S?bado, 07 de mayo de 2011
Cada hombre y mujer, en esta tierra, puede vivir para algo, puede vivir para alguien
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La b?squeda del sentido de la vida
La b?squeda del sentido de la vida
El 2 de septiembre de 1997, mor?a en Viena un famoso psiquiatra, Viktor Frankl. Su voz se difundi? por los cinco continentes a trav?s de innumerables conferencias en las que defendi? su teor?a psicoterap?utica: la logoterapia. Sus libros contin?an entre nosotros y nos dan un testimonio particularmente vivo a favor de la dignidad del hombre, de un hombre dotado de libertad y de responsabilidad con las que puede hacer el bien o el mal.

No podemos recordar en pocas l?neas lo que nos ense?? este hombre, un hebreo que sobrevivi? al horror de los campos de exterminio nazi. Quiz? su misma lucha en favor de la vida y de la dignidad de cada ser humano sea el resultado de una experiencia profunda que habla m?s que sus palabras.

De todos modos, vamos a espigar algunas ideas de Frankl que encierran una fuerza particular. Cada hombre, t?, yo, el m?s desgraciado de los miserables, tenemos dentro de nosotros una mente y un coraz?n que nadie puede tocar, que nadie puede destruir. Es cierto que nos pueden secuestrar, encadenar, amenazar. Pero nadie nos puede obligar a pensar lo que no queremos, ni amar lo que odiamos, ni despreciar aquello que es lo m?s importante para nosotros. A lo sumo, podr?n da?ar nuestro sistema nervioso o destruir partes importantes de nuestro cerebro, pero entonces no habr?n doblegado la capacidad del esp?ritu: un hombre enloquecido no puede usar plenamente de sus facultades, no es capaz de amar en plenitud.

En los campos de concentraci?n, dec?a Frankl, los verdugos quer?an anular la dignidad y las energ?as espirituales de sus prisioneros. Algunos, quiz? muchos, sucumb?an, y llegaban a ser con sus compa?eros tan crueles como crueles eran los carceleros. Pero otros, con una energ?a espiritual indestructible, eran capaces de abrir el coraz?n a la esperanza, de ayudar al vecino de cama menos afortunado, o de so?ar, al anochecer, entre el fr?o y el cansancio, en la esposa o el esposo que quiz? les segu?a esperando en alg?n rinc?n del planeta.

No han desaparecido, por desgracia, los campos de concentraci?n y de exterminio. Pero resulta dram?tico encontrarse con j?venes o adultos desesperados, dispuestos al suicidio o al abandono, cuando conservan a veces todas sus energ?as f?sicas e, incluso, bienes materiales m?s que suficientes. ?Por qu? su angustia, por qu? su "neurosis"? Quiz?, nos dir?a Frankl, porque no han encontrado el sentido de su vida. Es cierto que muchas neurosis tienen un origen psicosom?tico. Pero tambi?n es cierto que hay neurosis que nacen, precisamente, del sentimiento del fracaso de quien no tiene ning?n proyecto serio por el que luchar, por el que sufrir.

Cada hombre y mujer, en esta tierra, puede vivir para algo, puede vivir para alguien. Querer vivir "para nada", en la desesperaci?n y en el vac?o de quien busca atrapar el placer del momento sin ning?n proyecto serio, sin ning?n amor sincero, es caminar hacia la propia destrucci?n emocional y existencial. Es un suicidio moral, quiz? tan grave como el suicidio f?sico, al que no pocas veces, por desgracia, conduce.

Por eso la terapia a la neurosis moderna radica en ayudar a los dem?s (y ayudarnos a nosotros mismos) a descubrir nuestro quehacer, nuestra misi?n en esta vida. No se trata de encontrar que de la noche a la ma?ana puedo empezar a ser pintor, o m?dico, o bombero. Lo que debo hacer, con seriedad y con realismo, es ver lo que ha sido mi trayectoria personal para coger los hilos que me dicen qu? espera de m? la vida, qu? anhelan los dem?s de mi existencia.

Un marido descubrir?, tal vez, que se ha drogado con su trabajo y ha dejado de lado a aquella a la que am? alg?n d?a, y que no piensa en sus hijos sino cuando hay que tocar temas econ?micos. Un borracho llorar? al darse cuenta de lo mucho que podr?a consolar a su madre enferma si dejase, esta vez para siempre, las cervezas para cumplir con sus deberes de hijo. Un joven que vive de discoteca en discoteca descubrir?, si tiene valor para pensar en serio, que una buena familia no nace de las fiestas, sino del estudio y del trabajo de quien decide amar de verdad a quien hoy es la novia y ma?ana ser? su esposa para siempre.

Alguno pensar? que hay situaciones sin sentido. Un c?ncer en un adolescente, un accidente de carretera que deja inv?lido a un padre de familia, una hemorragia cerebral que obliga a una madre a quedarse para siempre en una silla de ruedas, ?pueden tener un significado, un valor? Frankl nos dir?a que s?. El esp?ritu humano es tan fuerte que puede sobreponerse al dolor y darle una luz y un significado superiores. Tambi?n es cierto que puede haber quien no soporte ni un dolor de est?mago y que se desespere cuando pierde el dedo de una mano. Pero eso es se?al de un fracaso m?s profundo: no hemos sabido descubrir lo que la vida nos estaba pidiendo en los peque?os o grandes dolores de cada d?a.

En el horizonte de las infinitas situaciones humanas, Frankl supo descubrir la presencia ignorada y escondida de Dios. Hay un designio que nos supera, nunca comprendido del todo; hay un proyecto en el que cada uno tiene un lugar maravilloso. Descubrir ese proyecto de Dios, pensado para m?, para mi propia felicidad y para el bien del mundo, es una tarea que nos pide a todos abrir el coraz?n a la esperanza. El dolor no es el fracaso de una vida sin sentido. El dolor es una invitaci?n a dar sentido a lo que parece una vida fracasada, pero no lo es: todo vale en el horizonte del amor de Dios.

Hace tiempo Frankl cruzaba la frontera del misterio. Aqu? trabaj? para ayudarnos a descubrir el sentido de la vida. All? ver? todo, junto a Dios, en la plenitud de su significado. En palabras de otro enamorado de la vida, el Papa Pablo VI, podr?amos a?adir, en el respeto de la fe jud?a del gran psic?logo austr?aco, que "todo es don; detr?s de la vida, detr?s de la naturaleza, del universo, est? la Sabidur?a: y despu?s, lo dir? en esta despedida luminosa (T? nos lo has revelado, Cristo Se?or) ?est? el Amor!". Un amor que es m?s fuerte que la muerte, que el odio, que la enfermedad.

Ese es el mensaje que nos dej? Viktor Frankl. Acogerlo y vivirlo toca a cada uno, desde su situaci?n personal, desde lo que le pide la vida y, m?s en profundidad, desde lo que le pide ese Dios que nos espera a todos en un cielo para siempre.

Publicado por mario.web @ 8:37
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