S?bado, 07 de mayo de 2011

Fuente: P. Pascual
Autor: SS Juan Pablo II

El Magisterio de la Iglesia ya ha sido llamado a pronunciarse sobre estas materias, en el ?mbito de su propia competencia

Antes de proponeros algunas reflexiones m?s espec?ficas sobre el tema del origen de la vida y de la evoluci?n, quisiera recordaros que el Magisterio de la Iglesia ya ha sido llamado a pronunciarse sobre estas materias, en el ?mbito de su propia competencia. Deseo citar aqu? dos intervenciones. En su enc?clica Humani generis (1950), mi predecesor P?o XII ya hab?a afirmado que no hab?a oposici?n entre la evoluci?n y la doctrina de la fe sobre el hombre y su vocaci?n, con tal de no perder de vista algunos puntos firmes (cf. AAS 42 [1950], pp.575-576).

Por mi parte, cuando recib?, el 31 de octubre de 1992, a los participantes en la asamblea plenaria de vuestra Academia, tuve la ocasi?n, a prop?sito de Galileo, de atraer la atenci?n hacia la necesidad de una hermen?utica rigurosa para la interpretaci?n correcta de la Palabra inspirada. Conviene delimitar bien el sentido propio de la Escritura, descartando interpretaciones indebidas que le hacen decir lo que no tiene intenci?n de decir. Para delimitar bien el campo de su objeto propio, el exegeta y el te?1ogo deben mantenerse informados acerca de los resultados a los que llegan las ciencias de la naturaleza (cf. AAS 85 [1993] pp. 764-772; Discurso a la Pontificia Comisi?n B?blica, 23 de abril de 1993, anunciando el documento sobre La interpretaci?n de la Biblia en la Iglesia: AAS 86 [1994], pp. 232-243).

Teniendo en cuenta el estado de las investigaciones cient?ficas de esa ?poca y tambi?n las exigencias propias de la teolog?a, la enc?clica Humani generis consideraba la doctrina del "evolucionismo" como una hip?tesis seria, digna de una investigaci?n y de una reflexi?n profundas, al igual que la hip?tesis opuesta. P?o XII a?ad?a dos condiciones de orden metodol?gico: que no se adoptara esta opini?n como si se tratara de una doctrina cierta y demostrada, y como si se pudiera hacer totalmente abstracci?n de la Revelaci?n a prop?sito de las cuestiones que esa doctrina plantea. Enunciaba igualmente la condici?n necesaria para que esa opini?n fuera compatible con la fe cristiana. Sobre este aspecto volver? m?s adelante.


Hoy, casi medio siglo despu?s de la publicaci?n de la enc?clica, nuevos conocimientos llevan a pensar que la teor?a de la evoluci?n es m?s que una hip?tesis. En efecto, es notable que esta teor?a se haya impuesto paulatinamente al esp?ritu de los investigadores, a causa de una serie de descubrimientos hechos en diversas disciplinas del saber. La convergencia, de ning?n modo buscada o provocada, de los resultados de trabajos realizados independientemente unos de otros, constituye de suyo un argumento significativo en favor de esta teor?a.

?Cu?l es el alcance de dicha teor?a?

Abordar esta cuesti?n significa entrar en el campo de la epistemolog?a. Una teor?a es una elaboraci?n metacient?fica, diferente de los resultados de la observaci?n, pero que es homog?nea con ellos. Gracias a ella, una serie de datos y de hechos independientes entre s? pueden relacionarse e interpretarse en una explicaci?n unitaria. La teor?a prueba su validez en la medida en que puede verificarse; se mide constantemente por el nivel de los hechos; cuando carece de ellos, manifiesta sus l?mites y su inadaptaci?n. Entonces es necesario reformularla.

Adem?s, la elaboraci?n de una teor?a como la de la evoluci?n, que obedece a la exigencia de homogeneidad con los datos de la observaci?n, toma ciertas nociones de la filosof?a de la naturaleza. Y, a decir verdad, m?s que de la teor?a de la evoluci?n, conviene hablar de las teor?as de la evoluci?n. Esta pluralidad afecta, por una parte, a la diversidad de las explicaciones que se han propuesto con respecto al mecanismo de la evoluci?n, y, por otra, a las diversas filosof?as a las que se refiere. Existen tambi?n lecturas materialistas y reduccionistas, al igual que lecturas espiritualistas. Aqu? el juicio compete propiamente a la filosof?a y, luego, a la teolog?a.

La cuesti?n de la evoluci?n influye en al concepci?n del hombre

El Magisterio de la Iglesia est? interesado directamente en la cuesti?n de la evoluci?n, porque influye en la concepci?n del hombre, acerca del cual la Revelaci?n nos ense?a que fue creado a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1, 28-29). La constituci?n conciliar Gaudium et spes ha expuesto magn?ficamente esta doctrina, que es uno de los ejes del pensamiento cristiano. Ha recordado que el hombre es "la ?nica criatura en la tierra a la que Dios ha amado por s? misma" (n. 24). En otras palabras, el hombre no deber?a subordinarse, como simple medio o mero instrumento, ni a la especie ni a la sociedad; tiene valor por s? mismo. Es una persona. Por su inteligencia y su voluntad, es capaz de entrar en relaci?n de comuni?n, de solidaridad y de entrega de s? con sus semejantes (...). Pero, m?s a?n, el hombre est? llamado a entrar en una relaci?n de conocimiento y de amor con Dios mismo, relaci?n que encontrar? su plena realizaci?n m?s all? del tiempo, en la eternidad. En el misterio de Cristo resucitado se nos ha revelado toda la profundidad y toda la grandeza de esta vocaci?n (cf. Gaudium et spes, 22).

En virtud de su alma espiritual, toda la persona, incluyendo su cuerpo, posee esa dignidad.

P?o XII hab?a destacado este punto esencial: el cuerpo humano tiene su origen en la materia viva que existe antes que ?l, pero el alma espiritual es creada inmediatamente por Dios ("animas enim a Deo immediate creari catholica fides nos retinere iubet": enc?clica Humani generis: AAS 42 [1950], p. 575). En consecuencia, las teor?as de la evoluci?n que, en funci?n de las filosof?as en las que se inspiran, consideran que el esp?ritu surge de las fuerzas de la materia viva o que se trata de un simple epifen?meno de esta materia, son incompatibles con la verdad sobre el hombre. Por otra parte, esas teor?as son incapaces de fundar la dignidad de la persona.

As? pues, refiri?ndonos al hombre, podr?amos decir que nos encontramos ante una diferencia de orden ontol?gico, ante un salto ontol?gico. Pero, plantear esta discontinuidad ontol?gica, ?no significa afrontar la continuidad f?sica, que parece ser el hilo conductor de las investigaciones sobre la evoluci?n, y esto en el plano de la f?sica y la qu?mica? La consideraci?n del m?todo utilizado en los diversos campos del saber permite poner de acuerdo dos puntos de vista, que parecer?an irreconciliables. Las ciencias de la observaci?n describen y miden cada vez con mayor precisi?n las m?ltiples manifestaciones de la vida y las inscriben en la l?nea del tiempo.

El momento del paso a lo espiritual no es objeto de una observaci?n de este tipo que, sin embargo, a nivel experimental, puede descubrir una serie de signos muy valiosos del car?cter espec?fico del ser humano. Pero la experiencia del saber metaf?sico, la de la conciencia de s? y de su ?ndole reflexiva, la de la conciencia moral, la de la libertad, o incluso la experiencia est?tica y religiosa, competen al an?lisis y a la reflexi?n filos?ficas, mientras que la teolog?a deduce el sentido ?ltimo seg?n los designios del Creador? (Mensaje del Santo Padre a los miembros a la Academia Pontificia de Ciencias reunidos en asamblea plenaria, 22 de octubre de 1996; cf. LOsservatore Romano, ed. semanal en lengua espa?ola, 25 de octubre de 1996, p. 5).


Publicado por mario.web @ 9:40
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