S?bado, 07 de mayo de 2011

Juan 12, 1-11. Lunes Santo. Aunque yo cayera, Su amor no disminuir?a, incluso me amar?a m?s.
Autor: P. Juan Jes?s Riveros | Fuente: Catholic.net
Juan 12, 1-11


Seis d?as antes de la Pascua, Jes?s se fue a Betania, donde estaba L?zaro, a quien Jes?s hab?a resucitado de entre los muertos. Le dieron all? una cena. Marta serv?a y L?zaro era uno de los que estaban con ?l a la mesa. Entonces Mar?a, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungi? los pies de Jes?s y los sec? con sus cabellos. Y la casa se llen? del olor del perfume. Dice Judas Iscariote, uno de los disc?pulos, el que lo hab?a de entregar: ??Por qu? no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?? Pero no dec?a esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladr?n, y como ten?a la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella. Jes?s dijo: ?D?jala, que lo guarde para el d?a de mi sepultura. Porque pobres siempre tendr?is con vosotros; pero a m? no siempre tendr?is?. Gran n?mero de jud?os supieron que Jes?s estaba all? y fueron, no s?lo por Jes?s, sino tambi?n por ver a L?zaro, a quien hab?a resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron dar muerte tambi?n a L?zaro, porque a causa de ?l muchos jud?os se les iban y cre?an en Jes?s.


Reflexi?n


Jes?s se encuentra con sus amigos. Yo soy su amigo. Sale a mi encuentro.
Es ?l quien va a Betania y quien viene a tocar a mi puerta. Desea sentarse a mi mesa, partir el pan conmigo, hablar conmigo.

Toca a la puerta de mi coraz?n para iluminarlo y consolarlo: "S?lo ?l tiene palabras de vida eterna" No s?lo est? a mi lado: me lleva en sus brazos para que las asperezas, las piedras y el barro no me salpiquen y no me hagan tropezar y caer, si yo quiero.

Y, aunque cayera, su amor no disminuir?a, incluso me amar?a m?s. Limpiar?a mis heridas y manchas del camino. ?l ser?a una Mar?a de Betania para con nosotros, nos perfumar?a los pies y la cabeza. ?No deber?amos nosotros hacer lo mismo?

Ponernos a sus pies y llorar. Llorar por la tristeza de ofenderle y llorar por la alegr?a de su perd?n. Las l?grimas son la mejor oraci?n que podemos elevar a Dios. Y, tambi?n, perfumar sus pies; que el perfume de nuestras buenas obras y el ung?ento de nuestro perd?n sean dignos de un Dios tan misericordioso. Como ?l perdona, as? perdonar a quienes nos ofenden.

No nos fijemos en el "derroche" de este caro perfume. Es un perfume que nunca se acaba si es a Cristo a quien lo ofrecemos. Obrando as? prepararemos la sepultura del Se?or, su resurrecci?n y su permanencia entre nosotros.


Publicado por mario.web @ 8:59
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