S?bado, 07 de mayo de 2011

Mar?a es la ?nica que mantiene viva la llama de la fe, prepar?ndose para acoger el anuncio gozoso de la Resurrecci?n.
Autor: SS Juan Pablo II | Fuente: Catholic.net

Despu?s de que Jes?s es colocado en el sepulcro, Mar?a "es la ?nica que mantiene viva la llama de la fe, prepar?ndose para acoger el anuncio gozoso y sorprendente de la Resurrecci?n"

La espera que vive la Madre del Se?or el S?bado santo constituye uno de los momentos m?s altos de su fe: en la oscuridad que envuelve el universo, ella conf?a plenamente en el Dios de la vida y, recordando las palabras de su Hijo, espera la realizaci?n plena de las promesas divinas.

Los evangelios refieren varias apariciones del Resucitado, pero no hablan del encuentro de Jes?s con su madre. Este silencio no debe llevarnos a concluir que, despu?s de su resurrecci?n, Cristo no se apareci? a Mar?a; al contrario, nos invita a tratar de descubrir los motivos por los cuales los evangelistas no lo refieren.

Suponiendo que se trata de una "omisi?n", se podr?a atribuir al hecho de que todo lo que es necesario para nuestro conocimiento salv?fico se encomend? a la palabra de "testigos escogidos por Dios" (Hch 10, 41), es decir, a los Ap?stoles, los cuales "con gran poder" (Hch 4, 33) dieron testimonio de la resurrecci?n del Se?or Jes?s. Antes que a ellos el Resucitado se apareci? a algunas mujeres fieles, por su funci?n eclesial: "Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; all? me ver?n" (Mt 28, 10).

Si los autores del Nuevo Testamento no hablan del encuentro de Jes?s resucitado con su madre, tal vez se debe atribuir al hecho de que los que negaban la resurrecci?n del Se?or podr?an haber considerado ese testimonio demasiado interesado y, por consiguiente, no digno de fe.

Los evangelios, adem?s, refieren s?lo unas cuantas apariciones de Jes?s resucitado, y ciertamente no pretenden hacer una cr?nica completa de todo lo que sucedi? durante los cuarenta d?as despu?s de la Pascua. San Pablo recuerda una aparici?n "a m?s de quinientos hermanos a la vez" (1 Co 15, 6). ?C?mo justificar que un hecho conocido por muchos no sea referido por los evangelistas, a pesar de su car?cter excepcional? Es signo evidente de que otras apariciones del Resucitado, aun siendo consideradas hechos reales y notorios, no quedaron recogidas.

?C?mo podr?a la Virgen, presente en la primera comunidad de los disc?pulos (cf. Hch 1, 14), haber sido excluida del n?mero de los que se encontraron con su divino Hijo resucitado de entre los muertos?

M?s a?n, es leg?timo pensar que veros?milmente Jes?s resucitado se apareci? a su madre en primer lugar. La ausencia de Mar?a del grupo de las mujeres que al alba se dirigieron al sepulcro (cf. Mc 16, 1; Mt 28, 1), ?no podr?a constituir un indicio del hecho de que ella ya se hab?a encontrado con Jes?s? Esta deducci?n quedar?a confirmada tambi?n por el dato de que las primeras testigos de la resurrecci?n, por voluntad de Jes?s, fueron las mujeres, las cuales permanecieron fieles al pie de la cruz y, por tanto, m?s firmes en la fe.

En efecto, a una de ellas, Mar?a Magdalena, el Resucitado le encomienda el mensaje que deb?a transmitir a los Ap?stoles (cf. Jn 20, 17-18). Tal vez, tambi?n este dato permite pensar que Jes?s se apareci? primero a su madre, pues ella fue la m?s fiel y en la prueba conserv? ?ntegra su fe.

Por ?ltimo, el car?cter ?nico y especial de la presencia de la Virgen en el Calvario y su perfecta uni?n con su Hijo en el sufrimiento de la cruz, parecen postular su participaci?n particular?sima en el misterio de la Resurrecci?n.

Un autor del siglo V, Sedulio, sostiene que Cristo se manifest? en el esplendor de la vida resucitada ante todo a su madre. En efecto, ella, que en la Anunciaci?n fue el camino de su ingreso en el mundo, estaba llamada a difundir la maravillosa noticia de la resurrecci?n, para anunciar su gloriosa venida. As? inundada por la gloria del Resucitado, ella anticipa el "resplandor" de la Iglesia (cf. Sedulio, Carmen pascale, 5, 357-364: CSEL 10, 140 s).

Por ser imagen y modelo de la Iglesia, que espera al Resucitado y que en el grupo de los disc?pulos se encuentra con ?l durante las apariciones pascuales, parece razonable pensar que Mar?a mantuvo un contacto personal con su Hijo resucitado, para gozar tambi?n ella de la plenitud de la alegr?a pascual.

La Virgen sant?sima, presente en el Calvario durante el Viernes santo (cf. Jn 19, 25) y en el cen?culo en Pentecost?s (cf. Hch 1, 14), fue probablemente testigo privilegiada tambi?n de la resurrecci?n de Cristo, completando as? su participaci?n en todos los momentos esenciales del misterio pascual. Mar?a, al acoger a Cristo resucitado, es tambi?n signo y anticipaci?n de la humanidad, que espera lograr su plena realizaci?n mediante la resurrecci?n de los muertos.

En el tiempo pascual la comunidad cristiana, dirigi?ndose a la Madre del Se?or, la invita a alegrarse: "Regina caeli, laetare. Alleluia". "?Reina del cielo, al?grate. Aleluya!". As? recuerda el gozo de Mar?a por la resurrecci?n de Jes?s, prolongando en el tiempo el "?Al?grate!" que le dirigi? el ?ngel en la Anunciaci?n, para que se convirtiera en "causa de alegr?a" para la humanidad entera.



Catequesis durante la audiencia general del 3 de abril de 1996


Publicado por mario.web @ 9:13
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