S?bado, 07 de mayo de 2011

?Qu? dicha encontrarse nuevamente con el Se?or, hab?a vencido verdaderamente a la muerte!
Autor: Pa? que te salves. | Fuente: Catholic.net


Contemplaremos, paso a paso, un hermos?simo pasaje evang?lico. Veremos a los ap?stoles que, atemorizados, se escond?an bajo llave. Veremos a Jes?s que amorosamente se acerca a ellos y les anima. Veremos al ap?stol Tom?s que no se anima a creer en la Resurrecci?n del Se?or.

Cuando se est? lejos de Jes?s, o cuando se le desconoce, la vida de una persona se convierte en una angustia permanente. ?Qu? sucede cuando una persona que no cree en Dios se entera que ha de morir pronto por una enfermedad incurable? ?Que sucede con una persona que no cree en Dios y pierde a un ser querido, o sufre un terrible accidente? ?Acaso no se llena de angustia, de miedo, de duda? Pero, cuando verdaderamente se cree en Dios, la persona atribulada conf?a y no se angustia. Nuestro mundo de hoy vive angustiado todo el tiempo pues no conoce o no quiere aceptar aJesucristo.

Contemplemos este pasaje evang?lico que el ap?stol San Juan nos transmite por medio de la Liturgia de la Palabra. Observemos, paso a paso, lo acontecido en aquella ocasi?n. Observemos a los protagonistas del pasaje y presenciemos personalmente lo ocurrido.

Era el d?a de la Resurrecci?n. Era ya de noche. Los disc?pulos de Jes?s, diez ?nicamente (pues Judas, quien hab?a traicionado y vendido al Se?or, se hab?a quitado la vida; Tom?s estaba ausente), se encontraban encerrados bajo llave en una casa. Estaban llenos de miedo por los jud?os. Asustados, temerosos, no comprend?an qu? pasaba. Por la ma?ana, Mar?a Magdalena les hab?a dicho que Jes?s hab?a resucitado, que ya no estaba en la tumba. Pedro y Juan fueron corriendo presurosos a ver el sepulcro, la tumba, donde hab?an depositado el cuerpo del maestro.Ellos no cre?an lo dicho por Mar?a Magdalena. Cre?an que el cuerpo hab?a sido robado y tem?an que los jud?os los maltratasen. Adem?s, estaban tristes pues ?de qu? les hab?a servido haber dejado familias, trabajo, fama y tranquilidad para seguir a Jes?s durante tres a?os y haber terminado con la sentencia de muerte, ejecuci?n y sepultura del maestro? Estaban desconcertados, atemorizados y tristes. ?Pobres disc?pulos! Se sent?an hu?rfanos.

Mas de pronto, en medio de esa comunidad atemorizada y encerrada bajo llave, el Se?or se presenta amorosamente. ?Cu?l habr? sido el susto que ellos se habr?n llevado al ver que un resucitado se les aparezca! Tres d?as antes lo hab?an enterrado muerto despu?s de un suplicio horrible! Ahora ?l se presenta en medio de ellos. Conociendo el Se?or que estabantan atemorizadas y que su aparici?n les iba a aumentar los temores, les dice amorosa y tiernamente: ?La paz est? con Ustedes?. Ellos se tranquilizan. El Se?or nuevamente les ayuda, pues les muestra las heridas causadas por los clavos en las manos, y la herida causada por la lanza en el costado. Entonces, esos disc?pulos que estaban llenos de miedo, de tristeza, se alegran de ver al Se?or.


?Qu? dicha encontrarse nuevamente con el Se?or! En esos momentos, reconoc?an que era verdad todo lo que les hab?a dicho. Lo ve?an a ?l resucitado, vivo. ?Hab?a vencido verdaderamente a la Muerte!.

Seguramente San Pedro se abalanz? sobre el Se?or. Le habr? abrazado y besado. Habr? llorado de alegr?a al ver a su maestro nuevamente. Las l?grimas habr?n corrido nuevamente por sus mejillas, pero ya no de tristeza por latraici?n, sino de alegr?a por el reencuentro con el maestro amado.

Y el Se?or, amorosamente, les vuelve a decir que la paz est? con ellos. ?Qu? encuentro tan maravilloso! ??nico! Jesucristo resucitado y sus amados disc?pulos. El reencuentro despu?s del dolor. La alegr?a despu?s de la tristeza.

?l les habla, le conforta, les da muestras de cari?o, junto con nuevas indicaciones. Les da de regalo al Esp?ritu Santo, y el poder de perdonar los pecados. Adem?s de abrirnos las puertas del Cielo, de la vida eterna, adem?s de haber muerto por todos los hombres, adem?s de habernos amado tanto, Jes?s sigue regalando cosas a sus amigos, a sus amados, a sus hijos.

?Qu? alegr?a! ?Qu? gozo! ?Qu? tranquilidad habr? sido el volver encontrase con el maestro!. Los disc?puloshabr?n recobrado vida despu?s de tan duras penas sufridas.

Y el Se?or se marcha... Los vuelve a dejar...

Cuando Tom?s, el disc?pulo ausente, regresa, los compa?eros le cuentan lo ocurrido. Pero ?l no les cree. Se imagina que el miedo y la tristeza les hace ver fantasmas o algo as?. Les dice: ?Si no veo en sus manos la se?al de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creer?. ?Pobre Tom?s! No cre?a. A?n ped?a pruebas de lo que sus compa?eros le dec?an. ?l no comprend?a c?mo Jes?s pudo morir de forma tan vil si era Dios.

Pasan ocho d?as m?s. Era el siguiente domingo, el primero despu?s de la Resurrecci?n. Ese d?a, s? estaba Tom?s con los dem?s disc?pulos. El Se?or se lesvuelve a aparecer. Y amorosamente le invita a que meta sus dedos en las heridas, para que crea. Al instante el buen Tom?s se arrodilla y le dice ??Se?or m?o y Dios m?o!? A lo que le responde el Se?or: ?T? crees porque me has visto; dichosos los que crean sin haber visto?. En ese momento, el Se?or pens? en todos nosotros, que creer?amos sin que lo hubi?ramos visto.

El Se?or nos invita a creer a pesar de no haber visto. A creer en el amor infinito de Dios por nosotros. Y junto con toda la Iglesia en este Jubileo del A?o dos mil. Nos invita a la conversi?n, a volver a Dios, a alejarnos de la vida de pecado. Recordemos que para esto ha venido Jesucristo, para rescatarnos del pecado y abrirnos nuevamente las puertas el cielo. Y, para ello, recordemos que espera que cada uno de nosotros libremente lo busque a ?l.

No dejemos pasar el tiempo.Volvamos a la casa del Padre. Sigamos los caminos de nuestros Se?or Jesucristo: Amemos a Dios sobre todas las cosas y a nuestro pr?jimo. Si amamos realmente estaremos en el camino de la conversi?n, pues quien verdaderamente ama es quien imita a Dios, pues Dios es amor, nos dice el ap?stol san Juan, y el mandato de Jesucristo es: ?Amaos los unos a los otros como yo os he amado?. Por ello, la aut?ntica conversi?n del coraz?n es la imitaci?n de Cristo amoroso, quien nos am? y se entreg? por nosotros.

La Iglesia, por medio del catecismo, nos recuerda que cada persona, t? o yo, hemos de responder libremente a la invitaci?n que Dios nos hace para creer. Esa respuesta muy personal de cada uno, es la fe.

Nos recuerda, tambi?n, que la fe no es algo nada m?s personal, pues no la habr?amos recibido si no hubiese otras personas que nos la transmitieran. Porello, es necesario que todos transmitamos a otras personas esa fe.

Recordemos que no es suficiente creer en Jesucristo para que alcancemos la vida eterna y nos salvemos. Es necesario que nuestra vida se transforme en una vida llena de obras de acuerdo a los mandatos de Jesucristo: obras llenas de amor a Dios y a nuestros hermanos los hombres.

La fe no llega as? porque s? a los dem?s. Es necesario que haya otras personas que la lleven a los que no la conoces. Todos los cristianos, todos los miembros de la Iglesia estamos llamados a transmitir la fe a los dem?s, empezando por nuestros hijos.

Nadie puede dar lo que no conoce. Por ello es necesario que conozcamos cada d?a mejor nuestra fe, para que la podamos transmitir a los dem?s, empezando por los de casa.


Publicado por mario.web @ 2:36
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