S?bado, 07 de mayo de 2011

Autor: P. Carlos Skertchly, L.C.

Todos nos hemos encontrado alguna vez ni?os en los sem?foros pidiendo limosna, haciendo juegos dizque de malabarismo porque a veces son tan peque?itos que no pueden ni con su alma, pero hacen un esfuerzo. Yo pod?a contarles mil historias bell?simas de experiencias en los sem?foros y en las calles.

Ayer, al llegar al aeropuerto, se me acerc? un anciano pidiendo una limosna. Estaba sin cuidado ninguno de su persona, con la ropa sucia y ro?da, barb?n y no s? si algo tomado. Me mir? tratando de darme l?stima. Sin dudarlo le di 2 reales (equivalente a un d?lar). Contemplaba la escena una se?ora con su hijo peque?o. Percib? que ella le dec?a algo al o?do como: ?es un padre y le dio una ayuda al viejito??. Yo los salud? y entonces la se?ora me dijo: ??qu? hermoso ver esto! Es que nosotros tenemos miedo de ayudar. No sabemos a qui?n s? y a qui?n no. Hoy en d?a suceden muchos asaltos?. Yo simplemente le dije que cuando vemos alguien con necesidad que nos pide amablemente, no debemos dudar en ayudarlo, qui?n sabe y seamos su ?ltima esperanza para comer alguna cosa ese d?a.

?A qui?n debemos dar y a qui?n no? Ya he escuchado alguna vez en la radio o en la televisi?n el consejo de que no demos esas ayudas por muchos motivos: tal vez son ni?os que en vez de ir a la escuela, son mandados por los pap?s para pedir limosna por las calles; tambi?n se dice que en realidad esa gente aparenta pobreza pero ganan mucho dinero, calculando los altos del sem?foro por d?a y multiplicando por el m?nimo que pueden recibir? puede ser cierto. Tambi?n se dice que es fomentar la pereza. Mucho se habl?, por ejemplo, de los que limpian el parabrisas del coche en los sem?foros. ?Darles o no darles? ?Qu? se busquen un trabajo?

Pero yo tengo mis motivos para dar siempre o casi siempre. Y dar bien dado. Ante todo porque existen tambi?n fuertes razones a favor de dar: escuch? tambi?n un d?a en la radio las experiencias de varios ni?os y ni?as que ped?an limosna, o vend?an dulces en la calle. Una ni?a de 13 a?os dec?a que vend?a durante el d?a chicl?s en los sem?foros para sostener a su abuela y a otros dos hermanitos. Sus padres los hab?an abandonado. Y ella por la noche asist?a a sus clases de secundaria. ?Tememos darle a una ni?a as??

Otra vez al estacionar mi coche, se me acerc? un ni?o de 8 o 9 a?os y me pregunt? si pod?a cuidar mi coche mientras yo entraba a una oficina. Le dije que s?, no sin la desconfianza de que realmente un ni?o de esa edad pueda cuidar algo. Saliendo le di una moneda. ?l me vio con atenci?n y me dijo: ?Padre, ?puede contar por m? las monedas que tengo en esta bolsa?? Las cont? cuidadosamente y le dije: ?has ganado 8 reales y 35 centavos?. El sonri? levemente y me dijo: ?ya nada m?s me faltan 4 reales para comprar la cesta b?sica para mi familia?. Antes de que me salieran las l?grimas, le di los 4 reales que le faltaban y me fui. ?Tememos darle una ayuda a un ni?o as??

Pero hay otra raz?n, la m?s grande y poderosa que tenemos los cristianos para dar limosna. El evangelio de hace unos d?as nos dec?a: ?34 Entonces dir? el Rey a los de su derecha: ?Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creaci?n del mundo. 35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; 36 estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la c?rcel, y vinisteis a verme? 37 Entonces los justos le responder?n: ?Se?or, ?cu?ndo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? 38 ?Cu?ndo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? 39 ?Cu?ndo te vimos enfermo o en la c?rcel, y fuimos a verte?? 40 Y el Rey les dir?: ?En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos m?os m?s peque?os, a m? me lo hicisteis.?".

Durante varios a?os me toc? acompa?ar al P. Maciel, cuando sal?a a la ciudad (en Roma). Entre las muchas cosas que aprend? en esos a?os, qued? una grabada profundamente en mi alma. Siempre que encontr?bamos alg?n pobre por la calle, en los sem?foros, ?l le daba o me ped?a darle una buena limosna. Un d?a se nos acerc? una anciana para pedir algo y ?l le dio lo equivalente a unos 10 d?lares. Ella sonri? con dulzura contagiadora. Cuando nos ?bamos, el P. Maciel me pregunt?: ??sabes qui?n era esa se?ora??. L?gicamente le respond? que no la conoc?a. Pero ?l, sin prestar atenci?n a mi respuesta, me dijo: ?era Cristo que me ped?a darle de beber??

Desde entonces, en cada persona que me pide limosna no puedo menos que ver a ese Cristo y es una fuerza irresistible que me mueve a dar algo, aunque sea una sonrisa, un dulce o una palabra. Como cuando se acercaron a mi esos dos ni?os ?de la calle? como les llaman aqu? en Brasil. Yo no tuve qu? darles pero uno de ellos me pregunt?: ??usted es un padre??. Le respond? que s?. Y ?l, sin dudarlo mucho, a?adi?: ?yo me llamo Pedro y mi amigo es Mart?n. ?Puedes rezar por nosotros???. En eso cambi? a verde la luz del sem?foro. Me fui con un pensamiento y una evidencia: ?esos ni?os eran Cristo, y me pidieron lo m?s grande que puedo hacer por ellos?.

Estas han sido mis reflexiones ante uno de los grandes caminos de la cuaresma: la limosna. ?Cu?ndo darla? ?a qui?nes darla? No te preocupes demasiado. Te lo dir? el coraz?n cuando en aquel ni?o malvestido y sucio de la cara, o en aquella ancianita de mirada dulce puedas ver el rostro de Cristo que te dice: ?Tengo sed. Dame de beber??


Publicado por mario.web @ 1:29
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