S?bado, 07 de mayo de 2011

II

UNA EXPERIENCIA TAN ANTIGUA
COMO LA IGLESIA


La Misi?n de los Ap?stoles

10. La imagen de Cristo que ense?a se hab?a impreso en la mente de los Doce y de los primeros disc?pulos, y la consigna ?Id y haced disc?pulos a todas las gentes?(28) orient? toda su vida. San Juan da testimonio de ello en su Evangelio, cuando refiere las palabras de Jes?s: ?Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su se?or; pero os digo amigos, porque todo lo que o? de mi Padre os lo he dado a conocer?.(29) No son ellos los que han escogido seguir a Jes?s, sino que es Jes?s quien los ha elegido, quien los ha guardado y establecido, ya antes de su Pascua, para que ellos vayan y den fruto y para que su fruto permanezca.(30) Por ello despu?s de la resurrecci?n, les confi? formalmente la misi?n de hacer disc?pulos a todas las gentes.

El libro entero de los Hechos de los Ap?stoles atestigua que fueron fieles a su vocaci?n y a la misi?n recibida. Los miembros de la primitiva comunidad cristiana aparecen en ?l ?perseverantes en o?r la ense?anza de los ap?stoles y en la fracci?n del pan y en la oraci?n?.(31) Se encuentra all? sin duda alguna la imagen permanente de una Iglesia que, gracias a la ense?anza de los Ap?stoles, nace y se nutre continuamente de la Palabra del Se?or, la celebra en el sacrificio eucar?stico y da testimonio al mundo con el signo de la caridad.

Cuando los adversarios se sienten celosos de la actividad de los Ap?stoles, se debe a que est?n ?molestos porque ense?an al pueblo?(32) y les proh?ben ense?ar en el nombre de Jes?s.(33) Pero nosotros sabemos que, precisamente en ese punto, los Ap?stoles juzgaron m?s razonable obedecer a Dios que a los hombres.(34)

La catequesis en la ?poca apost?lica

11. Los Ap?stoles no tardan en compartir con los dem?s el ministerio del apostolado.(35) Transmiten a sus sucesores la misi?n de ense?ar. Ellos la conf?an tambi?n a los di?conos desde su instituci?n: Esteban, ?lleno de gracia y de poder?, no cesa de ense?ar, movido por la sabidur?a del Esp?ritu.(36) Los Ap?stoles asocian en su tarea de ense?ar a ?otros? disc?pulos;(37) e incluso simples cristianos dispersados por la persecuci?n, iban por todas partes predicando la palabra.(38) San Pablo es el heraldo por antonomasia de este anuncio, desde Antioqu?a hasta Roma, donde la ?ltima imagen que tenemos de ?l seg?n el libro de los Hechos, es la de un hombre ?que ense?a con toda libertad lo tocante al Se?or Jesucristo?.(39) Sus numerosas cartas amplian y profundizan su ense?anza. Asimismo las cartas de Pedro, de Juan, de Santiago y de Judas son otros tantos testimonios de la catequesis de la era apost?lica.

Los Evangelios que, antes de ser escritos, fueron la expresi?n de una ense?anza oral transmitida a las comunidades cristianas, tienen m?s o menos una estructura catequ?tica. ?No ha sido llamado el relato de San Mateo evangelio del catequista y el de San Marcos, evangelio del catec?meno?

En los Padres de la Iglesia

12. La Iglesia contin?a esta misi?n de ense?ar de los Ap?stoles y de sus primeros colaboradores. Haci?ndose d?a a d?a disc?pula del Se?or, con raz?n se la ha llamado ?Madre y Maestra?.(40) Desde Clemente Romano hasta Or?genes,(41) en la edad postapost?lica ven la luz obras notables. M?s tarde se registra un hecho impresionante: Obispos y Pastores, los de mayor prestigio, sobre todo en los siglos tercero y cuarto, consideran como una parte importante de su ministerio episcopal ense?ar de palabra o escribir tratados catequ?ticos. Es la ?poca de Cirilo de Jerusal?n y de Juan Cris?stomo, de Ambrosio y de Agust?n, en la que brotan de la pluma de tantos Padres de la Iglesia obras que siguen siendo modelos para nosotros.

No es posible evocar aqu?, ni siquiera brevemente, la catequesis que ha mantenido la difusi?n y el camino de la Iglesia en los diversos per?odos de la historia, en todos los continentes y en los contextos sociales y culturales m?s diversos. Ciertamente las dificultades no han faltado nunca. Mas la Palabra del Se?or ha realizado su misi?n a trav?s de los siglos, se ha difundido y ha sido glorificada, como indica el Ap?stol Pablo.(42)

En los Concilios y en la actividad misionera

13. El ministerio de la catequesis saca siempre nuevas energ?as de los Concilios. A este respecto el Concilio de Trento constituye un ejemplo que se ha de subrayar: en sus constituciones y decretos dio prioridad a la catequesis; dio lugar al ?catecismo romano? que lleva adem?s su nombre y constituye una obra de primer orden, resumen de la doctrina cristiana y de la teolog?a tradicional para uso de los sacerdotes; promovi? en la Iglesia una organizaci?n notable de la catequesis; despert? en los cl?rigos la conciencia de sus deberes con relaci?n a la ense?anza catequ?tica; y, merced al trabajo de santos te?logos como san Carlos Borromeo, san Roberto Belarmino o san Pedro Canisio, dio origen a catecismos, verdaderos modelos para aquel tiempo. ?Ojal? suscite el Concilio Vaticano II un impulso y una obra semejante en nuestros d?as!

Las misiones constituyen tambi?n un terreno privilegiado para la pr?ctica de la catequesis. As?, desde hace casi dos mil a?os, el Pueblo de Dios no ha cesado de educarse en la fe, seg?n formas adaptadas a las distintas situaciones de los creyentes y a las m?ltiples coyunturas eclesiales.

La catequesis est? ?ntimamente unida a toda la vida de la Iglesia. No s?lo la extensi?n geogr?fica y el incremento num?rico sino tambi?n, y m?s todav?a, el crecimiento interior de la Iglesia, su correspondencia con el designio de Dios, dependen esencialmente de ella. De entre las experiencias de la historia de la Iglesia que acabamos de recordar, muchas lecciones ?entre tantas otras? merecen ser puestas de relieve.

La catequesis: derecho y deber de la Iglesia

14. Es evidente, ante todo, que la catequesis ha sido siempre para la Iglesia un deber sagrado y un derecho imprescriptible. Por una parte, es sin duda un deber que tiene su origen en un mandato del Se?or e incumbe sobre todo a los que en la Nueva Alianza reciben la llamada al ministerio de Pastores. Por otra parte, puede hablarse igualmente de derecho: desde el punto de vista teol?gico, todo bautizado por el hecho mismo de su bautismo, tiene el derecho de recibir de la Iglesia una ense?anza y una formaci?n que le permitan iniciar una vida verdaderamente cristiana; en la perspectiva de los derechos del hombre, toda persona humana tiene derecho a buscar la verdad religiosa y de adherirse plenamente a ella, libre de ?toda coacci?n por parte tanto de los individuos como de los grupos sociales y de cualquier poder humano que sea, de suerte que, en esta materia, a nadie se fuerce a actuar contra su conciencia o se le impida actuar ... de acuerdo con ella?.(43)

Por ello la actividad catequ?tica debe poder ejercerse en circunstancias favorables de tiempo y lugar, debe tener acceso a los medios de comunicaci?n social, a adecuados instrumentos de trabajo, sin discriminaci?n para con los padres, los catequizados o los catequistas. Actualmente es cierto que ese derecho es reconocido cada vez m?s, al menos a nivel de grandes principios, como testimonian declaraciones o convenios internacionales, en los que ?cualesquiera que sean sus l?mites? se puede reconocer la voz de la conciencia de gran parte de los hombres de hoy.(44) Pero numerosos Estados violan este derecho, hasta tal punto que dar, hacer dar la catequesis o recibirla, llega a ser un delito susceptible de sanci?n. En uni?n con los Padres del S?nodo elevo en?rgicamente la voz contra toda discriminaci?n en el ?mbito de la catequesis, a la vez que dirijo una apremiante llamada a los responsables para que acaben del todo esas constricciones que gravan sobre la libertad humana en general y sobre la libertad religiosa en particular.

Tarea prioritaria

15. La segunda lecci?n se refiere al lugar mismo de la catequesis en los proyectos pastorales de la Iglesia. Cuanto m?s capaz sea, a escala local o universal, de dar la prioridad a la catequesis ?por encima de otras obras e iniciativas cuyos resultados podr?an ser mas espectaculares?, tanto m?s la Iglesia encontrar? en la catequesis una consolidaci?n de su vida interna como comunidad de creyentes y de su actividad externa como misionera. En este final del siglo XX, Dios y los acontecimientos, que son otras tantas llamadas de su parte, invitan a la Iglesia a renovar su confianza en la acci?n catequ?tica como en una tarea absolutamente primordial de su misi?n. Es invitada a consagrar a la catequesis sus mejores recursos en hombres y en energ?as, sin ahorrar esfuerzos, fatigas y medios materiales, para organizarla mejor y formar personal capacitado. En ello no hay un mero c?lculo humano, sino una actitud de fe. Y una actitud de fe se dirige siempre a la fidelidad a Dios, que nunca deja de responder.

Responsabilidad com?n y diferenciada

16. Tercera lecci?n: la catequesis ha sido siempre, y seguir? siendo, una obra de la que la Iglesia entera debe sentirse y querer ser responsable. Pero sus miembros tienen responsabilidades diferentes, derivadas de la misi?n de cada uno. Los Pastores, precisamente en virtud de su oficio, tienen, a distintos niveles, la m?s alta responsabilidad en la promoci?n, orientaci?n y coordinaci?n de la catequesis. El Papa, por su parte, tiene una profunda conciencia de la responsabilidad primaria que le compete en este campo: encuentra en ?l motivos de preocupaci?n pastoral, pero sobre todo de alegr?a y de esperanza. Los sacerdotes, religiosos y religiosas tienen ah? un campo privilegiado para su apostolado. A otro nivel, los padres de familia tienen una responsabilidad singular. Los maestros, los diversos ministros de la Iglesia, los catequistas y, por otra parte, los responsables de los medios de comunicaci?n social, todos ellos tienen, en grado diverso, responsabilidades muy precisas en esta formaci?n de la conciencia del creyente, formaci?n importante para la vida de la Iglesia, y que repercute en la vida de la sociedad misma. Uno de los mejores frutos de la Asamblea general del S?nodo dedicado por entero a la catequesis ser?a despertar, en toda la Iglesia y en cada uno de sus sectores, una conciencia viva y operante de esta responsabilidad diferenciada pero com?n.

Renovaci?n continua y equilibrada

17. Finalmente la catequesis tiene necesidad de renovarse continuamente en un cierto alargamiento de su concepto mismo, en sus m?todos, en la b?squeda de un lenguaje adaptado, en el empleo de nuevos medios de transmisi?n del mensaje Esta renovaci?n no siempre tiene igual valor, y los Padres del S?nodo han reconocido con realismo, junto a un progreso innegable en la vitalidad de la actividad catequ?tica y a iniciativas prometedoras, las limitaciones o incluso las ?deficiencias? de lo que se ha realizado hasta el presente.(45) Estos l?mites son particularmente graves cuando ponen en peligro la integridad del contenido. El ?Mensaje al pueblo de Dios? subray? justamente que, para la catequesis, ?la repetici?n rutinaria, que se opone a todo cambio, por una parte, y la improvisaci?n irreflexiva que afronta con ligereza los problemas, por la otra, son igualmente peligrosas?.(46) La repetici?n rutinaria lleva al estancamiento, al letargo y, en definitiva, a la par?lisis. La improvisaci?n irreflexiva engendra desconcierto en los catequizados y en sus padres, cuando se trata de los ni?os, causa desviaciones de todo tipo, rupturas y finalmente la ruina total de la unidad. Es necesario que la Iglesia d? prueba hoy ?come supo hacerlo en otras ?pocas de su historia? de sabidur?a, de valent?a y de fidelidad evang?licas, buscando y abriendo caminos y perspectivas nuevas para la ense?anza catequ?tica.


Publicado por mario.web @ 1:14
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