S?bado, 07 de mayo de 2011

V

TODOS TIENEN NECESIDAD
DE LA CATEQUESIS


La importancia de los ni?os y de los j?venes

35. El tema se?alado por mi Predecesor, Pablo VI, para la IV Asamblea general del S?nodo de los Obispos versaba sobre ?la catequesis en nuestro tiempo con especial atenci?n a los ni?os y a los j?venes?. El ascenso de los j?venes constituye sin duda el hecho m?s rico de esperanza y al mismo tiempo de inquietud para una buena parte del mundo actual. En algunos pa?ses, sobre todo los del Tercer Mundo, m?s de la mitad de la poblaci?n est? por debajo de los veinticinco o treinta a?os. Ello significa que millones y millones de ni?os y de j?venes se preparan para su futuro de adultos. Y no es s?lo el factor num?rico: acontecimientos recientes, y la misma cr?nica diaria, nos dicen que esta multitud innumerable de j?venes, aunque est? dominada aqu? y all? por la incertidumbre y el miedo, o seducida por la evasi?n en la droga y la indiferencia, incluso tentada por el nihilismo y la violencia, constituye sin embargo en su mayor parte la gran fuerza que, entre muchos riesgos, se propone construir la civilizaci?n del futuro.

Ahora bien, en nuestra solicitud pastoral nos preguntamos: ?C?mo revelar a esa multitud de ni?os y j?venes a Jesucristo, Dios hecho hombre? ?C?mo revelarlo no simplemente en el deslumbramiento de un primer encuentro fugaz, sino a trav?s del conocimiento cada d?a m?s hondo y m?s luminoso de su persona, de su mensaje, del Plan de Dios que ?l quiso revelar, del llamamiento que dirige a cada uno, del Reino que quiere inaugurar en este mundo con el ?peque?o reba?o?(87) de quienes creen en ?l, y que no estar? completo m?s que en la eternidad? ?C?mo dar a conocer el sentido, el alcance, las exigencias fundamentales, la ley del amor, las promesas, las esperanzas de ese Reino?

Habr?a que hacer muchas observaciones sobre las caracter?sticas propias que adopta la catequesis en las diferentes etapas de la vida.

P?rvulos

36. Un momento con frecuencia destacado es aquel en que el ni?o peque?o recibe de sus padres y del ambiente familiar los primeros rudimentos de la catequesis, que acaso no ser?n sino una sencilla revelaci?n del Padre celeste, bueno y providente, al cual aprende a dirigir su coraz?n. Las brev?simas oraciones que el ni?o aprender? a balbucir ser?n el principio de un di?logo cari?oso con ese Dios oculto, cuya Palabra comenzar? a escuchar despu?s. Ante los padres cristianos nunca insistir?amos demasiado en esta iniciaci?n precoz, mediante la cual son integradas las facultades del ni?o en una relaci?n vital con Dios: obra capital que exige gran amor y profundo respeto al ni?o, el cual tiene derecho a una presentaci?n sencilla y verdadera de la fe cristiana.

Ni?os

37. Pronto llegar?, en la escuela y en la iglesia, en la parroquia o en la asistencia espiritual recibida en el colegio cat?lico o en el instituto estatal, a la vez que la apertura a un c?rculo social m?s amplio, el momento de una catequesis destinada a introducir al ni?o de manera org?nica en la vida de la Iglesia, incluida tambi?n una preparaci?n inmediata a la celebraci?n de los sacramentos: catequesis did?ctica, pero encaminada a dar testimonio de la fe; catequesis inicial, mas no fragmentaria, puesto que deber? revelar, si bien de manera elemental, todos los principales misterios de la fe y su repercusi?n en la vida moral y religiosa del ni?o; catequesis que da sentido a los sacramentos, pero a la vez recibe de los sacramentos vividos una dimensi?n vital que le impide quedarse en meramente doctrinal, y comunica al ni?o la alegr?a de ser testimonio de Cristo en su ambiente de vida.

Adolescentes

38. Luego vienen la pubertad y la adolescencia, con las grandezas y los riesgos que presenta esa edad. Es el momento del descubrimiento de s? mismo y del propio mundo interior, el momento de los proyectos generosos, momento en que brota el sentimiento del amor, as? como los impulsos biol?gicos de la sexualidad, del deseo de estar juntos; momento de una alegr?a particularmente intensa, relacionada con el embriagador descubrimiento de la vida. Pero tambi?n es a menudo la edad de los interrogantes m?s profundos, de b?squedas angustiosas, incluso frustrantes, de desconfianza de los dem?s y de peligrosos repliegues sobre s? mismo; a veces tambi?n la edad de los primeros fracasos y de las primeras amarguras. La catequesis no puede ignorar esos aspectos f?cilmente cambiantes de un per?odo tan delicado de la vida. Podr? ser decisiva una catequesis capaz de conducir al adolescente a una revisi?n de su propia vida y al di?logo, una catequesis que no ignore sus grandes temas, ?la donaci?n de s? mismo, la fe, el amor y su mediaci?n que es la sexualidad?. La revelaci?n de Jesucristo como amigo, como gu?a y como modelo, admirable y sin embargo imitable; la revelaci?n de su mensaje que da respuesta a las cuestiones fundamentales; la revelaci?n del Plan de amor de Cristo Salvador como encarnaci?n del ?nico amor verdadero y de la ?nica posibilidad de unir a los hombres, todo eso podr? constituir la base de una aut?ntica educaci?n en la fe. Y sobre todo los misterios de la pasi?n y de la muerte de Jes?s, a los que san Pablo atribuye el m?rito de su gloriosa resurrecci?n, podr?n decir muchas cosas a la conciencia y al coraz?n del adolescente y arrojar luz sobre sus primeros sufrimientos y los del mundo que va descubriendo.

J?venes

39. Con la edad de la juventud llega la hora de las primeras decisiones. Ayudado tal vez por los miembros de su familia y por los amigos, mas a pesar de todo solo consigo mismo y con su conciencia moral, el joven, cada vez m?s a menudo y de modo m?s determinante, deber? asumir su destino. Bien y mal, gracia y pecado, vida y muerte, se enfrentar?n cada vez m?s en su interior como categor?as morales, pero tambi?n y sobre todo como opciones fundamentales que habr? de efectuar o rehusar con lucidez y sentido de responsabilidad. Es evidente que una catequesis que denuncie el ego?smo en nombre de la generosidad, que exponga sin simplismos ni esquematismos ilusorios el sentido cristiano del trabajo, del bien com?n, de la justicia y de la caridad, una catequesis sobre la paz entre las naciones, sobre la promoci?n de la dignidad humana, del desarrollo, de la liberaci?n tal como las presentan documentos recientes de la Iglesia,(88) completar? felizmente en los esp?ritus de los j?venes una buena catequesis de las realidades propiamente religiosas, que nunca ha de ser desatendida. La catequesis cobra entonces una importancia considerable, porque es el momento en que el evangelio podr? ser presentado, entendido y aceptado como capaz de dar sentido a la vida y, por consiguiente, de inspirar actitudes de otro modo inexplicables: renuncia, desprendimiento, mansedumbre, justicia, compromiso, reconciliaci?n, sentido de lo Absoluto y de lo invisible, etc., rasgos todos ellos que permitir?n identificar entre sus compa?eros a este joven como disc?pulo de Jesucristo.

La catequesis prepara as? para los grandes compromisos cristianos de la vida adulta. En lo que se refiere por ejemplo a las vocaciones para la vida sacerdotal y religiosa, es cosa cierta que muchas de ellas han nacido en el curso de una catequesis bien llevada a lo largo de la infancia y de la adolescencia.

Desde la infancia hasta el umbral de la madurez, la catequesis se convierte, pues, en una escuela permanente de la fe y sigue de este modo las grandes etapas de la vida como faro que ilumina la ruta del ni?o, del adolescente y del joven.

Adaptaci?n de la catequesis a los j?venes

40. Es consolador comprobar que, durante la IV Asamblea general del S?nodo y a lo largo de estos a?os que lo han seguido, la Iglesia ha compartido ampliamente esta preocupaci?n: ?C?mo impartir la catequesis a los ni?os y a los j?venes? ?Quiera Dios que la atenci?n as? despertada perdure mucho tiempo en la conciencia de la Iglesia! En ese sentido, el S?nodo ha sido precioso para la Iglesia entera, al esforzarse por delinear con la mayor precisi?n posible el rostro complejo de la juventud actual; al mostrar que esta juventud emplea un lenguaje al que es preciso saber traducir, con paciencia y buen sentido, sin traicionarlo, el mensaje de Jesucristo; al demostrar que, a despecho de las apariencias, esta juventud tiene, aunque sea confusamente, no s?lo la disponibilidad y la apertura, sino tambi?n verdadero deseo de conocer a ?Jes?s, llamado Cristo?;(89) al revelar, finalmente, que la obra de la catequesis, si se quiere llevar a cabo con rigor y seriedad, es hoy d?a m?s ardua y fatigosa que nunca a causa de los obst?culos y dificultades de toda ?ndole con que topa, pero tambi?n es m?s reconfortante que nunca a causa de la hondura de las respuestas que recibe por parte de los ni?os y de los j?venes. Ah? hay un tesoro con el que la Iglesia puede y debe contar en los a?os venideros.

Algunas categor?as de j?venes destinatarios de la catequesis, dada su situaci?n peculiar, postulan tambi?n una atenci?n especial.

Minusv?lidos

41. Se trata ante todo de los ni?os y de los j?venes f?sica o mentalmente minusv?lidos. Estos tienen derecho a conocer como los dem?s coet?neos el ?misterio de la fe?. Al ser mayores las dificultades que encuentran, son m?s meritorios los esfuerzos de ellos y de sus educadores. Es motivo de alegr?a comprobar que organizaciones cat?licas especialmente consagradas a los j?venes minusv?lidos tuvieron a bien aportar al S?nodo su experiencia en la materia, y sacaron del S?nodo el deseo renovado de afrontar mejor este importante problema. Merecen ser vivamente alentadas en esta tarea.

J?venes sin apoyo religioso

42. Mi pensamiento se dirige despu?s a los ni?os y a los j?venes, cada vez m?s numerosos, nacidos y educados en un hogar no cristiano, o al menos no practicante, pero deseosos de conocer la fe cristiana. Se les deber? asegurar una catequesis adecuada para que puedan creer en la fe y vivirla progresivamente, a pesar de la falta de apoyo, acaso a pesar de la oposici?n que encuentren en su familia y en su ambiente.

Adultos

43. Continuando la serie de destinatarios de la catequesis, no puedo menos de poner de relieve ahora una de las preocupaciones m?s constantes de los Padres del S?nodo, impuesta con vigor y con urgencia por las experiencias que se est?n dando en el mundo entero: se trata del problema central de la catequesis de los adultos. Esta es la forma principal de la catequesis porque est? dirigida a las personas que tienen las mayores responsabilidades y la capacidad de vivir el mensaje cristiano bajo su forma plenamente desarrollada.(90) La comunidad cristiana no podr?a hacer una catequesis permanente sin la participaci?n directa y experimentada de los adultos, bien sean ellos destinatarios o promotores de la actividad catequ?tica. El mundo en que los j?venes est?n llamados a vivir y dar testimonio de la fe que la catequesis quiere ahondar y afianzar, est? gobernado por los adultos: la fe de ?stos deber?a igualmente ser iluminada, estimulada o renovada sin cesar con el fin de penetrar las realidades temporales de las que ellos son responsables. As? pues, para que sea eficaz, la catequesis ha de ser permanente y ser?a ciertamente vana si se detuviera precisamente en el umbral de la edad madura puesto que, si bien ciertamente de otra forma, se revela no menos necesaria para los adultos.

Cuasi catec?menos

44. Entre estos adultos que tienen necesidad de la catequesis, nuestra preocupaci?n pastoral y misionera se dirige a los que, nacidos y educados en regiones todav?a no cristianizadas, no han podido profundizar la doctrina cristiana que un d?a las circunstancias de la vida les hicieron encontrar; a los que en su infancia recibieron una catequesis proporcionada a esa edad, pero que luego se alejaron de toda pr?ctica religiosa y se encuentran en la edad madura con conocimientos religiosos m?s bien infantiles; a los que se resienten de una catequesis sin duda precoz, pero mal orientada o mal asimilada; a los que, aun habiendo nacido en pa?ses cristianos, incluso dentro de un cuadro sociol?gicamente cristiano, nunca fueron educados en su fe y, en cuanto adultos, son verdaderos catec?menos.

Catequesis diversificadas y complementarias

45. As? pues, los adultos de cualquier edad, incluidas las personas de edad avanzada ?que merecen atenci?n especial dada su experiencia y sus problemas? son destinatarios de la catequesis igual que los ni?os, los adolescentes y los j?venes. Habr?a que hablar tambi?n de los emigrantes, de las personas marginadas por la evoluci?n moderna, de las que viven en las barriadas de las grandes metr?polis, a menudo desprovistas de iglesias, de locales y de estructuras adecuadas. Por todos ellos quiero formular votos a fin de que se multipliquen las iniciativas encaminadas a su formaci?n cristiana con los instrumentos apropiados (medios audio-visuales, publicaciones, mesas redondas, conferencias), de suerte que muchos adultos puedan suplir las insuficiencias o deficiencias de la catequesis, o completar armoniosamente, a un nivel m?s elevado, la que recibieron en la infancia, o incluso enriquecerse en este campo hasta el punto de poder ayudar m?s seriamente a los dem?s.

Con todo, es importante que la catequesis de los ninos y de los j?venes, la catequesis permanente y la catequesis de adultos no sean compartimientos estancos e incomunicados. M?s importante a?n es que no haya ruptura entre ellas. Al contrario, es menester propiciar su perfecta complementariedad: los adultos tienen mucho que dar a los j?venes y a los ni?os en materia de catequesis, pero tambi?n pueden recibir mucho de ellos para el crecimiento de su vida cristiana.

Hay que repetirlo: en la Iglesia de Jesucristo nadie deber?a sentirse dispensado de recibir la catequesis; pensamos incluso en los j?venes seminaristas y religiosos, y en todos los que est?n destinados a la tarea de pastores y catequistas, los cuales desempe?ar?n mucho mejor ese ministerio si saben formarse humildemente en la escuela de la Iglesia, la gran catequista y a la vez la gran catequizada.


VI

M?TODOS Y MEDIOS
DE LA CATEQUESIS


Medios de comunicaci?n social

46. Desde la ense?anza oral de los Ap?stoles a las cartas que circulaban entre las Iglesias y hasta los medios m?s modernos, la catequesis no ha cesado de buscar los m?todos y los medios m?s apropiados a su misi?n, con la participaci?n activa de las comunidades, bajo impulso de los Pastores Este esfuerzo debe continuar.

Me vienen espont?neamente al pensamiento las grandes posibilidades que ofrecen los medios de comunicaci?n social y los medios de comunicaci?n de grupos: televisi?n, radio, prensa, discos, cintas grabadas, todo lo audio-visual. Los esfuerzos realizados en estos campos son de tal alcance que pueden alimentar las m?s grandes esperanzas. La experiencia demuestra, por ejemplo, la resonancia de una ense?anza radiof?nica o televisiva, cuando sabe unir una apreciable expresi?n est?tica con una rigurosa fidelidad al Magisterio. La Iglesia tiene hoy muchas ocasiones de tratar estos problemas ?incluidas las jornadas de los medios de comunicaci?n social?, sin que sea necesario extenderse aqu? sobre ello no obstante su capital importancia.

M?ltiples lugares, momentos o reuniones por valorizar

47. Pienso asimismo en diversos momentos de gran importancia en que la catequesis encuentra cabalmente su puesto: por ejemplo, las peregrinaciones diocesanas, regionales o nacionales, que son m?s provechosas si est?n centradas en un tema escogido con acierto a partir de la vida de Cristo, de la Virgen y de los Santos; las misiones tradicionales, tantas veces abandonadas con excesiva prisa, y que son insustituibles para una renovaci?n peri?dica y vigorosa de la vida cristiana ?hay que reanudarlas y remozarlas?; los c?rculos b?blicos, que deben ir m?s all? de la ex?gesis para hacer vivir la Palabra de Dios; las reuniones de las comunidades eclesiales de base, en la medida en que se atengan a los criterios expuestos en la Exhortaci?n Apost?lica ?Evangelii nuntiandi?.(91) Quiero recordar tambi?n los grupos de j?venes que en ciertas regiones, con denominaciones y fisonom?as distintas ?mas con el mismo fin de dar a conocer a Jesucristo y de vivir el Evangelio?, se multiplican y florecen como en una primavera muy reconfortante para la Iglesia: grupos de acci?n cat?lica, grupos caritativos, grupos de oraci?n, grupos de reflexi?n cristiana, etc. Estos grupos suscitan grandes esperanzas para la Iglesia del ma?ana. Pero en el nombre de Jes?s conjuro a los j?venes que los forman, a sus responsables y a los sacerdotes que les consagran lo mejor de su ministerio: no permit?is por nada del mundo que en estos grupos, ocasiones privilegiadas de encuentro, ricos en tantos valores de amistad y solidaridad juveniles, de alegr?a y de entusiasmo, de reflexi?n sobre los hechos y las cosas, falte un verdadero estudio de la doctrina cristiana. En ese caso se expondr?an ?y el peligro, por desgracia, se ha verificado sobradamente? a decepcionar a sus miembros y a la Iglesia misma.

El esfuerzo catequ?tico, posible en estos lugares y en otros muchos, tiene tantas m?s probabilidades de ser acogido y de dar sus frutos, cuanto m?s se respete su naturaleza propia. Con una inserci?n apropiada, conseguir? esa diversidad y complementaridad de contactos que le permite desarrollar toda la riqueza de su concepto, mediante la triple dimensi?n de palabra, de memoria y de testimonio ?de doctrina, de celebraci?n y de compromiso en la vida? que el mensaje del S?nodo al Pueblo de Dios ha puesto en evidencia.(92)

Homil?a

48. Esta observaci?n vale mas a?n para la catequesis que se hace dentro del cuadro lit?rgico y concretamente en la asamblea lit?rgica: respetando lo espec?fico y el ritmo propio de este cuadro, la homil?a vuelve a recorrer el itinerario de fe propuesto por la catequesis y lo conduce a su perfeccionamiento natural; al mismo tiempo impulsa a los disc?pulos del Se?or a emprender cada d?a su itinerario espiritual en la verdad, la adoraci?n y la acci?n de gracias. En este sentido se puede decir que la pedagog?a catequ?tica encuentra, a su vez, su fuente y su plenitud en la eucarist?a dentro del horizonte completo del a?o lit?rgico. La predicaci?n centrada en los textos b?blicos, debe facilitar entonces, a su manera, el que los fieles se familiaricen con el conjunto de los misterios de la fe y de las normas de la vida cristiana. Hay que prestar una gran atenci?n a la homil?a: ni demasiado larga, ni demasiado breve, siempre cuidadosamente preparada, sustanciosa y adecuada, y reservada a los ministros autorizados. Esta homil?a debe tener su puesto en toda eucarist?a dominical o festiva, y tambi?n en la celebraci?n de los bautismos, de las liturgias penitenciales, de los matrimonios, de los funerales. Es ?ste uno de los beneficios de la renovada liturgia.

Publicaciones catequ?ticas

49. En medio de este conjunto de v?as y de medios ?toda actividad de la Iglesia tiene una dimensi?n catequ?tica? las obras de catecismo, lejos de perder su importancia esencial, adquieren nuevo relieve. Uno de los aspectos m?s interesantes del florecimiento actual de la catequesis consiste en la renovaci?n y multiplicaci?n de los libros catequ?ticos que en la Iglesia se ha verificado un poco por doquier. Han visto la luz obras numerosas y muy logradas, y constituyen una verdadera riqueza al servicio de la ense?anza catequ?tica. Pero hay que reconocer igualmente, con honradez y humildad, que esta floraci?n y esta riqueza han llevado consigo ensayos y publicaciones equ?vocas y perjudiciales para los jovenes y para la vida de la Iglesia. Bastante a menudo, aqu? y all?, con el fin de encontrar el lenguaje m?s apto o de estar al d?a en lo que ata?e a los m?todos pedag?gicos, ciertas obras catequ?ticas desorientan a los j?venes y aun a los adultos, ya por la omisi?n, consciente o inconsciente, de elementos esenciales a la fe de la Iglesia, ya por la excesiva importancia dada a determinados temas con detrimento de los dem?s, ya sobre todo por una visi?n global harto horizontalista, no conforme con la ense?anza del Magisterio de la Iglesia.

No basta, por tanto, que se multipliquen las obras catequ?ticas. Para que respondan a su finalidad, son indispensables algunas condiciones:

- que conecten con la vida concreta de la generaci?n a la que se dirigen, teniendo bien presentes sus inquietudes y sus interrogantes, sus luchas y sus esperanzas;
que se esfuercen por encontrar el lenguaje que entiende esa generaci?n;
- que se propongan decir todo el mensaje de Cristo y de su Iglesia, sin pasar por alto ni deformar nada, exponi?ndolo todo seg?n un eje y una estructura que hagan resaltar lo esencial;
- que tiendan realmente a producir en sus usuarios un conocimiento mayor de los misterios de Cristo en orden a una verdadera conversi?n y a una vida m?s conforme con el querer de Dios.

Catecismos

50. Todos los que asumen la pesada tarea de preparar estos instrumentos catequ?ticos, y con mayor raz?n el texto de los catecismos, no pueden hacerlo sin la aprobaci?n de los Pastores que tienen autoridad para darla, ni sin inspirarse lo m?s posible en el Directorio general de Catequesis que sigue siendo norma de referencia.(93)

A este respecto, no puedo menos de animar fervientemente a las Conferencias episcopales del mundo entero: que emprendan, con paciencia pero tambi?n con firme resoluci?n, el imponente trabajo a realizar de acuerdo con la Sede Apost?lica, para lograr catecismos fieles a los contenidos esenciales de la Revelaci?n y puestos al d?a en lo que se refiere al m?todo, capaces de educar en una fe robusta a las generaciones cristianas de los tiempos nuevos.

Esta breve menci?n a los medios y a las v?as de la catequesis contempor?nea no agota la riqueza de las proposiciones elaboradas por los Padres del S?nodo. Es reconfortante pensar que en cada pa?s se realiza actualmente una preciosa colaboraci?n para una renovaci?n m?s org?nica y m?s segura de estos aspectos de la catequesis. ?C?mo es posible dudar de que la Iglesia pueda encontrar personas competentes y medios adaptados para responder, con la gracia de Dios, a las exigencias complejas de la comunicaci?n con los hombres de nuestro tiempo?


Publicado por mario.web @ 1:16
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