S?bado, 07 de mayo de 2011

Autor: Maru Ruano

Ofrecemos a continuaci?n el texto completo del mensaje que el Papa Benedicto XVI ha enviado a los participantes en un curso sobre el Fuero Interno, organizado por el Tribunal de la Penitenciar?a Apost?lica.

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Al Venerado Hermano

se?or cardenal James Francis Stafford

Penitenciario Mayor

Con satisfacci?n, tambi?n este a?o, me dirijo con afecto a usted, se?or cardenal, y a los queridos participantes en el curso sobre el Fuero Interno, promovido por esta Penitenciar?a Apost?lica y que ha llegado ahora a su XX edici?n. Saludo a todos con afecto empezando por usted, venerado hermano, extendiendo mi grato pensamiento al Regente, al personal de la Penitenciar?a, a los organizadores de este encuentro, como tambi?n a los religiosos de las distintas ?rdenes que administran el sacramento d ella penitencia en las Bas?licas Papales de Roma.

Esta benem?rita iniciativa pastoral vuestra, que atrae cada vez m?s inter?s y atenci?n, como lo atestigua el n?mero de cuantos quieren formar parte de ella, constituye un seminario singular de actualizaci?n pastoral, cuyos resultados no confluir?n, como en las Actas de otros congresos, solo en una publicaci?n al caso, sino que se convertir?n en materiales ?tiles a los participantes para proporcionar respuestas adecuadas a cuantos se encuentren durante la administraci?n del sacramento de la penitencia. En este nuestro tiempo, constituye sin duda una de nuestras prioridades pastorales el formar rectamente la conciencia de los creyentes para que, como he podido reafirmar en otras ocasiones, en la medida en que se pierde el sentido del pecado, aumentan por desgracia los sentimientos de culpa, que se quisieran eliminar con remedios paliativos insuficientes. En la formaci?n de las conciencias contribuyen m?ltiples y preciosos instrumentos espirituales y pastorales que hay que valorar cada vez m?s; entre estos me limito a se?alar hoy brevemente la catequesis, la predicaci?n, la homil?a, la direcci?n espiritual, el sacramento de la Reconciliaci?n y la celebraci?n de la Eucarist?a.

Ante todo, la catequesis. Como todos los sacramentos, tambi?n el de la Penitencia requiere una catequesis previa y una catequesis mistag?gica para profundizar el sacramento ?per ritus et preces?, como bien subraya la Constituci?n lit?rgica Sacrosanctum Concilium del Vaticano II (cfr n. 48). Una catequesis adecuada ofrece una contribuci?n concreta a la educaci?n de las conciencias estimul?ndolas a percibir cada vez mejor el sentido del pecado, hoy en parte perdido o, peor, oscurecido por un modo de pensar y de vivir ?etsi Deus non daretur?, seg?n la conocida expresi?n de Grocio, que est? ahora de gran actualidad, y que denota un relativismo cerrado al verdadero sentido de la vida.

A la catequesis debe unirse un sabio uso de la predicaci?n, que en la historia de la Iglesia ha conocido formas diversas seg?n la mentalidad y las necesidades pastorales de los fieles. Tambi?n hoy, en nuestras comunidades se practican estilos diversos de comunicaci?n que utilizan cada vez m?s los modernos instrumentos telem?ticos a nuestra disposici?n. En efecto, los actuales media si por un lado representan un desaf?o con el que medirse, por otro ofrecen oportunidades providenciales para anunciar de forma nueva y m?s cercana a las sensibilidades contempor?neas la perenne e inmutable Palabra de verdad que el Divino maestro ha confiado a su Iglesia. La homil?a, que con la reforma querida por el Concilio Vaticano II ha vuelto a adquirir su papel ?sacramental? dentro del ?nico acto de culto constituido por la liturgia de la Palabra por la de la Eucarist?a (SC 56), es sin duda la forma de predicaci?n m?s difundida, con la que cada domingo se educa la conciencia de millones de fieles. En el reciente S?nodo de los Obispos, dedicado precisamente a la Palabra de Dios en la Iglesia, diversos padres sinodales insistieron oportunamente en el valor y la importancia de la homil?a para adaptarla a la mentalidad contempor?nea.

Tambi?n la ?direcci?n espiritual? contribuye a formar las conciencias. Hoy m?s que nunca se necesitan ?maestros de esp?ritu? sabios y santos: un importante servicio eclesial, para el que es necesaria sin duda una vitalidad interior que debe implorarse como don del Esp?ritu Santo mediante la oraci?n prolongada e intensa y una preparaci?n espec?fica que adquirir con cuidado. Todo sacerdote adem?s est? llamado a administrar la misericordia divina en el sacramento de Penitencia, mediante el cual perdona en nombre de Cristo los pecados y ayuda al penitente a recorrer el camino exigente de la santidad con conciencia recta y formada. Para poder llevar a cabo un ministerio tan indispensable, todo presb?tero debe alimentar su propia vida espiritual y cuidar la permanente actualizaci?n teol?gica y pastoral. Finalmente, la conciencia del creyente se afina cada vez m?s gracias a una devota y consciente participaci?n en la Santa Misa, que es el sacrificio de Cristo para la remisi?n de los pecados. Cada vez que el sacerdote celebra la Eucarist?a, recuerda en la Plegaria Eucar?stica que la Sangre de Cristo se derram? para el perd?n de nuestros pecados, por lo que, en la participaci?n sacramental en el memorial del Sacrificio de a Cruz, se realiza el pleno encuentro de la misericordia del Padre con cada uno de nosotros.

Exhorto a los participantes en el Curso a atesorar cuanto han aprendido sobre el sacramento de la Peneitencia. En los diversos contextos en que se encontrar?n viviendo y trabajando, procuren mantener siempre vivos en s? mismos la conciencia de deber ser dignos ?ministros? de la misericordia divina y educadores responsables de las conciencias. Que se inspiren en el ejemplo de los santos confesores y maestros espirituales, entre los cuales quiero recordar particularmente al Cura de Ars, san Juan Mar?a Vianney, de quien precisamente este a?o recordamos el 150 aniversario de su muerte. De ?l se ha escrito que ?durante m?s de cuarenta a?os gui? de modo admirable la parroquia a ?l confiada... con la predicaci?n asidua, la oraci?n y una vida de penitencia. En la catequesis que impart?a cada d?a a ni?os y a adultos, en la reconciliaci?n que administraba a los penitentes y en las obras impregnadas de esa caridad ardiente, que ?l obten?a de la santa Eucarist?a como de una fuente, avanz? hasta tal punto que difundi? en todo lugar su consejo y acerc? sabiamente a muchos a Dios? (Martirologio, 4 agosto). He aqu? un modelo al que mirar y un protector al que invocar cada d?a.

Vele finalmenye sobre el ministerio sacerdotal de cada uno la Virgen Mar?a, a la que en el tiempo de Cuaresma invocamos y honramos como ?disc?pula del Se?or? y ?Madre de la reconciliaci?n?. Con estos sentimientos, mientras os exhorto a cada uno a dedicaros con empe?o al ministerio de las confesiones y de la confesi?n espiritual le imparto de coraz?n a usted, venerado hermano, a los presentes en el Curso y a sus seres queridos mi Bendici?n.

En el Vaticano, 12 de marzo de 2009

BENEDICTUS PP. XVI

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez]

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Publicado por mario.web @ 2:00
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