S?bado, 07 de mayo de 2011
El perd?n no es una amnesia sagrada que borra el pasado. Por el contrario, es la experiencia sanadora que elimina el resentimiento
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Buscar la paz por los caminos del perd?n
Buscar la paz por los caminos del perd?n
?Quiero, pues, dirigir con profunda convicci?n una llamada a todos, para que se busque la paz por los caminos del perd?n. Soy plenamente consciente de que el perd?n puede parecer contrario a la l?gica humana, que obedece con frecuencia a la din?mica de la contestaci?n y de la revancha. Sin embargo, el perd?n se inspira en la l?gica del amor, de aquel amor que Dios tiene a cada hombre y mujer, a cada pueblo y naci?n, as? como a toda la familia humana. Pero si la Iglesia se atreve a proclamar lo que, humanamente hablando, puede parecer una locura, es debido precisamente a su firme confianza en el amor infinito de Dios. Como testimonia la Escritura, Dios es rico en misericordia y perdona siempre a cuantos vuelven a ?l. [?] El perd?n de Dios se convierte tambi?n en nuestros corazones en fuente inagotable de perd?n en las relaciones entre nosotros, ayud?ndonos a vivirlas bajo el signo de una verdadera fraternidad.?



Juan Pablo II, Mensaje para la XXX Jornada Mundial de la Paz:

?Ofrece el perd?n, recibe la paz?, 1? enero 1997.



El perd?n no es una amnesia sagrada que borra el pasado. Por el contrario, es la experiencia sanadora que elimina el resentimiento. Se podr? recordar la ofensa, pero no se revivir? el dolor. La avispa del recuerdo puede volver a volar, pero el perd?n le ha arrancado su aguij?n.

Por eso todos necesitamos aprender a perdonar y aprender a pedir perd?n.



El veneno del resentimiento

El resentimiento es una autointoxicaci?n ps?quica, un envenenamiento de nuestro interior que depende de nosotros mismos. La causa puede ser: a) una acci?n directa sobre m?; b) una omisi?n, al no recibir la respuesta que yo esperaba; c) las circunstancias, como por ejemplo una determinada condici?n f?sica, social, profesional, etc. Pero en cualquier caso, el sujeto percibe el da?o como algo real, aunque su percepci?n no obedezca exactamente a la realidad, ya que puede ser exagerada o distorsionada. Ante ese da?o u ofensa uno se siente dolido y no puede olvidar. Esta respuesta emocional, mantenida en el tiempo, es justamente el resentimiento.



El ant?doto del resentimiento

Una serie de actitudes concatenadas nos pueden ofrecer el ant?doto del resentimiento.

? Caridad de pensamiento. Esto pertenece a la dimensi?n espiritual de la persona. Si alguien me agrede, el problema es del agresor y no es m?o. El que act?a mal es el que tiene el problema, el que necesita comprensi?n y ayuda. Pero para eso es necesaria la ?caridad?, que no es solidaridad, ni filantrop?a, ni altruismo. Es m?s que eso. La caridad es el amor de Dios habitando en el coraz?n del hombre.

? Inteligencia. Es la encargada de realizar el an?lisis y comprensi?n de las causas que han provocado la ofensa y el posterior resentimiento, buscando los motivos que puedan atenuar o incluso eximir la responsabilidad del ofensor. Tal vez su voluntad no ha sido producir un da?o, o tal vez no ha actuado con plenitud de conocimiento.

? Voluntad. Gracias a ella yo decido retener la agresi?n en mi interior o dejarla pasar sin que me perjudique. Puedo elegir quedar resentido o libre. Una acci?n responsable conlleva tomar conciencia de la acci?n que me ha da?ado, analizar las causas, pero no volver a sentir (?re-sentir?). De esta manera, nada ni nadie perturbar? la necesaria paz interior. Nadie puede herirnos sin nuestro consentimiento.

? Perd?n. As? como el resentimiento pertenece al ?rea afectiva, el perd?n se ubica en el ?rea de la voluntad. Perdonar no es disculpar. Se disculpa un acto que no fue voluntario, que no tuvo la intenci?n de provocar un da?o. Pero el perd?n es un acto esencial de amor. Como ha dicho Juan Pablo II, ?el perd?n se inspira en la l?gica del amor?. De lo contrario no se entender?a el amor a los enemigos (v?ase el art?culo ?El amor: ?sentimiento o decisi?n??, en el N? 17 de la Revista Fe y Raz?n). Perdonar, pues, es amar intensamente. El verbo latino ?per-donare? expresa esto con mucha claridad: el prefijo ?per? intensifica el verbo que acompa?a, ?donare?. Perdonar, pues, es dar abundantemente, entregarse hasta el extremo.



Aprender a pedir perd?n

Reconocer que yo me equivoqu? es algo costoso? pero por all? pasa el camino del crecimiento personal. Efectivamente, cuesta reconocer cuando uno no fue amable, o cuando fue un poco irrespetuoso, o cuando uno ?se pas? de la raya?, etc. Descubrir estos u otros errores en los dem?s es bien f?cil, pero reconocerlos en uno mismo es bien dif?cil.

Hay un signo visible de que estoy aprendiendo a pedir perd?n: el saber aceptar, con alegr?a y con paz, las cr?ticas de los otros. Eso no significa aceptar cualquier tipo de cr?ticas y amoldar mi conducta a cualquier cosa que me digan los dem?s. Pero cuando uno reconoce que una cr?tica es aut?ntica ?y por lo general eso duele? y sin embargo la acepta con alegr?a, entonces uno crece en confianza.

El hecho de aceptar esa cr?tica y pedir perd?n demuestra que uno est? muy seguro de s? mismo. Aquellas personas que son m?s d?biles y vulnerables nunca se animan a pedir perd?n, y casi siempre intentan justificar su error con el error de los otros. En el fondo, detr?s de una apariencia de debilidad y de vulnerabilidad se puede esconder un secreto orgullo que lleva a encubrir los propios errores. Muchas veces el d?bil es cruel. La amabilidad s?lo puede esperarse del fuerte, del que est? seguro de s? mismo.



Aprender a perdonar

Una t?cnica importante para aprender a perdonar es acostumbrarse a distinguir entre el error y el que ha errado, entre la acci?n realizada y la persona que realiz? esa acci?n, entre el ?pecado? y el ?pecador?. Y lo importante es hacer esta distinci?n no s?lo con la mente, sino tambi?n con el coraz?n.

Una cosa es la infidelidad, la injusticia, la maldad? No hay que tergiversar las cosas, sino que es necesario llamarlas por su nombre. Esas acciones est?n mal, y uno tiene que tener una actitud firme y fuerte de rechazo ante ese tipo de acciones. Es lo que se llama el ?odio al pecado? (leer Romanos 12, 9; Apocalipsis 2, 6).

Pero por otro lado est? la persona que realiz? esa acci?n, y con esa persona uno mismo deber?a ser compasivo y misericordioso, y estar dispuesto a perdonar? Eso es lo que Dios hace conmigo: distingue perfectamente entre la acci?n que yo realic? y yo mismo. Y me ama entra?ablemente, as? como soy. Es lo que se llama el ?amor al pecador?.

Para perdonar a otro, uno mismo tiene que haber experimentado antes el perd?n. Si mi padre y mi madre nunca me perdonaron, si mi esposo o mi esposa nunca me perdon? si nunca me he sentido perdonado en la vida, es muy probable que a m? tambi?n me cueste perdonar.



El sacramento de la reconciliaci?n

Dios nos perdona pero s?lo si nosotros queremos, si se lo pedimos, si nos arrepentimos y si perdonamos al pr?jimo. Si no se dan estos requisitos, Dios no puede perdonarnos. Por eso Jes?s nos ense?? a pedir en el Padrenuestro: ?Perdona nuestras ofensas como tambi?n nosotros perdonamos a los que nos ofenden?.

Cada vez que uno perdona, opta por cancelar la deuda moral que el otro ha contra?do con su proceder. Al perdonar al otro, lo libero en cuanto deudor, pero no suprimo la ofensa como si nunca hubiera existido. Eso solamente lo puede hacer Dios. Perdonar, pues, implica pedir a Dios que perdone, porque s?lo as? la ofensa es aniquilada. Dios tiene la potestad del perd?n absoluto. Yo puedo colaborar con ?l cuando perdono al otro, e intercedo y pido que Dios lo perdone. El otro, al arrepentirse ?el ?dolor de contrici?n?? da el primer paso para que Dios le otorgue el perd?n absoluto de su falta. Pero, adem?s, le hace falta unos requisitos que son los propios del sacramento de la reconciliaci?n: la confesi?n de los pecados y la ?satisfacci?n? o ?penitencia? (ver Catecismo de la Iglesia Cat?lica, nn. 1440-1470; Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica Reconciliaci?n y penitencia, nn. 28-34).

La palabra ?reconciliar? acent?a m?s la acci?n sanadora de Dios en el hombre, acci?n que repara las rupturas causadas por el pecado. El principal fruto del perd?n obtenido en el sacramento de la penitencia consiste en la reconciliaci?n con Dios, que tiene lugar en la intimidad del coraz?n del hijo pr?digo, que es cada penitente. Esta reconciliaci?n con Dios tiene como consecuencia otras reconciliaciones: consigo mismo, con los hermanos que agred? o lesion? de alg?n modo, con la Iglesia y tambi?n con toda la creaci?n.



Sanaci?n interior

?Todos necesitamos un encuentro m?s frecuente y eficaz con Jes?s en el Sacramento de la Reconciliaci?n. Encuentro que no s?lo es perd?n de nuestros pecados como acto aislado, sino que es adem?s, el Sacramento de la Reconciliaci?n, de la conversi?n plena a Jes?s y de la Reconciliaci?n con Dios y con la Iglesia? que es, adem?s del Sacramento del perd?n de los pecados, el Sacramento de la Sanaci?n interior en el que la presencia del Esp?ritu Santo penetra hasta lo m?s profundo de nuestro ser y cura nuestro esp?ritu y nuestra mente.

A trav?s de la gracia de este Sacramento, no s?lo se nos borra el pecado, sino que vamos adquiriendo esa liberaci?n, esa purificaci?n y esa curaci?n interior de todo lo que da?a y de todas las causas profundas de nuestros males morales y f?sicos.

Si nos dejamos iluminar por el Esp?ritu Santo, vamos a ir redescubriendo la riqueza sanadora de este Sacramento de la misericordia y del perd?n, cual es el Sacramento de la Reconciliaci?n?.



Francisco Mu?oz Molina, Jes?s sanador, Buenos Aires 1980, p. 52.



La ?cultura del perd?n?

La sociedad actual ?y quiz?s la de tiempos pasados? est? endurecida. Constantemente asistimos a luchas, enfrentamientos y guerras, y parece que el ser humano no se pone de acuerdo para la paz, que es como un imposible sue?o dorado.

Para que la sociedad sea m?s habitable, m?s humana y menos endurecida, es preciso que se instaure una ?cultura del perd?n?. Esto significa que el perd?n deber?a ser una pr?ctica frecuente y no excepcional. El perd?n entendido como impedimento al resentimiento por las ofensas que penetran en el ser humano y tambi?n como capacidad para querer y saber disculpar al otro en sus actitudes y comportamientos. Para eso es preciso estar dispuesto a ver lo mejor del coraz?n del otro y llegar a poder decirle: ?S? que no eres as?, s? que eres mucho mejor y te perdono?, queriendo lo mejor para quien nos ha ofendido y se ha equivocado. Como nos ha ense?ado Juan Pablo II: ?Ofrece el perd?n, recibe la paz?.



Terapia liberadora

? La mejor manera de extraer de nuestra alma el veneno que nos inyectan otras personas es perdonando.

? El mejor mecanismo de defensa para los agravios recibidos es perdonar.

? Perdonar es abrir la puerta que nos sacar? del recinto de la amargura.

? Quien perdona no le hace ning?n favor a su agresor, se lo hace a s? mismo.



An?cdota

Un exitoso jud?o, que hab?a estado en un campo de concentraci?n nazi, se enter? de que su m?s querido compa?ero de aquellos tristes d?as se hallaba enfermo y solo. Lo busc? y lo hall? en la miseria.

? ?Ya perdonaste a los nazis? ?le pregunt?.

? No ?contest? el moribundo con vehemencia?, de ninguna forma. Todav?a los odio con toda el alma.

? Entonces, te tengo una mala noticia: ellos todav?a te tienen prisionero.



Proceso del perd?n

1. Enfrentar abiertamente el dolor. Reconocer con humildad que estamos heridos, pues alguien nos afect? injustamente y ese da?o nos causa enorme sufrimiento.

2. Evaluar el costo de aquello que perdimos. Hacer un recuento real y reconocer el valor de cuanto nos quitaron.

3. Regalar lo que perdimos. Volver mentalmente amigo al agresor, tratar de comprender sus razones y decirle con nuestro pensamiento: ?Lo que me quitaste, te lo regalo; no lo mereces, pero te lo doy; es tuyo, no me debes nada?. Esto nos conduce al verdadero perd?n. Es el ?ltimo d?gito de la combinaci?n: sin ?l, no hay nada; con ?l, todo.



Un regalo

? El amor real no es un premio. El amor es un regalo. Perdonar es un acto de amor. Por lo tanto, el perd?n es, tambi?n, un obsequio.

? Resulta imposible perdonar al ofensor despu?s de hacerle pagar su error. Se perdona antes de cobrarle o no hay perd?n.

? A un hombre que cumpli? su condena, despu?s de diez a?os en la c?rcel, nadie puede decirle: ?Est?s perdonado?, simplemente porque aquel hombre ya pag? su deuda.

? Perdonar es declararle ?NO? a la venganza, ?NO? a cobrarse por propia mano, ?NO? a ser el verdugo del que ha fallado.
(Carlos Cuauht?moc S?nchez)


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Publicado por mario.web @ 8:29
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