S?bado, 07 de mayo de 2011

Martes cuarta semana de Cuaresma. No podemos regresar aut?nticamente a Dios si no es desde el coraz?n.
Autor: P. Cipriano S?nchez LC | Fuente: Catholic.net
Es demasiado f?cil dejar pasar el tiempo sin profundizar, sin volver al coraz?n. Pero cuando el tiempo pasa sobre nosotros sin profundizar en la propia vocaci?n, sin descubrir y aceptar todas sus dimensiones, estamos qued?ndonos sin lo que realmente importa en la existencia: el coraz?n (entendido como nuestra facultad espiritual en la que se manejan todas las decisiones m?s importantes del hombre). El coraz?n es el encuentro del hombre consigo mismo.

?Volved a m? de todo coraz?n?. Son palabras de Dios en la Escritura. No podemos regresar aut?nticamente a Dios si no es desde el coraz?n, y tampoco podemos vivir si no es desde el coraz?n. Dios llama en el coraz?n, pero, en un mundo como el nuestro, en el cual tan f?cilmente nos hemos olvidado de Dios, en un mundo sin coraz?n, a nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, nos cuesta llegar al coraz?n. Dios llama al coraz?n del hombre, a su parte m?s interior, a ese yo, ?nico e irrepetible; ah? me llama Dios.

Yo puedo estar viviendo con un coraz?n alejado, con un coraz?n distra?do en el m?s pleno sentido de la palabra. Y cu?nto nos cuesta volver. Cu?nto nos cuesta ver en cada uno de los eventos que suceden la mano de Dios. Cu?nto nos cuesta ver en cada uno de los momentos de nuestra existencia la presencia reclamadora de Dios para que yo vuelva al coraz?n. El camino de vuelta es una ley de vida, es la l?gica por la que todos pasamos. Y mientras no aprendamos a volver a la dimensi?n interior de nosotros mismos, no estaremos siendo las personas aut?nticas que debemos de ser.

Podr?a ser que estuvi?semos a gusto en el torbellino que es la sociedad y que nuestro coraz?n se derramase en la vida de apariencia que es la vida social. Pero es bueno examinarse de vez en cuando para ver si realmente ya he aprendido a medir y a pesar las cosas seg?n su dimensi?n interior, o si todav?a el peso de la existencia est? en las conveniencias o en las sonrisas pl?sticas.

?Pertenezco yo a ese mundo sin coraz?n? ?Pertenezco yo a ese mundo que no sabe encontrarse consigo mismo? Dios llama al coraz?n para que yo vuelva, para que yo aprenda a descubrir la importancia, la trascendencia que tiene en mi existencia esa dimensi?n interior. Estamos terminando la Cuaresma, se nos ha ido un a?o m?s de las manos, recordemos que es una ocasi?n especial para que el hombre se encuentre consigo mismo.

Curiosamente la Cuaresma no es muy reciente en la historia de la Iglesia, los ap?stoles no la hac?an. La Cuaresma viene del inicio de la vida monacal en la Iglesia, cuando los monjes empiezan a darse cuenta de que hay que prepararse para la llegada de Cristo. Todav?a hoy d?a hay congregaciones que tienen dos Cuaresmas. Los carmelitas tienen una en Adviento, cuarenta d?as antes de Navidad, y tienen cuarenta d?as antes de Pascua, de alguna manera significando que a trav?s de la Cuaresma el esp?ritu humano busca encontrarse con su Se?or. Las dos Cuaresmas terminan en un particular encuentro con el Se?or: la primera en el Nacimiento, en la Natividad, en la Epifan?a, como dicen estrictamente hablando los griegos; y la segunda, en la Resurrecci?n. Si en la primera manifestaci?n vemos a Cristo seg?n la carne; en la segunda manifestaci?n vemos a Cristo resucitado, glorioso, en su divinidad.

De alguna manera, lo que nos est? indicando este camino cuaresmal es que el hombre que quiera encontrarse con Dios tiene que encontrarse primero consigo mismo. No tiene que tener miedo a romper las caretas con las que h?bilmente ha ido maquillando su existencia. El hombre tiene que aprender a descubrir dentro de su coraz?n la mirada de Dios.

Para este retorno es necesario crear una serie de condiciones. La primera de todas es ese aprender a ensanchar el espacio de nuestro esp?ritu para que pueda obrar en nuestro coraz?n el Esp?ritu Santo. Ensanchar nuestro esp?ritu a veces nos puede dar miedo. Ensanchar el coraz?n para que Dios entre en ?l con toda tranquilidad, no significa otra cosa sino aprender a romper todos los muros que en nosotros no dejan entrar a Dios.

?Realmente nuestro esp?ritu est? ensanchado? ?Mi vida de oraci?n realmente es vida y es oraci?n? ?Realmente en la oraci?n soy una persona que se esfuerza? ?Consigo yo que mi oraci?n sea un momento en el que Dios llena mi alma con su presencia o a veces con su ausencia? Dios puede llenar el coraz?n con su presencia y hacernos sentir que estamos en el noveno cielo; pero tambi?n puede llenarlo con su ausencia, aplicando purificaci?n y exigencia a nuestro coraz?n.

Cuando Dios llega con su ausencia a mi coraz?n, cuando me deja totalmente desbaratado, ?qu? pasa?, ?Ensancho el coraz?n o lo cierro? Cuando la ausencia de Dios en mi coraz?n es una constante -no me refiero a la ausencia que viene del sue?o, de la distracci?n, de la pereza, de la inconstancia, sino a la aut?ntica ausencia de Dios: cuando el hombre no encuentra, no sabe por d?nde est? Dios en su alma, no sabe por d?nde est? llegando Dios, no lo ve, no lo siente, no lo palpa-, ?abrimos el esp?ritu?, ?Seguimos ensanchando el coraz?n sabiendo que ah? est? Dios ausente, purificando mi alma? O cuando por el contrario, en la oraci?n me encuentro lleno de gozo espiritual, ?me quedo en el medio, en el instrumento, o aprendo a llegar a Dios?
Cuando nuestra vida es tribulaci?n o es alegr?a, cuando nuestra vida es gozo o es pena, cuando nuestra vida est? llena de problemas o es de lo m?s sencilla, ?s? encontrar a Dios, s? seguirle la pista a ese Dios que va abriendo espacio en el coraz?n y por eso me preocupo de interiorizar en mi vida? Uno podr?a pensar: ?Cu?l es mi problema hoy? ?Hasta qu? punto en este problema -un hijo enfermo, una dificultad con mi pareja, alg?n problema de mi hijo-, he visto el plan de Dios sobre mi vida?

Tenemos que experimentar la gracia de esta convicci?n, hay que ensanchar el coraz?n abri?ndolo totalmente a la acci?n transformadora del Se?or. Sin embargo, nunca tenemos que olvidar, que contra esta acci?n transformadora de Dios nuestro Se?or hay un enemigo: el pecado. El pecado que es lo contrario a la Santidad de Dios. Y para que nos demos cuenta de esta gravedad, San Pablo nos dice: ?Dios mismo, a quien no conoci? el pecado, lo hizo pecado por nosotros?. Pero, mientras no entremos en nuestro coraz?n, no nos daremos cuenta de lo grave que es el pecado.

Cuando yo miro un crucifijo, ?me inquieta el hecho de que Cristo en la cruz ha sido hecho pecado por m?, de que la mayor consecuencia del pecado es Cristo en la cruz? ?Me ha dicho Dios: quieres ver qu? es el pecado? Mira a mi Hijo clavado en la Cruz.

Cuando uno piensa en el hambre en el mundo; o cuando uno piensa que en cada equis tiempo muere un ni?o en el mundo por falta de alimento y por otro lado estamos viendo la cantidad de alimento que se tira, pregunt?monos: ?No es un pecado contra la humanidad nuestro despilfarro? No el vivir bien, no el tener comodidades, sino la inconsciencia con la que manejamos los bienes materiales. ?Nos damos cuenta de lo grave que es y lo culpable que podemos llegar a ser por la muerte de estos hermanos?

?Me doy cuenta de que cada persona que no vive en gracia de Dios es un muerto moral? ?No nos apuran la cantidad de muertos que caminan por las calles de nuestras ciudades? Tengo que preguntarme: ?Me preocupa la condici?n moral de la gente que est? a mi cargo? No es cuesti?n de meterse en la vida de los dem?s, pero s? preguntarme: ?Soy justo a nivel justicia social? ?Me permito todav?a el crimen tan grave que es la cr?tica? ?Me doy cuenta de que una cr?tica m?a puede ser motivo de un grav?simo pecado de caridad por parte de otra persona?

Siempre que pensemos en el pecado, no olvidemos que la aut?ntica imagen, el aut?ntico rostro donde se condensa toda la justicia, todo desamor, todo odio, todo rencor, toda despreocupaci?n por el hombre, es la cruz de nuestro Se?or.

El abandono que Cristo quiere sufrir, el grito del G?lgota: ??Por qu? me has abandonado?? pone ante nuestros ojos la verdadera medida del pecado. En Cristo esta medida es evidente por la desmesurada inmensidad de su amor. El grito: ??Por qu? me has abandonado?? es la expresi?n definitiva de esta medida. El amor con el que me ha amado, el amor que ama hasta el fin. ?He descubierto esto y lo he hecho motivo de vida; o s?lo motivo de l?grimas el Viernes Santo? ?Lo he hecho motivo de compromiso, o s?lo motivo de reflexi?n de un encuentro con Cristo? ?Mi vida en el amor de Dios se encierra en ese grito: ??Por qu? me has abandonado??, que es el amor que ama hasta el ?ltimo despojamiento que puede tener un alma?

En esta Cuaresma es necesario volver al interior, descubrir la llamada de Dios a la entrega y al compromiso, volver a la propia vocaci?n cristiana en todas sus dimensiones. Y para lograrlo es necesario abrir primero nuestro esp?ritu a Dios y comprender la gravedad del pecado: del pecado de omisi?n, de indiferencia, de superficialidad, de ligereza. Es ineludible volver a la dimensi?n interior de nuestro esp?ritu, en definitiva, no ir caminando por la vida sin darnos cuenta que en nosotros hay un coraz?n que est? esperando ensancharse con el amor de Dios.


Publicado por mario.web @ 2:42
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