S?bado, 07 de mayo de 2011


D. La disoluci?n de la Orden del Temple

27. El golpe final contra los templarios s?lo pod?a darlo el Papa, y Clemente V pens? hacerlo con el apoyo de un concilio. As?, se convoc? el concilio de Vienne (1311-1312), que ten?a ante s? tres asuntos centrales: el ?problema? de los templarios, la organizaci?n de una cruzada en Tierra Santa, y la reforma de la Iglesia. Mientras se organizaba el concilio siguieron los interrogatorios individuales de templarios por parte del obispo de Par?s, en los que los miembros de la Orden mostraron su debilidad con retractaciones y autoacusaciones que se suced?an continuamente.

Las presiones del rey, para proceder al concilio, eran muy fuertes, y supo combinarlas con una carta escondida que mostraba en los momentos dif?ciles: cuando intu?a que el Papa pod?a tomar una actitud m?s favorable a los templarios, ?resucitaba? el tema del proceso contra Bonifacio VIII (que hab?a quedado un poco entre par?ntesis) para dar a entender que si el Papa no acced?a a los deseos del rey podr?a volver a encontrarse con nuevas presiones para juzgar la memoria del Papa Caetani, esta vez en un concilio universal.

Adem?s, el tema de la cruzada influ?a no poco en Clemente V. En efecto, el Papa ve?a que al contentar a Felipe el Hermoso con la supresi?n de los templarios, podr?a facilitar luego el apoyo franc?s para encabezar un poderoso ej?rcito al que se unieran los dem?s reyes cristianos.


28. El concilio inici? el 16 de octubre de 1311. La curia papal hab?a reunido un enorme material con las actas y procesos preparados en las comisiones pontificia y diocesanas. En una consulta secreta que se tuvo en diciembre de ese mismo a?o 1311, Clemente V pregunt? si era conveniente dar opci?n de defensa a los templarios, y la mayor parte de los obispos respondi? afirmativamente. Pero, como veremos, tal defensa no tuvo lugar, pues el concilio dej? de lado el proceso para ?cerrar? el tema con una decisi?n m?s de oportunidad pol?tica que de respeto a la justicia.

En una comisi?n interna que se dedic? a analizar las actas, muchos hicieron notar que no cab?a, en justicia, una condena contra la Orden del Temple. No faltaron voces prestigiosas, sin embargo, que se alzaron a favor de la supresi?n de los templarios.

Por su parte, el rey franc?s volvi? a jugar la baza de la presi?n pol?tica: convoc? unos nuevos estados generales en Lyon, en febrero de 1312, y volvi? a hacer presentes los muchos cr?menes cometidos por los templarios. Adem?s, envi? a Nogaret y a otros embajadores a la sede del concilio, Vienne, para ejercer una mayor presi?n sobre el Papa. Hizo llegar un poco m?s tarde una carta, fechada el 2 de marzo de 1312, donde ped?a insistentemente a Clemente V que suprimiese a los templarios y diese sus bienes a otra orden. El 20 de marzo, el rey llegaba a la ciudad del concilio acompa?ado de un nutrido s?quito.


29. Dos d?as despu?s de la llegada de Felipe V, el Papa reuni? un consistorio particular para dirimir la cuesti?n. La mayor?a de los participantes votaron a favor de la supresi?n de los templarios, no por v?a judicial (lo cual evitaba el hacer un juicio p?blico en el que ser?a posible que los templarios se defendiesen) sino por v?a ?de provisi?n apost?lica? (por una decisi?n administrativa).

El Papa qued? tranquilo. Prepar? la bula ?Vox in excelso? (que lleva la fecha de 22 de marzo de 1312), y la present? al concilio el 3 de abril de 1312. El concilio no puso objeciones a la decisi?n papal. En la sesi?n solemne, junto al Papa, estaba sentado el rey franc?s: hab?a triunfado, al menos a los ojos de quien ve la historia s?lo como un conjunto de intrigas y maniobras humanas.

Los templarios fueron suprimidos, explic? el Papa, no como consecuencia de un juicio condenatorio, sino como provisi?n apost?lica en virtud de los poderes papales. ?Qu? motivos se adujeron para tal decisi?n? El Papa reconoci? que no hab?a sido probada la culpabilidad de la Orden; pero, como la Orden se encontraba tan fuertemente difamada, y algunos de sus dirigentes hab?an dado confesi?n espont?nea (as? dijo Clemente V) de sus cr?menes y delitos, ya no pod?a cumplir su fin propio (servir y defender la Tierra Santa), y era algo casi seguro que ya nadie querr?a ingresar en la misma.

Podemos decir, por tanto, que los templarios no fueron suprimidos en cuanto culpables: los delitos no hab?an sido suficientemente probados, ni eran v?lidas las declaraciones firmadas bajo las torturas, ni se hab?a dado espacio a una defensa digna de tal nombre, ni se hab?an respetado numerosos aspectos necesarios para un m?nimo respeto a la justicia. Fueron suprimidos simplemente porque as? lo decidi? un Papa sometido a la presi?n injusta de un rey ambicioso.


30. Quedaban dos asuntos pendientes en todo este largo proceso. El primero se refer?a a los bienes de los templarios. ?Qu? hacer con ellos? Felipe IV el Hermoso, a trav?s de sus ministros, ya hab?a echado mano a buena parte del tesoro de la Orden del Temple en Par?s, pues desde 1307 mejor? notablemente su econom?a. Pero hab?a que tomar una decisi?n que fuese aceptada por el Papa. Aunque el rey manifestaba su deseo de que los bienes fuesen entregados a una nueva Orden militar, el Papa determin?, con la bula ?Ad providam Christi Vicarii? (2 de mayo de 1312) que los bienes confiscados (los que quedaban...) fuesen destinados a la Orden de San Juan de Jerusal?n, menos aquellos bienes que se encontraban en los reinos hisp?nicos, sobre cuyo reparto hubo que esperar diversos a?os.

Seg?n parece, el rey franc?s ten?a planeado, con su fiel Nogaret, iniciar tambi?n un proceso contra los Hospitalarios, pero la muerte les detuvo en sus ambiciones. De todos modos, el rey se vio libre de sus no peque?as deudas con los templarios, y recibi? importantes sumas de dinero por diversos conceptos relacionados con el largo proceso, con lo que en parte su ambici?n qued? satisfecha.


31. El segundo asunto era m?s delicado. ?Qu? hacer con las personas de los templarios? Clemente V determin?, el 6 de mayo de 1312, que continuasen los procesos diocesanos, mientras que el juicio sobre el Maestre y otros dirigentes de la Orden quedar?a reservado al Papa (cosa que, en realidad, deleg? a una comisi?n de eclesi?sticos). Estableci? asimismo que se asegurase la devoluci?n de sus bienes a los templarios inocentes, y que fuesen tratados benignamente aquellos que confesasen sus culpas.

Los dirigentes de los templarios fueron juzgados por dos cardenales y el arzobispo de Sens, Felipe de Marigny (que ya conocemos por sus arbitrariedades), seg?n una decisi?n del Papa en diciembre de 1313. El 18 de marzo de 1314, sin haber dejado espacio a la defensa de los acusados, se emiti? la sentencia en una sesi?n p?blica que se tuvo en la misma Par?s: cadena perpetua a los culpables. Jacobo de Molay y Godofredo (Geoffroy) de Charney (que era preceptor de Normand?a), sin que nadie les preguntase, tomaron la palabra y declararon ante los presentes su inocencia.

?Nosotros no somos culpables de los cr?menes que nos imputan; nuestro gran crimen consiste en haber traicionado, por miedo de la muerte, a nuestra Orden, que es inocente y santa; todas las acusaciones son absurdas, y falsas todas las confesiones?.

Este gesto de valor impresion? profundamente a los presentes. Los jueces decidieron tener al d?a siguiente una nueva sesi?n para decidir qu? hacer despu?s de lo ocurrido. Pero la noticia lleg? con rapidez al rey, que no quiso esperar m?s tiempo. Orden? por su cuenta que los dos templarios fuesen quemados vivos ese mismo d?a. Jacobo de Molay y Godofredo de Charney mor?an bajos las llamas, pocas horas despu?s, en una isla del r?o Sena. Algunos dice que Jacobo, antes de morir, pidi? que le aflojasen las cadenas para poder unir sus manos como gesto de un caballero que quiere rezar a Dios. No se dio sepultura a los cuerpos de las v?ctimas: sus cenizas fueron arrojadas a las aguas del r?o, testigo mudo de una injusticia absurda.

La muerte nos iguala a todos. Pocos meses antes de la muerte de Jacobo de Molay, en 1313, Guillermo de Nogaret dej? este mundo para presentarse al juicio verdadero, el que se produce ante Dios. El Papa Clemente V, con el agravarse de sus enfermedades, quiso salir de Avi??n para dirigirse a su tierra natal, pero falleci? antes de llegar a su meta, el 20 de abril de 1314. Felipe IV pudo saborear pocas meses su ?victoria?, pues mor?a en el oto?o de ese mismo a?o.


E. Algunas reflexiones conclusivas

32. Los hechos presentados hasta ahora suscitan, en nosotros, reacciones vivas de dolor ante tal c?mulo de injusticias. Nos faltan, desde luego, elementos de contextualizaci?n de una ?poca en la que las injerencias pol?ticas en asuntos religiosos eran tristemente frecuentes, si es que no eran defendidas incluso a trav?s de pseudorazonamientos teol?gicos o de escritores panfletarios. El mundo europeo viv?a, adem?s, unos momentos de convulsi?n, en el que las luchas internas entre los nobles de los reinos, entre las naciones y los pueblos, entre el papado y algunos monarcas, se combinaban con las presiones que, de diverso modo, ejerc?an algunos pueblos dominados principalmente por grupos musulmanes que quer?an conquistar nuevas tierras ?cristianas?.

Los sistemas jur?dicos permit?an, adem?s, un complicado juego de interacciones entre tribunales eclesi?sticos y tribunales civiles. El uso de la tortura, algo normal en los reinos medievales, era tambi?n admitido como ?m?todo? para obtener la confesi?n de culpables que no ?ser?an capaces? de confesar sus delitos y herej?as sin una presi?n ?proporcionada? al grado de su nivel de perversiones.

Tenemos que reconocer, sin embargo, que la tortura era suficiente para amedrentar incluso a caballeros y soldados que se distingu?an por su valor en la guerra, como lo hab?an sido los templarios. Pero un momento de miedo o de abatimiento no puede ser motivo suficiente para descalificar completamente a una persona. Jacobo de Molay y otros templarios firmaron, bajo tortura, confesiones de delitos falsos, y ello puede ser interpretado ciertamente como un gesto de debilidad. Pero la historia de cualquier caballero (de cualquier ser humano) no queda circunscrita s?lo a una parte de su vida, por muy oscura y triste que pueda aparecer, sino que abarca la totalidad de sus gestos y el nivel de su adhesi?n sincera y perseverante a la fe y al amor.

Podemos recordar aqu? lo que fue afirmado en un concilio provincial que tuvo lugar en Ravena, en junio de 1311 (es decir, en medio de la tempestad contra los templarios): deb?an ser considerados inocentes quienes, despu?s de haber declarado su culpabilidad bajo torturas, luego se retractaban. Es, por tanto, leg?timo decir que las autoacusaciones firmadas por los templarios tras las torturas no valen nada. Como hemos podido constatar, tristemente, en numerosos procesos organizados por los sistemas totalitarios del siglo XX, procesos en los que miles de inocentes se declaraban culpables de cr?menes que nunca hab?an cometido.

Por lo mismo, Jacobo de Molay merece, como tantos otros templarios, un homenaje. Su ?ltimo gesto de hero?smo le convierte en un aut?ntico testigo de la verdad y la justicia. La historia debe reconocer que se enfrent? a fuerzas poderosas y a intrigas profundas, capaces de destrozar, ayer como hoy, incluso a los temperamentos m?s robustos. Jacobo sucumbi? al inicio de la prueba. Pero supo alzarse desde sus cenizas para defender, hasta el ?ltimo gesto de su vida, la inocencia de la Orden del Temple.


33. Muy distinto, en cambio, deber?a ser nuestro juicio sobre el rey Felipe IV el Hermoso, un triste esclavo de su propio poder, un hombre capaz de ampararse hip?critamente en su ?amor a la Iglesia? para destruir y aniquilar a inocentes a trav?s del uso de todo tipo de argucias y de fechor?as, con la mirada puesta solamente en sus ambiciones de grandeza y dinero; un tirano capaz de todo con tal de dar rienda suelta a odios profundos o a envidias despreciables.


34. Quedar?a, ciertamente, ofrecer alguna reflexi?n sobre las numerosas y a veces absurdas leyendas que giran en torno a los templarios. Intentar una respuesta acerca de las mismas llevar?a un trabajo arduo para ver c?mo y por qu? han sido inventadas, aceptadas y difundidas narraciones llenas de fantas?a y errores que muestran muy poco sentido hist?rico y, en no pocas situaciones, mala fe y deseo de enga?ar al gran p?blico.

Ser?a, sin embargo, una p?rdida de tiempo luchar contra una nube de mentiras y calumnias. El camino m?s correcto a seguir, en el estudio de cualquier asunto del pasado, es confrontarse con los documentos y dejar de lado suposiciones que se difunden con facilidad pero que carecen de apoyos s?lidos. Es lo que hemos pretendido con estas reflexiones que, desde luego, habr? que corregir si nuevos documentos aut?nticos (la misma historia nos ha mostrado que existen documentos falsos y que a veces tienen una acogida enorme) ofrezcan elementos de juicio que lleven a modificar lo que los estudiosos actuales nos dicen sobre el tema en cuesti?n.

En este sentido podemos se?alar que, a inicios del a?o 2006, fue dado a la luz un documento reencontrado en los archivos vaticanos en el que se recoge la absoluci?n del Papa Clemente V a Jacobo de Molay y a los dirigentes de los templarios, documento que lleva la fecha de 17-20 de agosto de 1308 y que est? firmado por varios cardenales. El documento, conocido como "folio de Chinon", puede ser visualizado en la p?gina del Vaticano (cf. http://asv.vatican.va/es/doc/1308.htm). Posteriormente, cuando se cumpl?an los 700 a?os del inicio del drama de los templarios (octubre de 2007) vio la luz el volumen hist?rico ?Processus contra Templarios?, que recoge los originales de las actas del proceso oficial contra los templarios (desde junio de 1308 hasta el a?o 1311).

35. La historia de los templarios nos pone, como cada historia humana, ante el misterio del ser humano. Grande por ser amado por Dios, por haber recibido un alma inmortal, por haber sido redimido por Cristo. Peque?o por las heridas que el pecado original deja en todos. Tambi?n en caballeros como los templarios, humillados ante la fuerza de un rey, sometidos ante un Papa que se vio aprisionado en un absurdo juego de intereses humanos, v?ctimas de la codicia de un rey asesino.

Los templarios fueron derrotados: dejaron de existir como instituci?n al servicio de la Iglesia en su marcha temporal. Cuentan, sin embargo, con un lugar en el coraz?n de Dios seg?n la medida de su amor y de su confianza en Cristo, Salvador del mundo y Se?or de la historia, Juez que conoce los corazones y que descubre verdades que escapan a los ojos del m?s atento investigador, pero no de quien nos ha creado por amor y para el amor.


Publicado por mario.web @ 2:08
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