S?bado, 07 de mayo de 2011

Autor: P. Fernando Pascual

El materialista convencido dice: no hay Dios, ni cielo, ni esp?ritu, ni otra vida despu?s de la hora de la muerte.

El espiritualista (los creyentes suelen serlo, aunque no siempre nos acordamos de ello) dice: hay Dios, cielo, esp?ritu y otra vida m?s all? de la frontera.

No existe ning?n m?todo qu?mico, ninguna prueba de laboratorio, para decidir qui?n tiene raz?n y qui?n se equivoca. Si hubiese alg?n m?todo evidente, claro, indiscutible, para llegar a una respuesta definitiva en este tema, hace siglos que habr?a terminado la discusi?n entre espiritualistas y materialistas. Pero la disputa sigue en pie, y todos nos encontramos a un lado o al otro de la plaza.

Llegar?, sin embargo, el momento en el que este asunto quedar? ?resuelto? para siempre: tras la hora de la muerte.

Las posibilidades, a la hora de llegar a la tumba, son dos: o no existe otra vida, o s? existe y continuamos nuestra existencia (obviamente, de otro modo) porque tenemos la chispa del esp?ritu.

Ocurre, sin embargo, algo parad?jico. Si todo se termina con la muerte, si la creencia en el esp?ritu era un error inmenso o un enga?o maquiav?lico, el materialista no podr? decir, tras la muerte, que ten?a raz?n. A la vez, el espiritualista no se dar? cuenta de que hab?a vivido equivocado, ni se lamentar? por haber so?ado en un cielo inexistente. Los dos se esfumar?n, como el humo que disipa el viento, como el fuego que agoniza con la lluvia que cae sobre la hoguera.

En cambio, si somos espirituales, si tenemos una vocaci?n eterna, si Dios nos espera en la otra orilla, la situaci?n ser? sumamente diversa. El espiritualista, el creyente, gozar? infinitamente al descubrir que ten?a raz?n, que hab?a vivido pensando en el cielo. El materialista, en cambio, deber? reconocer su error. Tal vez tendr? que enfrentarse con consecuencias no esperadas, con responsabilidades que hab?a descartado por no creer que hubiese nada m?s all? de la frontera.

Pascal (1623-1662) preguntaba: ?qui?n tiene m?s miedo de la otra vida, el que piensa que no existe algo tras la muerte y se comporta de tal manera que, si hubiese cielo o infierno, mereciese el infierno? ?O el que cree en la vida eterna, y se esfuerza por alcanzar el premio que la virtud recibe tras la muerte?

Son dos modos de vivir muy diferentes, casi contrapuestos, aunque luego, ateos y creyentes (creyentes de verdad) parezcan vestir igual, entrar juntos por la ma?ana a la oficina, y salir los fines de semana fuera de la ciudad en busca de un poco de descanso.

La tumba espera, imperturbable, con su silencio y sus enigmas. M?s all? (as? lo espero, as? lo creo) est? un mundo misterioso y bello, donde Dios abraza a sus hijos, para vivir, eternamente, en la dicha de los cielos.


Publicado por mario.web @ 2:24
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