S?bado, 07 de mayo de 2011

Lunes quinta semana de Cuaresma. Cristo nos ha llamado a tenerle en lo profundo de nosotros mismos.
Autor: P. Cipriano S?nchez LC | Fuente: Catholic.net
El camino de conversi?n, que es la Cuaresma, tiene como todo camino, un inicio; y como todo camino, tiene tambi?n un final. La Cuaresma se enfrenta en esta semana con su ?ltima semana. El Domingo de Ramos, que es cuando celebramos la entrada de Jes?s en Jerusal?n, estaremos celebrando tambi?n el momento en el cual termina la Cuaresma para dar inicio a la Semana Santa. En ese momento podr?amos simplemente quedarnos con la idea de haber dicho: una Cuaresma m?s que pas? por nuestra vida, cuarenta d?as m?s. O preguntarnos: ?C?mo aprovech? este camino? ?Realmente le saqu? fruto a toda esta Cuaresma, o la Cuaresma se me fue, como se me van tantas otras cosas?

La liturgia, en el salmo responsorial, nos habla de un sentimiento que tendr?a que estar presente en nuestro coraz?n: ?Nada temo, Se?or, porque T? est?s conmigo?. Todos sabemos que la Cuaresma es un llamamiento muy serio a la conversi?n, es una llamada muy exigente a transformar la vida; no la podemos dejar igual despu?s de la Cuaresma. Nosotros podr?amos asustarnos al ver el programa de conversi?n que se nos propone y al darnos cuenta de lo que significa convertir la propia personalidad, convertir los propios sentimientos, convertir la propia inteligencia, convertir la propia voluntad, cambiar totalmente la propia existencia.

Esta conversi?n se nos podr?a hacer un camino tan impracticable, una cumbre tan elevada, que en el coraz?n puede llegar a aparecer el miedo. Un miedo que nos hace incapaces de poder transformar nuestra vida, un miedo que, incluso, nos puede hacer rebeldes contra las mismas necesidades de transformaci?n, y entonces quedarnos, a la hora de la hora, con el miedo, con la rebeld?a y sin la transformaci?n.

?Qu? serio es esto!, porque puede ser que nuestra vida se nos est? yendo como agua entre los dedos y no terminar de afianzar la transformaci?n que nosotros necesitamos llevar a cabo en nuestra alma, y no terminar de consolidar en nuestra alma la exigencia de una aut?ntica transformaci?n cristiana.

?Cu?ntas Cuaresmas hemos vivido! ?Cu?ntos llamados a la conversi?n! Cu?ntas veces hemos escuchado el ?arrepi?ntete? y, sin embargo, ?d?nde estamos en este camino? Creo que el Evangelio de hoy podr?a ser para todos nosotros algo muy significativo, porque Jesucristo nos habla de c?mo todos tenemos esa presencia, de una forma o de otra, del alejamiento de Dios: el pecado en nuestro coraz?n.

El episodio de la mujer ad?ltera es un episodio en el cual Jesucristo se encuentra no tanto con la realidad del pecado, cuanto con la visi?n que el hombre tiene del propio pecado. Por una parte est?n los acusadores, los hombres que dicen: ?Esta mujer es ad?ltera y por lo tanto debe ser condenada a muerte por lapidaci?n?. Por otra parte est? la mujer que, evidentemente, tambi?n est? en pecado.

Qu? fuerte es el hecho de que Jes?s se atreva a cuestionar la legitimidad que tienen todos esos hombres de castigar a esa mujer, cuando ellos mismos est?n en pecado. Sin embargo, todos ellos iban a convertirse en jueces y en ejecutores de una ley, pensando que actuaban con plena justicia, como si el pecado no estuviese en ellos. Y Jes?s desenmascara, con la habilidad y sencillez que a ?l le caracteriza, la capacidad que tenemos los hombres en nuestro interior de torcer las cosas para creernos justos cuando no lo somos, cuando ni siquiera hemos rozado la capacidad de conversi?n que tenemos. De creernos limpios cuando, a lo mejor, ni siquiera hemos tocado un poco el misterio de nuestra aut?ntica conversi?n interior.

Este relato del Evangelio del domindo nos habla de un Jes?s que nos llama, que nos invita a atrevernos a sumergirnos en la realidad de nuestra conversi?n: ?El que est? sin pecado que tire la primera piedra?. No dice que la mujer ha hecho bien, simplemente les pregunta si se han dado cuenta de cu?l es la justicia, la santidad que hay en cada una de sus almas: primero dense cuenta de esto y luego p?nganse a pensar si pueden tirarle piedras a alguien que est? en pecado. ?Antes de ver la paja del ojo ajeno, quita la viga que hay en el tuyo?.

La conversi?n supone la valent?a de profundizar dentro de la propia alma. La conversi?n supone la valent?a de entrar al propio coraz?n, como Jes?s entra dentro del alma de estos hombres para que se den cuenta que todos tienen pecado, que ninguno de ellos puede llegar a tirar ni siquiera una piedra. Pero, muchas veces, lo que nos acaba pasando cuando rozamos el misterio de la conversi?n de nuestra alma, cuando tocamos el misterio de que tenemos que transformar comportamientos, afectos, actitudes, criterios, pensamientos, juicios, es que nos da miedo y nos echamos para atr?s y preferimos no tenerlo delante de los ojos.

?Qui?n se atrever?a a bajar hasta lo m?s profundo del propio coraz?n si no es acompa?ado de Dios nuestro Se?or? ?Qui?n se atrever?a a tocar lo tremendo de las propias infidelidades, de los propios ego?smos, de todo lo que uno es en su vida, si no es acompa?ado por Dios? La pregunta m?s importante ser?a: ?Ya has sido capaz de bajar, acompa?ado de Dios nuestro Se?or, a lo profundo de tu coraz?n? ?Ya has sido capaz de tocar el fondo de tu vida para verdaderamente poder convertirte?

?Cu?ntos esfuerzos de conversi?n hemos hecho a lo largo de nuestra vida! Cu?ntas veces hemos intentado transformarnos, y no lo hemos logrado, porque nunca hemos bajado hasta el fondo de nuestra alma, porque nunca nos hemos atrevido a tomar a Jes?s de la mano y permitirle que nos cure. Como el m?dico que, para poder curar nuestra enfermedad, tiene que llegar a la ra?z de la misma, no puede conformarse simplemente con aplicar una cura superficial.

Ojal? que si en esta Cuaresma no hemos todav?a transformado muchas cosas y seguimos teniendo ego?smos, perezas, flojeras, miedos y tantas otras cosas, por lo menos hayamos conseguido la gracia, el don de Dios, de permitirle bajar con nosotros hasta el fondo de nuestro coraz?n, para que desde ah?, ?l empiece a sanarnos, ?l empiece a transformarnos, ?l empiece a cambiarnos. ?Aunque atraviese por ca?adas oscuras nada temo, Se?or, porque T? est?s conmigo?.

?Cu?ntas veces lo m?s oscuro de nuestras vidas es nuestro coraz?n! No oscuro porque est? muy manchado, sino oscuro porque ha sido poco iluminado; porque preferimos dejar las cosas como est?n para no tener que cambiar algunas actitudes. Hemos de entrar y tocar con sinceridad el fondo de nuestro coraz?n para que Cristo nos quite los miedos que nos impiden llegar hasta el fondo, para as? poder transformar verdadera y cristianamente toda nuestra vida.

Que ?sta sea la gracia principal que hayamos adquirido en esta Cuaresma en la que el Se?or, una vez m?s, nos ha llamado a la conversi?n y, sobre todo, nos ha llamado a tenerle en lo profundo de nosotros mismos.


Publicado por mario.web @ 2:39
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