S?bado, 07 de mayo de 2011

Fuente: Pontificia Academia de las Ciencias Sociales
Autor: Michel Schooyans

Su Excelencia Mons. Roland Minnerath
Arzobispo de Dijon
Miembro de la Academia

Invitados a la Asamblea: Sir Tony Blair y Sir Gordon Brown

En nombre de todos, deseo agradecer vivamente a Mons. Minnerath de habernos ofrecido una exposici?n suntuosa. Esta comunicaci?n est? ciertamente llamada a enriquecer la ense?anza social de la Iglesia sobre la cuesti?n de los derechos del hombre. Ella comporta en particular una contribuci?n extremamente original sobre la cuesti?n crucial del fundamento de estos derechos. Se debe decir que sobre esta cuesti?n de los derechos del hombre, y m?s precisamente de los derechos subjetivos de la persona, hay una discrepancia - que Mons. Minnerath analiza con una gran penetraci?n - entre dos tradiciones: la de la Iglesia, realista, y la de Ilustraci?n, nominalista. Nuestro comentario contendr? dos partes netamente distintas: la primera se deducir? de la antropolog?a filos?fica. En la segunda, recurriremos m?s a la filosof?a pol?tica para mostrar la fecundidad de las tesis expuestas por Mons. Minnerath cuando ellas son solicitadas para analizar problemas contempor?neos.

I. Los derechos del hombre revisitados

Los derechos del hombre y la tradici?n iluminista


La tradici?n de la Ilustraci?n vincul? los derechos subjetivos a una concepci?n radicalmente individualista del hombre y a diversas teor?as del contrato social. Esta tradici?n remonta ella misma a Guillermo de Occam (~1285-1349), para quien Dios es sujeto de una voluntad totalmente arbitraria, imprevisible puesto que indefinidamente cambiante. Es lo mismo para el hombre, que es tambi?n, sujeto de voluntad, la cual var?a seg?n los intereses y la utilidad del momento. Hobbes (1588-1679) aplica este nominalismo al derecho y a la pol?tica. ?l afirma que la ley procede de la voluntad del pr?ncipe. ?l abre la v?a al positivismo jur?dico contempor?neo: es justo lo que el pr?ncipe afirma que es justo. Seg?n esta tradici?n desarrollada y difundida por la Ilustraci?n, para que los hombres no se destrocen mutuamente, es necesario que ellos renuncien a hacerse justicia ellos mismos y que se pongan de acuerdo para instituir un dios mortal, el Leviat?n, cuya funci?n primera ser? definir lo que es justo o injusto, lo que hay que creer o no creer.

Seg?n las expresiones m?s recientes de esta tradici?n, los hombres pueden aspirar a hacer legalizar sus necesidades y sus deseos, cualesquiera que ellos sean. Ellos podr?n pedir al Leviat?n de dar a tal necesidad el estatuto de un derecho. Dando lugar a un derecho, tal necesidad o deseo se vuelve exigible. La raz?n no es aqu? ning?n recurso, dado que no tiene la capacidad de acceder al conocimiento de lo que es verdad, ni de lo que es justo. Combinado al individualismo, el agnosticismo de principio, caracter?stico de esta tradici?n occamiana, desemboca en una concepci?n puramente positivista del derecho. S?lo hay derechos del hombre con tal que estos procedan de un consenso entre las partes en presencia. Pero el procedimiento que se supone lleva a este consenso debe ser validado por la voluntad general, expresarse en la norma suprema, postulada y llamada a validar, o a invalidar, las voluntades particulares.

Los derechos del hombre y la tradici?n realista

La tradici?n realista tuvo siempre la preferencia de la Iglesia. Ella precede la tradici?n nominalista e iluminista, y difiere profundamente de ella. Esta tradici?n realista reconoce la existencia de un orden natural estructurado, conocible por la raz?n humana. El hombre ocupa un lugar particular en el conjunto del mundo de los cuerpos. Sus deseos mismos se inscriben en el orden natural. Ciertamente el hombre tiene necesidades, desea vivir, pero sabe que es mortal. Sus necesidades no proceden del capricho de los individuos. Ellas derivan de un orden natural, el orden de las criaturas, el orden que rige la existencia humana. La protecci?n de los hombres depende del respeto del orden natural, querido por Dios. En la medida que concierne al hombre, este orden natural se expresa en el derecho natural. Este protege la vida humana, la dignidad de cada hombre, su libertad.

La antropolog?a tomista precisa que el hombre es, por naturaleza, una persona: un ser, una realidad subsistente dotada naturalmente de una actividad racional. En virtud de su naturaleza racional, el hombre es capaz de hacer opciones; es capaz de jerarquizarlas. Estas opciones, las hace libremente, pero su libertad se inscribe dentro de los l?mites de su naturaleza y por tanto del orden natural de las cosas. El hombre no es dios por ?l mismo, ni tampoco por los otros. Los l?mites de su libertad est?n inscritos en su corporeidad. Es lo que aparece por ejemplo en la expresi?n ? acto contra natura ?. Esta expresi?n indica que tal acto, el homicidio voluntario por ejemplo, es la expresi?n de un desorden, de un mal uso de nuestra libertad. En ese caso, el hombre usa de su libertad para intentar colocarse en fuente y en due?o del orden de las cosas corporales, del orden inherente a su naturaleza creada.
Los seres humanos son semejantes; tienen en com?n el estar dotados de raz?n y de voluntad libre. Ellos se inclinan a la sociabilidad, est?n abiertos a la fraternidad por tanto y en cuanto se conozcan y se reconozcan como realidades naturales, participando todos, a t?tulo de analogados secundarios, a la existencia de Dios, analogado principal. El hombre no es ni Dios, ni bestia. La dignidad de los hombres se origina en su naturaleza com?n, que se realiza en una multitud de personas. El derecho natural no es otra cosa que un enunciado razonable que tiene como finalidad dar a cada uno lo que le corresponde en raz?n de lo que es verdaderamente: no un simple cuerpo individual sino una persona.

Cuando se oculta o rechaza la conexi?n entre el cuerpo y la persona, la palabra naturaleza cambia de sentido al punto de volverse equ?voca. Como Mons. Minnerath lo subraya con penetraci?n, la palabra naturaleza reenv?a entonces a la corporeidad pura, cortada de la persona. La palabra naturaleza reenv?a aqu? a seres corporales, pero inferiores al hombre en el orden de las cosas corporales. La naturaleza en tanto que esencia espec?fica del hombre es aqu? negada. Ya no hay orden natural, jerarqu?a entre los seres. No hay m?s ejercicio de la raz?n para descubrir la ley natural y el derecho en el cual esta se concretiza. Lo ?nico que hay es la voluntad, el poder de decidir sin referencia a la raz?n. Los l?mites de nuestra libertad, aunque inscritos en nuestra corporeidad, son pura y simplemente ignorados. El cuerpo, el cuerpo humano especialmente, es un simple objeto sobre el cual se ejerce el imperio del individuo.

El derecho natural aqu? es apagado. Es asfixiado y reemplazado por un derecho resultante de la voluntad del sujeto. La moral del ser racional es reemplazada por la ?tica situacionista de la elecci?n puramente voluntaria. El derecho ya no dice lo que es justo. Ya no dice la ordenaci?n de los seres para que las relaciones sean justas entre las personas. Comienza por afirmar que, en adelante, no hay m?s l?mites a nuestra libertad. Acoge luego como derechos, e incluso como ? nuevos derechos ? del hombre, actos por los cuales ?l afirma, de una sola vez, su autonom?a con relaci?n a la naturaleza humana entendida en el sentido de esencia espec?fica, y su se?or?a con relaci?n a la naturaleza entendida como seres corporales no dotados de raz?n.

Que esta concepci?n ? moderna ? de los derechos del hombre est? rivalizando con la concepci?n realista cl?sica de la Iglesia, nos podemos convencer f?cilmente. La crisis de los derechos del hombre es un aspecto mayor de la crisis de la raz?n. Basta con ver como, por el simple juego de las voluntades consensuales, son introducidos y multiplicados numerosos ? nuevos derechos ?: concernientes al aborto, la eutanasia, las manipulaciones gen?ticas, la homosexualidad, el g?nero, etc. Ser?a adem?s f?cil mostrar que esta concepci?n de los derechos del hombre repercute tambi?n sobre las relaciones econ?micas y sobre la sobreexplotaci?n de los recursos naturales. No obstante, mostraremos, a partir de la actualidad, como esta nueva concepci?n de los derechos del hombre y de sus fundamentos repercute hoy d?a sobre las relaciones internacionales.

II. Los derechos del hombre a prueba de las relaciones internacionales

El mesianismo reinterpretado


La elecci?n de M. Barack Obama a la presidencia de los Estados Unidos suscit? numerosas expectativas en el mundo entero. En los Estados Unidos, los electores votaron por un presidente joven, mestizo y brillante. Se espera de ?l que, seg?n sus promesas, corrija los errores del presidente anterior. Se utilizaron incluso f?rmulas excesivas, afirmando, por ejemplo, que hab?a llegado la hora de ? reconstruir ? los Estados Unidos o de reorganizar el Orden internacional. Se notar? aqu? la influencia de Sa?l D. Alinsky (1909-1972; cf. Google), uno de los mentores del nuevo presidente (y de Hillary Clinton). No faltaron celosos admiradores del apuesto elegido, que diabolizaron al desgraciado presidente G.W. Bush, recomendando que sea destruida, lo m?s r?pido posible, la pol?tica que ?l hab?a articulado. Ahora bien, la administraci?n Bush, si no le faltan m?ritos, se caracteriza por fracasos reconocidos, incluso en el c?rculo m?s pr?ximo de ese presidente. Sin embargo, sobre un punto esencial y fundamental, el Presidente Bush promovi? una pol?tica digna de respeto y de continuidad: ofreci? al ser humano no nacido, como al personal m?dico, una protecci?n jur?dica, insuficiente sin duda, pero eficaz.

Los electores que condujeron a Barack Obama a la presidencia no percibieron la debilidad y la ambig?edad de las declaraciones hechas por el candidato de ellos a prop?sito de este punto decisivo. Aun m?s, una vez electo, una de las primeras medidas del Presidente Obama fue revocar las disposiciones tomadas por el Presidente Bush para proteger el derecho a la vida del ser humano no nacido.

El Presidente Obama reintroduce as? el derecho a discriminar, a apartar ciertos seres humanos. Con ?l, el derecho de todo individuo humano a la vida y a la libertad no es m?s reconocido ni menos aun protegido. El Presidente Obama contesta, en consecuencia, la argumentaci?n que fue invocada por sus propios hermanos de raza en el momento en que ellos reivindicaron, a justo t?tulo, que fuese reconocido el derecho de todos a la misma dignidad, a la igualdad y a la libertad. En su variante prenatal, el racismo acaba de ser restaurado en los Estados Unidos.

El nuevo presidente arrastra as? al derecho en un proceso de regresi?n que altera la calidad democr?tica de la sociedad que lo ha elegido. De hecho, una sociedad que se dice democr?tica, en la cual los gobernantes, invocando ? nuevos derechos ? subjetivos, permiten la eliminaci?n de ciertas categor?as de seres humanos, es una sociedad que ya se ha comprometido de pies y cabeza en la ruta del totalitarismo. Seg?n la Organizaci?n Mundial de la Salud, 46 millones de abortos son realizados cada a?o en el mundo (). Al revocar las disposiciones jur?dicas que protegen la vida, M. Obama va a prolongar la lista f?nebre de las v?ctimas de leyes criminales. El camino est? abierto para que el aborto se haga legalmente exigible. El derecho mismo podr? ser precipitado en la indignidad cuando ser? instrumentalizado y acosado para legalizar cualquier cosa, y puesto, por ejemplo, al servicio de un programa de eliminaci?n de inocentes. A partir de all?, la realidad del ser humano no tiene m?s importancia en s?.

La consecuencia evidente del cambio decidido por M. Obama es que el n?mero de abortos va a aumentar en el mundo. El Presidente Bush hab?a cortado las subvenciones destinadas a programas comportando el aborto, en particular al exterior de los Estados Unidos. La revocaci?n de esta medida por la nueva administraci?n limita el derecho del personal m?dico a la objeci?n de conciencia y permite a M. Obama aumentar los subsidios atribuidos a las organizaciones p?blicas y privadas, nacionales e internacionales, que desarrollan programas de control de la natalidad, de ? maternidad sin riesgos ?, de ? salud reproductiva ? que incluyen el aborto entre los m?todos contraceptivos que ellos promueven.

El Presidente Obama aparecer? por tanto inevitablemente como uno de los principales responsables del envejecimiento de la poblaci?n de los Estados Unidos y de las naciones ? beneficiarias ? de programas de control de la natalidad presentados como condici?n previa al desarrollo. ?C?mo un l?der pol?tico bien informado puede ignorar que una sociedad que aborta a sus ni?os es una sociedad que aborta su futuro?

La medida tomada por Barack Obama est? destinada a tener repercusiones en el plano mundial. El ? mesianismo ? norteamericano tradicional se jactaba de ofrecer al mundo el mejor modelo de democracia. Con el permiso de matar legalmente a los inocentes, esta pretensi?n se est? viniendo abajo. En su lugar emerge un ? mesianismo ? que anuncia la extinci?n de los principios morales que aparecen en la Declaraci?n de la Independencia (1776) y en la Constituci?n de los Estados Unidos (1787). En adelante es rechazada la referencia al Creador. Ninguna realidad humana se impone ya en virtud de su dignidad intr?nseca. Prevalece desde ahora la voluntad presidencial. Seg?n sus propias palabras, el presidente no deber? m?s referirse a las tradiciones morales y religiosas de la humanidad. Su voluntad es fuente de ley. A prop?sito, ?qu? piensa de ello el Congreso americano?

Ahora bien, puesto que el peso de los Estados Unidos es el que pesa m?s en las relaciones internacionales, bi y multilaterales, y especialmente en el marco de la ONU, se puede prever que tarde o temprano, el aborto ser? presentado a la ONU como un ? nuevo derecho humano ?, un derecho que permita exigir el aborto. De lo que resultar? que no habr? m?s lugar, en derecho, para la objeci?n de conciencia. Este mismo proceso permitir? al presidente manifestar su voluntad de incluir en la lista otros ? nuevos derechos ? subjetivos, como la eutanasia, la homosexualidad, el canibalismo, la zoofilia, el incesto, el repudio, la droga, etc.

?Rehacer las religiones? ?Rehacer el cristianismo?

En sus programas, el Presidente Obama podr? contar con el apoyo de la pareja Blair-Booth. El think-tank fundado por el ex-primer ministro brit?nico bajo el nombre de Tony Blair Faith Foundation () tendr?, entre sus atribuciones, reconstruir las grandes religiones como su colega Barack Obama reconstruir? la sociedad mundial. Con ese fin, la fundaci?n en cuesti?n deber? propagar los ? nuevos derechos ?, utilizando para ese fin las religiones del mundo y adapt?ndolas a sus nuevos cometidos. Estas religiones deber?n ser reducidas al mismo com?n denominador, es decir vaciadas de su identidad. Ello s?lo podr? hacerse mediante la instauraci?n de un derecho internacional inspirado en Kelsen (1881-1973) y llamado a validar todos los derechos propios de las naciones soberanas. Este derecho deber? tambi?n imponerse a las religiones del mundo de tal manera que la nueva ? fe ? sea el principio unificador de la sociedad mundial. La antropolog?a aqu? subyacente es la antropolog?a pesimista de Hobbes. Por su naturaleza, el hombre es un lobo para el hombre; la guerra de todos contra todos es inevitable. Volvemos al siglo XVII: las religiones, en vez de favorecer la paz, son ellas mismas fuentes de guerras. Conviene pues reducirlas a la unidad, bajo las insignias de la espada y del b?culo, como aparece en el frontispicio del Leviat?n.

Esta nueva ? fe ?, este principio unificador, deber? permitir hacer avanzar los Millenium Development Goals (). Entre estos figuran bajo el n? 3 ? Promote gender equality and empower women ?; bajo el n? 5 ? Improve maternal health ?. Sabemos lo que recubren y lo que implican estas expresiones. Para hacer arrancar el programa de la Foundation, una campa?a antimalaria est? anunciada (). Ella forma parte del objetivo n? 6, ? Combat HIV/AIDS, malaria and other diseases ?. Este anuncio est? hecho de manera que, suscribiendo a esta campa?a, se suscribe al conjunto de los objetivos del Milenio.
En efecto, el proyecto de Tony Blair prolonga y amplifica la Iniciativa de las Religiones Unidas (), aparecida hace varios a?os. Prolonga igualmente la Declaraci?n para una ?tica planetaria, de la cual Hans K?ng es uno de los principales inspiradores (). Este plan s?lo podr? realizarse al precio del sacrificio de la libertad religiosa, de la imposici?n de una lectura ? pol?ticamente correcta ? de las Escrituras y del sabotaje de los fundamentos naturales del derecho. Ya Maquiavelo recomendaba la utilizaci?n de la religi?n para fines pol?ticos?

La ? conversi?n ? muy mediatizada del antiguo primer ministro al catolicismo al igual que su entrevista a la revista ? gay ? Attitude (, abril 2009) permiten comprender aun mejor las intenciones de Tony Blair con respecto a las religiones, comenzando por la religi?n cat?lica. El discurso del Santo Padre, en particular sobre el preservativo, ser?a de otra generaci?n. ?El reciente ? convertido ? no duda en explicar al Papa no solo lo que este debe decir, sino tambi?n lo que ?l debe creer! Mr Blair no cree en autoridad del Papa. ?Es ?l cat?lico?

Volvemos aqu? al tiempo de Hobbes, si no a Cromwell: es el poder civil que define lo que hay que creer. La religi?n es vaciada de su contenido propio, de su doctrina; resta solo un residuo de moral, definido por el Leviat?n. No se dice que haya que negar a Dios, pero en lo sucesivo Dios no tiene nada m?s que hacer en la historia de los hombres y de sus derechos: volvemos al de?smo. Dios es reemplazado por el Leviat?n. A este corresponde definir, si quiere, una religi?n civil. A ?l de interpretar, si quiere y como quiere, los textos religiosos. La cuesti?n de la verdad de la religi?n no tiene m?s pertinencia.

Los textos religiosos, y en particular b?blicos, deben ser comprendidos en su sentido puramente ? metaf?rico ?; es lo que recomienda Hobbes (III, XXXVI). Al l?mite, solo el Leviat?n puede interpretar las Escrituras. Hay adem?s que reformar las instituciones religiosas para adaptarlas al cambio. Hay incluso que tomar de rehenes algunas personalidades religiosas, llamadas a caucionar la nueva ? fe ? secularizada, la del ? civil partnership ?.

Los derechos del hombre tal como son concebidos en la tradici?n realista son eliminados. Todo es relativo. Solo resta de los derechos aquellos que son definidos por el Leviat?n. Como lo escribe Hobbes, ? La ley de la naturaleza y la ley civil se contienen una en la otra, y son de igual extensi?n. ? (I, XXVI, 4). Solo resta de verdad la que es enunciada por el mismo Leviat?n. Solo este decide como el cambio debe ser conducido.

La vuelta del ?guila

El proyecto Blair no puede realizarse sin cuestionar la distinci?n y las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Este proyecto comporta el riesgo de hacernos regresar a una ?poca en que el poder pol?tico se atribu?a la misi?n de promover una confesi?n religiosa o de cambiarla. En el caso de la Tony Blair Faith Foundation, se tratar?a incluso de promover una y una sola confesi?n religiosa, una sola ?fe?, que un poder pol?tico universal, global, impondr?a al conjunto del mundo. Recordemos que el proyecto Blair, impregnado de New Age, fue preparado ideol?gicamente por la Iniciativa por las Religiones Unidas as? como por la Declaraci?n para una ?tica planetaria (ya citadas) y es apoyada por numerosas fundaciones similares (cf. Google: Euro-med, 17 noviembre 2008).

Este proyecto recuerda evidentemente la historia del anglicanismo y de su fundaci?n por el ? defensor de la fe ?, Enrique VIII. Entretanto, el proyecto de las religiones unidas y reducidas a un com?n denominador es m?s criticable aun que el proyecto de Enrique VIII. En efecto, la realizaci?n de ese proyecto postula el establecimiento de un gobierno mundial y de una polic?a global de las ideas. Como lo vimos a prop?sito de Barack Obama, los artesanos de la gobernancia mundial se dedican a imponer un sistema de positivismo jur?dico que hace proceder el derecho de la voluntad suprema, de la cual depende la validaci?n de los derechos particulares. En adelante, si debiese realizarse el proyecto de M. Blair, los agentes de la gobernancia mundial impondr?n, por una nueva Acta de Supremac?a, una religi?n ?nica, validada por los int?rpretes de la voluntad suprema, cuyo Vicario general ya est? tal vez encontrado (Hobbes, III, XXXVI).

Lo que revela el an?lisis de las decisiones de Barack Obama y del proyecto de Tony Blair, es que se perfilan una Alianza de dos voluntades convergentes, dirigidas, una, a subyugar el derecho, la otra, a subyugar la religi?n. Tal es la nueva versi?n del ?guila con dos cabezas. Derecho y religi?n son instrumentalizados para "legitimar" cualquier cosa.
Esta doble instrumentalizaci?n es mortal para la comunidad humana. Es lo que se deduce de diversas experiencias realizadas en el marco del Estado Providencia. Este, a fuerza de desear agradar a los individuos, multiplic? los ? derechos ? subjetivos de complacencia, por ejemplo en materia de divorcio, de sexualidad, de familia, de poblaci?n, etc. Pero al hacerse esto, este Estado Providencia cre? innumerables problemas que ?l es incapaz de resolver. Con la extensi?n de estos ? derechos ? de complacencia a escala mundial, los problemas de precarizaci?n/marginalizaci?n van a multiplicarse a tal punto que ninguna gobernancia mundial podr? resolverlos.

Lo mismo ocurre con la religi?n. Desde que se adquiri? la separaci?n de la Iglesia y del Estado, es inadmisible que el Estado se sirva de la religi?n para reforzar su dominio sobre los corazones, los cuerpos y las conciencias. Como lo dice Mons. Minnerath, el Estado no puede encadenar la verdad religiosa y debe incluso garantizar su libre b?squeda.

Hacia un terrorismo pol?tico-jur?dico

Por estos canales, y con el apoyo de la pareja Blair, el jurista-presidente Obama est? lanzando un nuevo mesianismo norteamericano, totalmente secularizado. En ello se beneficia del apoyo de su fiel copart?cipe, presunto candidato a la presidencia de la Uni?n Europea. La voluntad suprema del Presidente de los EEUU validar? el derecho de las naciones y el derecho de las relaciones entre las naciones. Siguiendo las zancadas, los ? Treinta y nueve Art?culos ? de la nueva religi?n deber?n ser promulgados por su colega brit?nico.
A partir del v?rtice de esta pir?mide, la voluntad del Pr?ncipe est? destinada a circular por los canales internacionales de la ONU y a alcanzar los canales nacionales particulares. A t?rmino, este proceso, como se ve, apaga la autoridad de los parlamentos nacionales _ todos Rump Parliaments, desmantela la autoridad de los ejecutivos y derriba la independencia del poder judicial. Es por estas razones que, en la l?gica del Sr. Obama, el rol de un tribunal penal internacional est? destinado a extenderse. Debe estar armado para reprimir a los recalcitrantes ? por ejemplo, los cat?licos ? que rechazan esta visi?n del poder y del derecho, de un derecho avasallado que no protege de la corrupci?n del poder. ?C?mo no ver esta verdad enceguecedora: asistimos a la emergencia de un terrorismo pol?tico-jur?dico sin precedente en la historia?

Para terminar, apresur?monos en recordar que la Iglesia no tiene el monopolio del respeto del derecho humano a la vida. Este respeto es proclamado por las mayores tradiciones morales y religiosas de la humanidad, a menudo anteriores al Cristianismo. La Iglesia reconoce plenamente el valor de los argumentos proporcionados por la raz?n en favor de la vida humana. Como Mons. Roland Minnerath lo ha admirablemente mostrado, la Iglesia completa y consolida esta argumentaci?n prevali?ndose del aporte de la teolog?a: respeto de la creaci?n; el hombre, imagen de Dios; amor al pr?jimo: nuevo mandamiento; etc. Estos argumentos son frecuentemente expuestos en las declaraciones de la Iglesia y los numerosos documentos cristianos sobre la cuesti?n.

Pero cuando las m?s altas autoridades de las naciones, e incluso de la primera potencia mundial, vacilan frente al respeto del derecho humano fundamental, es un deber para la Iglesia llamar a todos los hombres y a todas las mujeres de buena voluntad a unirse a fin de constituir un frente ?nico para defender la vida de todo ser humano. La primera actitud que se impone a todos, seg?n las responsabilidades de cada uno, es la objeci?n de conciencia, que por otra parte M. Obama quiere circunscribir. Pero esta objeci?n debe ser completada por un compromiso a actuar en la esfera pol?tica, en los medios de comunicaci?n y en las universidades. La movilizaci?n debe ser general y ponerse como fin el objetivo central de toda moral, y especialmente de toda la moral cat?lica : reconocer y amar al pr?jimo, comenzando por el pr?jimo m?s d?bil y m?s vulnerable.

Traducci?n al espa?ol revisada por el autor


Publicado por mario.web @ 9:39
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