S?bado, 07 de mayo de 2011

IX

LA TAREA NOS CONCIERNE A TODOS

Aliento a todos los responsables


62. Ahora, Hermanos e Hijos querid?simos, quisiera que mis palabras, concebidas como una grave y ardiente exhortaci?n de mi ministerio de Pastor de la Iglesia universal, enardecieran vuestros corazones a la manera de las cartas de san Pablo a sus compa?eros de Evangelio Tito y Timoteo, a la manera de san Agust?n cuando escrib?a al di?cono Deogracias, desalentado sobre el gozo de catequizar.(112) ?S?, quiero sembrar pr?digamente en el coraz?n de todos los responsables, tan numerosos y diversos, de la ense?anza religiosa y del adiestramiento en la vida seg?n el Evangelio, el valor, la esperanza y el entusiasmo!

Obispos

63. Me dirijo ante todo a vosotros, mis Hermanos Obispos: el Concilio Vaticano II ya os record? expl?citamente vuestra tarea en el campo catequ?tico,(113) y los Padres de la IV Asamblea general del S?nodo lo subrayaron expresamente.

En el campo de la catequesis ten?is vosotros, querid?simos Hermanos, una misi?n particular en vuestras Iglesias: en ellas sois los primeros responsables de la catequesis, los catequistas por excelencia. Llev?is tambi?n con el Papa en el esp?ritu de la colegialidad episcopal, el peso de la catequesis en la Iglesia entera. Permitid, pues que os hable con el coraz?n en la mano.

S? que el ministerio episcopal que ten?is encomendado es cada d?a m?s complejo y abrumador. Os requieren mil compromisos, desde la formaci?n de nuevos sacerdotes, a la presencia activa en medio de las comunidades de fieles, desde la celebraci?n viva y digna del culto y de los sacramentos, a la solicitud por la promoci?n humana y por la defensa de los derechos del hombre. Pues bien, ?que la solicitud por promover una catequesis activa y eficaz no ceda en nada a cualquier otra preocupaci?n. Esta solicitud os llevar? a transmitir personalmente a vuestros fieles la doctrina de vida. Pero debe llevaros tambi?n a haceros cargo en vuestras di?cesis, en conformidad con los planes de la Conferencia episcopal a la que pertenec?is, de la alta direcci?n de la catequesis, rode?ndoos de colaboradores competentes y dignos de confianza. Vuestro cometido principal consistir? en suscitar y mantener en vuestras Iglesias una verdadera m?stica de la catequesis, pero una m?stica que se encarne en una organizaci?n adecuada y eficaz, haciendo uso de las personas, de los medios e instrumentos, as? como de los recursos necesarios. Tened la seguridad de que, si funciona bien la catequesis en las Iglesias locales, todo el resto resulta m?s f?cil. Por lo dem?s ??hace falta dec?roslo?? vuestro celo os impondr? eventualmente la tarea ingrata de denunciar desviaciones y corregir errores, pero con mucha mayor frecuencia os deparar? el gozo y el consuelo de proclamar la sana doctrina y de ver c?mo florecen vuestras Iglesias gracias a la catequesis impartida como quiere el Se?or.

Sacerdotes

64. En cuanto a vosotros, sacerdotes, aqu? ten?is un campo en el que sois los colaboradores inmediatos de vuestros Obispos. El Concilio os ha llamado ?educadores de la fe?Enfurru?ado114) ?C?mo serlo m?s cabalmente que dedicando lo mejor de vuestros esfuerzos al crecimiento de vuestras comunidades en la fe? Lo mismo si ten?is un cargo parroquial que si sois capellanes en una escuela, instituto o universidad, si sois responsables de la pastoral a cualquier nivel o animadores de peque?as o grandes comunidades, pero sobre todo de grupos de j?venes, la Iglesia espera de vosotros que no dej?is nada por hacer con miras a una obra catequ?tica bien estructurada y bien orientada. Los di?conos y dem?s ministros que pueda haber en torno vuestro son vuestros cooperadores natos. Todos los creyentes tienen derecho a la catequesis; todos los pastores tienen el deber de impartirla. A las autoridades civiles pediremos siempre que respeten la libertad de la ense?anza catequ?tica; a vosotros, ministros de Jesucristo, os suplico con todas mis fuerzas: no permit?is que, por una cierta falta de celo, como consecuencia de alguna idea inoportuna, preconcebida, los fieles se queden sin catequesis. Que no se pueda decir: ?los peque?uelos piden pan y no hay quien se lo parta?.(115)

Religiosos y religiosas

65. Muchas familias religiosas masculinas y femeninas nacieron para la educaci?n cristiana de los ni?os y de los j?venes, principalmente los m?s abandonados. En el decurso de la historia, los religiosos y las religiosas se han encontrado muy comprometidos en la actividad catequ?tica de la Iglesia, llevando a cabo un trabajo particularmente id?neo y eficaz. En un momento en que se quiere intensificar los v?nculos entre los religiosos y los pastores y, en consecuencia, la presencia activa de las comunidades religiosas y de sus miembros en los proyectos pastorales de las Iglesias locales, os exhorto de todo coraz?n a vosotros, que en virtud de la consagraci?n religiosa deb?is estar a?n m?s disponibles para servir a la Iglesia, a prepararos lo mejor posible para la tarea catequ?tica, seg?n las distintas vocaciones de vuestros institutos y las misiones que os han sido confiadas, llevando a todas partes esta preocupaci?n. ?Que las comunidades dediquen el m?ximo de sus capacidades y de sus posibilidades a la obra espec?fica de la catequesis!

Catequistas laicos ...

66. En nombre de toda la Iglesia quiero dar las gracias a vosotros, catequistas parroquiales, hombres y, en mayor n?mero a?n, mujeres, que en todo el mundo os hab?is consagrado a la educaci?n religiosa de numerosas generaciones de ni?os. Vuestra actividad, con frecuencia humilde y oculta, mas ejercida siempre con celo ardiente y generoso, es una forma eminente de apostolado seglar, particularmente importante all? donde, por distintas razones, los ni?os y los j?venes no reciben en sus hogares una formaci?n religiosa conveniente. En efecto, ?cu?ntos de nosotros hemos recibido de personas como vosotros las primeras nociones de catecismo y la preparaci?n para el sacramento de la reconciliaci?n, para la primera comunion y para la confirmaci?n? La IV Asamblea general del S?nodo no os ha olvidado. Con ella os animo a proseguir vuestra colaboraci?n en la vida de la Iglesia.

Pero el t?tulo de ?catequista? se aplica por excelencia a los catequistas de tierras de misi?n. Habiendo nacido en familias ya cristianas o habi?ndose convertido un d?a al cristianismo e instruidos por los misioneros o por otros catequistas, consagran luego su vida, durante largos a?os, a catequizar a los ni?os y adultos de sus pa?ses. Sin ellos no se habr?an edificado Iglesias hoy d?a florecientes. Me alegro de los esfuerzos realizados por la S. Congregaci?n para la Evangelizaci?n de los Pueblos con miras a perfeccionar cada vez m?s la formaci?n de esos catequistas. Evoco con reconocimiento la memoria de aquellos a quienes el Se?or llam? ya a S?. Pido la intercesi?n de aquellos a quienes mis predecesores elevaron a la gloria de los altares. Aliento de todo coraz?n a los que ahora est?n entregados a esa obra. Deseo que otros muchos los releven y que su n?mero se acreciente en favor de una obra tan necesaria para la mision.

... en parroquia ...

67. Quiero evocar ahora el marco concreto en que act?an habitualmente todos estos catequistas, volviendo todav?a de manera m?s sint?tica sobre los ?lugares? de la catequesis, algunos de los cuales han sido ya evocados en el cap?tulo VI: parroquia, familia, escuela y movimiento.

Aunque es verdad que se puede catequizar en todas partes, quiero subrayar ?conforme al deseo de much?simos Obispos? que la comunidad parroquial debe seguir siendo la animadora de la catequesis y su lugar privilegiado. Ciertamente, en muchos pa?ses, la parroquia ha sido como sacudida por el fen?meno de la urbanizaci?n. Algunos quiz?s han aceptado demasiado f?cilmente que la parroquia sea considerada como sobrepasada, si no destinada a la desaparici?n en beneficio de peque?as comunidades m?s adaptadas y m?s eficaces. Qui?rase o no, la parroquia sigue siendo una referencia importante para el pueblo cristiano, incluso para los no practicantes. El realismo y la cordura piden pues continuar dando a la parroquia, si es necesario, estructuras m?s adecuadas y sobre todo un nuevo impulso gracias a la integraci?n creciente de miembros cualificados, responsables y generosos. Dicho esto, y teniendo en cuenta la necesaria diversidad de lugares de catequesis, en la misma parroquia, en las familias que acogen a ni?os o adolescentes, en las capellan?as de las escuelas estatales, en las instituciones escolares cat?licas, en los movimientos de apostolado que conservan unos tiempos catequ?ticos, en centros abiertos a todos los j?venes, en fines de semana de formaci?n espiritual, etc., es muy conveniente que todos estos canales catequ?ticos converjan realmente hacia una misma confesi?n de fe, hacia una misma pertenencia a la Iglesia, hacia unos compromisos en la sociedad vividos en el mismo espiritu evang?lico: ?... un solo Se?or, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre...?.(116) Por esto, toda parroquia importante y toda agrupaci?n de parroquias num?ricamente m?s reducidas tienen el grave deber de formar responsables totalmente entregados a la animaci?n catequ?tica ?sacerdotes, religiosos, religiosas y seglares?, de prever el equipamiento necesario para una catequesis bajo todos sus aspectos, de multiplicar y adaptar los lugares de catequesis en la medida que sea posible y ?til, de velar por la cualidad de la formaci?n religiosa y por la integraci?n de distintos grupos en el cuerpo eclesial.

En una palabra, sin monopolizar y sin uniformar, la parroquia sigue siendo, como he dicho, el lugar privilegiado de la catequesis. Ella debe encontrar su vocaci?n, el ser una casa de familia, fraternal y acogedora, donde los bautizados y los confirmados toman conciencia de ser pueblo de Dios. All?, el pan de la buena doctrina y el pan de la Eucarist?a son repartidos en abundancia en el marco de un solo acto de culto;(117) desde all? son enviados cada d?a a su misi?n apost?lica en todas las obras de la vida del mundo.

...en familia...

68. La acci?n catequ?tica de la familia tiene un car?cter peculiar y en cierto sentido insustituible, subrayado con raz?n por la Iglesia, especialmente por el Concilio Vaticano II.(118) Esta educaci?n en la fe, impartida por los padres ?que debe comenzar desde la m?s tierna edad de los ni?os(119)? se realiza ya cuando los miembros de la familia se ayudan unos a otros a crecer en la fe por medio de su testimonio de vida cristiana, a menudo silencioso, mas perseverante a lo largo de una existencia cotidiana vivida seg?n el Evangelio. Ser? m?s se?alada cuando, al ritmo de los acontecimientos familiares ?tales como la recepci?n de los sacramentos, la celebraci?n de grandes fiestas lit?rgicas, el nacimiento de un hijo o la ocasi?n de un luto? se procura explicitar en familia el contenido cristiano o religioso de esos acontecimientos. Pero es importante ir m?s all?: los padres cristianos han de esforzarse en seguir y reanudar en el ?mbito familiar la formaci?n m?s met?dica recibida en otro tiempo. El hecho de que estas verdades sobre las principales cuestiones de la fe de la vida cristiana sean as? transmitidas en un ambiente familiar impregnado de amor y respeto permitir? muchas veces que deje en los ni?os una huella de manera decisiva y para toda la vida. Los mismos padres aprovechen el esfuerzo que esto les impone, porque en un di?logo catequ?tico de este tipo cada uno recibe y da.

La catequesis familiar precede, pues, acompa?a y enriquece toda otra forma de catequesis. Adem?s, en los lugares donde una legislaci?n antirreligiosa pretende incluso impedir la educaci?n en la fe, o donde ha cundido la incredulidad o ha penetrado el secularismo hasta el punto de resultar pr?cticamente imposible una verdadera creencia religiosa, la iglesia dom?stica(120) es el ?nico ?mbito donde los ni?os y los j?venes pueden recibir una aut?ntica catequesis. Nunca se esforzar?n bastante los padres cristianos por prepararse a este ministerio de catequistas de sus propios hijos y por ejercerlo con celo infatigable. Y es preciso alentar igualmente a las personas o instituciones que, por medio de contactos personales, encuentros o reuniones y toda suerte de medios pedag?gicos, ayudan a los padres a cumplir su cometido: el servicio que prestan a la catequesis es inestimable.

... en la escuela ...

69. Al lado de la familia y en colaboraci?n con ella, la escuela ofrece a la catequesis posibilidades no desde?ables. En los pa?ses, cada vez m?s escasos por desgracia, donde es posible dar dentro del marco escolar una educaci?n en la fe, la Iglesia tiene el deber de hacerlo lo mejor posible. Esto se refiere, ante todo, a la escuela cat?lica: ?Seguir?a mereciendo este nombre si, aun brillando por su alto nivel de ense?anza en las materias profanas, hubiera motivo justificado para reprocharle su negligencia o desviaci?n en la educaci?n propiamente religiosa? ?Y no se diga que ?sta se dar? siempre impl?citamente o de manera indirecta! El car?cter propio y la raz?n profunda de la escuela cat?lica, el motivo por el cual deber?an preferirla los padres cat?licos, es precisamente la calidad de la ense?anza religiosa integrada en la educaci?n de los alumnos. Si es verdad que las instituciones cat?licas deben respetar la libertad de conciencia, es decir, evitar cargar sobre ella desde fuera, por presiones f?sicas o morales, especialmente en lo que concierne a los actos religiosos de los adolescentes, no lo es menos que tienen el grave deber de ofrecer una formaci?n religiosa adaptada a las situaciones con frecuencia diversas de los alumnos, y tambi?n hacerles comprender que la llamada de Dios a servirle en esp?ritu y en verdad, seg?n los mandamientos de Dios y los preceptos de la Iglesia, sin constre?ir al hombre, no lo obliga menos en conciencia.

Pero me refiero tambi?n a la escuela no confesional y a la estatal. Expreso el deseo ardiente de que, respondiendo a un derecho claro de la persona humana y de las familias y en el respeto de la libertad religiosa de todos, sea posible a todos los alumnos cat?licos el progresar en su formaci?n espiritual con la ayuda de una ense?anza religiosa que dependa de la Iglesia, pero que, seg?n los pa?ses, pueda ser ofrecida a la escuela o en el ?mbito de la escuela, o m?s a?n en el marco de un acuerdo con los poderes p?blicos sobre los programas escolares, si la catequesis tiene lugar solamente en la parroquia o en otro centro pastoral. En efecto, donde hay dificultades objetivas, por ejemplo cuando los alumnos son de religiones distintas, conviene ordenar los horarios escolares de cara a permitir a los cat?licos que profundicen su fe y su experiencia religiosa, con unos educadores cualificados, sacerdotes o laicos.

Ciertamente, muchos elementos vitales adem?s de la escuela contribuyen a influenciar la mentalidad de los j?venes: asuetos, medio social, medio laboral. Pero los que han realizado estudios est?n fuertemente se?alados por ellos, iniciados a unos valores culturales o morales aprendidos en el clima de la instituci?n de ense?anza, interpelados por m?ltiples ideas recibidas en la escuela: conviene que la catequesis tenga muy en cuenta esta escolarizaci?n para alcanzar verdaderamente los dem?s elementos del saber y de la educaci?n, a fin de que el Evangelio impregne la mentalidad de los alumnos en el terreno de su formaci?n y que la armonizaci?n de su cultura se logre a la luz de la fe. Aliento pues a los sacerdotes, religiosos, religiosas y seglares que se ocupan de ayudar a estos alumnos en el plano de la fe. Por lo dem?s, es el momento de declarar aqu? mi firme convicci?n de que el respeto demostrado a la fe cat?lica de los j?venes, incluso facilitando su educaci?n, arraigo, consolidaci?n, libre profesi?n y pr?ctica, honrar?a ciertamente a todo Gobierno, cualquiera que sea el sistema en que se basa o la ideolog?a en que se inspira.

.. en los movimientos

70. Reciban finalmente mi palabra de aliento las asociaciones, movimientos y agrupaciones de fieles que se dedican a la pr?ctica de la piedad, al apostolado, a la caridad y a la asistencia, a la presencia cristiana en las realidades temporales. Todos ellos alcanzar?n tanto mejor sus objetivos propios y servir?n tanto mejor a la Iglesia, cuanto m?s importante sea el espacio que dediquen, en su organizaci?n interna y en su m?todo de acci?n, a una seria formaci?n religiosa de sus miembros. En este sentido, toda asociaci?n de fieles en la Iglesia debe ser, por definici?n, educadora de la fe. As? aparece m?s ostensiblemente la parte que corresponde hoy a los seglares en la catequesis, siempre bajo la direcci?n pastoral de sus Obispos, como, por otra parte, han subrayado en varias ocasiones las Proposiciones formuladas por el S?nodo.

Institutos de formaci?n

71. Esta contribuci?n de los seglares, por la cual hemos de estar reconocidos al Se?or, constituye al mismo tiempo un reto a nuestra responsabilidad de Pastores. En efecto, esos catequistas seglares deben recibir una formaci?n esmerada para lo que es, si no un ministerio formalmente instituido, si al menos una funci?n de alt?simo relieve en la Iglesia. Ahora bien, esa formaci?n nos invita a organizar Centros e Institutos id?neos, sobre los que los Obispos mantendr?n una atenci?n constante. Es un campo en el que una colaboraci?n diocesana, interdiocesana e incluso nacional se revela fecunda y fructuosa. Aqu?, igualmente, es donde podr? manifestar su mayor eficacia la ayuda material ofrecida por las Iglesias m?s acomodadas a sus hermanas m?s pobres. En efecto, ?es que puede una Iglesia hacer en favor de otra algo mejor que ayudarla a crecer por s? misma como Iglesia?

A todos los que trabajan generosamente al servicio del Evangelio y a quienes he expresado aqu? mis vivos alientos, quisiera recordar una consigna muy querida a mi venerado predecesor Pablo VI: ?Evangelizadores: nosotros debemos ofrecer... la imagen... de hombres adultos en la fe, capaces de encontrarse m?s all? de las tensiones reales gracias a la b?squeda com?n, sincera y desinteresada de la verdad. S?, la suerte de la evangelizaci?n est? ciertamente vinculada al testimonio de unidad dado por la Iglesia. He aqu? una fuente de responsabilidad, pero tambi?n de consuelo?.(121)

CONCLUSI?N

El Esp?ritu Santo, Maestro interior

72. Al final de esta Exhortaci?n Apost?lica, la mirada se vuelve hacia Aqu?l que es el principio inspirador de toda la obra catequ?tica y de los que la realizan: el Esp?ritu del Padre y del Hijo: el Esp?ritu Santo.

Al exponer la misi?n que tendr?a este Esp?ritu en la Iglesia, Cristo utiliza estas palabras significativas: ?El os lo ense?ar? y os traer? a la memoria todo lo que yo os he dicho?,(122) y a?ade: ?Cuando viniere Aqu?l, el Esp?ritu de verdad, os guiar? hacia la verdad completa ..., os comunicar? las cosas venideras?.(123)

El Esp?ritu es, pues, prometido a la Iglesia y a cada fiel como un Maestro interior que, en la intimidad de la conciencia y del coraz?n, hace comprender lo que se hab?a entendido pero que no se hab?a sido capaz de captar plenamente. ?El Esp?ritu Santo desde ahora instruye a los fieles ?dec?a a este respecto san Agust?n? seg?n la capacidad espiritual de cada uno. Y ?l enciende en sus corazones un deseo m?s vivo en la medida en la que cada uno progresa en esta caridad que le hace amar lo que ya conoc?a y desear lo que todav?a no conoc?a?.(124)

Adem?s, misi?n del Esp?ritu es tambi?n transformar a los disc?pulos en testigos de Cristo: ??l dar? testimonio de m? y vosotros dar?is tambi?n testimonio?.(125)

M?s a?n. Para san Pablo, que sintetiza en este punto una teolog?a latente en todo el Nuevo Testamento, la vida seg?n el Esp?ritu,(126) es todo el ?ser cristiano?, toda la vida cristiana, la vida nueva de los hijos de Dios. S?lo el Esp?ritu nos permite llamar a Dios: ?Abba, Padre?.(127) Sin el Esp?ritu no podemos decir: ?Jes?s es el Se?or?.(128) Del Esp?ritu proceden todos los carismas que edifican la Iglesia, comunidad de cristianos.(129) En este sentido san Pablo da a cada disc?pulo de Cristo esta consigna: ?Llenaos del Esp?ritu?.(130) San Agust?n es muy expl?cito: ?El hecho de creer y de obrar bien son nuestros como consecuencia de la libre elecci?n de nuestra voluntad, y sin embargo uno y otro son un don que viene del Esp?ritu de fe y de caridad?.(131)

La catequesis, que es crecimiento en la fe y maduraci?n de la vida cristiana hacia la plenitud, es por consiguiente una obra del Esp?ritu Santo, obra que s?lo ?l puede suscitar y alimentar en la Iglesia.

Esta constataci?n, sacada de la lectura de los textos citados m?s arriba y de otros muchos pasajes del Nuevo Testamento, nos lleva a dos convicciones.

Ante todo est? claro que la Iglesia, cuando ejerce su misi?n catequ?tica ?como tambi?n cada cristiano que la ejerce en la Iglesia y en nombre de la Iglesia? debe ser muy consciente de que act?a como instrumento vivo y d?cil del Esp?ritu Santo. Invocar constantemente este Esp?ritu, estar en comuni?n con ?l, esforzarse en conocer sus aut?nticas inspiraciones debe ser la actitud de la Iglesia docente y de todo catequista.

Adem?s, es necesario que el deseo profundo de comprender mejor la acci?n del Esp?ritu y de entregarse m?s a ?l ?dado que ?nosotros vivimos en la Iglesia un momento privilegiado del Esp?ritu?, como observaba mi Predecesor Pablo VI en su Exhortaci?n Apost?lica ?Evangelii nuntiandi?(132)? provoca un despertar catequ?tico. En efecto, la ?renovaci?n en el Esp?ritu? ser? aut?ntica y tendr? una verdadera fecundidad en la Iglesia, no tanto en la medida en que suscite carismas extraordinarios, cuanto si conduce al mayor n?mero posible de fieles, en su vida cotidiana, a un esfuerzo humilde, paciente, y perseverante para conocer siempre mejor el misterio de Cristo y dar testimonio de ?l.

Yo invoco ahora sobre la Iglesia catequizadora este Esp?ritu del Padre y del Hijo, y le suplicamos que renueve en esta Iglesia el dinamismo catequ?tico.

Mar?a, madre y modelo de disc?pulo

73. Que la Virgen de Pentecost?s nos lo obtenga con su intercesi?n. Por una vocaci?n singular, ella vio a su Hijo Jes?s ?crecer en sabidur?a, edad y gracia?.(133) En su regazo y luego escuch?ndola, a lo largo de la vida oculta en Nazaret, este Hijo, que era el Unig?nito del Padre, lleno de gracia y de verdad, ha sido formado por ella en el conocimiento humano de las Escrituras y de la historia del designio de Dios sobre su Pueblo, en la adoraci?n al Padre.(134) Por otra parte, ella ha sido la primera de sus disc?pulos: primera en el tiempo, pues ya al encontrarle en el Templo, recibe de su Hijo adolescente unas lecciones que conserva en su coraz?n;(135) la primera, sobre todo, porque nadie ha sido ense?ado por Dios(136) con tanta profundidad. ?Madre y a la vez disc?pula?, dec?a de ella san Agust?n a?adiendo atrevidamente que esto fue para ella m?s importante que lo otro.(137) No sin raz?n en el Aula Sinodal se dijo de Mar?a que es ?un catecismo viviente?, ?madre y modelo de los catequistas?.

Quiera, pues, la presencia del Esp?ritu Santo, por intercesi?n de Mar?a, conceder a la Iglesia un impulso creciente en la obra catequ?tica que le es esencial. Entonces la Iglesia realizar? con eficacia, en esta hora de gracia, la misi?n inalienable y universal recibida de su Maestro: ?Id, pues; ense?ad a todas las gentes?.(138)

Dado en Roma, junto a San Pedro, el d?a 16 de octubre del a?o 1979, segundo de mi pontificado.




NOTAS
NOTAS

1. Cf. Mt 28, 19 s.

2. Cf. 1 Jn 1, 1.

3. Cf. Jn 20, 31.

4. Cf. AAS 63 (1971), pp. 758-764.

5. Cf. n. 44; cf. tambi?n los nn. 45-48; 54: AAS 68 (1976), pp. 34-35; 35-38; 43.

6. Se sabe que, seg?n el Motu proprio Apostolica Sollicitudo del 15 septiembre 1965 (AAS 57 [1965], pp. 775-780), el S?nodo de los Obispos puede reunirse en Asamblea general, en Asamblea extraordinaria o en Asamblea especial. En la presente Exhortaci?n Apost?lica, las palabras ?S?nodo? o ?Padres Sinodales?, o ?Aula Sinodal?, se referir?n siempre, a no ser que se diga lo contrario, a la IV Asamblea general del S?nodo de los Obispos, tenida en Roma en octubre de 1977, sobre la catequesis.

7. Cf. Synodus Episcoporum: De catechesi hoc nostro tempore tradenda praesertim pueris atque iuvenibus, Ad Populum Dei Nuntius, e Civitate Vaticana, 28.X.1977; cf. ? L?Osservatore Romano ? (30 octubre 1977), pp. 3-4.

8. Cf. AAS 69 (1977), p. 633.

9. Jn 1, 14.

10. Jn 14, 6.

11. Ef 3, 9. 18s.

12. Cf. Jn 14, 6.

13. Jn 7, 16. Este es un tema preferido por el cuarto Evangelio: cf, Jn 3, 34; 8, 28; 12, 49 s; 14, 24; 17, 8. 14.

14. 1 Co 11, 23: la palabra ?transmitir?, empleada aqu? por san Pablo, ha sido repetida a menudo en la Exhort. Ap. Evangelii nuntiandi para describir la acci?n evangelizadora de la Iglesia; por ejemplo nn, 4, 15, 78, 79.

15. Act 1, 1.

16. Mt 26, 55; cf. Jn 18, 20.

17. Mc 10, 1.

18. Mc 1, 22; cf. tambi?n Mt 5, 2; 11, 1; 13, 54; 22, 16; Mc 2, 13; 4, 1; 6, 2. 6; Lc 5, 3. 17; Jn 7, 14; 8, 2; etc.

19. Lc 23, 5.

20. Aproximadamente en unos cincuenta pasajes de los cuatro Evangelios, este t?tulo, heredado por toda la Tradici?n jud?a pero adornado aqu? de un significado nuevo que el mismo Cristo trata a menudo de iluminar, es atribuido a Jes?s.

21. Cf., entre otros, Mt 8, 19; Mc 4, 38; 9, 38; 10, 35; 13, 1; Jn 11, 28.

22. Mt 12, 38.

23. Lc 10, 25; cf. Mt 22, 16.

24. Jn 13, 13 s.; cf. tambi?n Mt 10, 25; 26, 18 y paralelos.

25. Mt 23, 8. Ignacio de Antioqu?a recoge esta afirmaci?n y la comenta as?: ?Nosotros hemos recibido la fe, por esto nosotros nos mantenemos a fin de ser reconocidos como disc?pulos de Jesucristo, nuestro ?nico Maestro? (Epistula ad Magnesios, IX, 1: Funk 1, 239).

26. Jn 3, 2.

27. La representaci?n de Cristo en actitud de ense?ar aparece ya en las catacumbas romanas. Est? usada profusamente en los mosaicos del arte romano-bizantino de los siglos III y IV. Constituir? un motivo art?stico predominante en las im?gines de las grandes catedrales rom?nicas y g?ticas de la edad media.

28. Mt 28, 19.

29. Jn 15, 15.

30. Cf.. Jn 15, 16.

31. Act 2, 42.

32. Act 4, 2.

33. Cf. Act 4, 18, 5, 28

34. Cf. Act 4, 19.

35. Act 1, 25.

36. Cf Act 6, 8 ss.; cf. tambi?n Felipe catequizando al funcionario de una reina de Etiop?a, Act 8, 26 ss.

37. Cf. Act 15, 35.

38. Cf. Act 8, 4.

39. Act 28, 31.

40. Cf. Cart. Enc. Mater et Magistra del Papa Juan XXIII (AAS 53 [1961], p. 401): La Iglesia es ?madre?, porque engendra sin cesar nuevos hijos por el bautismo y hace aumentar la familia de Dios; es ?educadora?, porque hace que sus hijos crezcan en la gracia de su bautismo alimentando su sensus fidei por la ense?anza de las verdades de la fe.

41. Cf. por ejemplo: la carta de Clemente Romano a la Iglesia de Corinto, la Didach?, la ? Carta de los Ap?stoles ?, los escritos de S. Ireneo de Lyon (Demonstratio Apostolicae praedicationis y Adversus haereses), de Tertuliano (De baptismo), de Clemente de Alejandr?a (Paedagogus), de S. Cipriano (Testimonia ad Quirinum), de Or?genes (Contra Celsum), etc.

42. Cf. 2 Tes 3, 1.

43. Conc. Ecum. Vat. II, Decl. sobre la libertad religiosa Dignitatis humanae, n. 2: AAS 58 (1966), p. 930.

44. Cf. Declaraci?n universal de los Derechos del Hombre (ONU), 10 diciembre 1948, art. 18, Pacto Internacional relativo a los derechos civiles y pol?ticos (ONU), 16 diciembre 1966 art. 4; Acto final de la Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperaci?n en Europa, par. VII.

45. Synodus Episcoporum: De catechesi hoc nostro tempore tradenda praesertim pueris atque iuvenibus, Ad Populum Dei Nuntius, nn. 1 y 4: loc. cit., pp. 3-4 y 6-7; cf. ? L?Osservatore Romano ? (30 octubre 1977), p. 3.

46. Ibid., n. 6: loc. cit., pp. 7-8.

47. S. Congregaci?n para el Clero, Directorium Catechisticum Generale, nn. 17-35: AAS 64 (1972), pp. 110-118.

48. Cf. nn. 17-24: AAS 68 (1976), pp. 17-22.

49. Synodus Episcoporum: De catechesi hoc nostro tempore tradenda praesertim pueris atque iuvenibus; Ad Populum Dei Nuntius, n. 1: loc. cit., pp. 3 s.; cf. ? L?Osservatore Romano ? (30 octubre 1977), p. 3.

50. Discurso de clausura del S?nodo (29 octubre 1977): AAS 69 (1977), p. 634.

51. Ibid.

52. Directorium Catechisticum Generale, nn. 40 y 46: AAS 64 (1972), pp. 121 y 124s.

53. Decr. sobre el ministerio y la vida de los presb?teros Presbyterorum Ordinis, n 6: AAS 58 (1966), p. 999.

54. Cf. Ordo initiationis christianae adultorum

55. Ef 4, 13

56. Cf. 1 Pe 3, 15

57. Const. dogm. sobre la divina Revelaci?n Dei Verbum, nn. 10 y 24: AAS 58 (1966), pp. 822 y 828 s.; cf. tambi?n S. Congregaci?n para el Clero, Directorium Catechisticum Generale, n. 45 (AAS 64 [1972], p. 124), que sit?a bien las fuentes principales o complementarias de la catequesis.

58. Cf. Ordo initiationis christianae adultorum, nn. 25-26; 183-187.

59. Cf. AAS 60 (1968), pp. 436-445. Al lado de estas grandes profesiones de fe del Magisterio, se pueden ver profesiones de fe populares, arraigadas en la cultura cristiana tradicional de ciertos pa?ses; cf. lo que yo dec?a a los j?venes en Gniezno, 3 junio 1979, a prop?sito del canto-mensaje ?Bogurodzica?: ?No es solamente un canto: es tambi?n una profesi?n de fe, un s?mbolo del Credo polaco, es una catequesis y tambi?n un documento de tradici?n cristiana. Las principales verdades de fe y los principios de la moral est?n contenidos en ?l. No es solamente un objeto hist?rico. Es el documento de la vida. Se le ha llamado tambi?n el catecismo polaco?: cf. AAS 71 (1979), p. 754.

60. N. 25: AAS 68 (1976), p. 23.

61. Ibid., principalmente nn. 26-39: l. c., pp. 23-25; los ?elementos principales del mensaje cristiano? est?n expuestos de manera m?s sistem?tica todav?a en el Directorium Catechisticum Generale, nn. 47-69 (AAS 64 [1972], pp. 125-141) en el cual se encuentra tambi?n la norma del contenido doctrinal esencial de la catequesis.

62. Se podr? consultar tambi?n el cap?tulo del Directorium Catechisticum Generale sobre este punto, nn. 37-46 (l.c., pp. 120-125).

63. Rom 1, 19.

64. Act 17, 23

65. Cf. Ef 3, 3.

66. Cf. Ef 2, 18

67. Act 20, 28.

68. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, n. 39: AAS 58 (1966), pp. 1056 s.

69. Rom 6, 4.

70. 2 Co 5, 17.

71. Cf. ibid.

72. Rom 6, 23.

73. Cf. Pablo VI, Exhort. Ap. Evangelii nuntiandi, nn. 30-38: AAS 68 (1976), pp. 25-30.

74. Cf. Catecismo mayor, V parte, cap. 6, nn. 965-966.

75. Cf. Flp 2, 17.

76. Rom 10, 8.

77. Flp 3, 8

78. Ef 4, 20 s.

79. Cf. 2 Tes 2, 7.

80. Jn 6, 69; cf. Act 5, 20; 7, 38.

81. Act 2, 28, citando el Sal 1a, 11.

82. Cf. todo el decreto sobre el ecumenismo Unitatis Redintegratio: AAS 57 (1965), pp. 90-112.

83. Cf. ibid., n. 5: l.c., p. 96; cf. tambi?n Conc. Ecum. Vat. II, Decr. sobre la actividad misionera de la Iglesia Ad Gentes, n. 15: AAS 58 (1966), pp. 963-965; S. Congregaci?n para el Clero, Directorium Catechisticum Generale, n. 27: AAS 64 (1972), p. 115.

84. Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. sobre el ecumenismo Unitatis Redintegratio, nn. 3-4: AAS 57 (1965), pp. 92-96.

85. Ibid., n 3: l. c., p. 93.

86. Cf. Ibid.; cf. tambi?n Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, n 15: AAS 57 (1965), p. 19.

87. Lc 12, 32.

88. Cf., por ejemplo, Conc. Ecum. Vat. II, Const past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et Spes: AAS 58 (1966), pp. 1025-1120; Pablo VI, Cart. Enc. Populorum Progressio: AAS 59 (1967), pp. 257-299; Cart. Ap. Octogesima Adveniens: AAS 63 (1971), pp. 401-441; Exhort. Ap. Evangelii nuntiandi: AAS 68 (1976), pp. 5-76.

89. Mt 1, 16.

90. Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. sobre el oficio pastoral de los Obispos Christus Dominus, n. 14: AAS 58 (1966), p. 679; Decr. sobre la actividad misionera de la Iglesia Ad gentes, n. 14: AAS 58 (1966), pp. 962-963, S. Congregaci?n para el Clero, Directorium Catechisticum Generale, n. 20: AAS 64 (1972). p. 112; cf. tambi?n Ordo initiationis christianae adultorum.

91. Cf. n. 58: AAS 68 (1976), pp. 46-49.

92. Cf. Synodus Episcoporum: De catechesi hoc nostro tempore tradenda praesertim pueris atque iuvenibus, Ad Populum Dei Nuntius, nn. 7-10: loc. cit., pp. 9-12; cf. ? L?Osservatore Romano ? (30 octubre 1977), p. 3.

93. Cf. S Congregaci?n para el Clero, Directorium Catechisticum Generale, nn 119-121; 134: AAS 64 (1972), pp. 166-167; 172.

94. AAS 71 (1979), p. 607.

95. Cf. Rom 16, 25; Ef 3, 5.

96. Cf. 1 Co 1, 17.

97. Cf. 2 Tim 1, 14.

98. Cf. Jn 1, 16; Ef 1, 10.

99. Cf. Enc. Redemptor Hominis, nn. 15-16: AAS 71 (1979), pp, 286-295.

100. Cf. Mt 5, 13-16.

101. Cf. Pablo VI, Enc. Ecclesiam suam, III parte: AAS 56 (1964), pp. 637-659.

102. Cf. Heb 11, 27.

103. 1 Co 13, 12.

104. Cf. 1 Tim 6, 16.

105. Heb 11, 1.

106. Cf. Mt 2, 1 ss.

107. Blas Pascal, El misterio de Jes?s: Pensamientos, n. 553.

108. Pablo VI, Sollemnis Professio Fidei, n. 4: AAS 60 (1968), P. 434.

109. Pablo VI, Exhort. Ap. Quinque iam Anni: AAS 63 (1971), P. 99.

110. Cf. 1 Tim 1, 3 ss.; 4, 1 ss.; 2 Tim 2, 14 ss.; 4, 1-5; Tit 1, 10-12; cf. tambi?n Exhort. Ap. Evangelii nuntiandi, n. 78: AAS 68 (1976), p. 70.

111. Enc. Redemptor Hominis, n. 10: AAS 71 (1979), p. 274.

112. Cf. De catechizandis rudibus: PL 40, 310-347.

113. Cf. Decr. sobre el oficio pastoral de los Obispos Christus Dominus, n. 14: AAS 58 ( 1966), p. 679.

114. Decr. sobre el ministerio y vida de los presb?teros Presbyterorum Ordinis, n. 6: AAS 58 (1966), p. 999.

115. Lam 4, 4.

116. Ef 4, 5 s.

117. Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. sobre la sagrada liturgia Sacrosanctum Concilium, nn. 35, 52: AAS 56 (1964), pp. 109, 114; cf. tambi?n Institutio generalis Missalis Romani promulgada por decreto de la S. Congregaci?n de Ritos el 6 abril 1969, n. 33, y lo que se ha dicho m?s arriba en el cap. VI sobre la homil?a.

118. Desde la alta edad media, los Concilios provinciales insist?an sobre la responsabilidad de los padres en materia de educaci?n de la fe: cf. VI Concilio de Arl?s (a. 813), can. 19; Concilio de Maguncia (a. 813), cann. 45-47; VI Concilio de Par?s (a. 829), libro I, cap. 7: Mansi, Sacrorum Conciliorum nova et amplissima collectio, XIV, 62, 74, 542. Entre los documentos m?s recientes del Magisterio, conviene citar la Enc. Divini illius Magistri de P?o XI, 31 diciembre 1929: AAS 22 (1930), pp. 49-86; muchos discursos y mensajes de P?o XII; y sobre todo los textos del Concilio Vaticano II: Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, nn. 11, 35: AAS 57 (1965), pp. 15, 40, Decr. sobre el apostolado de los seglares Apostolicam Actuositatem, nn. 11, 30: AAS 58 (1966), pp. 847-860, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et Spes, n. 52: AAS 58 (1966), p. 1073; y especialmente la Decl. sobre la educaci?n cristiana de la juventud Gravissimum Educationis, n. 3: AAS 58 (1966), p. 731.

119. Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decl. sobre la educaci?n cristiana de la juventud Gravissimum Educationis, n. 3: AAS 58 (1966), p. 731.

120. Conc. Ecum. Vat. II, Const dogm. sobre la Iglesia Lumen Gentium, n. 11: AAS 57 (1965), p. 16; cf. Decr. sobre el apostolado de los seglares Apostolicam Actuositatem, n. 11: AAS 58 (1966), p 848.

121. Exhort. Ap. Evangelii nuntiandi, n. 77: AAS 68 (1967),

122. Jn 14, 26.

123. Jn 16, 13.

124. In Ioannis Evangelium Tractatus, 97, 1: PL 35, 1877.

125. Jn 15, 26-27

126. Cf. Rom 8, 14-17; Gal 4, 6.

127. Rom 8, 15.

128. 1 Co 12, 3.

129. Cf. 1 Co 12, 4-11

130. Ef 5, 18.

131. Retractationum liber I, 23, 2: PL 32, 621.

132. N. 75: AAS 68 (1976), p. 66.

133. Cf. Lc 2, 52.

134. Cf. Jn 1, 14; Heb 10, 5; S. Th. III?, Q. 12, a. 2; a. 3, ad 3.

135. Cf. Lc 2, 51.

136. Cf. Jn 6, 45.

137. Cf. Sermo 25, 7: PL 46, 937-938.

138. Mt 28, 19.


Publicado por mario.web @ 1:18
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