S?bado, 07 de mayo de 2011
Fen?menos tales como la secularizaci?n, Nueva Era, diversas ideolog?as nos plantean nuevos retos
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Dentro de nuestras sociedades es cada vez m?s dif?cil vivir nuestra fe, el mundo ofrece placer, diversiones, ?ley del menor esfuerzo?, falsos ?dolos que nos alejan del amor de Dios.

Fen?menos tales como la secularizaci?n, Nueva Era, diversas ideolog?as nos plantean nuevos retos para permanecer en la presencia de Dios. Jesucristo nos sigue recordando: ?Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por m?...? (Jn 14,6).

Jesucristo es la respuesta, es el ?nico medio de salvaci?n, es la verdad y el amor vivo. Un mundo que se quiere negar a s? mismo alej?ndose de Dios no saldr? adelante, va a la perdici?n. Un?monos a Jesucristo, un?monos a Dios, amemos a la Iglesia y, amemos y vivamos su Palabra.

A) Llamado a una nueva evangelizaci?n

Muchas comunidades e individuos est?n llamados a vivir hoy en un mundo pluralista y secularizado, en el que se dan formas de incredulidad e indiferencia religiosa; en muchas personas se dan hoy con fuerza la b?squeda de certezas y de valores, pero a la vez existen varias formas falsas de religiosidad.

Ante estas complejas situaciones, algunos cristianos pueden encontrarse confusos y desorientados, sin saber hacer frente a tales situaciones, ni discernir los mensajes que transmiten, y esto les lleva a abandonar una pr?ctica religiosa regular, terminando por vivir como si Dios no existiera. Su fe, sometida a prueba y amenazada, corre el riesgo de apagarse y morir, si no se la alimenta y sostiene constantemente.

Se hace indispensable una catequesis evangelizadora, es decir, ?una catequesis llena de savia evang?lica y con un lenguaje adaptado a los tiempos y a las personas?. ?sta tiene por objetivo educar a los cristianos en el sentido de su identidad de bautizados, de creyentes y de miembros de la Iglesia, abiertos y en di?logo con el mundo. Les vuelve a proponer los elementos fundamentales de la fe, los impulsa a una conversi?n aut?ntica, los ayuda a profundizar en la verdad y el valor del mensaje cristiano ante las objeciones te?ricas y pr?cticas, los anima a discernir y a vivir el Evangelio en lo cotidiano, los capacita para dar raz?n de la esperanza que hay en ellos, los fortalece en su vocaci?n misionera con el testimonio, el di?logo y el anuncio.

Hoy nos encontramos ante una situaci?n religiosa bastante diversificada y cambiante; los pueblos est?n en movimiento; realidades sociales y religiosas, que tiempo atr?s eran claras y definidas, hoy d?a se transforman en situaciones complejas. Baste pensar en algunos fen?menos, como el neoliberalismo, las migraciones masivas, la descristianizaci?n de pa?ses de antigua cristiandad, el influjo pujante del Evangelio y de sus valores en naciones con mayor?a no cristiana, la aparici?n de mesianismos y sectas religiosas.

Todas las formas de la actividad misionera est?n marcadas por el objetivo de promover la libertad del hombre, anunci?ndole a Jesucristo. La Iglesia es fiel a Cristo, del cual es el cuerpo y continuadora de su misi?n. Es necesario que ella camine ?por el mismo sendero que Cristo; es decir, por el sendero de la pobreza, la obediencia, el servicio y la inmolaci?n propia hasta la muerte, de la que surgi? victorioso por su resurrecci?n. (Ad gentes, 5; Lumen Gentium, 8).

La Iglesia pues, tiene el deber de hacer todo lo posible para desarrollar su misi?n en el mundo y llegar a todos los pueblos; tiene tambi?n el derecho que le ha dado Dios para realizar su plan. La libertad religiosa y la garant?a de todas las libertades que aseguran el bien com?n de las personas y de los pueblos. Es de desear que la aut?ntica libertad religiosa sea concedida a todos en todo lugar; ya con este fin la Iglesia despliega su labor en los diferentes pa?ses.

Por otra parte, la Iglesia se dirige al hombre en el pleno respeto de su libertad. La misi?n no coarta la libertad, sino m?s bien la favorece. La Iglesia propone, no impone nada: respeta las personas y las culturas, y se detiene ante el Sagrario de la conciencia. A quienes se oponen con los pretextos m?s variados a la actividad misionera de la Iglesia, ella va repitiendo: ?Abran las puertas a Cristo!.

B) Catequesis: ense?anza de los ap?stoles

La tarea que realiza el catequista participa de la propia misi?n de Jes?s y se remonta a la Iglesia apost?lica. En realidad, ?el mensaje evangelizador de la Iglesia, hoy y siempre, es el mensaje de la predicaci?n de Jes?s y de los Ap?stoles?.
?El catequista es, por tanto, testigo y eslab?n de una tradici?n que ?deriva de los ap?stoles? (Dei verbum, 8). Quien catequiza transmite el Evangelio que, a su vez, ha recibido: ?Les transmit? lo que a mi vez recib? (1 Cor 15,3).
?La predicaci?n apost?lica... se ha de conservar por transmisi?n continua hasta el fin de los tiempos? (Dei Verbum, 8). Hay en ella ciertas constantes, inalterables al paso del tiempo, que configuran toda la misi?n de la Iglesia y, por tanto, la catequesis. El catequista ha de conformar su acci?n educadora con apego al dep?sito de la Fe si no quiere exponerse a ?correr en vano? (Gal 2,2).

Hacemos nuestra la sensibilidad de Juan Pablo II al recordarnos el respeto con que hemos de tratar el Evangelio recibido:
Todo catequista deber?a poder aplicar as? mismo la misteriosa frase de Jes?s: ?Mi doctrina no es m?a sino del que me ha enviado?(Jn 7,16).

Qu? contacto asiduo con la Palabra de Dios, transmitida por el Magisterio de la Iglesia, qu? familiaridad profunda con Cristo y con el Padre, qu? esp?ritu de oraci?n, qu? despego de s? mismo ha de tener el catequista para poder decir ?mi doctrina no es m?a? (Catechesi Tradendae, 10).
?La acci?n catequizadora de los ap?stoles es uno de los pilares sobre los que crecen las primeras comunidades cristianas: ?Acud?an asiduamente a la ense?anza de los ap?stoles, a la comuni?n, a la fracci?n del pan y a las oraciones? (Hech 2,42).

?Se encuentra aqu?, sin duda alguna, la imagen permanente de una Iglesia que, gracias a las ense?anzas de los Ap?stoles, nace y se nutre continuamente de la Palabra del Se?or, la celebra en el sacrificio eucar?stico y da testimonio al mundo con el signo de la caridad? (Catechesi Tradendae, 10).
?Pronto los ap?stoles comparten con otros su ministerio. Asocian a otros disc?pulos en su tarea de catequizar. Incluso simples cristianos, dispersados por la persecuci?n (Hech 8,4), van por todas partes transmitiendo el Evangelio. Con ellos la cadena ininterrumpida de los catequistas empieza a extenderse.
?La Iglesia contin?a esta misi?n de ense?ar de los Ap?stoles y de sus primeros colaboradores. En los siglos III y IV, Obispos y Pastores, los de mayor prestigio, consideran como parte esencial de su ministerio episcopal ense?ar de palabra o escribir tratados catequ?ticos. Vincula directamente a su ministerio la acci?n catequizadora de sus Iglesias para encauzar mejor, as?, su crecimiento y consolidaci?n.
?En esta sucesi?n ininterrumpida de catequistas a lo largo de los siglos, la catequesis saca siempre nuevas energ?as de los concilios, con los que la figura del catequista se fortalece.

El Concilio de Trento da un impulso trascendental a la catequesis, al requerir celosamente la formaci?n religiosa del pueblo y particularmente de los ni?os. La funci?n del catequista no queda reservada a los p?rrocos y a los padres sino que se encomienda tambi?n a maestros, religiosos y a todo seglar dispuesto a colaborar.
?El Concilio Vaticano II est? impulsando, igualmente, una verdadera renovaci?n catequ?tica en nuestros d?as. Los grandes documentos conciliares sobre la divina Revelaci?n (Dei Verbum), sobre la Iglesia (Lumen Gentium), sobre la sagrada Liturgia (Sacrosantum concilium) y sobre la Iglesia en el mundo contempor?neo (Gaudium et Spes), establecen los fundamentos de esa renovaci?n y dibujan impl?citamente la figura de un nuevo tipo de catequista.
Adem?s de saberse parte de una tradici?n viva, el catequista ve configurada su identidad por su inserci?n en la comunidad eclesial. No es un evangelizador aislado, que act?a por su cuenta, es como un ?rbol arraigado en el terreno firme de la comunidad cristiana. S?lo desde esa vinculaci?n su acci?n podr? producir fruto.

C) Integral: Al hombre y a la sociedad actuales

El catequista no es un ser aislado que transmite una tradici?n muerta. Para transmitir el Evangelio, que es invitaci?n actual al hombre, necesita estar abierto a los problemas y deseos de la persona y del entorno social en que vive.

Esta apertura a lo humano es una exigencia del Esp?ritu ya que es ?l ?quien hace discernir los signos de los tiempos - signos de Dios - que la evangelizaci?n descubre y valoriza en el interior de la historia? (Evangelii Nuntiandi, 75).

Enraizado en su ambiente, el catequista comparte ?los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo? (Gaudium et Spes, 1) y se compromete con ellos. Precisamente es esta sensibilidad para lo humano la que hace que su palabra catequizadora pueda echar ra?ces en los intereses profundos del hombre e iluminar las situaciones humanas m?s urgentes, promoviendo una respuesta viva al Evangelio. Su propio testimonio de compromiso social, compatible con su dedicaci?n a la catequesis tiene un valor educativo muy importante.
?A veces, sin embargo, el catequista puede verse tentado por la sospecha de si su servicio catequizador es un verdadero compromiso con los hombres y si su puesto, no estar? en asumir exclusivamente responsabilidades sociales directas, sin tener que dedicar su tiempo a la tarea de educar la fe, que queda en el ?mbito de la Misi?n. Pudiera parecerle que otros agentes evangelizadores, ?ntegramente comprometidos en la promoci?n de la justicia, sirven a la causa del Evangelio mejor que ?l.
No debe caer en esa tentaci?n ya que la tarea catequ?tica es profundamente humanizadora. Da a conocer y vincula a Jesucristo, que es la afirmaci?n del hombre. Transmite el Evangelio, que es un mensaje que encierra un sentido profundo para la vida y responde a los deseos m?s hondos del coraz?n humano. Inicia en el compromiso social. Abriendo al cristiano a ?las consecuencias sociales de las exigencias evang?licas? (Catechesi Tradendae, 29). Sin la catequesis que ?l imparte los cristianos no podr?an desarrollar en el mundo una acci?n comprometida realmente evang?lica.

Por otra parte, junto a esta dimensi?n social, la catequesis colabora a una inserci?n m?s humana del cristiano en la trama de lo cotidiano. Como centro de todo est? el Evangelio en el Amor, con los innumerables aspectos de esta dimensi?n cristiana fundamental (1 Cor 13,1-13), la vida evang?lica en la que inicia el catequista proporciona una honda densidad humana en la vida diaria.

La acci?n catequ?tica es un servicio, y un servicio educativo a unos hombres concretos. El catequista realiza su tarea atento no s?lo al mensaje del Evangelio sino al hombre a quien catequiza.

El catequista participa de la evangelizaci?n que tiene como finalidad ?anunciar la Buena Nueva a toda la humanidad para que viva de ella? (Catechesi Tradendae, 18). Se trata de la ?Buena Nueva del Reino que llega y que ya ha comenzado? (Evangelii Nuntiandi, 13).

Este Reino de Dios se realiza en Jesucristo:
?La evangelizaci?n debe contener siempre - como base, centro y a la vez, culmen de su dinamismo - una clara proclamaci?n de que en Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado se nos ofrece la salvaci?n a todos los hombres, como don de la gracia y de la misericordia de Dios? (Evangelii Nuntiandi, 27).

La Iglesia depositaria de la Revelaci?n plena en Jesucristo, se prepara para este Tercer Milenio, se renueva espiritualmente y adecua sus m?todos de trabajo evangelizador para dar una mejor respuesta al hombre de hoy. Nuestra realidad actual as? lo exige. Sin embargo, hay grupos aislados que intentan meter miedo a la gente en relaci?n al fin del mundo, acerca de mentiras propias de su organizaci?n, manipulando la Biblia con Interpretaciones de tipo ?fundamentalistas?, sin base doctrinal, teol?gica o hist?rica. En este momento especial del t?rmino de dos mil a?os de cristianismo, es necesario predicar la Buena Nueva, predicar a Jesucristo, pero al Dios revelado por ?l y no un invento humano, ?s? cuidadoso y prep?rate mejor!.

Te sugerimos profundizar en el siguiente material:
1. Bula de convocaci?n ?Incarnationis Mysterium?
29 de Noviembre de 1998, S.S. Juan Pablo II
2. Exhortaci?n apost?lica ?Catechesi Tradendae?
Sobre la catequesis en nuestro tiempo
16 de octubre de 1979, S.S. Juan Pablo II
3. Carta enc?clica ?Redemptoris Missio?
Sobre la permanente validez del mandato misionero,
07 .12. 90, S.S. Juan Pablo II
4. Enc?clica ?Evangelii Nuntiandi?
Sobre la evangelizaci?n del mundo contempor?neo
8 de diciembre de 1975, Papa Pablo VI
5. Carta apost?lica ?Tertio Millennio Adveniente?
Sobre el Jubileo del a?o 2,000
10 de noviembre de 1994, S.S. Juan Pablo II
6. Directorio General para la catequesis
Librer?a Editrice Vaticana
Ciudad del Vaticano, 1997
7. El catequista y su formaci?n
Comisi?n Episcopal de Ense?anza y Catequesis
Madrid, 1985

Comentarios al autor: www.arconet.es/loring/

Publicado por mario.web @ 0:59
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