S?bado, 07 de mayo de 2011
Documento del Magisterio de la Iglesia acerca de la catequesis en nuestro tiempo
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Catechesi Tradendae
Catechesi Tradendae
EXHORTACI?N APOST?LICA
CATECHESI TRADENDAE
DE SU SANTIDAD
JUAN PABLO II
AL EPISCOPADO
AL CLERO Y A LOS FIELES
DE TODA LA IGLESIA
SOBRE LA CATEQUESIS
EN NUESTRO TIEMPO




INTRODUCCI?N

La ?ltima consigna de Cristo

1. LA CATEQUESIS ha sido siempre considerada por la Iglesia como una de sus tareas primordiales, ya que Cristo resucitado, antes de volver al Padre, dio a los Ap?stoles esta ?ltima consigna: hacer disc?pulos a todas las gentes, ense??ndoles a observar todo lo que ?l hab?a mandado.(1) ?l les confiaba de este modo la misi?n y el poder de anunciar a los hombres lo que ellos mismos hab?an o?do, visto con sus ojos, contemplado y palpado con sus manos, acerca del Verbo de vida.(2) Al mismo tiempo les confiaba la misi?n y el poder de explicar con autoridad lo que ?l les hab?a ense?ado, sus palabras y sus actos, sus signos y sus mandamientos. Y les daba el Esp?ritu para cumplir esta misi?n.

Muy pronto se llam? catequesis al conjunto de esfuerzos realizados por la Iglesia para hacer disc?pulos, para ayudar a los hombres a creer que Jes?s es el Hijo de Dios, a fin de que, mediante la fe, ellos tengan la vida en su nombre,(3) para educarlos e instruirlos en esta vida y construir as? el Cuerpo de Cristo. La Iglesia no ha dejado de dedicar sus energ?as a esa tarea.

Solicitud del Papa Pablo VI

2. Los ?ltimos Papas le han reservado un puesto de relieve en su solicitud pastoral. Mi venerado Predecesor Pablo VI sirvi? a la catequesis de la Iglesia de manera especialmente ejemplar con sus gestos, su predicaci?n, su interpretaci?n autorizada del Concilio Vaticano II ?que ?l consideraba como la gran catequesis de los tiempos modernos? con su vida entera. ?l aprob?, el 18 de marzo de 1971, el ?Directorio general de la catequesis?, preparado por la S. Congregaci?n para el Clero, un Directorio que queda como un documento b?sico para orientar y estimular la renovaci?n catequ?tica en toda la Iglesia. ?l instituy? la Comisi?n internacional de Catequesis, en el a?o 1975. ?l defini? magistralmente el papel y el significado de la catequesis en la vida y en la misi?n de la Iglesia, cuando se dirigi? a los participantes en el Primer Congreso Internacional de Catequesis, el 25 de septiembre de 1971,(4) y se detuvo expl?citamente sobre este tema en la Exhortaci?n Apost?lica Evangelii nuntiandi.(5) ?l quiso que la catequesis, especialmente la que se dirige a los ni?os y a los j?venes, fuese el tema de la IV Asamblea general del S?nodo de los Obispos,(6) celebrada durante el mes de octubre de 1977, en la que yo mismo tuve el gozo de participar.

Un S?nodo fructuoso

3. Al concluir el S?nodo, los Padres entregaron al Papa una documentaci?n muy rica, que comprend?a las diversas intervenciones tenidas durante la Asamblea, las conclusiones de los grupos de trabajo, el Mensaje que con su consentimiento hab?an dirigido al pueblo de Dios,(7) y sobre todo la serie imponente de ? Proposiciones? en las que ellos expresaban su parecer acerca de muchos aspectos de la catequesis en el momento actual.

Este S?nodo ha trabajado en una atm?sfera excepcional de acci?n de gracias y de esperanza. Ha visto en la renovaci?n catequ?tica un don precioso del Esp?ritu Santo a la Iglesia de hoy, un don al que por doquier las comunidades cristianas, a todos los niveles, responden con una generosidad y entrega creadora que suscitan admiraci?n. El necesario discernimiento pod?a as? realizarse partiendo de una base viva y pod?a contar en el pueblo de Dios con una gran disponibilidad a la gracia del Se?or y a las directrices del Magisterio.

Sentido de esta Exhortaci?n

4. En este mismo clima de fe y esperanza os dirijo hoy, Venerables Hermanos, amados hijos e hijas, esta Exhortaci?n Apost?lica. En un tema tan amplio, ella no tratar? sino de algunos aspectos m?s actuales y decisivos, para corroborar los frutos del S?nodo. Ella vuelve a tomar en consideraci?n, sustancialmente, las reflexiones que el Papa Pablo VI hab?a preparado, utilizando ampliamente los documentos dejados por el S?nodo. El Papa Juan Pablo I ?cuyo celo y cualidades de catequista tanto asombro nos han causado? las hab?a recogido y se dispon?a a publicarlas en el momento en que inesperadamente fue llamado por Dios. A todos nosotros ?l nos ha dado el ejemplo de una catequesis fundada en lo esencial y a la vez popular, hecha de gestos y palabras sencillas, capaces de llegar a los corazones. Yo asumo pues la herencia de estos dos Pont?fices, para responder a la petici?n de los Obispos, formulada expresamente al final de la IV Asamblea general del S?nodo y acogida por el Papa Pablo VI en su discurso de clausura.(8) Lo hago tambi?n para cumplir uno de los deberes principales de mi oficio apost?lico. La catequesis ha sido siempre una preocupaci?n central en mi ministerio de sacerdote y de obispo.

Deseo ardientemente que esta Exhortaci?n Apost?lica, dirigida a toda la Iglesia, refuerce la solidez de la fe y de la vida cristiana, d? un nuevo vigor a las iniciativas emprendidas, estimule la creatividad ?con la vigilancia debida? y contribuya a difundir en la comunidad cristiana la alegr?a de llevar al mundo el misterio de Cristo.


I

TENEMOS UN SOLO MAESTRO:
JESUCRISTO


En comuni?n con la persona de Cristo

5. La IV Asamblea general del S?nodo de los Obispos ha insistido mucho en el cristocentrismo de toda catequesis aut?ntica. Podemos se?alar aqu? los dos significados de la palabra que ni se oponen ni se excluyen, sino que m?s bien se relacionan y se complementan.

Hay que subrayar, en primer lugar, que en el centro de la catequesis encontramos esencialmente una Persona, la de Jes?s de Nazaret, ?Unig?nito del Padre, lleno de gracia y de verdad?,(9) que ha sufrido y ha muerto por nosotros y que ahora, resucitado, vive para siempre con nosotros. Jes?s es ?el Camino, la Verdad y la Vida?,(10) y la vida cristiana consiste en seguir a Cristo, en la ?sequela Christi?.

El objeto esencial y primordial de la catequesis es, empleando una expresi?n muy familiar a San Pablo y a la teolog?a contempor?nea, ?el Misterio de Cristo?. Catequizar es, en cierto modo, llevar a uno a escrutar ese Misterio en toda su dimensi?n: ?Iluminar a todos acerca de la dispensaci?n del misterio... comprender, en uni?n con todos los santos, cu?l es la anchura, la largura, la altura y la profundidad y conocer la caridad de Cristo, que supera toda ciencia, para que seais llenos de toda la plenitud de Dios?.(11) Se trata por lo tanto de descubrir en la Persona de Cristo el designio eterno de Dios que se realiza en ?l. Se trata de procurar comprender el significado de los gestos y de las palabras de Cristo, los signos realizados por ?l mismo, pues ellos encierran y manifiestan a la vez su Misterio. En este sentido, el fin definitivo de la catequesis es poner a uno no s?lo en contacto sino en comuni?n, en intimidad con Jesucristo: s?lo ?l puede conducirnos al amor del Padre en el Esp?ritu y hacernos part?cipes de la vida de la Sant?sima Trinidad.

Transmitir la doctrina de Cristo

6. En la catequesis, el cristocentrismo significa tambi?n que, a trav?s de ella se transmite no la propia doctrina o la de otro maestro, sino la ense?anza de Jesucristo, la Verdad que ?l comunica o, m?s exactamente, la Verdad que ?l es.(12) As? pues hay que decir que en la catequesis lo que se ense?a es a Cristo, el Verbo encarnado e Hijo de Dios y todo lo dem?s en referencia a ?l; el ?nico que ense?a es Cristo, y cualquier otro lo hace en la medida en que es portavoz suyo, permitiendo que Cristo ense?e por su boca. La constante preocupaci?n de todo catequista, cualquiera que sea su responsabilidad en la Iglesia, debe ser la de comunicar, a trav?s de su ense?anza y su comportamiento, la doctrina y la vida de Jes?s. No tratar? de fijar en s? mismo, en sus opiniones y actitudes personales, la atenci?n y la adhesi?n de aquel a quien catequiza; no tratar? de inculcar sus opiniones y opciones personales como si ?stas expresaran la doctrina y las lecciones de vida de Cristo. Todo catequista deber?a poder aplicarse a s? mismo la misteriosa frase de Jes?s: ?Mi doctrina no es m?a, sino del que me ha enviado?.(13) Es lo que hace san Pablo al tratar una cuesti?n de primordial importancia: ?Yo he recibido del Se?or lo que os he transmitido?.(14) ?Qu? contacto asiduo con la Palabra de Dios transmitida por el Magisterio de la Iglesia, qu? familiaridad profunda con Cristo y con el Padre, qu? esp?ritu de oraci?n, qu? despego de s? mismo ha de tener el catequista para poder decir: ?Mi doctrina no es m?a?!

Cristo que ense?a

7. Esta doctrina no es un c?mulo de verdades abstractas, es la comunicaci?n del Misterio vivo de Dios. La calidad de Aquel que ense?a en el Evangelio y la naturaleza de su ense?anza superan en todo a las de los ?maestros? en Israel, merced a la uni?n ?nica existente entre lo que ?l dice, hace y lo que es. Es evidente que los Evangelios indican claramente los momentos en que Jes?s ense?a, ?Jes?s hizo y ense??Enfurru?ado15) en estos dos verbos que introducen al libro de los Hechos, san Lucas une y distingue a la vez dos dimensiones en la misi?n de Cristo.

Jes?s ense??. Este es el testimonio que ?l da de s? mismo: ?Todos los d?as me sentaba en el Templo a ense?ar?.(16) Esta es la observaci?n llena de admiraci?n que hacen los evangelistas, maravillados de verlo ense?ando en todo tiempo y lugar, y de una forma y con una autoridad desconocidas hasta entonces: ?De nuevo se fueron reuniendo junto a ?l las multitudes y de nuevo, seg?n su costumbre, les ense?aba?;(17) ?y se asombraban de su ense?anza, pues ense?aba como quien tiene autoridad?,(18) Eso mismo hacen notar sus enemigos, aunque s?lo sea para acusarlo y buscar un pretexto para condenarlo. ?Subleva al pueblo, ense?ando por toda Judea, desde Galilea, donde empez?, hasta aqu??.(19)

El ?nico ?Maestro?

8. El que ense?a as? merece a t?tulo ?nico el nombre de Maestro. ?Cu?ntas veces se le da este t?tulo de maestro a lo largo de todo el Nuevo Testamento y especialmente en los Evangelios!(20) Son evidentemente los Doce, los otros disc?pulos y las muchedumbres que lo escuchan quienes le llaman ?Maestro? con acento a la vez de admiraci?n, de confianza y de ternura.(21) Incluso los Fariseos y los Saduceos, los Doctores de la Ley y los Jud?os en general, no le reh?san esta denominaci?n: ?Maestro, quisi?ramos ver una se?al tuya?;(22) ?Maestro, ?qu? tengo que hacer de bueno para alcanzar la vida eterna??.(23) Pero sobre todo Jes?s mismo se llama Maestro en ocasiones particularmente solemnes y muy significativas: ?Vosotros me llam?is Maestro y Se?or, y dec?s bien, porque de verdad lo soy?;(24) y proclama la singularidad, el car?cter ?nico de su condici?n de Maestro: ?Uno solo es vuestro Maestro?Enfurru?ado25) Cristo. Se comprende que, a lo largo de dos mil a?os, en todas las lenguas de la tierra, hombres de toda condici?n, raza y naci?n, le hayan dado con veneraci?n este t?tulo repitiendo a su manera la exclamaci?n de Nicodemo: ?has venido como Maestro de parte de Dios?.(26)

Esta imagen de Cristo que ense?a, a la vez majestuosa y familiar, impresionante y tranquilizadora, imagen trazada por la pluma de los evangelistas y evocada despu?s, con frecuencia, por la iconograf?a desde la ?poca paleocristiana,(27) ??tan atractiva es!? deseo ahora evocarla en el umbral de estas reflexiones sobre la catequesis en el mundo actual.

Ense?ando con toda su vida

9. No olvido, haciendo esto, que la majestad de Cristo que ense?a, la coherencia y la fuerza persuasiva ?nicas de su ense?anza, no se explican sino porque sus palabras, sus par?bolas y razonamientos no pueden separarse nunca de su vida y de su mismo ser. En este sentido, la vida entera de Cristo fue una continua ense?anza: su silencio, sus milagros, sus gestos, su oraci?n, su amor al hombre, su predilecci?n por los peque?os y los pobres, la aceptaci?n del sacrificio total en la cruz por la salvaci?n del mundo, su resurrecci?n son la actuaci?n de su palabra y el cumplimiento de la revelaci?n. De suerte que para los cristianos el Crucifijo es una de las im?genes m?s sublimes y populares de Jes?s que ense?a.

Estas consideraciones, que est?n en l?nea con las grandes tradiciones de la Iglesia, reafirman en nosotros el fervor hacia Cristo, el Maestro que revela a Dios a los hombres y al hombre a s? mismo; el Maestro que salva, santifica y gu?a, que est? vivo, que habla, exige, que conmueve, que endereza, juzga, perdona, camina diariamente con nosotros en la historia; el Maestro que viene y que vendr? en la gloria.

Solamente en ?ntima comuni?n con ?l, los catequistas encontrar?n luz y fuerza para una renovaci?n aut?ntica y deseable de la catequesis.

Publicado por mario.web @ 1:13
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