cristiana ?Orationis formas, 15.10.1989, n. 12.
12 M. Ildegarde Cavitza, o.s.b., Abbazia delle Benedettine S. Maria di Rosano, Firenze, 1992, p. 61.
13 Anotino Furioli, op.cit., p. 201.
14 Oraci?n cristiana, Diferencias entre el llamado misticismo oriental y la m?stica cristiana.
15 R. GArrigou-LAgrange, Les trois ?ges de la vie int?rieur, p. III, c. XXXI, 415.
16 Santa Teresa de Lisieux, Conseils et Souvenirs, 261 ; Manuscrits, 232.
17 Juan Pablo II, Catecismo de la Iglesia cat?lica, 11.10.1992 n. 2714.
18 Sagrada Congregaci?n para los religiosos e Institutos seculares, Mutuae relationes, 14.5.1978, n. 11.
19 German S?nchez Griese, Spiritualit? e carisma, la traccia vivente dei fondatori, Ed. Cantagalli, Siena 2008, p. 96.
20 Para una mayor profundizaci?n de estos movimientos del alma, recomiendo mi libro El despertar del carisma, Ediciones Paulinas, Lima 2008.
21 Antonio Maria Sicari, Gli antichi carismi nella Chiesa, Per una nuova collocazione, Editoriale Jaca Book, Milano 2002, p. 29.
22 Fabio Ciardi, In ascolto dello Spirito, Ermeneutica del carisma dei fondatori, Citt? Nuova editrice, Roma 1996, p. 108.
23 Son innumerables las citas en el Magisterio de la Iglesia que hablan del seguimiento de Cristo como norma suprema de las personas consagradas. Reportamos dos de ellas que nos parecen las m?s significativas. La primera de ellas por ser una de las f?rmulas iniciales con las que e Magisterio comenzaba a desarrollar el argumento y la segunda de ellas porque as? la recoge el C?digo de Derecho can?nico. ?Por los votos, el religioso dedica con gozo toda su vida al servicio de Dios, considerando el seguimiento de Cristo ? como la ?nica cosa necesaria ? (PC 5) y buscando a Dios, y solo a El, por encima de todo. Dos razones fundamentan esta oblaci?n: la primera el deseo de liberarse de los obst?culos que podr?an impedir a la persona amar a Dios ardientemente y adorarle con perfecci?n (cf ET 7); la segunda, el deseo de ser consagrado de forma m?s total al servicio de Dios (cf LG 44). LOS votos mismos ?manifiestan el inquebrantable v?nculo que existe entre Cristo y su esposa la Iglesia. Cuanto m?s fuertes y estables sean estos v?nculos, m?s perfecta ser? la consagraci?n religiosa del cristiano? (LG 44). Sagrada Congregaci?n para los religiosos e institutos seculares, Elementos esenciales sobre la vida religiosa, 31.5.1983, n. 14. ?Los religiosos deben considerar el seguimiento de Cristo propuesto en el Evangelio y expresado en las Constituciones de sus institutos como suprema regla de vida? CDC 662.
24 Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica postsinodal Vita consecrata, 25.3.2006, n. 14.
25 Entendemos un tipo de contemplaci?n espiritual que lleve a la mujer consagrada a interiorizar ese Cristo y a verlo como parte integrante de todo su ser: ?Ci? suppone che l?attenzione non si fissi sulla superficie, aspetto esterno dei fenomeni, neanche sul loro significato razionale, logico, ma la mente umana cerchi di penetrare fino al loro senso spirituale. Come descriverlo? Tutto ci? che esiste ? stato creato con la parola di Dio, i contemplativi sono quelli che riescono a comprenderla. Si pone per? la domanda: con quale facolt? umana essa ? raggiungibile? Non con i sensi esterni, neanche on la sola ragione speculativa, ma con il cuore puro ?che vede Dio? (Mt. 5, 8)? Tom?s Spildik, Contemplazione, in La Mistica parola per parola a cura di Luigi Borriello, Maria R. del Genio e Tom?s Spildik, Ancora Editrice, Milano 2007, p. 114.
26 Concilio Vaticano II, Decreto Perfectae caritatis, 28.10.1965, n. 2b.
27 La Teolog?a de la vida consagrada ha desarrollado a lo largo de estos a?os una serie de t?rminos que han querido profundizar en el fen?meno espiritual. Se habla as? del carisma de fundador, del carisma del fundador, carisma del Instituto (o Congregaci?n) y de carisma fundacional. El carisma de fundador es aquel don del Esp?ritu que permite poner en pie una obra, una instituci?n, junto con su espiritualidad y su idiosincrasia muy particular. Son precisamente esta espiritualidad, esta idiosincrasia particular, las que junto con una vivencia del evangelio en forma espec?fica y ?nica conforman lo que bien podr?a llamarse el carisma del fundador. Pueden darse caso que exista el carisma del fundador, pero que no se d?, en la misma persona el carisma de fundador. As? vemos en la historia casos de hombres o mujeres que reciben de Dios la inspiraci?n de una espiritualidad, pero no la de poner en pie una obra, un Instituto religioso o una Congregaci?n. Se habla en ese caso del carisma del fundador, pero no del carisma de fundador. Es necesario que se de el carisma de fundador y el carisma fundacional, pues la recepci?n del carisma est? supeditado, en cierta manera, a la recepci?n por un grupo de personas. Puede darse el carisma de fundador, pero si no encuentra respuesta en un grupo de hombres o mujeres, no se dar? el carisma fundacional. Por ?ltimo debe anotarse que el carisma del Instituto llega a identificarse con el carisma del fundador.
28 Antonio Romano, The Charism of the Founders, St. Pauls, UK, 1994, pp. 129-161.
29 El Magisterio de la Iglesia lo ha establecido de la siguiente manera: ?La ?ndole propia lleva adem?s consigo, un estilo particular de santificaci?n y apostolado que va creando una tradici?n t?pica cuyos elementos objetivos pueden ser f?cilmente individuados. Es necesario por lo mismo que en las actuales circunstancias de evoluci?n cultural y de renovaci?n eclesial, la identidad de cada Instituto sea asegurada de tal manera que pueda evitarse el peligro de la imprecisi?n con que los religiosos sin tener suficientemente en cuenta el modo de actuar propio de su ?ndole, se insertan en la vida de la Iglesia de manera vaga y ambigua.? Sagrada Congregaci?n para los religiosos e institutos seculares, Mutuae relationes, 14.5.1978, n.11.
30 Vale la pena reportar en este espacio lo que el Magisterio entiende por ascesis, con el fin de comprender su valor positivo en el seguimiento de Cristo: ?La disciplina y el silencio, necesarios para la oraci?n, nos recuerdan que la consagraci?n por los votos religiosos exige un cierto ascetismo ? que abarca todo el ser? (ET 46). La respuesta de Cristo, de pobreza, castidad y obediencia, le condujo a la soledad del desierto, al dolor de la contradicci?n y al abandono de la cruz. La consagraci?n del religioso se adentra por ese mismo camino, no puede ser un reflejo de la consagraci?n de Cristo, si su vida no lleva consigo la abnegaci?n. La vida religiosa misma es una expresi?n permanente, p?blica y visible, de conversi?n cristiana. Exige el abandono de todas las cosas y el tomar la propia cruz para seguir a Cristo con la vida entera. Lo cual lleva como consecuencia la asc?tica necesaria para vivir en pobreza de esp?ritu y de hecho, para amar como Cristo ama, para someter la propia voluntad, por Dios, a la voluntad de otro que le representa, aunque imperfectamente. Exige el don de s? mismo, sin el cual no es posible vivir ni una vida comunitaria aut?ntica, ni una misi?n fructuosa La afirmaci?n de Jes?s que el grano de trigo necesita caer en tierra y morir si ha de dar fruto, tiene una aplicaci?n particular para el religioso a causa de la naturaleza p?blica de sus votos. Es cierto que muchas penitencias del d?a de hoy se hallan en los hechos mismos de la vida y deben ser aceptadas all?. Sin embargo, es cierto que los religiosos, si no construyen su vida sobre ? una austeridad alegre y bien equilibrada ? (ET 30) y una renuncia decidida y concreta, arriesgan la p?rdida de la libertad espiritual, necesaria para vivir los consejos. En efecto, sin esa austeridad y renuncia, su misma consagraci?n puede verse en peligro. Por eso, no puede darse un testimonio p?blico de Cristo, pobre, casto y obediente, sin asc?tica. A?n m?s, por la profesi?n de los consejos por medio de los votos, los religiosos se obligan a adoptar todos los medios necesarios para ahondar y promover lo que han prometido, y esto significa una elecci?n voluntaria de la cruz, que ha de ser ? como lo fue para Cristo, la m?s grande prueba de amor? (ET 29).? Sagrada Congregaci?n para los religiosos e institutos seculares, Elementos esenciales sobre la vida religiosa, 31.5.1983, n. 31.

31 ?Si parla pi? frequentemente di impegno e di essere per gli altri, che di combattimento spirituale. Dimenticando, anche qui, che se la dimensione esterna e l?impegno per il fratello sono necessari, non possono per? assorbire ed escludere la dimensione interiore. ? difficile cos? evitare il rischio di ridurre la drammaticit? dell?esistenza cristiana ad una vicenda vissuta prevalentemente sullo scenario della storia, certo ugualmente severa e impegnativa, ma di tipo prevalentemente o esclusivamente secolare, ridotta alle dimensioni quasi unicamente umane. Cos`si appanna in alcuni religiosi la coscienza di essere testimoni dell?Assoluto, nella sequela di Cristo, venuto per fare la volont? del Padre e non solo per aiutare gli uomini a risolvere i loro problemi. ? un punto questo che indebolir? la vita religiosa dal di dentro e che la esporr? quasi indifesa alle sfide della societ? secolare.? Pier Giordano Cabra, Tempo di prova e di speranza, Il cammino della vita consacrata dal Vaticano II ad oggi, ?ncora editirice, Roma 2005, pp. 45, 46.


Publicado por mario.web @ 2:13
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