S?bado, 07 de mayo de 2011

Fuente: Catholic.net
Autor: Fernando Pascual

Los padres que tienen hijos enfermos sufren infinitamente. D?as, meses, a?os, transcurren entre esperanzas de curaci?n y fracasos de la t?cnica. Se buscan nuevas medicinas, se llama a una cl?nica famosa, se intentan terapias experimentales.
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Muchas enfermedades gen?ticas, todav?a hoy, son un reto para la medicina: mientras miles de personas mueren cada a?o por falta de soluciones, y otros sue?an en el descubrimiento de nuevos caminos para la curaci?n.
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Las posibilidades que se abren a la ciencia con las t?cnicas de fecundaci?n artificial est?n dando esperanzas a algunos de esos padres. Hijos con talasemia o con otras enfermedades que requieren un transplante de c?lulas o de tejidos necesitan encontrar un donador (seguramente un hermano) que sea gen?ticamente compatible. Si tal hermano o familiar no existe, ?por qu? no ?prepararlo? por medio de la fecundaci?n artificial?
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La t?cnica parecer?a sencilla. El laboratorio toma varios ?vulos de la esposa, fecunda con el esperma del marido los mejores de esos ?vulos, hace un diagn?stico sobre las caracter?sticas gen?ticas de los embriones obtenidos antes de implantarlos en la mujer, y s?lo destina a continuar su vida a aquel o aquellos embriones que puedan ?servir?, cuando nazcan, para donar tejidos al hermano enfermo.
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Este m?todo encierra problemas ?ticos de no poca importancia. El primero se refiere a la misma t?cnica. Sabemos que cada hombre o mujer que inicia la aventura de la vida merece respeto y protecci?n por ser lo que es: un individuo humano, o, en lenguaje m?s preciso, un hijo. El lugar m?s digno para su concepci?n no puede ser la probeta de un laboratorio, sino el seno de su madre. Querer que nazca un hijo que pueda curar a su hermano no nos da permiso para recurrir a una t?cnica que implique poco respeto por su vida, como ocurre cada vez que permitimos la fecundaci?n en un ambiente de cultivo que no responde a los derechos del embri?n a gozar de la m?xima protecci?n y respeto y a iniciar su existencia en su lugar natural.
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El segundo problema ?tico es mucho m?s profundo. Una pareja necesita un hijo sano que tenga ciertas caracter?sticas gen?ticas. Son concebidos varios embriones en el laboratorio. Entonces, se hace el diagn?stico pre-implantacional de cada uno de los embriones, se escoge al que puede ser compatible para el futuro transplante, es transferido al ?tero de la madre, y esperamos que se desarrolle y que sus c?lulas troncales o algunos de sus tejidos puedan curar al hermano enfermo. ?Y los dem?s embriones? Sencillamente, no sirven, ?sobran?, a no ser que la pareja decida congelarlos o darles una oportunidad de vivir.
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Esta selecci?n de embriones (uno destinado a vivir, otros destinados a morir o a ser guardados como material ?que sobra?) implica una grave injusticia. Ning?n hombre, ninguna mujer, puede ser eliminado o impedido en el camino de su crecimiento, de su vida, por el hecho de no poseer algunas cualidades predeterminadas por los adultos. Cada ser humano vale, aunque sea d?bil, pobre, de una raza o de otra, de un ADN o de otro. Si vale, merece ser respetado por todos.
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Dar la oportunidad de vivir s?lo al embri?n que ?servir? como donador y discriminar a los dem?s nos muestra hasta qu? punto el hombre puede tomar opciones injustas, incluso con instrumentos t?cnicos altamente esterilizados, de una precisi?n antes inimaginable, y con un resultado tan maravilloso como lo puede ser la curaci?n de un ni?o enfermo (o de un adulto, quiz? de su padre o de su madre).
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Hoy, como ayer, la ?tica nos dice que no todo lo que nos resulta de utilidad coincide con lo que sea ?ticamente correcto. Nos escandalizar?a, nos resultar?a grotesco, ver una foto de un ni?o sonriente, debajo de la cual estuviese escrito: ?Este ni?o ha sido curado gracias a unos traficantes de ?rganos que arrancaron su ri??n a un ni?o pobre de Asia?. Nos rebelar?amos, sentir?amos que la humanidad ha sido pisoteada, herida, en la defensa de los m?s d?biles, los m?s pobres, si un ni?o de un pa?s rico fuese curado con la sangre robada a un ni?o de una naci?n pobre.
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La humanidad tambi?n es pisoteada cuando un ni?o empieza a sanar gracias a un hermano suyo, seleccionado entre otros hermanos que fueron concebidos en probeta y luego condenados al abandono o a la destrucci?n.
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Alguno dir?, todav?a, que defender los principios ?ticos cerrar? las puertas de la esperanza para tantos padres que desean encontrar un camino para la curaci?n de sus hijos. Otros negar?n que los embriones sean seres humanos dignos de respeto. Otros, en fin, defender?n la autonom?a de la investigaci?n: si ponemos barreras ?ticas a los laboratorios, la medicina no podr? salvar a miles, quiz? millones de seres humanos.
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No es f?cil responder a todos en pocas palabras. Quiz? tendr?amos que volver a escuchar la voz de un S?crates que nos dijese a nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, que no importa tanto conservar la vida si ello implica traicionar a un amigo, herir a un inocente, o permitir la destrucci?n de embriones que han sido concebidos fuera de su lugar natural, enun mundo que s?lo los quiso por la posible utilidad que tuviesen para curar a otros.
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Adem?s, una barrera ?tica nunca ser? un obst?culo para la investigaci?n. La mejor manera de estimular al cient?fico a buscar caminos de curaci?n en el m?ximo respeto de cada ser humano nace precisamente del respeto de la justicia y de la ?tica. Cuando los principios ?ticos nos ayudaron a comprender que no se pod?a asesinar a un feto porque el parto podr?a resultar dif?cil para su madre, la medicina desarroll? y mejor? el parto ces?reo. Gracias al mismo viven miles de madres y de ni?os, uno de los cuales es uno de mis mejores amigos.
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La investigaci?n sobre los transplantes de c?lulas madre y de tejidos ofrece hoy nuevos caminos de esperanza a miles de enfermos, ni?os y adultos. El desarrollo de las nuevas t?cnicas no podr? dejar de lado el respeto que merece cada hombre, cada mujer, en su integridad, en su patrimonio gen?tico, en su inicio (desde la concepci?n) y en su camino hacia la maduraci?n. Escoger, seleccionar y eliminar embriones con la esperanza de curar a un ser humano, no son caminos ?ticos, no son dignos del ser humano. Sigue en pie, por lo tanto, la idea expresada por el poeta Juvenal: no est? bien, para salvar una vida, perder los motivos del vivir...
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Publicado por mario.web @ 1:54
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