Viernes, 06 de mayo de 2011
La generosidad es una de las virtudes fundamentales del cristiano. La generosidad es la virtud que nos caracteriza en nuestra imitaci?n de Cristo, en nuestro camino de identificaci?n con ?l.
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Amar como Cristo nos ama
Amar como Cristo nos ama


La generosidad es una de las virtudes fundamentales del cristiano. La generosidad es la virtud que nos caracteriza en nuestra imitaci?n de Cristo, en nuestro camino de identificaci?n con ?l.


Esto es porque la generosidad no es simplemente una virtud que nace del coraz?n que quiere dar a los dem?s, sino la aut?ntica generosidad nace de un coraz?n que quiere amar a los dem?s. No puede haber generosidad sin amor, como tampoco puede haber amor sin generosidad. Es imposible deslindar, es imposible separar estas dos virtudes.

?Qu? amor puede existir en quien no quiera darse? ?Y qu? don aut?ntico puede existir sin amor? Esta uni?n, esta intimidad tan estrecha entre la generosidad y la misericordia, entre la generosidad y el amor, la vemos clar?simamente reflejada en el coraz?n de nuestro Se?or, en el amor que Dios tiene para cada uno de nosotros, y en la forma en que Jesucristo se vuelca sobre cada una de nuestras vidas d?ndonos a cada uno todo lo que necesitamos, todo lo que nos es conveniente para nuestro crecimiento espiritual.

Este darse de Cristo lo hace nuestro Se?or a costa de ?l mismo. Como dir?a San Pablo: ?Bien saben lo generoso que ha sido nuestro Se?or Jesucristo, que siendo rico, se hizo pobre por ustedes, para que ustedes se hiciesen ricos con su pobreza?. ?sta es la clave verdadera del aut?ntico amor y de la aut?ntica generosidad: el hacerlo a costa de uno.

En el fondo, podr?amos pensar que esto es algo negativo o que es algo que no nos conviene. ?C?mo voy yo a entregarme a costa m?a! ?C?mo voy yo a darme o a amar a costa m?a! Sin embargo, es imposible amar si no es a costa de uno, porque el aut?ntico amor es el amor que es capaz de ir quebrando los propios ego?smos, de ir rompiendo la b?squeda de s? mismo, de ir disgregando aquellas estructuras que ?nicamente se preocupan por uno mismo.

?Qu? diferente es la vida, qu? diferente se ve todo cuando en nuestra existencia no nos buscamos a nosotros y cuando buscamos verdadera y ?nicamente a Dios nuestro Se?or! ?C?mo cambian las prioridades, c?mo cambia el entendimiento que tenemos de toda la realidad y, sobre todo, c?mo aprendemos a no conformarnos con amar poquito!

Esto es lo que nuestro Se?or nos dice en el Evangelio: ?Antiguamente se dec?a: Ama a tu pr?jimo y odia a tu enemigo?. Esto es amar poquito, amar con medida, amar sin darse totalmente a todos los dem?s. Podr?amos nosotros tambi?n ser as?: personas que aman no seg?n el amor, sino seg?n sus conveniencias; no seg?n la entrega, sino seg?n los propios intereses. Cuando Cristo dice: ?Si ustedes aman a los que los aman, ?qu? recompensa merecen? ?No hacen eso tambi?n los publicanos? Y si saludan tan s?lo a sus hermanos, ?qu? hacen de extraordinario? ?No hacen eso tambi?n los paganos??, lo que nos est? diciendo: ?no hacen eso tambi?n aquellos a los que solamente les interesa la conveniencia o el dinero? Te doy, porque me diste; te amo porque me amaste.

El cristiano tiene que aprender a abrir su coraz?n verdaderamente a todos los que lo rodean, y entonces, las prioridades cambian: ya no me preocupo si esto me interesa o no; la ?nica preocupaci?n que acabo por tener es si me estoy entregando totalmente o me estoy entregando a medias; si estoy d?ndome, incluso a costa de m? mismo, o estoy d?ndome calcul?ndome a m? mismo. En el fondo, estos dos modelos que aparecen son aquellos que, o siguen a Cristo, o se siguen a s? mismos.

Ser perfectos no es, necesariamente, ser perfeccionistas. Ser perfectos significa ser capaces de llevar hasta el final, hasta todas las consecuencias el amor que Dios ha depositado en nuestro coraz?n. Ser perfecto no es terminar todas las cosas hasta el ?ltimo detalle; ser perfecto es amar sin ninguna medida, sin ning?n l?mite, llegar hasta el final consigo mismo en el amor.

Para todos nosotros, que tenemos una vocaci?n cristiana dentro de la Iglesia, se nos presenta el interrogante de si estamos siendo perfeccionistas o perfectos; si estamos llegando hasta el final o estamos calculando; si estamos amando a los que nos aman o estamos entreg?ndonos a costa de nosotros mismos.

Estas preguntas, que en nuestro coraz?n tenemos que atrevernos a hacer, son las preguntas que nos llevan a la felicidad y a corresponder a Dios como Padre nuestro, y, por el contrario, son preguntas que, si no las respondemos adecuadamente, nos llevan a la frustraci?n interior, a la amargura interior; nos llevan a un amor partido y, por lo tanto, a un amor que no satisface el alma.

Pid?mosle a Jesucristo que nos ayude a no fragmentar nuestro coraz?n, que nos ayude a no calcular nuestra entrega, que nos ayude a no ponernos a nosotros mismos como prioridad fundamental de nuestro don a los dem?s. Que nuestra ?nica meta sea la de ser perfectos, es decir, la de amar como Cristo nos ama a nosotros.


Publicado por mario.web @ 23:52
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