Viernes, 06 de mayo de 2011
De todo ello ha surgido el deseo de acoger la llamada que el Esp?ritu dirige a las Iglesias en Europa para que se comprometan ante los nuevos desaf?os.
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Ecclesia In Europa
Ecclesia In Europa


Ecclesia In Europa
Sobre Jesucristo vivo en su Iglesia y fuente de esperanza para Europa
Exhortaci?n Apost?lica Postsinodal del Sumo Pont?fice Juan Pablo II
28 de junio de 2003


CONFERENCIA DE PRENSA DE PRESENTACI?N
DE LA EXHORTACI?N APOST?LICA "ECCLESIA IN EUROPA"


INTERVENCI ?N DEL CARD. ANTONIO MAR?A ROUCO VARELA, ARZOBISPO DE MADRID, RELATOR DEL S?NODO

Roma, s?bado 28 de junio de 2003

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Introducci?n
Como preparaci?n para el gran jubileo del a?o 2000 el Santo Padre decidi? celebrar diversos S?nodos de car?cter continental. El ?ltimo de ellos fue el dedicado a Europa, que tuvo lugar del 1 al 23 de octubre de 1999. Era la II Asamblea especial para Europa del S?nodo de los obispos, puesto que la primera se hab?a celebrado el a?o 1991, poco despu?s de la ca?da del muro de Berl?n.

El tema central de la II Asamblea fue la esperanza. Se propon?a as? una palabra clave para interpretar la situaci?n de Europa en el paso del milenio: por un lado, est? mirando al futuro en ese proyecto de construcci?n de la Uni?n europea y, por otro, se aprecian s?ntomas de falta de verdadero sentido y de esperanza para construir adecuadamente ese futuro.

Mas, al centrar los padres sinodales su reflexi?n en la esperanza, no lo hac?an proponiendo una especie de vago sentimiento de ?nimo que impulsa los proyectos humanos; ni tampoco determinando, sin m?s, unas metas m?s o menos ut?picas para la construcci?n de la futura Europa. La esperanza que mostraban tiene nombre propio y se llama Jesucristo. As? lo dec?a el tema del S?nodo: "Jesucristo, vivo en su Iglesia, y fuente de esperanza para Europa".

Este mismo es el contenido esencial de la Exhortaci?n apost?lica postsinodal " Ecclesia in Europa ", que ha escrito el Santo Padre teniendo en cuenta las deliberaciones del S?nodo y las propuestas finales que los padres sinodales le presentaron. En efecto, hay una palabra que atraviesa toda la Exhortaci?n: "El evangelio de la esperanza"; y una clave de interpretaci?n: ese Evangelio de la esperanza es Jesucristo, como la buena noticia que la Iglesia puede aportar a los hombres y mujeres de Europa, para ser felices, y a la nueva Europa, que se pretende construir, para que tenga fundamento s?lido.

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Luces y sombras de la esperanza
El documento sigue un hilo conductor: el libro del Apocalipsis como icono b?blico que ilustra nuestra realidad: en la primitiva Iglesia, como ahora, la inserci?n de los cristianos en la historia, con sus interrogantes y dificultades, est? iluminada por la victoria de Jesucristo resucitado: la construcci?n de la ciudad terrena prescindiendo de Dios o contra ?l no tiene futuro digno del hombre.

Partiendo de esta convicci?n, se mira la realidad europea desde la perspectiva de la esperanza; se descubren algunos signos preocupantes, que son un reto para la acci?n pastoral de la Iglesia. Entre ellos cabe mencionar los siguientes:

1) La p?rdida de la memoria y de la herencia cristiana; esta actitud convertir?a a los europeos en una especie de herederos que est?n a punto de despilfarrar el rico patrimonio recibido durante los siglos pasados.

2) El miedo a afrontar el futuro, que se manifiesta en el vac?o interior, en la escasa natalidad, o en el miedo a asumir decisiones definitivas, como el compromiso matrimonial o la vocaci?n consagrada.

3) Una generalizada fragmentaci?n de la existencia, que tiene expresiones en el deterioro de la familia o los rebrotes de conflictos ?tnicos y actitudes racistas, con un cierto decaimiento de la solidaridad interpersonal.

4) Algunas ofertas de esperanzas intramundanas, como los para?sos de la ciencia, del consumismo o de b?squedas exot?ricas de espiritualidad, no pueden saciar la imborrable nostalgia de esperanza que anida en el coraz?n humano.


Estos s?ntomas no brotan por generaci?n espont?nea, sino que tienen su ra?z en una antropolog?a sin Dios, que pretende convertirse en cultura dominante, dando la impresi?n de que la cultura europea ser?a una apostas?a silenciosa por parte del hombre autosuficiente, que vive como si Dios no existiera.

Pero, junto a estas sombras, hay en Europa tambi?n signos positivos de esperanza:

1) Por parte de la sociedad civil est? la conciencia creciente de la unificaci?n de Europa y de la comunidad de pueblos, a la vez que la sensibilidad hacia la defensa de los derechos humanos.

2) En el interior de la Iglesia se advierten muchas semillas y realidades esperanzadoras: la libertad de la Iglesia recuperada en Europa del Este; el mayor empe?o de la Iglesia por concentrarse en su misi?n espiritual; la conciencia de la responsabilidad de los bautizados; la mayor participaci?n de la mujer; el testimonio de los santos y de los m?rtires; la vitalidad que sigue habiendo en las parroquias, en las organizaciones apost?licas y en los nuevos movimientos y comunidades eclesiales, as? como el progreso en el camino del ecumenismo.


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Cristo, la respuesta y la fuente de esperanza
Partiendo de estas realidades esperanzadoras, la Iglesia est? convencida de que tiene un tesoro que ofrecer a Europa, en realidad su ?nico tesoro y esperanza: Jesucristo. Es la aportaci?n espec?fica y mejor que puede hacer para la construcci?n de Europa. Lo sabe por experiencia, ya que ella ha contribuido a configurar la identidad de Europa de una manera decisiva. Si los valores que han dado lugar a la cultura humanista de Europa tienen m?ltiples ra?ces, estas influencias han encontrado hist?ricamente en el cristianismo la fuerza para armonizarlas, consolidarlas y promoverlas.

Es preciso reconocer que "Europa ha sido impregnada amplia y profundamente por el cristianismo". (...) "La fe cristiana ha plasmado la cultura del continente y se ha entrelazado indisolublemente con su historia" (n. 24). Son datos evidentes que la Iglesia en el pasado ha aportado a la construcci?n de Europa los misioneros, los monjes, creaciones culturales y art?sticas o normas de derecho y ha promovido la dignidad de la persona humana como fuente de derechos inalienables, adem?s de que, con su impulso misionero, ha difundido por el mundo los valores que han hecho universal la cultura europea (cf. n. 25). El Santo Padre no se cansa de recordarnos la herencia y ra?ces cristianas de nuestra cultura, como lo ha hecho recientemente en las visitas a Espa?a y a Croacia.

Pero Jesucristo no tiene que ver s?lo con el pasado de Europa. La Iglesia est? convencida de que puede dar una gran contribuci?n a la construcci?n de la Europa de los valores y de los pueblos, no ofreciendo soluciones t?cnicas, sino fundamentos de valores y derechos en la dignidad del hombre como hijo de Dios; sentido para la vida de las personas y para los proyectos institucionales, ofreciendo el horizonte de la trascendencia y el destino de la vida eterna; ofrece tambi?n la Iglesia modelos y experiencia de convivencia, porque, siendo una, respeta la pluralidad y la riqueza de la diversidad. Cristo, presente en su Iglesia, se ofrece as? como la esperanza para Europa.

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Vivir y anunciar el Evangelio de la esperanza
?C?mo ser? posible hacer este servicio y ofrecer esta esperanza?

S?lo si la Iglesia vive, anuncia, celebra y sirve al Evangelio de la esperanza. Estos cuatro enunciados constituyen el n?cleo de la Exhortaci?n.

En primer lugar, el Papa hace una llamada a los cat?licos de Europa para que vivamos m?s a fondo el Evangelio de la esperanza, es decir, para que nos convirtamos, para que, con expresi?n del Apocalipsis (cf. Ap 3, 2), despertemos y reavivemos lo que est? a punto de morir. Detecta en el interior de la Iglesia de Europa algunos s?ntomas preocupantes de mundanizaci?n y connivencia con la l?gica del mundo y hace una llamada a no perder la identidad cristiana, a recuperar la vida interior, a mantener la comuni?n, a superar temores, lentitudes, omisiones e infidelidades, y a continuar el camino del di?logo ecum?nico.

Esta llamada a la revitalizaci?n cristiana se dirige a todos, con la convicci?n de que as? saldr? beneficiada la misi?n y el servicio a Europa. Los sacerdotes aportar?n esperanza, siendo transparencia de Cristo en una sociedad aquejada de horizontalismo, viviendo el celibato como una gracia y superando el cansancio y el desaliento. La vida consagrada puede hacer una aportaci?n espec?fica de esperanza a Europa con su testimonio de la primac?a de Dios, su vivencia de la fraternidad, su atenci?n a los marginados y su disponibilidad para la misi?n en otros continentes. No olvida el Papa hacer una llamada especial para cuidar la pastoral vocacional, ante la preocupante escasez de vocaciones, sobre todo en Europa occidental. Los laicos, por su parte, tienen una misi?n de servicio en la vida p?blica, continuando el ejemplo de aquellos cristianos a los que se ha llamado "padres de Europa", adem?s del testimonio de servicio en la vida ordinaria y en las m?ltiples tareas del trabajo profesional. Particularmente a la mujer le toca un papel importante en la construcci?n de una sociedad donde se cuide la dimensi?n afectiva, la gratuidad, la acogida. "La Iglesia espera de las mujeres una aportaci?n vivificadora para una nueva oleada de esperanza" (n. 42).

En segundo lugar la Exhortaci?n se refiere a anunciar el Evangelio de la esperanza, a proclamar el misterio de Cristo. Hace notar que en Europa est? creciendo el n?mero de no bautizados y que hay "amplios sectores sociales y culturales en los que se necesita una verdadera y aut?ntica misi?n "ad gentes "". Para ellos se precisa el primer anuncio de la fe. A la vez, existen muchos bautizados alejados de la fe, contagiados de un humanismo inmanentista o con una interpretaci?n secularista de la fe, que necesitan una nueva evangelizaci?n. Y, por supuesto, hace falta formar para una fe madura mediante una catequesis apropiada a los diversos itinerarios espirituales, que sea org?nica y sistem?tica. Todo ello se ver? favorecido por la promoci?n de una buena teolog?a. Especial atenci?n merece la renovaci?n de la pastoral juvenil, sabiendo que hay que dedicar tiempo de escucha, acompa?amiento personal, propuesta de las exigencias evang?licas y el camino de la santidad fortalecidos por una vida sacramental intensa. El Papa recuerda el significado eclesial y la esperanza que suscitan los encuentros que ha tenido con los j?venes en tantas partes.

En el camino de la evangelizaci?n cobra especial relieve el testimonio de la comuni?n eclesial, el di?logo ecum?nico, al que el Papa califica como "imperativo irrenunciable" (n. 54), y tambi?n el di?logo con las otras religiones que tienen una presencia m?s significativa en Europa: el juda?smo y el islamismo. El Papa espera que respecto al pueblo jud?o "florezca una nueva primavera en las relaciones rec?procas" (n. 56) y pide una correcta relaci?n con el islam, que "debe llevarse a cabo con prudencia, con ideas claras sobres sus posibilidades y l?mites (...), conscientes de la notable diferencia entre la cultura europea, con profundas ra?ces cristianas, y el pensamiento musulm?n" (n. 57).

Se refiere finalmente el Santo Padre a la necesidad de evangelizar la vida social. Hay que evangelizar la cultura e inculturar el Evangelio, recordando la fecundidad cultural del cristianismo en la historia de Europa. Y resalta el importante servicio de las escuelas cat?licas, de las universidades de la Iglesia y de la pastoral universitaria, adem?s de las posibilidades evangelizadoras de los bienes culturales de la Iglesia. Exhorta tambi?n al di?logo con los artistas de hoy, para expresar la belleza, que es un "reflejo del Esp?ritu de Dios, un criptograma del misterio y una invitaci?n a buscar el rostro de Dios hecho visible en Jes?s de Nazaret" (n. 60). Asimismo, pide prestar particular atenci?n a los medios de comunicaci?n social, tanto a los propios de la Iglesia como a la presencia de profesionales cat?licos en los dem?s.

Acaba esta parte proponiendo el Evangelio como libro para la Europa de hoy y de siempre: un libro a recibir, a gustar y a asimilar (cf. Ap 10, 8-10).


Publicado por mario.web @ 23:41
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