S?bado, 07 de mayo de 2011

Hay confesiones no llegan a fondo, o son rutinarias, o est?n vac?as de un dolor sincero y no permiten un cambio serio.
Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net


Recurrimos al sacramento de la confesi?n porque Dios ha movido nuestros corazones. Primero, nos ha hecho ver que hemos pecado. Luego, nos ha invitado al arrepentimiento, a las l?grimas sinceras del coraz?n. Despu?s, nos ha dado fuerzas para tomar prop?sitos que nos lleven a cambiar de vida. Finalmente, nos ha esperado en un sacerdote que pronuncia las palabras de la misericordia: ?yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp?ritu Santo?.

Notamos, sin embargo, que algunas confesiones no llegan a fondo, o son rutinarias, o est?n vac?as de un dolor sincero, o no permiten un cambio serio, una conversi?n aut?ntica.

?C?mo mejorar, entonces, nuestras confesiones? Podemos ayudarnos de algunos consejos que ofrec?a san Francisco de Sales.

En su obra ?Introducci?n a la vida devota?, san Francisco de Sales explicaba a Filotea (es decir, a quien dirig?a su libro, al alma enamorada de Dios) c?mo hay confesiones que no est?n bien llevadas porque el penitente hace una acusaci?n vaga, gen?rica, de los propios pecados.

Tras recomendar la confesi?n frecuente (cada 8 d?as) y dar una serie de indicaciones importantes (qu? pecados hay que decir, el dolor, el prop?sito de la enmienda), el santo pone su atenci?n en el modo de presentar los pecados veniales para sacar mejor provecho del sacramento. Sus palabras son claras y pr?cticas:

?No hagas tan s?lo ciertas acusaciones superfluas, que muchos hacen por rutina: no he amado a Dios como deb?a; no he rezado con la debida devoci?n; no he amado al pr?jimo cual conviene; no he recibido los sacramentos con la reverencia que se requiere, y otras cosas parecidas. La raz?n es, porque, diciendo esto, nada dices, en concreto, que pueda dar a conocer a tu confesor el estado de tu conciencia, pues todos los santos del cielo y todos los hombres de la tierra podr?an decir lo mismo, si se confesaran? (Introducci?n a la vida devota, parte II, cap?tulo XIX).

Para evitar esas acusaciones superfluas o vagas, Francisco recomienda ir a lo concreto. Luego, fijarse en las actitudes que el alma ten?a cuando cometi? un pecado. El texto antes citado sigue as?:

?Examina, pues, de qu? cosas, en particular, hayas de acusarte, y, cuando las hubieres descubierto, ac?sate de las faltas cometidas, con sencillez e ingenuidad. Te acusas, por ejemplo, de que no has amado al pr?jimo como deb?as; ?lo haces porque has encontrado un pobre necesitado, al cual pod?as socorrer y consolar, y no has hecho caso de ?l? Pues bien, ac?sate de esta particularidad y di: he visto un pobre necesitado, y no lo he socorrido como pod?a, por negligencia, o por dureza de coraz?n, o por menosprecio, seg?n conozcas cu?l sea el motivo del pecado. Asimismo, no te acuses, en general, de no haberte encomendado a Dios con la devoci?n que deb?as; sino que, si has tenido distracciones voluntarias o no has tenido cuidado en elegir el lugar, el tiempo y la compostura requerida para estar atento en la oraci?n, ac?sate de ello sencillamente, seg?n sea la falta, sin andar con vaguedades, que nada importan en la confesi?n?.

Junto con la claridad de los pecados, que han de ser presentados de modo concreto, Francisco exhortaba a buscar y corregir las ra?ces que provocan nuestras faltas:

?No te limites a decir los pecados veniales en cuanto al hecho; antes bien, ac?sate del motivo que te ha inducido a cometerlos. No te contentes con decir que has mentido sin da?ar a nadie; di si lo has hecho por vanagloria, para excusarte o alabarte, en broma o por terquedad. Si has pecado en las diversiones, di si te has dejado llevar del placer en la conversaci?n, y as? de otras cosas. Di si has persistido mucho en la falta, pues, generalmente, la duraci?n acrecienta el pecado, porque es mucha la diferencia entre una vanidad pasajera, que se habr? colado en nuestro esp?ritu por espacio de un cuarto de hora, y aquella en la cual se habr? recreado nuestro coraz?n, durante uno, dos o tres d?as. Por lo tanto, conviene decir el hecho, el motivo y la duraci?n de los pecados, pues, aunque, ordinariamente, no tenemos la obligaci?n de ser tan meticulosos en la declaraci?n de los pecados veniales, ni nadie est? obligado a confesarlos, no obstante, los que quieren purificar bien sus almas, para llegar m?s f?cilmente a la santa devoci?n, han de ser muy diligentes en dar a conocer al m?dico espiritual el mal, por peque?o que sea, del cual desean ser curados?.

San Francisco de Sales nos deja, as?, consejos concretos y realistas. No podemos curarnos sin recurrir al M?dico, y no podemos recibir con fruto el sacramento de la reconciliaci?n sin un examen que saque a la luz las ra?ces de nuestros pecados.

Si mejoramos, por lo tanto, la manera de acusar los pecados, el confesor, que act?a en nombre de Cristo y de la Iglesia, podr? guiarnos con un conocimiento mejor de las actitudes de nuestro coraz?n. De este modo, desde la luz del Esp?ritu Santo, seremos m?s conscientes de los puntos en los que tenemos que poner mayor esfuerzo para erradicar el pecado de la propia vida y para pensar y actuar seg?n el Evangelio.


Publicado por mario.web @ 9:17
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