S?bado, 07 de mayo de 2011

Lunes Santo. La caridad es ser capaz de servir hasta que ya no pueda mas.
Autor: P. Cipriano S?nchez LC | Fuente: Catholic.net
El d?a de hoy vamos a ponernos el cristal de la caridad, y bajo esta ?ptica contemplaremos la ?ltima Cena.

?Qu? es la caridad? Si alguien quisiese definir la caridad, podr?a escribir libros enteros. Si alguien quisiese definir la caridad, podr?a llenar bibliotecas, o simplemente tomar una fuente con agua y lavar los pies a sus disc?pulos durante la cena: ?[...] cuando ya el diablo hab?a puesto en el coraz?n a Judas Iscariote, hijo de Sim?n, el prop?sito de entregarle, sabiendo que el Padre le hab?a puesto todo en sus manos y que hab?a salido de Dios y a Dios volv?a, se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ci??. Luego hecha agua en un lebrillo y se pone a lavar los pies de los disc?pulos y a sec?rselos con la toalla con que estaba ce?ido?.

La caridad es ser capaz de servir hasta que ya no haya nada m?s que uno pueda hacer; la caridad es servir hasta la ?ltimo. ?No hay amor m?s grande que aqu?l del que da la vida por quien ama?. Cristo, constantemente, va a unir su caridad con su muerte. Tanto es as?, que la cruz va a ser la mayor expresi?n de caridad de Cristo.

Nos impresiona cuando vemos a Cristo rebajarse como un esclavo a lavar los pies, quiz? no nos impresiona tanto el hecho de que Cristo no solamente lava como esclavo los pies a sus disc?pulos, sino que muere esclavo en la cruz por sus disc?pulos. La caridad, la verificaci?n, el amor, la muerte de Cristo est?n inseparablemente unidos. La caridad de Cristo es una caridad que se ofrece en la separaci?n de aquellos que ama. ?Hijos m?os, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Vosotros me buscar?is y a donde yo voy vosotros no pod?is venir?.

El amor de Cristo es un amor totalmente desinteresado, no es un amor que se busque a s? mismo. El amor de Cristo no busca la propia felicidad sino la felicidad de aquellos que ama. Cristo incluso va a aceptar la separaci?n de aquellos que ama por amor; pero, al mismo tiempo, como todo aut?ntico amor, el amor de Cristo va a buscar en todo momento compartir, y por eso Jesucristo les dice a sus disc?pulos: ?Como yo os he amado, as? os am?is tambi?n vosotros los unos a los otros?.

Cristo busca encarnar su amor en los que ama. Cristo busca que aquellos que ?l ama tambi?n amen como ?l: ?En esto conocer?n que sois mis disc?pulos: en que os teng?is amor unos a otros como yo os he amado?. La caridad que no se transmite, la caridad que no se manifiesta, la caridad que no se encarna en aquellos que amamos no puede ser una caridad aut?ntica.

No hay que olvidar que el Maestro se nos presenta como modelo de caridad, como dir? San Juan, ?en la glorificaci?n?, es decir, en la muerte, en el don absoluto de s? mismo por amor a los suyos. ?ste es el don m?s grande que un hombre puede dar: el don de s? mismo. ?Qu? otra cosa podemos dar m?s que nosotros? Aun cuando hubi?ramos terminado de dar mucho, todav?a quedar?amos nosotros por darnos. ?Qu? m?s puede ofrecer un soldado a su se?or, cuando ya lo ha dado todo? ?Qu? m?s puede ofrecer Cristo, cuando ya lo ha dado todo? ?Qu? m?s puedo ofrecer yo, como disc?pulo, cuando ya lo haya dado todo?

La caridad de Cristo tiene, adem?s, una muy especial caracter?stica. En el Evangelio de San Mateo se dice: ?aqu?l que me negare delante de los hombres yo le negar? delante de mi Padre celestial?. Justamente en este contexto de caridad se introduce el misterio de la negaci?n de Pedro. Sin embargo, Pedro no contaba con la ?ltima de las delicadezas de la caridad de Cristo. Dice el Evangelio: ?Se?or, ?a d?nde vas? Jes?s le respondi?: Adonde yo voy no puedes seguirme ahora; me seguir?s m?s tarde. Pedro le dice: ?Por qu? no puedo seguirte ahora? Yo dar? mi vida por ti. Le responde Jes?s: ?Que dar?s tu vida por m?? En verdad, en verdad te digo: no cantar? el gallo antes que t? me hayas negado tres veces.?

La caridad ama aun cuando el amado nos niega. As? ama Cristo. Cristo no solamente ama cuando nosotros somos grandes ap?stoles que entendemos perfectamente los planes del Se?or sobre nosotros -?qu? f?cil ser?a amar as?!- Cristo ama incluso cuando nosotros nos atrevemos a negarlo. Y nos ama con un amor redentor, nos ama con un amor transformador, nos ama con un amor purificador, nos ama con un amor que es capaz de sacarnos del pozo donde nosotros podr?amos vernos encerrados.

El amor de Cristo no es un amor que arrasa; es un amor que reconstruye, cuando el alma se deja reconstruir. Es un amor que hace que aqu?l que lo ha negado pueda amarlo a ?l, como Cristo lo ama. ?C?mo nos ha amado Cristo? Hasta dar su vida por nosotros. ?C?mo tenemos que amar nosotros a Cristo? Hasta dar nuestra vida por ?l.

San Juan va a unir la caridad con la obediencia y con el sacrificio en la obscuridad: ?Si alguno ama, guardar? mi palabra y mi Padre le amar? y vendremos a ?l y haremos morada en ?l?.

Cristo une caridad, obediencia y presencia de Dios. La esencia de toda santidad y de toda virtud cristiana est? en la caridad. No hay presencia de Dios donde no hay caridad, no hay presencia de Dios donde no hay obediencia; y donde no hay obediencia, no hay caridad ni presencia de Dios; y donde no hay caridad no hay obediencia ni presencia de Dios.

Tendr?amos que darnos cuenta que esta especie de trinidad es el coraz?n del cristiano. Presencia de Dios es obediencia y es caridad. Quien diga que tiene a Dios y odia a su hermano, es un mentiroso. Y quien quiera obedecer, primero tiene que amar. Y quien regatea con el ego?smo, no obedece ni tiene a Dios en su coraz?n. La caridad se hace obediencia y se hace presencia. Si no es as?, la obediencia es vac?a y la presencia ausencia. Solamente cuando hay esta presencia, esta caridad y esta obediencia, el hombre posee luminosidad para poder guiar su vida en la autenticidad.

?El Par?clito, el Esp?ritu Santo, que el Padre enviar? en mi nombre, os ense?ar? todo y os recordar? todo cuanto os he dicho?. La presencia amorosa de Dios en nosotros es la garant?a de la luminosidad interior. No puedes guiar tu vida si est?s cegado por el ego?smo. No puedes guiar tu vida si en tu interior no existe luminosidad y la disposici?n de vivir en la obediencia. No puedes guiar tu vida si en tu interior no existe la verdadera presencia de Dios. La caridad, como obediencia que se hace presencia, es la clave que Jes?s mismo nos deja.

Despu?s de hablar del amor, Cristo empieza hablando del Pr?ncipe de este mundo. No hay que olvidar que la aut?ntica caridad se hace testimonio precisamente ante las persecuciones del Pr?ncipe de este mundo. Y as? como la luz expulsa la noche, y la obscuridad se ve alejada por la aurora, la caridad expulsa de nuestra vida al Pr?ncipe de este mundo.

?Qui?n no le tiene miedo al contagio del mundo del demonio y de la carne en su propia vida? ?Alguien puede sentirse inmune a esto? ?Alguien puede decir que tiene las manos limpias? Y, sin embargo, ?c?mo podemos resistir al Pr?ncipe de este mundo? S?lo quien vive en la caridad tendr? la capacidad suficiente para desencadenarse una y otra vez del Pr?ncipe de este mundo. S?lo el que tenga caridad como ley aut?ntica de su vida podr? estar liber?ndose de las ataduras que el Pr?ncipe de este mundo le ponga a su coraz?n. Solamente quien no es capaz de vivir la caridad acabar? por vivir con el demonio dentro del coraz?n.

La caridad es el testimonio del cristiano. Ante las asechanzas del demonio, que muchas veces podr? buscar encimarse, apoderarse de la vida del hombre, m?s a?n, que muchas veces har? fracasar las obras buenas del hombre, s?lo la caridad continuar? siendo la coraza con la cual el hombre vence, con la cual el hombre es capaz-a pesar de los errores, a pesar de los fallos propios o de los dem?s-, de volver a amar y de entregarse.

No hay que tenerle miedo al demonio si en nosotros hay caridad, si en nosotros hay amor verdadero. No hay que tenerle miedo al demonio de las tentaciones y de las dificultades, en el seguimiento de Cristo, si en nosotros verdaderamente existe un coraz?n lleno de amor a Dios.

Aun cuando el coraz?n pueda estar en la soledad, en el abandono, en la dificultad y en la prueba, tenemos que saber que la caridad de Cristo se convierte en paz en nuestra alma, consuelo de nuestra soledad. ?Os dejo la paz; mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro coraz?n ni se acobarde. Hab?is o?do que os he dicho: ?Me voy y volver? a vosotros.? Si me amarais, os alegrar?as[...]?.

?ste es el rostro de la caridad que Cristo nos presenta. Una caridad que se ofrece, una caridad que se comparte, una caridad que se hace testimonio, una caridad que ama incluso en la negaci?n del amor. Y al mismo tiempo, es una caridad que se convierte en presencia por la obediencia, es una caridad que no se contamina a pesar de las asechanzas del demonio o de la soledad en la que nosotros podamos vivir.

Este amor -lo vemos en Cristo-, no es simplemente un bonito sentimiento interior. Este amor tiene obras que efectivamente manifiestan el amor, obras que realmente realizan el amor, obras que demuestran que estamos aut?nticamente entregados a Cristo. Porque si no prestamos m?s que a aquellos de quienes esperamos recibir, ?qu? m?rito tendremos que no tengan tambi?n los pecadores? Si no saludamos m?s que a los que nos saludan, ?en qu? nos diferenciamos de los gentiles? Y si no amamos m?s que a los que nos aman, ?qu? hacemos que no hagan tambi?n los publicanos?

Tambi?n a nosotros se nos exige una caridad que se hace celo apost?lico, como el mejor servicio hecho a los hombres. ?Qu? m?s les puedes dar a los hombres sino la presencia de Dios en sus corazones? No existe la caridad sin celo apost?lico, no existe la caridad sin esfuerzo por conquistar a los hombres para Cristo. Y la podremos disfrazar de lo que queramos, pero sin celo apost?lico que influya verdaderamente en las sociedades en las que vivimos, en los ambientes en los que nos movemos, no hay caridad. Sin un coraz?n que arda por sus hermanos los hombres, no hay caridad, porque Cristo, por amor a nosotros, busca introducir la presencia de Dios en nosotros. ?En el que me ama moraremos?.

?Realmente mi amor a los hombres es un amor que busca hacer que la presencia de Dios est? dentro de mis hermanos? ?O es un amor plat?nico, o es un amor rom?ntico? ?O es un amor que arde, y porque arde quema, y porque quema transforma, y transforma en celo apost?lico?

Cuando revisemos la caridad, veamos el amor de Cristo por nosotros, veamos nuestro amor por Cristo, veamos nuestro coraz?n, y veamos si verdaderamente hay caridad que es obediencia y es presencia. Pero nunca olvidemos la tercera dimensi?n de la caridad: el celo apost?lico.

Recordemos que se nos va a exigir. ?Tuve hambre y no me diste de comer; tuve sed y no me diste de beber; estuve desnudo y no me vestiste, en la c?rcel, enfermo y no me fuiste a ver?. Si a ?sos, Cristo los manda lejos de s?, lejos del amor, lejos de la vida eterna, ?qu? ser? de aquellos que le negaron a sus hermanos los hombres, por falta de caridad, la presencia de Dios en su coraz?n? ?Qu? ser? de aquellos que, llevados por la pereza o por la soledad, o por el Pr?ncipe de este mundo, o por el orgullo, se permitieron el lujo de no llenar el coraz?n de sus hermanos los hombres con la presencia del Se?or?


Publicado por mario.web @ 9:07
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