Viernes, 06 de mayo de 2011

Celebrar y servir al Evangelio de la esperanza
En tercer lugar, la Exhortaci?n habla de celebrar el Evangelio de la esperanza. Hace observar el sentido religioso que sigue habiendo en Europa hoy, con manifestaciones aut?nticas, como muchos grupos de oraci?n, y otras manifestaciones que, aunque est?n desencaminadas, manifiestan un deseo generallizado de espiritualidad que hay que saber encauzar. Como objetivos, se plantean: ser una Iglesia orante y descubrir en las celebraciones lit?rgicas el sentido del misterio y toda su hondura espiritual.

En las celebraciones de los sacramentos se advierten dos peligros: que en algunos ambientes eclesiales se est? perdiendo el sentido aut?ntico de los sacramentos y que muchas veces hay el riesgo de trivializaci?n porque muchos piden los sacramentos sin una debida preparaci?n. Presenta brevemente la centralidad de la Eucarist?a, recordando algunos de los aspectos que trata m?s ampliamente la reciente enc?clica Ecclesia de Eucharistia , como el aspecto sacrificial y la dimensi?n escatol?gica. Sobre el sacramento de la Reconciliaci?n resalta que tiene un papel fundamental en la recuperaci?n de la esperanza, porque el perd?n posibilita un nuevo comienzo; y recuerda la doctrina sobre la necesidad de la confesi?n y de la absoluci?n individual, adem?s de la urgencia de formar moralmente las conciencias.

Insiste tambi?n en algo puesto de relieve en la carta apost?lica Novo millennio ineunte : la necesidad de una pastoral y pedagog?a de la oraci?n, que es "como el aire que respira el cristiano" (n. 78), cuidando sus m?ltiples expresiones, tanto comunitarias como personales, desde el culto eucar?stico hasta el rezo del santo rosario.

Por ?ltimo, exhorta a recuperar y defender el "d?a del Se?or", que es un momento paradigm?tico del Evangelio de la esperanza, ya que "sin la dimensi?n de la fiesta, la esperanza no encontrar?a un hogar donde vivir" (n. 82).

En cuarto lugar se refiere el Papa a servir al Evangelio de la esperanza. Exhorta a entrar por el camino del amor, porque una Iglesia que vive la experiencia del amor de Dios ha de procurar que los hombres se encuentren con ese amor. De ah? nace el servicio de la caridad. De este modo y con el voluntariado cristiano bien identificado en su fe, la Iglesia contribuye a extender la "cultura de la solidaridad" con fundamento s?lido.

En consecuencia, invita el Santo Padre a que la Iglesia d? nueva esperanza a los pobres, por el amor preferencial a ellos. Alude a varios aspectos concretos de servicio al hombre en la sociedad: la atenci?n al problema del desempleo, la pastoral de enfermos, la ecolog?a. Y desarrolla con m?s amplitud tres grandes temas de especial importancia en Europa:

1) El matrimonio y la familia, que es preciso defenderlos como instituci?n, frente a propuestas y proyectos legales que desvirt?an su identidad. Para ello hay que mostrar su verdad y belleza, educar para el amor a los j?venes y estar cercanos a las situaciones familiares dif?ciles.

2) Defender el evangelio de la vida frente a la escasa natalidad y las amenazas del aborto o de la eutanasia.

3) Ante el fen?meno creciente de las inmigraciones, fomentar una cultura de la acogida. Ello supone trabajar por un orden internacional m?s justo, idear formas de acogida inteligentes, reconocer los derechos de las personas, integrar a los inmigrantes en el tejido social y cultural europeo y ofrecer servicios de acogida y atenci?n pastoral por parte de la Iglesia, teniendo en cuenta que muchos de ellos son cat?licos.


Finalmente recuerda el Papa la doctrina social de la Iglesia, como referencia para la calidad moral de la civilizaci?n y de la sociedad que se trata de construir. Y hace una llamada a que la Iglesia sea la Iglesia de las bienaventuranzas: pobre, amiga de los pobres, constructora de la paz y defensora de la justicia.

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Esperanza para una nueva Europa
El libro del Apocalipsis habla de una "nueva Jerusal?n" y de que Dios hace "todo nuevo" ( Ap 21, 2. 5). Esta novedad de Dios no es una utop?a, sino una realidad ya presente en su Iglesia. Por eso, ante la construcci?n de una "nueva Europa", la Iglesia puede aportar su novedad.

Vuelve el Papa a recordar que el cristianismo est? en el nacimiento de la cultura europea, que fue un factor primario de unidad entre los pueblos y que "ha dado forma a Europa acu?ando en ella algunos valores fundamentales; la modernidad europea misma, que ha dado al mundo el ideal democr?tico y los derechos humanos, toma los propios valores de su herencia cristiana" (n. 108).

Pero en estos momentos "en que refuerza y amplia su propia uni?n econ?mica y pol?tica, parece sufrir una profunda crisis de valores; aunque dispone de mayores medios, da la impresi?n de carecer de impulso para construir un proyecto com?n y dar nuevamente razones de esperanza a sus ciudadanos" ( ib .). El Papa afirma que "la uni?n no tendr? solidez si queda reducida s?lo a la dimensi?n geogr?fica y econ?mica, pues ha de consistir ante toda en una concordia sobre los valores, que se exprese en el derecho y en la vida" (n. 110).

Destaca tambi?n el papel que Europa puede desempe?ar en la solidaridad y paz del mundo, explicando que "Europa debe querer decir apertura" (n. 111), que debe ser un continente abierto y acogedor, que no se puede encerrar en s? misma, sino estar abierta a la cooperaci?n internacional, con iniciativas audaces, haciendo que la globalizaci?n sea en la solidaridad y de la solidaridad.

Alude al importante papel de las instituciones europeas para promover la unidad del continente y el servicio de las personas. Insiste en que un buen ordenamiento de la sociedad debe basarse en valores ?ticos y que esos valores est?n en primer lugar en los cuerpos sociales, entre los que est?n las Iglesias y otras organizaciones religiosas, a las que no se les puede considerar como meras entidades privadas.

Pide que en la futura Constituci?n europea figure la referencia al patrimonio religioso y particularmente cristiano, y que se reconozcan tres elementos complementarios: el derecho de las Iglesias y comunidades religiosas a organizarse libremente; el respeto a la identidad espec?fica de las confesiones religiosas; el respeto del estatuto jur?dico del que ya gozan las Iglesias y las instituciones religiosas en virtud de las legislaciones de los Estados miembros de la Uni?n (cf. n. 114).

El Papa afirma que la relaci?n de la Iglesia con Europa no es la de la vuelta a un Estado confesional, pero tampoco la de un laicismo o separaci?n hostil, sino de sana cooperaci?n. La contribuci?n que la Iglesia puede dar a la construcci?n de Europa es la dimensi?n religiosa, seg?n todo lo expuesto en los cap?tulos centrales de la Exhortaci?n; ofrece tambi?n su modelo de unidad en la diversidad y aporta todo el trabajo de sus comunidades en un compromiso efectivo por humanizar la sociedad, adem?s de sus organismos continentales de comuni?n eclesial, que tambi?n contribuyen a la unidad de Europa. Tambi?n reconoce que la Europa que se construye como uni?n es un nuevo impulso en el camino de la unidad de la Iglesia.

Por ?ltimo, Juan Pablo II insiste en que "Europa necesita un salto cualitativo en la toma de conciencia de su herencia espiritual" (n. 120) y, como ya hiciera en Santiago de Compostela el a?o 1982, vuelve ahora a pedir a Europa que reencuentre su verdadera identidad: "Vuelve a encontrarte. S? t? misma. Descubre tus or?genes. Aviva tus ra?ces" ( ib. ). Y acaba dici?ndole que "el Evangelio no est? contra ti, sino a tu favor" (n. 121); que "en el Evangelio de Jes?s encontrar?s la esperanza firme y duradera a que aspiras" y que "el Evangelio de la esperanza no defrauda" ( ib .).

Concluye la Exhortaci?n mirando a Mar?a e invocando su protecci?n sobre Europa, que est? llena de santuarios marianos, que muestran la devoci?n a la Virgen extendida entre los pueblos europeos.



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Publicado por mario.web @ 23:42
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