S?bado, 07 de mayo de 2011

VII

C?MO DAR LA CATEQUESIS


Diversidad de m?todos

51. La edad y el desarrollo intelectual de los cristianos, su grado de madurez eclesial y espiritual y muchas otras circunstancias personales postulan que la catequesis adopte m?todos muy diversos para alcanzar su finalidad espec?fica: la educaci?n en la fe. Esta variedad es requerida tambi?n, en un plano m?s general, por el medio socio-cultural en que la Iglesia lleva a cabo su obra catequ?tica.

La variedad en los m?todos es un signo de vida y una riqueza. As? lo han considerado los Padres de la IV Asamblea general del S?nodo, llamando la atenci?n sobre las condiciones indispensables para que sea ?til y no perjudique a la unidad de la ense?anza de la ?nica fe.

Al servicio de la Revelaci?n y de la conversi?n

52. La primera cuesti?n de orden general que se presenta concierne el riesgo y la tentaci?n de mezclar indebidamente la ense?anza catequ?tica con perspectivas ideol?gicas, abierta o larvadamente, sobre todo de ?ndole pol?tico-social, o con opciones pol?ticas personales. Cuando estas perspectivas predominan sobre el mensaje central que se ha de transmitir, hasta oscurecerlo y relegarlo a un plano secundario, incluso hasta utilizarlo para sus fines, entonces la catequesis queda desvirtuada en sus ra?ces. E1 S?nodo ha insistido con raz?n en la necesidad de que la catequesis se mantenga por encima de las tendencias unilaterales divergentes ?de evitar las ?dicotom?as?? aun en el campo de las interpretaciones teol?gicas dadas a tales cuestiones. La pauta que ha de procurar seguir es la Revelaci?n, tal como la transmite el Magisterio universal de la Iglesia en su forma solemne u ordinaria. Esta Revelaci?n es la de un Dios creador y redentor, cuyo Hijo, habiendo venido entre los hombres hecho carne, no s?lo entra en la historia personal de cada hombre, sino tambi?n en la historia humana, convirti?ndose en su centro. Esta es, por tanto, la Revelaci?n de un cambio radical del hombre y del universo, de todo lo que forma el tejido de la existencia humana, bajo la influencia de la Buena Nueva de Jesucristo. Una catequesis as? entendida supera todo moralismo formalista, aun cuando incluya una verdadera moral cristiana. Supera principalmente todo mesianismo temporal, social o pol?tico. Apunta a alcanzar el fondo del hombre.

Encarnaci?n del mensaje en las culturas

53. Abordo ahora una segunda cuesti?n. Como dec?a recientemente a los miembros de la Comisi?n b?blica, ?el t?rmino "aculturaci?n" o "inculturaci?n", adem?s de ser un hermoso neologismo, expresa muy bien uno de los componentes del gran misterio de la Encarnaci?n?.(94) De la catequesis como de la evangelizaci?n en general, podemos decir que est? llamada a llevar la fuerza del evangelio al coraz?n de la cultura y de las culturas. Para ello, la catequesis procurar? conocer estas culturas y sus componentes esenciales; aprender? sus expresiones m?s significativas, respetar? sus valores y riquezas propias. S?lo as? se podr? proponer a tales culturas el conocimiento del misterio oculto(95) y ayudarles a hacer surgir de su propia tradici?n viva expresiones originales de vida, de celebraci?n y de pensamiento cristianos. Se recordar? a menudo dos cosas:

- por una parte, el Mensaje evang?lico no se puede pura y simplemente aislarlo de la cultura en la que est? inserto desde el principio (el mundo b?blico y, m?s concretamente, el medio cultural en el que vivi? Jes?s de Nazaret); ni tampoco, sin graves p?rdidas, podr? ser aislado de las culturas en las que ya se ha expresado a lo largo de los siglos; dicho Mensaje no surge de manera espont?nea en ning?n ?humus? cultural; se transmite siempre a trav?s de un di?logo apost?lico que est? inevitablemente inserto en un cierto di?logo de culturas;

- por otra parte, la fuerza del Evangelio es en todas partes transformadora y regeneradora. Cuando penetra una cultura ?qui?n puede sorprenderse de que cambien en ella no pocos elementos? No habr?a catequesis si fuese el Evangelio el que hubiera de cambiar en contacto con las culturas.
En ese caso ocurr?a sencillamente lo que san Pablo llama, con una expresi?n muy fuerte, ?reducir a nada la cruz de Cristo?.(96)

Otra cosa ser?a tomar como punto de arranque, con prudencia y discernimiento, elementos ?religiosos o de otra ?ndole? que forman parte del patrimonio cultural de un grupo humano para ayudar a las personas a entender mejor la integridad del misterio cristiano. Los catequistas aut?nticos saben que la catequesis ?se encarna? en las diferentes culturas y ambientes: baste pensar en la diversidad tan grande de los pueblos, en los j?venes de nuestro tiempo, en las circunstancias variad?simas en que hoy d?a se encuentran las gentes; pero no aceptan que la catequesis se empobrezca por abdicaci?n o reducci?n de su mensaje, por adaptaciones, aun de lenguaje, que comprometan el ?buen dep?sito? de la fe,(97) o por concesiones en materia de fe o de moral; est?n convencidos de que la verdadera catequesis acaba por enriquecer a esas culturas, ayud?ndolas a superar los puntos deficientes o incluso inhumanos que hay en ellas y comunicando a sus valores leg?timos la plenitud de Cristo.(98)

Aportaci?n de las devociones populares

54. Otra cuesti?n de m?todo concierne a la valorizaci?n, mediante la ense?anza catequ?tica, de los elementos v?lidos de la piedad popular. Pienso en las devociones que en ciertas regiones practica el pueblo fiel con un fervor y una rectitud de intenci?n conmovedores, aun cuando en muchos aspectos haya que purificar, o incluso rectificar, la fe en que se apoyan. Pienso en ciertas oraciones f?ciles de entender y que tantas gentes sencillas gustan de repetir. Pienso en ciertos actos de piedad practicados con deseo sincero de hacer penitencia o de agradar al Se?or. En la mayor parte de esas oraciones o de esas pr?cticas, junto a elementos que se han de eliminar, hay otros que, bien utilizados, podr?an servir muy bien para avanzar en el conocimiento del misterio de Cristo o de su mensaje: el amor y la misericordia de Dios, la Encarnaci?n de Cristo, su cruz redentora y su resurrecci?n, la acci?n del Esp?ritu en cada cristiano y en la Iglesia, el misterio del m?s all?, la pr?ctica de las virtudes evang?licas, la presencia del cristiano en el mundo, etc. Y ?por qu? motivo ?bamos a tener que utilizar elementos no cristianos ?incluso anticristianos? rehusando apoyarnos en elementos que, aun necesitando revisi?n y rectificaci?n, tienen algo cristiano en su ra?z?

Memorizaci?n

55. La ?ltima cuesti?n metodol?gica que conviene al menos subrayar ?m?s de una vez se hizo alusi?n a ella en el S?nodo? es la memorizaci?n. Los comienzos de la catequesis cristiana, que coincidieron con una civilizaci?n eminentemente oral, recurrieron muy ampliamente a la memorizaci?n. Y la catequesis ha conocido una larga tradici?n de aprendizaje por la memoria de las principales verdades. Todos sabemos que este m?todo puede presentar ciertos inconvenientes: no es el menor el de prestarse a una asimilaci?n insuficiente, a veces casi nula, reduci?ndose todo el saber a f?rmulas que se repiten sin haber calado en ellas. Estos inconvenientes, unidos a las caracter?sticas diversas de nuestra civilizaci?n, han llevado aqu? o all? a la supresi?n casi total ?definitiva, por desgracia, seg?n algunos? de la memorizaci?n en la catequesis. Y sin embargo, con ocasi?n de la IV Asamblea general del S?nodo, se han hecho o?r voces muy autorizadas para reequilibrar con buen criterio la parte de la reflexi?n y de la espontaneidad, del di?logo y del silencio, de los trabajos escritos y de la memoria. Por otra parte, determinadas culturas tienen en gran aprecio la memorizaci?n.

?Por qu?, mientras en la ense?anza profana de ciertos pa?ses se elevan cr?ticas cada vez m?s numerosas contra las lamentables consecuencias que se siguen del menosprecio de esa facultad humana que es la memoria, por qu? no tratar de revalorizarla en la catequesis de manera inteligente y a?n original, tanto m?s cuanto la celebraci?n o ?memoria? de los grandes acontecimientos de la historia de la salvaci?n exige que se tenga un conocimiento preciso? Una cierta memorizaci?n de las palabras de Jes?s, de pasajes b?blicos importantes, de los diez mandamientos, de f?rmulas de profesi?n de fe, de textos lit?rgicos, de algunas oraciones esenciales, de nociones-clave de la doctrina..., lejos de ser contraria a la dignidad de los j?venes cristianos, o de constituir un obst?culo para el di?logo personal con el Se?or, es una verdadera necesidad, como lo han recordado con vigor los Padres sinodales. Hay que ser realistas. Estas flores, por as? decir, de la fe y de la piedad no brotan en los espacios des?rticos de una catequesis sin memoria. Lo esencial es que esos textos memorizados sean interiorizados y entendidos progresivamente en su profundidad, para que sean fuente de vida cristiana personal y comunitaria.

La pluralidad de m?todos en la catequesis contempor?nea puede ser signo de vitalidad y de ingeniosidad. En todo caso, conviene que el m?todo escogido se refiera en fin de cuentas a una ley fundamental para toda la vida de la Iglesia: la fidelidad a Dios y la fidelidad al hombre, en una misma actitud de amor.

VIII

LA ALEGR?A DE LA FE
EN UN MUNDO DIF?CIL


Afirmar la identidad cristiana...

56. Vivimos en un mundo dif?cil donde la angustia de ver que las mejores realizaciones del hombre se le escapan y se vuelven contra ?l,(99) crea un clima de incertidumbre. Es en este mundo donde la catequesis debe ayudar a los cristianos a ser, para su gozo y para el servicio de todos, ?luz? y ?sal?.(100) Ello exige que la catequesis les d? firmeza en su propia identidad y que se sobreponga sin cesar a las vacilaciones, incertidumbres y desazones del ambiente. Entre otras muchas dificultades, que son otros tantos desaf?os para la fe, pongo de relieve algunas para ayudar a la catequesis a superarlas.

... en un mundo indiferente ...

57. Se hablaba mucho, hace algunos a?os, de un mundo secularizado, de una era postcristiana. La moda pasa... Pero permanece una realidad profunda. Los cristianos de hoy deben ser formados para vivir en un mundo que ampliamente ignora a Dios o que, en materia religiosa, en lugar de un di?logo exigente y fraterno, estimulante para todos, cae muy a menudo en un indiferentismo nivelador, cuando no se queda en una actitud menospreciativa de ?suspicacia? en nombre de sus progresos en materia de ?explicaciones? cient?ficas. Para ?entrar? en este mundo, para ofrecer a todos un ?di?logo de salvaci?n?(101) donde cada uno se siente respetado en su dignidad fundamental, la de buscador de Dios, tenemos necesidad de una catequesis que ense?e a los j?venes y a los adultos de nuestras comunidades a permanecer l?cidos y coherentes en su fe, a afirmar serenamente su identidad cristiana y cat?lica, a ?ver lo invisible?(102) y a adherirse de tal manera al absoluto de Dios que puedan dar testimonio de ?l en una civilizaci?n materialista que lo niega.

... con la pedagog?a original de la fe

58. La originalidad irreductible de la identidad cristiana tiene como corolario y condici?n una pedagog?a no menos original de la fe. Entre las numerosas y prestigiosas ciencias del hombre que han progresado enormemente en nuestros d?as, la pedagog?a es ciertamente una de las m?s importantes. Las conquistas de las otras ciencias ?biolog?a, psicolog?a, sociolog?a? le ofrecen aportaciones preciosas. La ciencia de la educaci?n y el arte de ense?ar son objeto de continuos replanteamientos con miras a una mejor adaptaci?n o a una mayor eficacia, con resultados por lo dem?s desiguales.

Pues bien, tambi?n hay una pedagog?a de la fe y nunca se ponderar? bastante lo que ?sta puede hacer en favor de la catequesis. En efecto, es cosa normal adaptar, en beneficio de la educaci?n en la fe, las t?cnicas perfeccionadas y comprobadas de la educaci?n en general. Sin embargo es importante tener en cuenta en todo momento la originalidad fundamental de la fe. Cuando se habla de pedagog?a de la fe, no se trata de transmitir un saber humano, aun el m?s elevado; se trata de comunicar en su integridad la Revelaci?n de Dios. Ahora bien, Dios mismo, a lo largo de toda la historia sagrada y principalmente en el Evangelio, se sirvi? de una pedagog?a que debe seguir siendo el modelo de la pedagog?a de la fe. En catequesis, una t?cnica tiene valor en la medida en que se pone al servicio de la fe que se ha de transmitir y educar, en caso contrario, no vale.

Lenguaje adaptado al servicio del Credo

59. Un problema, pr?ximo al anterior es el del lenguaje. Todos saben la candente actualidad de este tema. ?No es parad?jico constatar tambi?n que los estudios contempor?neos, en el campo de la comunicaci?n, de la sem?ntica y de la ciencia de los s?mbolos, por ejemplo, dan una importancia notable al lenguaje; mas, por otra parte, el lenguaje es utilizado abusivamente hoy al servicio de la mistificaci?n ideol?gica, de la masificaci?n del pensamiento y de la reducci?n del hombre al estado de objeto?

Todo eso influye notablemente en el campo de la catequesis. En efecto, ?sta tiene el deber imperioso de encontrar el lenguaje adaptado a los ni?os y a los j?venes de nuestro tiempo en general, y a otras muchas categor?as de personas: lenguaje de los estudiantes, de los intelectuales, de los hombres de ciencia; lenguaje de los analfabetos o de las personas de cultura primitiva; lenguaje de los minusv?lidos, etc. San Agust?n se encontr? ya con ese problema y contribuy? a resolverlo para su ?poca con su famosa obra De catechizandis rudibus. Tanto en catequesis como en teolog?a, el tema del lenguje es sin duda alguna primordial. Pero no est? de m?s recordarlo aqu?: la catequesis no puede aceptar ning?n lenguaje que, bajo el pretexto que sea, aun supuestamente cient?fico, tenga como resultado desvirtuar el contenido del Credo. Tampoco es admisible un lenguaje que enga?e o seduzca. Al contrario, la ley suprema es que los grandes progresos realizados en el campo de la ciencia del lenguaje han de poder ser utilizados por la catequesis para que ?sta pueda ?decir? o ?comunicar? m?s f?cilmente al ni?o, al adolescente, a los j?venes y a los adultos de hoy todo su contenido doctrinal sin deformaci?n.

B?squeda y certeza de la fe

60. Un desaf?o muy sutil viene algunas veces del modo mismo de entender la fe. Ciertas escuelas filos?ficas contempor?neas, que parecen ejercer gran influencia en algunas corrientes teol?gicas y, a trav?s de ellas, en la pr?ctica pastoral, acent?an de buen grado, que la actitud humana fundamental es la de una b?squeda sin fin, una b?squeda que no alcanza nunca su objeto. En teolog?a, este modo de ver las cosas afirmar? muy categ?ricamente que la fe no es una certeza sino un interrogante, no es una claridad sino un salto en la oscuridad.

Estas corrientes de pensamiento, no cabe duda, tienen la ventaja de recordarnos que la fe dice relaci?n a cosas que no se poseen todav?a, puesto que se las espera, que todav?a no se ven m?s que ?en un espejo y obscuramente?,(103) y que Dios habita una luz inaccessible.(104) Nos ayudan a no hacer de la fe cristiana una actitud de instalado, sino una marcha hacia adelante, como la de Abrah?n. Con mayor raz?n conviene evitar el presentar como ciertas las cosas que no lo son.

Con todo, no hay que caer en el extremo opuesto, como sucede con demasiada frecuencia. La misma carta a los Hebreos dice que ?la fe es la garant?a de las cosas que se esperan, la prueba de las realidades que no se ven?(105) Si no tenemos la plena posesi?n, tenemos una garant?a y una prueba. En la educaci?n de los ni?os, de los adolescentes y de los j?venes, no les demos un concepto totalmente negativo de la fe ?como un no-saber absoluto, una especie de ceguera, un mundo de tinieblas?, antes bien, sepamos mostrarles que la b?squeda humilde y valiente del creyente, lejos de partir de la nada, de meras ilusiones, de opiniones falibles y de incertidumbres, se funda en la Palabra de Dios que ni se enga?a ni enga?a, y se construye sin cesar sobre la roca inamovible de esa Palabra. Es la b?squeda de los Magos a merced de una estrella,(106) b?squeda a prop?sito de la cual Pascal, recogiendo un pensamiento de san Agust?n escrib?a en t?rminos muy profundos: ?No me buscar?as si no me hubieras encontrado?.(107)

Finalidad de la catequesis es tambi?n dar a los j?venes catec?menos aquellas certezas, sencillas pero s?lidas, que les ayuden a buscar, cada vez m?s y mejor, el conocimiento del Se?or.

Catequesis y teolog?a

61. En este contexto, me parece importante que se comprenda bien la correlaci?n existente entre catequesis y teolog?a.

Esta correlaci?n es evidentemente profunda y vital para quien comprende la misi?n irreemplazable de la teolog?a al servicio de la fe. Nada tiene de extra?o que toda conmoci?n en el campo de la teolog?a provoque repercusiones igualmente en el terreno de la catequesis. Ahora bien, en este inmediato post-concilio, la Iglesia vive un momento importante pero arriesgado de investigaci?n teol?gica. Y lo mismo habr?a que decir de la hermen?utica en ex?gesis.

Padres Sinodales provenientes de todos los continentes han abordado la cuesti?n con un lenguaje muy neto: han hablado de un ?equilibrio inestable? que amenaza con pasar de la teolog?a a la catequesis, y han se?alado la necesidad de atajar este mal. El Papa Pablo VI hab?a abordado personalmente el problema, con t?rminos no menos netos, en la introducci?n a su solemne Profesi?n de Fe(108) y en la Exhortaci?n Apost?lica que conmemor? el V aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II.(109)

Conviene insistir nuevamente en este punto. Conscientes de la influencia que sus investigaciones y afirmaciones ejercen en la ense?anza catequ?tica, los te?logos y los exegetas tienen el deber de estar muy atentos para no hacer pasar por verdades ciertas lo que, por el contrario, pertenece al ?mbito de las cuestiones opinables o discutidas entre expertos. Los catequistas tendr?n a su vez el buen criterio de recoger en el campo de la investigaci?n teol?gica lo que pueda iluminar su propia reflexi?n y su ense?anza, acudiendo como los te?logos a las verdaderas fuentes, a la luz del Magisterio. Se abstendr?n de turbar el esp?ritu de los ni?os y de los j?venes, en esa etapa de su catequesis, con teor?as extra?as, problemas f?tiles o discusiones est?riles, muchas veces fustigadas por san Pablo en sus cartas pastorales.(110)

El don m?s precioso que la Iglesia puede ofrecer al mundo de hoy, desorientado e inquieto, es el formar unos cristianos firmes en lo esencial y humildemente felices en su fe. La catequesis les ense?ar? esto y desde el principio sacar? su provecho: ?El hombre que quiere comprenderse hasta el fondo a s? mismo ?no solamente seg?n criterios y medidas del propio ser inmediatos, parciales, a veces superficiales e incluso aparentes? debe, con su inquietud, incertidumbre e incluso con su debilidad y pecaminosidad, con su vida y con su muerte acercarse a Cristo. Debe, por decirlo as?, entrar en ?l con todo su ser, debe "apropiarse" y asimilar toda la realidad de la Encarnaci?n y de la Redenci?n para encontrarse a s? mismo?.(111)


Publicado por mario.web @ 1:17
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