S?bado, 07 de mayo de 2011

Fuente: Catholic.net
Autor: P. Fernando Pascual

La voluntad busca el bien. Pero muchas veces no acertamos: nos quedamos con barro entre las manos cuando est?bamos seguro de haber conseguido un poco de polvo a?reo...

Creemos, por ejemplo, que una dieta dar? buenos resultados, y acabamos con varios kilos de m?s (o de menos, depende de los casos). Pensamos que una compa??a de autobuses ser? m?s r?pida, y llegamos con retraso a una importante cita. Revelamos un secreto a un amigo que parec?a de fiar, y a los pocos d?as ya lo conocen tantas personas que no deber?an saber nada del asunto. Creemos que estos zapatos durar?n varios a?os, y al cabo de dos meses dan se?ales de muerte inminente...

Nos gustar?a, en las elecciones sencillas de cada d?a, o en las decisiones profundas que marcan la propia existencia, acertar.

Pero no es nada f?cil. Porque muchas veces nos enga?an la vista o el gusto, la propaganda o la palabra dulce de un adulador, las prisas o la ambici?n, la excesiva prudencia o la confianza sin l?mites en la aparente bondad humana.

No es f?cil acertar, sobre todo, porque muchas veces nos abrazamos a opiniones pasajeras, y dejamos de lado la b?squeda de aquellas verdades que exigen tiempo, reflexi?n y trabajo. Porque preferimos optar por lo inmediato y f?cil en vez de aquello que implica mayor esfuerzo pero garant?as mayores de resultados buenos.

Erasmo de Rotterdam dec?a que ?las opiniones son fuente de felicidad barata. Aprender la verdadera esencia de las cosas, aunque se trate de cosas de m?nima importancia, cuesta gran esfuerzo? (Elogio de la locura XL, VII).

Por encima de las opiniones, m?s all? de las prisas, incluso a veces en contra de lo que la ambici?n o la pereza nos pueda sugerir, hace falta reflexionar y tomar decisiones bien ponderadas. En lo peque?o: para que unos calcetines no se agujereen despu?s de su primer paseo por la lavadora. Pero sobre todo en lo grande: unos estudios, una profesi?n, un esposo o esposa, una familia.

La felicidad profunda, la felicidad plena, arranca de opciones sopesadas seriamente. Especialmente la opci?n m?s profunda y radical, la que determina la existencia de cada hombre o mujer: la opci?n por seguir la verdad del Evangelio. Un Evangelio que nos dej?, con su Vida, Muerte y Resurrecci?n, el Dios que se hizo Hombre por los hombres.

Por eso Jes?s es el Amigo sincero. Por eso sabe exigir sin enga?os, sin adulaciones vanas. Nos muestra el camino de la dicha verdadera, nos revela la v?a para construir un mundo m?s bueno, nos se?ala cu?l es la puerta que permite el ingreso al Reino de los cielos. Nos ofrece, en cada momento, el consejo justo para tomar, en los mil cruces de la vida, decisiones acertadas.


Publicado por mario.web @ 2:17
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