S?bado, 07 de mayo de 2011

Fuente: http://www.fluvium.org
Autor: S. S Benedicto XVI

Queridos hermanos y hermanas:

En el pasaje evang?lico de hoy, san Juan refiere un episodio que aconteci? en la ?ltima fase de la vida p?blica de Cristo, en la inminencia de la Pascua jud?a, que ser?a su Pascua de muerte y resurrecci?n. Narra el evangelista que, mientras se encontraba en Jerusal?n, algunos griegos, pros?litos del juda?smo, por curiosidad y atra?dos por lo que Jes?s estaba haciendo, se acercaron a Felipe, uno de los Doce, que ten?a un nombre griego y proced?a de Galilea. "Se?or -le dijeron-, queremos ver a Jes?s" (Jn 12, 21). Felipe, a su vez, llam? a Andr?s, uno de los primeros ap?stoles, muy cercano al Se?or, y que tambi?n ten?a un nombre griego; y ambos "fueron a dec?rselo a Jes?s" (Jn 12, 22).

En la petici?n de estos griegos an?nimos podemos descubrir la sed de ver y conocer a Cristo que experimenta el coraz?n de todo hombre. Y la respuesta de Jes?s nos orienta al misterio de la Pascua, manifestaci?n gloriosa de su misi?n salv?fica. "Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre" (Jn 12, 23). S?, est? a punto de llegar la hora de la glorificaci?n del Hijo del hombre, pero esto conllevar? el paso doloroso por la pasi?n y la muerte en cruz. De hecho, s?lo as? se realizar? el plan divino de la salvaci?n, que es para todos, jud?os y paganos, pues todos est?n invitados a formar parte del ?nico pueblo de la alianza nueva y definitiva.

A esta luz comprendemos tambi?n la solemne proclamaci?n con la que se concluye el pasaje evang?lico: "Yo, cuando sea levantado de la tierra, atraer? a todos hacia m?" (Jn 12, 32), as? como el comentario del Evangelista: "Dec?a esto para significar de qu? muerte iba a morir" (Jn 12, 33). La cruz: la altura del amor es la altura de Jes?s, y a esta altura nos atrae a todos.

Muy oportunamente la liturgia nos hace meditar este texto del evangelio de san Juan en este quinto domingo de Cuaresma, mientras se acercan los d?as de la Pasi?n del Se?or, en la que nos sumergiremos espiritualmente desde el pr?ximo domingo, llamado precisamente domingo de Ramos y de la Pasi?n del Se?or. Es como si la Iglesia nos estimulara a compartir el estado de ?nimo de Jes?s, queri?ndonos preparar para revivir el misterio de su crucifixi?n, muerte y resurrecci?n, no como espectadores extra?os, sino como protagonistas juntamente con ?l, implicados en su misterio de cruz y resurrecci?n. De hecho, donde est? Cristo, all? deben encontrarse tambi?n sus disc?pulos, que est?n llamados a seguirlo, a solidarizarse con ?l en el momento del combate, para ser asimismo part?cipes de su victoria.

El Se?or mismo nos explica c?mo podemos asociarnos a su misi?n. Hablando de su muerte gloriosa ya cercana, utiliza una imagen sencilla y a la vez sugestiva: "Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda ?l solo; pero si muere, da mucho fruto" (Jn 12, 24). Se compara a s? mismo con un "grano de trigo deshecho, para dar a todos mucho fruto", como dice de forma eficaz san Atanasio. Y s?lo mediante la muerte, mediante la cruz, Cristo da mucho fruto para todos los siglos. De hecho, no bastaba que el Hijo de Dios se hubiera encarnado. Para llevar a cabo el plan divino de la salvaci?n universal era necesario que muriera y fuera sepultado: s?lo as? toda la realidad humana ser?a aceptada y, mediante su muerte y resurrecci?n, se har?a manifiesto el triunfo de la Vida, el triunfo del Amor; as? se demostrar?a que el amor es m?s fuerte que la muerte.

Con todo, el hombre Jes?s, que era un hombre verdadero, con nuestros mismos sentimientos, sent?a el peso de la prueba y la amarga tristeza por el tr?gico fin que le esperaba. Precisamente por ser hombre-Dios, experimentaba con mayor fuerza el terror frente al abismo del pecado humano y a cuanto hay de sucio en la humanidad, que ?l deb?a llevar consigo y consumar en el fuego de su amor. Todo esto ?l lo deb?a llevar consigo y transformar en su amor. "Ahora -confiesa- mi alma est? turbada. Y ?que voy a decir? ?Padre, l?brame de esta hora?" (Jn 12, 27). Le asalta la tentaci?n de pedir: "S?lvame, no permitas la cruz, dame la vida". En esta apremiante invocaci?n percibimos una anticipaci?n de la conmovedora oraci?n de Getseman?, cuando, al experimentar el drama de la soledad y el miedo, implorar? al Padre que aleje de ?l el c?liz de la pasi?n.

Sin embargo, al mismo tiempo, mantiene su adhesi?n filial al plan divino, porque sabe que precisamente para eso ha llegado a esta hora, y con confianza ora: "Padre, glorifica tu nombre" (Jn 12, 28). Con esto quiere decir: "Acepto la cruz", en la que se glorifica el nombre de Dios, es decir, la grandeza de su amor. Tambi?n aqu? Jes?s anticipa las palabras del Monte de los Olivos: "No se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lc 22, 42). Transforma su voluntad humana y la identifica con la de Dios. Este es el gran acontecimiento del Monte de los Olivos, el itinerario que deber?amos seguir fundamentalmente en todas nuestras oraciones: transformar, dejar que la gracia transforme nuestra voluntad ego?sta y la impulse a uniformarse a la voluntad divina.

Los mismos sentimientos afloran en el pasaje de la carta a los Hebreos que se ha proclamado en la segunda lectura. Postrado por una angustia extrema a causa de la muerte que se cierne sobre ?l, Jes?s ofrece a Dios ruegos y s?plicas "con poderoso clamor y l?grimas" (Hb 5, 7). Invoca ayuda de Aquel que puede liberarlo, pero abandon?ndose siempre en las manos del Padre. Y precisamente por esta filial confianza en Dios -nota el autor- fue escuchado, en el sentido de que resucit?, recibi? la vida nueva y definitiva. La carta a los Hebreos nos da a entender que estas insistentes oraciones de Jes?s, con clamor y l?grimas, eran el verdadero acto del sumo sacerdote, con el que se ofrec?a a s? mismo y a la humanidad al Padre, transformando as? el mundo.

Queridos hermanos y hermanas, este es el camino exigente de la cruz que Jes?s indica a todos sus disc?pulos. En diversas ocasiones dijo: "Si alguno me quiere servir, s?game". No hay alternativa para el cristiano que quiera realizar su vocaci?n. Es la "ley" de la cruz descrita con la imagen del grano de trigo que muere para germinar a una nueva vida; es la "l?gica" de la cruz de la que nos habla tambi?n el pasaje evang?lico de hoy: "El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardar? para la vida eterna" (Jn 12, 25). "Odiar" la propia vida es una expresi?n sem?tica fuerte y encierra una paradoja; subraya muy bien la totalidad radical que debe caracterizar a quien sigue a Cristo y, por su amor, se pone al servicio de los hermanos: pierde la vida y as? la encuentra. No existe otro camino para experimentar la alegr?a y la verdadera fecundidad del Amor: el camino de darse, entregarse, perderse para encontrarse.


Queridos amigos, la invitaci?n de Jes?s resuena de forma muy elocuente en la celebraci?n de hoy en vuestra parroquia, pues est? dedicada al Santo Rostro de Jes?s: el Rostro que "algunos griegos", de los que habla el evangelio, deseaban ver; el Rostro que en los pr?ximos d?as de la Pasi?n contemplaremos desfigurado a causa de los pecados, la indiferencia y la ingratitud de los hombres; el Rostro radiante de luz y resplandeciente de gloria, que brillar? en el alba del d?a de Pascua.

Mantengamos fijos el coraz?n y la mente en el Rostro de Cristo, queridos fieles, a quienes saludo con afecto, comenzando por vuestro p?rroco, don Luigi Coluzzi, a quien expreso mi agradecimiento por haberse hecho int?rprete de vuestros sentimientos. Gracias por vuestra cordial acogida: me alegra de verdad encontrarme entre vosotros con ocasi?n del tercer aniversario de la dedicaci?n de vuestra iglesia y os saludo a todos con afecto. Dirijo un saludo especial al cardenal vicario, as? como al cardenal Fiorenzo Angelini, que contribuy? a la realizaci?n de este nuevo complejo parroquial, al obispo auxiliar del sector, al obispo monse?or Marcello Costalunga y a los dem?s prelados presentes, a los sacerdotes colaboradores parroquiales, a las benem?ritas religiosas de la congregaci?n de las Hijas Pobres de la Visitaci?n, que precisamente frente a esta hermosa iglesia atienden a los hu?spedes en su residencia de ancianos. Saludo a los catequistas, al consejo y a los agentes pastorales, as? como a todos los que colaboran en la vida de la parroquia. Saludo a los ni?os, a los j?venes y a las familias. De buen grado extiendo mi saludo a los habitantes de la Magliana, en particular a los ancianos, a los enfermos, a las personas solas y a las que atraviesan dificultades. Por todos y cada uno pido en esta santa misa.

Queridos hermanos y hermanas, dejaos iluminar por el esplendor del Rostro de Cristo, y vuestra joven comunidad -que ya puede gozar de un nuevo complejo parroquial, moderno en su estructura y funcional- caminar? unida en el compromiso com?n de anunciar y testimoniar el Evangelio en este barrio. S? cu?nto esmero pon?is en la formaci?n lit?rgica, valorando todos los recursos de vuestra comunidad: los lectores, el coro y las personas que se dedican a la animaci?n de las celebraciones. Es importante que la oraci?n, tanto personal como lit?rgica, ocupe siempre el primer lugar en nuestra vida. S? con cu?nto empe?o os dedic?is a la catequesis, para que responda a las expectativas de los muchachos, tanto de los que se preparan para recibir los sacramentos de la primera Comuni?n y la Confirmaci?n, como de los que frecuentan el Oratorio. Asimismo, os preocup?is de impartir una catequesis adaptada a los padres de familia, a los que invit?is a seguir un itinerario de formaci?n cristiana juntamente con sus hijos. As? quer?is ayudar a las familias a vivir juntas las citas sacramentales educando y educ?ndose en la fe "en familia", que debe ser la primera y natural "escuela" de vida cristiana para todos sus miembros.

Me alegro con vosotros porque vuestra parroquia es abierta y acogedora, y est? animada y vivificada por un amor sincero a Dios y a todos los hermanos, a imitaci?n de san Maximiliano Mar?a Kolbe, al que estaba dedicada inicialmente. En Auschwitz, con valent?a heroica, se sacrific? a s? mismo para salvar la vida de otra persona. En nuestro tiempo, marcado por una crisis social y econ?mica general, es muy loable el esfuerzo que est?is llevando a cabo, sobre todo mediante la C?ritas parroquial y el grupo de San Egidio, para salir al encuentro, en la medida de las posibilidades, de las expectativas de los m?s pobres y necesitados.

A vosotros, queridos j?venes, quiero dirigiros en particular unas palabras de aliento: dejaos atraer por la fascinaci?n de Cristo. Contemplando su Rostro con los ojos de la fe, pedidle: "Jes?s, ?qu? quieres que haga yo contigo y por ti?". Luego, permaneced a la escucha y, guiados por su Esp?ritu, cumplid el plan que ?l tiene para cada uno de vosotros. Preparaos seriamente para construir familias unidas y fieles al Evangelio, y para ser sus testigos en la sociedad. Y si ?l os llama, estad dispuestos a dedicar totalmente vuestra vida a su servicio en la Iglesia como sacerdotes o como religiosos y religiosas. Yo os aseguro mi oraci?n; en particular, os espero el jueves pr?ximo en la bas?lica de San Pedro para prepararnos a la Jornada mundial de la juventud, que, como sab?is, este a?o se celebra a nivel diocesano el domingo pr?ximo. Juntos recordaremos a mi querido y venerado predecesor Juan Pablo ii en el cuarto aniversario de su muerte. En muchas circunstancias ?l anim? a los j?venes a encontrarse con Cristo y a seguirlo con entusiasmo y generosidad.

Queridos hermanos y hermanas de esta comunidad parroquial, el amor infinito de Cristo que brilla en su Rostro resplandezca en todas vuestras actitudes, y se convierta en vuestra "cotidianidad". Como exhortaba san Agust?n en una homil?a pascual, "Cristo padeci?; muramos al pecado. Cristo resucit?; vivamos para Dios. Cristo pas? de este mundo al Padre; que no se apegue aqu? nuestro coraz?n, sino que lo siga en las cosas de arriba. Nuestro jefe fue colgado de un madero; crucifiquemos la concupiscencia de la carne. Yaci? en el sepulcro; sepultados con ?l, olvidemos las cosas pasadas. Est? sentado en el cielo; traslademos nuestros deseos a las cosas supremas" (Discurso 229, D, 1).

Animados por esta convicci?n, prosigamos la celebraci?n eucar?stica, invocando la intercesi?n maternal de Mar?a para que nuestra vida sea un reflejo de la de Cristo. Oremos para que todos aquellos con quienes nos encontremos perciban siempre en nuestros gestos y en nuestras palabras la bondad pacificadora y consoladora de su Rostro. Am?n.


Publicado por mario.web @ 2:26
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