Viernes, 06 de mayo de 2011
La mujer consagrada se encuentra en los albores del Tercer Milenio con la gran noticia de que tiene que ser santa, si quiere vivir con plenitud su consagraci?n a Dios.
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Los protagonistas de la santidad
Los protagonistas de la santidad

1. Re-definiendo el concepto de santidad.
2. Importancia de la santidad de la mujer consagrada en el siglo XXI
3. ?Es posible programar la santidad?
4. Los protagonistas de la santidad.
a. ?Qui?nes est?n interesados por formar una persona santa?
b. El pastor de la grey.
c. La religiosa del Tertio Millenio.
d. El programa de vida espiritual.
e. Las formadoras de la religiosa.
f. El carisma y el patrimonio espiritual de cada Instituto (VC, 36)
g. El silencio de la adoraci?n: oraci?n y ascesis (VC, 38)
h. La vida espiritual en primer lugar. (VC, 93 y RC, 20)


1. Re-definiendo el concepto de santidad

La mujer consagrada se encuentra en los albores del Tercer Milenio con la gran noticia de que tiene que ser santa, si quiere vivir con plenitud su consagraci?n a Dios. Una noticia que puede tomarle por sorpresa y llenarla de miedos. Sin embargo, estas sorpresas y miedos no tienen raz?n de ser cuando definimos adecuadamente el concepto de santidad. Cuando se habla de personas santas no se debe pensar en personas fuera de este mundo, sino en personas que han vivido en este mundo, las mismas circunstancias que nosotros vivimos, incluidos los gozos, las tristezas, las preocupaciones y, por qu? no, las mismas tentaciones. Como mujeres consagradas, las religiosas tienen una ventaja sobre otras personas. En la congregaci?n el Fundador/a ha dejado una huella indeleble para vivir la santidad. Pero, ?a qu? tipo de santidad nos estamos refiriendo?

El concepto de santidad lo tomamos de la Constituci?n dogm?tica Lumen Gentium que en el n?mero 40 dice: "El Se?or Jes?s, maestro y modelo divino de toda perfecci?n, a todos y cada uno de sus disc?pulos de cualquier condici?n, ha predicado la santidad de vida, de quien ?l mismo es el autor y el perfeccionador, <> (Mt. 5,48). En efecto, ?l mand? a todos el Esp?ritu Santo, para movernos internamente a amar a Dios con todo el coraz?n, con toda el alma y con todas las fuerzas, y amarse unos a otros como Cristo los ha amado".1

En este concepto nos encontramos con tres elementos que comporta la santidad: la posesi?n de la gracia santificante, un trabajo serio de fidelidad y correspondencia a las mociones del Esp?ritu Santo, un reclamo a la purificaci?n y conversi?n interior para hacer nuestro el rostro transfigurado de Cristo.

Estos elementos son comunes a todo bautizado, no son exclusivos de la vida consagrada. Nos damos cuenta que ser santo es una invitaci?n a todo fiel cristiano y que no es patrimonio exclusivo, como hace alg?n tiempo pod?a haberse pensado, de ciertos estados de vida, c?mo podr?an ser el del sacerdocio o el de las almas consagradas. "Preguntar a un catec?meno: <<?quieres recibir el Bautismo?>>, significa al mismo tiempo preguntarle <<?quieres ser santo?>>. Significa ponerle en el camino del Serm?n de la Monta?a: <> (Mt. 5, 48)2.

?ste ha sido uno de las aportaciones del Jubileo del 2000: darnos cuenta que todos estamos llamados a la santidad por raz?n de nuestra vocaci?n de bautizados, es decir, de hijos de Dios. "En primer lugar, no dudo en decir que la perspectiva en la que debe situarse el camino pastoral es la de la santidad. ?Acaso no era ?ste el sentido ?ltimo de la indulgencia jubilar, como gracia especial ofrecida por Cristo para que la vida de cada bautizado pudiera purificarse y renovarse profundamente?... Terminado el Jubileo, empieza de nuevo el camino ordinario, pero hacer hincapi? en la santidad es m?s que nunca una urgencia pastoral... Es el momento de proponer de nuevo a todos con convicci?n este alto grado de la vida cristiana ordinaria"3.

Con estas definiciones, que abrazan a todo bautizado, debemos dejar en claro que la santidad no consiste en arrobamientos m?sticos o experiencias sobrenaturales, sino en un empe?o por ser fiel al propio estado de vida, de acuerdo a la vocaci?n recibida de Dios. Cada estado de vida recibe las gracias necesarias para cumplir con perfecci?n los deberes encomendados. La posesi?n de la gracia santificante se dar? en la medida en que respondamos con generosidad a las gracias que recibimos todos los d?as para cumplir con nuestros deberes de estado, a las mociones del Esp?ritu santo que nos impulsar?n para cumplir con el tipo de vocaci?n que Dios nos ha querido regalar. Y todo ello se deber? llevar a cabo con una lucha espiritual, con una gran ascesis para logra la purificaci?n y renovaci?n de nuestras vidas.

La perfecci?n no es un patrimonio exclusivo de la vida consagrada4 5, si bien existe un cierto tipo de perfecci?n para la vida consagrada. Esta perfecci?n se identifica con la santidad de vida. "La Iglesia siempre ha visto en la profesi?n de los consejos evang?licos un camino privilegiado hacia la santidad. Las mismas expresiones con las que la califica -escuela de servicio al Se?or, escuela de amor y de santidad, camino o estado de perfecci?n- indican bien sea la eficacia y la riqueza de los medios propios de esta forma de vida, o el esfuerzo particular de aquellos que han abrazado este tipo de vida"6. Por lo tanto, dentro de los elementos constitutivos de la vida consagrada se encuentran elementos que llevan a la persona hacia la santidad. La profesi?n de los consejos evang?licos facilitan este camino: en la vivencia de la pobreza, la castidad y la obediencia, la persona consagrada se halla con m?s y mejores medios para alcanzar la santidad de vida. Aunque un bautizado debe vivir la castidad de acuerdo a su propio estado de vida, la obediencia a Dios y a la Iglesia y un razonado desapego de los bienes materiales7, su llamado a vivir la santidad, que es la perfecci?n en la caridad, no comporta por s? mismo la llamada al celibato o a la virginidad, la renuncia a la posesi?n de los bienes, ni la obediencia a un superior, en la forma como queda establecida para las personas consagradas. Por lo tanto, la profesi?n de los consejos evang?licos supone un particular regalo que Dios no concede a todos.


2. Importancia de la santidad de la mujer consagrada en el siglo XXI

Hemos visto que por su especial consagraci?n, la mujer consagrada est? llamada a la santidad. Al hacer de su vida un especial camino de seguimiento del Se?or en pobreza, castidad y obediencia se compromete a reflejar en toda su vida, la vida de Cristo. La santificaci?n la encontrar? en la medida en que su vida se asemeje con la vida de Cristo. Su esfuerzo consistir? en ir conformado sus sentimientos, con los sentimientos de Cristo, de forma que pueda expresar como san Pablo: "No soy yo, es Cristo quien vive en m?".

De esta santidad tiene necesidad el mundo de hoy, especialmente ahora que inicia el Tercer Milenio de la era cristiana. El mundo laicizado se ha volcado sobre modelos de vida que tiene como valores fundamentales aquellos que aportan a la persona una satisfacci?n inmediata para el mundo de los sentidos. Se privilegia el tener sobre el ser. Valgo en la medida que tengo es la ley de vida para muchas personas en nuestro tiempo. Se eligen estilos de vida contrarios a los valores evang?licos.

Sin embargo el hombre no puede permanecer encerrado en la materia. De alguna forma el esp?ritu lo lleva a buscar una esperanza de vida. A la pregunta del sentido de la vida responde con vagas formas de espiritualidad que van desde el culto a los ?ngeles, hasta formas de New Age o neo-paganismo.

Frente a esta realidad, la santidad de vida de la mujer consagrada se impone por s? misma, sin otra explicaci?n que la vida misma. Como reflejo de los valores evang?licos, la santidad de la mujer consagrada presenta un modelo atractivo para la vida de aquellos que buscan fundamentar su esperanza en modelos pasajeros o intrascendentes. Sin saberlo, esta sed no puede apagarse en estos modelos. Es por ello, que al ver un modelo que se basta por s? mismo -la vivencia de los valores evang?licos-, resulta atractivo a sus ojos.

La condici?n para atraer ser? una sola: la santidad de vida, entendida en este caso como la radicalidad en la vivencia de los consejos evang?licos. Radicalidad que es creer en lo que se vive, siguiendo la m?xima de la metaf?sica: primero el ser, luego el actuar. Quien consagrado conoce perfectamente cu?l debe ser su identidad, cree en dicha identidad, actuar? entonces, de acuerdo a dicha identidad. "La aportaci?n espec?fica que las personas consagradas pueden ofrecer al Evangelio de la esperanza parte dealgunos aspectos que caracterizan el actual rostro cultural y social de Europa. As?, la pregunta sobre las nuevas formas de espiritualidad, que hoy emerge en la sociedad, encontrar? una respuesta en el reconocimiento del primado absoluto de Dios vivido por los consagrados a trav?s de la donaci?n total de s? mismo, la conversi?n permanente de una existencia ofrecida como un verdadero culto espiritual. En un contexto contaminado del secularismo y sujetado al consumismo, la vida consagrada, don del Esp?ritu a la Iglesia y por la Iglesia, se convierte cada vez m?s en signo de esperanza en la medida en que testimonia la dimensi?n trascendente de la existencia8.


3. ?Es posible programar la santidad?


La radicalidad en la vivencia de los consejos evang?licos nos recuerda la misma radicalidad con la que los Ap?stoles siguieron a Cristo. Aquellos que actualmente siguen a Jes?s abandonando todo por ?l, revocan a los Ap?stoles que respondiendo a su invitaci?n, renunciaron a todo lo dem?s9. De esta forma podr? la mujer consagrada vivir con radicalidad y ser testimonio de la trascendencia.

Este abandono de todo por segur a Jes?s se proyecta en el tiempo. No se refiere tan s?lo al momento que pro primera vez la mujer que va a consagrarse deja casa, padre, hermanos y hermanas, para iniciar su per?odo de formaci?n. Se trata m?s bien de un continuo abandonar todo pro ?l, para no apegar el coraz?n a nada y as? m?s f?cilmente poder reflejar el rostro de Cristo entre los hombres. En esta dejarlo todo est? inscrito el secreto de la santidad. Dejar todo se convierte as? en todo un programa de vida que me lleva a la santidad.

Sabemos sin embargo cu?n fr?gil es la persona humana. Hoy planea y ma?ana falla. Sus buenos deseos pueden verse ensombrecidos por sus pasiones desordenadas, sus sentimientos mal encaminados, sus instintos no encauzados, sus emociones irracionales. Pero por otra parte parece atrevido el pensar s?lo que la santidad se puede programar, como quien pudiera prever los diversos mecanismos de una m?quina para obtener un resultado. Quiz?s el t?rmino puede asustar en un primer momento y prestarse a equ?vocos en la vida espiritual. Programar no quiere decir tan s?lo el llevar a cabo determinadas acciones para la obtenci?n de un resultado. Programar es el arte de prever aquellas circunstancias esenciales que pueden incidir en un resultado, catalog?ndolas y jerarquiz?ndolas de forma que contribuyan eficazmente a la obtenci?n de un objetivo o resultado previsto.

Quien sabe programar es una persona que posee una visi?n a largo plazo. Lo primero que lleva a cabo es ponerse antes los ojos la meta que desea alcanzar, el objetivo que quiere conseguir. "Comienza por el final"10 de tal manera que antes de comenzar a trabajar sabe a donde llegar.

Muchas veces las mujeres consagradas, como otras personas consagradas en la Iglesia, perdemos de vista el sentido de la programaci?n y de la eficacia, dejando mucho campo de acci?n al Esp?ritu santo, cuando en realidad olvidamos que el Esp?ritu santo act?a en la medida en que nosotros actuamos y no como la Tercera persona de la Sant?sima Trinidad que se encarga de cubrir nuestras deficiencias, indolencias o mediocridades. Dos act?a en la medida en que le prestamos todo nuestro ser, potenciando nuestras acciones. Si bien sabemos que sin ?l nada podemos, ello no nos excusa para no trabajar.

Una de las empresas m?s importantes para las mujeres consagradas deber?a ser sin duda alguna el alcanzar la santidad a las que Dios las ha llamado. Hemos visto en los cap?tulos precedentes la posibilidad y la importancia de la santidad de la religiosa en los inicios de este milenio. Es necesario por tanto poner manos a la obra en la labor de la propia santificaci?n. Trabajar "no como quien da pu?os en el aire", parangonando a San Pablo, sin con un objetivo muy precisos y con una programaci?n detallada. "?Acaso se puede programar la santidad? ?Qu? puede significar esta palabra en la l?gica de un plan pastoral? En realidad, poner la programaci?n pastoral bajo el signo de la santidad es una opci?n llena de consecuencias. Significa expresar la convicci?n de que, si el Bautismo es una verdadera entrada en la santidad de Dios por medio de la inserci?n en Cristo y la inhabitaci?n de su Esp?ritu, ser?a un contrasentido contentarse con una vida mediocre, vivida seg?n una ?tica minimalista y una religiosidad superficial"11.

Traduci?ndolo a un lenguaje espiritual, la mujer consagrada debe tener como prioridad en su vida ser santa, y no debe tener miedo a afrontar las consecuencias que esto conlleve. Una de las consecuencias l?gicas que deb?a plantearse ella, despu?s de expresar su deseo de ser santa, es el de preguntarse sobre los medios que pondr? en pr?ctica para llevar a cabo este alto ideal de vida. No puede guiarse por golpes de suerte o dejarse llevar por el vaiv?n de sus pasiones o sentimientos. Atenta a la voz del Esp?ritu discernir? aquellos medios que le lleven a alcanzar con eficacia la santidad.

Los tiempos actuales requieren alcanzar la santidad con sentido de eficacia, que no es sino el saber hacer, y el arte de hacer m?s en menos tiempo. As? lo requiere la urgencia de la misi?n y as? lo requieren las almas a las cu?les debemos dejar la impronta de nuestra vida configurada en el Se?or. El ejemplo de radicalidad de vida, que tanto servir? de ejemplo para la sociedad de nuestro tiempo, no admite el dejar espacio a la improvisaci?n, la falta de profesionalidad o los resultados mediocres en lo que a santidad se refiere. Se requiere por tanto actuar sabiendo la meta que queremos alcanzar y poniendo los medios m?s adecuados para alcanzar. Se requiere por tanto trabajar con un programa que no ser? otra cosa sino el tener un programa de vida espiritual, una gu?a y un calendario. Esto se explica en pocas palabras con un lenguaje llamativo para la vida espiritual, pero prestado del mundo organizacional: saber qu? es lo que se quiere, c?mo se quiere lograr y cu?ndo se va a lograr.

La programaci?n de la santidad no es m?s que la programaci?n por objetivos. Si la santidad es la imitaci?n de Cristo, de forma que la mujer consagrada pueda reflejar el rostro de Cristo y de ese modo vivir una existencia transfigurada12, la programaci?n por objetivos de la santidad responder? a las preguntas qu?, c?mo y cu?ndo. La mujer consagrada busca su transfiguraci?n en Cristo, respondiendo as? al qu?. Se da cuenta sin embargo de las faltas y el espacio que la separa de este ideal. Deber? establecer por tanto los medios que la lleven al ideal de vida, existencia transfigurada, que se ha propuesto vivir. Por ?ltimo deber? jerarquizarlos en el tiempo, para ensayar unos y una vez alcanzadas ciertas metas, poder ejecutar otros, de forma que no se detenga en su camino hacia la santidad.

De esta manera la santidad puede programarse con un programa, qu? tipo de vida quiero, una gu?a, c?mo lo quiero y qu? medios voy a usar para alcanzarlo y un calendario, cu?ndo lo voy a alcanzar.


4. Los protagonistas de la santidad

a. ?Qui?nes est?n interesados por formar una persona santa?

Aparentemente la primera interesada en lograr la santidad ser?a la mujer consagrada. Sin embargo no lo es as?. La primera persona interesada en la santidad es Dios mismo. ?l, al llamarnos a la existencia y al hacernos hijos suyos por medio del bautismo nos pide <> (Mt. 5,48). Es una invitaci?on con car?cter mandatorio. Una invitacion a ser y no solo a la posibilidad de ser. "Durante su vida terrena, Jes?s llam? a quienes ?l quiso, para tenerlos junto a s? y para ense?arles a vivir seg?n su ejemplo, para el Padre y para la misi?n que el Padre le hab?a encomendado (cf. Mc 3, 13-15). Inauguraba de este modo una nueva familia de la cual habr?an de formar parte a trav?s de los siglos todos aquellos que estuvieran dispuestos a " cumplir la voluntad de Dios " (cf. Mc 3, 32-35). Despu?s de la Ascensi?n, gracias al don del Esp?ritu, se constituy? en torno a los Ap?stoles una comunidad fraterna, unida en la alabanza a Dios y en una concreta experiencia de comuni?n (cf. Hch 2, 42-47; 4, 32-35). La vida de esta comunidad y, sobre todo, la experiencia de la plena participaci?n en el misterio de Cristo vivida por los Doce, han sido el modelo en el que la Iglesia se ha inspirado siempre que ha querido revivir el fervor de los or?genes y reanudar su camino en la historia con un renovado vigor evang?lico"13.

La invitacion de Jesucristo a seguirlo mas de cerca por la profesion de los consejos evangelicos lleva implicita la invitacion a la santidad de vida. Sera la Trinidad Santa la primera interesada en lograr que la persona consagrada sea santa, para que asi pueda seguirla mas de cerca. "La vida consagrada est? llamada a profundizar continuamente el don de los consejos evang?licos con un amor cada vez m?s sincero e intenso en dimensi?n trinitaria: amor a Cristo, que llama a su intimidad; al Esp?ritu Santo, que dispone el ?nimo a acoger sus inspiraciones; al Padre, origen primero y fin supremo de la vida consagrada. De este modo se convierte en manifestaci?n y signo de la Trinidad, cuyo misterio viene presentado a la Iglesia como modelo y fuente de cada forma de vida cristiana"14 Seran las tres personas de la Santisima Trinidad quienes haran la labor de santificar el alma consagrada en la medida en que el alma consagrada se preste a la accion de la gracia.
Asi, Dios Padre, origen primero y fin supremo de la vida consagrada sera quien invita al alma a ser toda de su propiedad. El es quien suscita en el alma los deseos de Dios, "los fuertes deseos de Dios", segun una bella expresion del ritual de consagracion de la Orden de las monjas agustinianas. El alma no puede pensar por si misma la perfeccion a la que esta llamada mediante la profesion de los consejos evangelicos. Es Dios Padre, en su infinta gratuidad quien suscita en el alma estos deseos de perfeccion. No es desdenable la forma en que Dios se vale para hacer esta llamada. "Sabemos que la vocaci?n es la manifestaci?n, hecha por Dios a un bautizado, de su voluntad con la cu?l ?l lo ha elegido a la vida consagrada, para que se dedique ?nicamente a darle gloria y a la salvaci?n de los hombres, d?ndole una idoneidad adecuada y medios necesarios y ?tiles para cumplir con este fin"15. Este llamado de Dios reviste una gama inmensa de psoibilidades que van desde el desvelarse sereno de una llamada suave y sutil como quien se da cuenta sin sentirlo, de la vocacion a la que ha sido llamada, hasta las experiencias misticas y psicologicas mas fuertes y profundas, a semejanza de San Pablo camino a Damasco (Hch. 9, 1 -19).

La segunda persona de la Trinidad, Cristo, sera el encargado de hacer mas concreta esta llamada, a traves de una invitacion a imitar su vida.

Y por ultimo, el Espiritu Santo, dulce huesped del alma inspirara constantemente en el alma los deseos de perfeccion y santidad a la que esta llamada.

De esta forma, la profesion de los consejos evangelicos, resumen y esencia de la vida consagrada, se convierte enun himno de vida a la Santisima Trinida, pues reflejan las inspiracones, el seguimiento y la llamada a la vida de especial consagracion. "La castidad de los c?libes y de las v?rgenes ... es el reflejo del amor infinito que une a las tres Personas divinas en la profundidad misteriosa de la vida trinitaria... La pobreza manifiesta que Dios es la ?nica riqueza verdadera del hombre. Vivida seg?n el ejemplo de Cristo que " siendo rico, se hizo pobre " (2 Co 8, 9), es expresi?n de la entrega total de s? que las tres Personas divinas se hacen rec?procamente... La obediencia, manifiesta la belleza liberadora de una dependencia filial y no servil, rica de sentido de responsabilidad y animada por la confianza rec?proca, que es reflejo en la historia de la amorosa correspondencia propia de las tres Personas divinas"16.


Publicado por mario.web @ 19:18
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