S?bado, 07 de mayo de 2011
Cuando hablamos del relativismo moral en nuestro tiempo, se entiende aquella forma por la que no se admiten las verdades inmutables
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El relativismo moral y de la verdad misma.
El relativismo moral y de la verdad misma.
?Con la esperanza de que Cristo triunfar? sobre tantos dislates, hemos de hacer nuestra con valent?a la afirmaci?n del profeta: ?sea que escuchen, o se nieguen a hacerlo ?porque son un pueblo rebelde- sabr?n que hay un profeta en medio de ellos?. (Ezequiel 2,5)?



1.- El relativismo moral y de la verdad misma.

Cuando hablamos del relativismo moral en nuestro tiempo, se entiende aquella forma por la que no se admiten las verdades inmutables, -las cuales deber?an ser reconocidas por todos en todo tiempo y lugar-, sino m?s bien se promueve la existencia de un sinn?mero de verdades relativas, que configuran afirmaciones particulares, todas ellas verdaderas para quienes las sostienen, y que permitir?an consensuar a la postre, decisiones que vulneran la dignidad de la persona humana.

En efecto, si la verdad es la adecuaci?n del entendimiento a la realidad, y si se da una lectura de la realidad, es decir, de la cosa, de todo lo que existe, totalmente subjetivista en la que prima el parecer de cada inteligencia que contempla esa realidad a trav?s de un prisma personal, la verdad misma se relativiza.
Una consecuencia de esta mentalidad que tergiversa la realidad y por ende la verdad misma es lo que se ha denominado ideolog?a del ?gender? o perspectiva de g?nero.

2.- El relativismo moral y el ?gender?

El Pontificio Consejo para la Familia en el documento ?Familia, Matrimonio y uniones de hecho? (26 de julio de 2000), analiza profundamente el relativismo moral reinante en la concepci?n del matrimonio y familia que deriva en la oficializaci?n de las uniones de hecho ya heterosexuales, ya homosexuales.
En la base de esta concepci?n delet?rea para la familia y el matrimonio se encuentra la ideolog?a del ?gender?.

Y as? se?ala el documento de referencia que ?dentro de un proceso que podr?a denominarse de gradual desestructuraci?n cultural y humana de la instituci?n matrimonial, no debe ser minusvalorada la difusi?n de cierta ideolog?a del ?gender?. Ser hombre o mujer no estar?a determinada fundamentalmente por el sexo, sino por la cultura. Con ello se atacan las bases mismas de la familia y de las relaciones interpersonales? (n? 8).
El documento expresa que en la din?mica de la integraci?n de la personalidad humana, la persona adquiere de manera progresiva conciencia de ser ?s? mismo?, conciencia de su identidad.

Esta toma de conciencia hace que la persona vaya integrando no s?lo su realidad de ser creatural, sino tambi?n su realidad de ser sexuado, como una forma peculiar de ser en el mundo como var?n o mujer.

De esta manera, cada persona, creada a imagen de Dios como var?n y mujer (Gn.1, 27) , toma conciencia de su identidad personal y a la vez de su diferencia con el otro sexo.
Esto permite que en cada persona se vaya integrando la ?identidad sexual (es decir, conciencia de identidad psicobiol?gica del propio sexo y de diferencia respecto al otro sexo), e identidad gen?rica (es decir, conciencia de identidad psicosocial y cultural del papel que las personas de un determinado sexo desempe?an en la sociedad) ?(n? 8).
Cuando ambos aspectos se han integrado debidamente, se da en realidad una verdadera complementaci?n ?puesto que las personas viven en sociedad de acuerdo con los aspectos culturales correspondientes a su propio sexo? (n? 8).
Esta complementaci?n logra que se alcance y reconozca la verdad interior de la persona, alma y cuerpo.

3.- La ideolog?a del ?gender?, el construcionalismo y el relativismo moral.

Ahora bien a partir de la d?cada 1960-1970 ciertas teor?as ?construccionistas?, en realidad relativistas porque vulneran la verdad absoluta y ?nica acerca de la identidad del ser humano, independizan la identidad sexual personal de la identidad gen?rica, de manera ?que los g?neros masculino y femenino de la sociedad ser?an el producto exclusivo de factores sociales, sin relaci?n con verdad alguna de la dimensi?n sexual de la persona? (N? .8).

Separando as? la identidad sexual de la gen?rica, se llega al absurdo de prescindir de la distinci?n sexual dada por la naturaleza misma del hombre y de concebir la realidad creatural var?n y mujer como una construcci?n cultural.
Tal concepci?n lleva al relativismo moral en el ?mbito de la sexualidad, de modo que se abre la puerta a la libre elecci?n por parte de la persona para vivir como var?n o mujer, haciendo caso omiso de la identidad que otorga la naturaleza misma.
La consecuencia l?gica de este modo de ver las cosas, lleva a concebir una nueva ?verdad? subjetiva que depende exclusivamente no de lo que ?es? seg?n la naturaleza, sino del simple parecer humano.

Ya alertaba Juan Pablo II sobre esto en la enc?clica ?Veritatis Splendor? al afirmar acerca de una interpretaci?n ?creativa? de la conciencia moral que ?algunos han propuesto una especie de doble estatuto de la verdad moral. Adem?s del nivel doctrinal y abstracto, ser?a necesario reconocer la originalidad de una cierta consideraci?n existencial m?s concreta. Esta, teniendo en cuenta las circunstancias y la situaci?n, podr?a establecer leg?timamente unas excepciones a la regla general y permitir as? la realizaci?n pr?ctica, con buena conciencia, de lo que est? calificado por la ley moral como intr?nsecamente malo. De este modo se instaura en algunos casos una separaci?n, o incluso una oposici?n, entre la doctrina del precepto v?lido en general y la norma de la conciencia individual, que decidir?a de hecho, en ?ltima instancia, sobre el bien y el mal?. (n ? 56).

4.-Consecuencias de la perspectiva de g?nero en el matrimonio.

Esto lleva consigo el reconocer como v?lidas las uniones homosexuales o las uniones de hecho heterosexuales en su caso, legitimadas no por la verdad del ser o por la naturaleza del matrimonio sino s?lo por la decisi?n antojadiza de las personas.

Indudablemente esta postura mina en la ra?z al matrimonio mismo al que se le desconoce la verdad de ser una ?alianza?.por la que el var?n y la mujer constituyen entre s? un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma ?ndole natural al bien de los c?nyuges y a la generaci?n y educaci?n de la prole? (canon 1055,1).

Llegamos as? a que esta concepci?n conspira contra el ?consorcio de toda la vida?, ya que la uni?n permanente del var?n y de la mujer reclamada por el matrimonio como verdad originaria, se desploma ante la libre elecci?n subjetiva de la persona que al relativizar el orden natural se dispone a guardar celosamente la libre elecci?n permanente de nuevas uniones.
Adem?s, por la l?gica de este pensamiento, el ?bien de los c?nyuges?, imperativo que reclama la indisolubilidad matrimonial, respetando la propiedad de la ?unidad,? pierde su absoluta raz?n de ser cuando s?lo interesa ego?sticamente el bien propio.

Otra consecuencia nefasta de estos postulados consiste en conculcar tambi?n la verdad de la generaci?n de la prole, ya que deja de ser un bien propio de la uni?n matrimonial heterosexual, para transformarse en una veleidad a la que tendr?a derecho cualquier tipo de uni?n.

Y as?, la adopci?n de ni?os por parte de uniones homosexuales, rechazando la disposici?n sabia del Creador para s?lo las uniones heterosexuales, se convierte en un ?nuevo derecho?, simulacro que la sociedad debe convalidar, seg?n ?sta manera de pensar.

Queda a la vista la sinraz?n de esta pretensi?n si se ve la contradicci?n entre el deseo de tener hijos y la negaci?n simult?nea de asumir la identidad sexual diferencial que sirve de basamento para la realizaci?n de la paternidad y de la maternidad.

En efecto, mal puede asumir dichos papeles en relaci?n con los hijos adoptados, quien no reconoce el ser var?n para la paternidad y el ser mujer para la maternidad.
5.-La perspectiva de g?nero y su afirmaci?n legal.
Contin?a el avance de esta concepci?n cuando se pretende alcanzar por la v?a de una legislaci?n acorde, la convalidaci?n y aceptaci?n social, asumiendo como ?normal? lo que resulta a todas luces ?extra?o? a la naturaleza humana.

La Ley as? impuesta, con el relativismo moral propio del positivismo que desconoce el derecho natural, terminar?a por deslumbrar as? las conciencias con la aparente licitud de aquello que contradice abiertamente la ley de Dios.
Sumando a esto la concepci?n de lo enunciado anteriormente acerca de la supuesta funci?n ?creativa? de la conciencia, tendremos una mentalidad en la que se regir?a no por una ley moral objetiva, com?n a todos, sino por lo que se considere m?s de acuerdo con el pensamiento en que toda opini?n se transforma en verdad absoluta.

6.- La perspectiva de g?nero y el eclipse de la familia y de la vida.


La idea de familia, seg?n la ense?anza b?blica, resulta por ende destruida como lo afirma Alison Jagger, autora de diversos libros de texto utilizados en programas de estudios femeninos en Universidades norteamericanas:
?El final de la familia biol?gica eliminar? tambi?n la necesidad de la represi?n sexual. La homosexualidad masculina, el lesbianismo y las relaciones sexuales extramaritales ya no se ver?n en la forma liberal como opciones alternas, fuera del alcance de la regulaci?n estatal, en vez de esto, hasta las categor?as de homosexualidad y heterosexualidad ser?n abandonadas: la misma instituci?n de las relaciones sexuales, en que hombre y mujer desempe?an un rol bien definido, desaparecer?. La humanidad podr?a revertir finalmente a su sexualidad polimorfamente perversa natural".
(Alison Jagger, "Political Philosophies of Womens Liberation", Feminism and Philosophy, Littlefield, Adams & Co.,Totowa, New Jersey, 1977, p. 13.

Este ataque declarado contra la familia, sin embargo, contrasta notablemente con la Declaraci?n Universal de los Derechos Humanos promulgada, como es sabido, por la ONU en 1948. En el art?culo 16 de la misma, las Naciones Unidas defienden enf?ticamente a la familia y al matrimonio:

1. Los hombres y las mujeres, a partir de la edad n?bil, tienen derecho, sin restricci?n alguna por motivos de raza, nacionalidad o religi?n, a casarse y fundar una familia; y disfrutar?n de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disoluci?n del matrimonio.

2. S?lo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podr? contraerse el matrimonio.

3. La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protecci?n de la sociedad y del Estado.

Sin embargo, los art?fices de la "perspectiva de g?nero" apuntan a la necesidad de "desconstruir" la familia, omitiendo hablar de familia ?tradicional?, sino m?s bien de familias ?ensambladas? o consensuadas; ?descontruir? el matrimonio que no ser?a s?lo entre personas de distinto sexo; ?descontruir? la maternidad que no implicar?a ser el resultado de la relaci?n var?n y mujer, sino m?s bien hasta alentar?a la posibilidad de la inseminaci?n artificial, por ejemplo, y ?desconstruir? las categor?as de femenino o masculino para permitir que el mundo pueda ser totalmente libre.

Por ?ltimo, todo este desquicio mental y moral lleva a postular la libre elecci?n en la reproducci?n de cualquier forma, como la llamada ?fecundaci?n asistida? que postular?a la libre elecci?n de gametos, la reserva de los mismos, congelados para tiempos futuros, la guarda de esperma u ?vulos, para ser utilizados libremente, sin sujeci?n alguna, y en cualquier tipo de parejas, ya sea del mismo o distinto sexo, bregando llegado el caso, a reclamar el aborto a pedido.

7.- La tarea de la Iglesia maestra en humanidad.


Ante este panorama de locura y en el reinado de la sinraz?n, adem?s de implorar a Dios ponga su mano, hemos de proclamar abiertamente la verdad originaria del matrimonio, de la familia, y de la vida, resaltando los errores que buscan mellar, por rumbos equivocados, a las conciencias desprevenidas, anticip?ndonos a las campa?as de lavado de cerebros que se presentan en los distintos ?mbitos de la vida.

No ha de servir de excusa el razonar que estamos en un mundo secularizado d?nde la fe ya no tiene cabida.
Como Iglesia nos cabe la responsabilidad de mostrar a Cristo Camino, Verdad y Vida (Jn. 14,6) a trav?s de la familia, primera educadora de la transmisi?n de los valores; de la catequesis; de la educaci?n; de las variadas instituciones apost?licas; usando todos los modos l?citos a nuestro alcance y sin descuidar la utilizaci?n de los medios de informaci?n oral y escrita.
Habr? que aguzar el ingenio aglutinando a todos los hombres de buena voluntad de manera que se pueda ir revirtiendo este panorama desalentador que ya pende sobre nosotros.
Con la esperanza de que Cristo triunfar? sobre tantos dislates, hemos de hacer nuestra con valent?a la afirmaci?n del profeta: ?sea que escuchen, o se nieguen a hacerlo ?porque son un pueblo rebelde- sabr?n que hay un profeta en medio de ellos?. (Ezequiel 2,5)

Padre Ricardo B. Mazza. Profesor Titular de Teolog?a Moral y Doctrina Social de la Iglesia en la UCSF. Director del Centro de Estudios Pol?ticos y Sociales Santo Tom?s Moro- Santa Fe de la Vera Cruz.

Palabras pronunciadas en el Panel: ?El relativismo moral como avanzada de la disgregaci?n social. La necesidad de reconstruir un accionar conforme al Orden Natural y la Fe.? II Congreso Internacional por la Familia y la Vida. Buenos Aires. 21 de Agosto de 2006.

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Padre Ricardo B. Mazza

Publicado por mario.web @ 8:40
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